LAS VIBRACIONES DEL ÉTER. Galería de aficionados — Enzo Dall’Orto. (Mundo Uruguayo, julio 10, 1924).

El señor Dall’Orto nos ofrece un casco telefónico en tanto que él se coloca otro. Nosotros aguardamos la audición que va a ofrecernos.

—Este aparato, —nos dice el señor Dall’Orto, mientras gira suavemente el dial del condensador,— me ha dado grandes satisfacciones… He podido alcanzar distancias apreciables al comunicarme con el doctor Gaete, de San Javier, (Chile) y con el señor Marey de Tucumán.

En eso el silbido de una onda detiene la charla del señor Dall’Orto. Escuchamos. Aumenta el silbido. De improviso, una música alegre nos inunda los oídos. El señor Dall’Orto sonríe complacido.

—Es la estación L. O. Z. de Monte Grande…

Enseguida vuelve a girar el dial de su condensador y a achicar o agrandar la recepción de onda. Otro silbido se hace en los auriculares poderosos.

—Esta es la estación L. O. X. de la «Radio Cultura» —añade el señor Dall’Orto, mientras un rítmico «shimmy» alegra nuestros tímpanos.

Se va la música. Silba la onda. Se oye una voz ronca que dice: «Atención». Dall’Orto nos dice:

—¿Conocen esa voz, verdad? Es la de Aldo Rossi, el «speaker» de la Radio Cultura, va a dar la hora oficial. En eso suenan diez campanadas. En seguida la alegría de un carrillón. Después, lentas, graves, voluminosas van cayendo las otras campanadas anunciando las veintidós horas de Buenos Aires.

Sigue Dall’Orto buscando estaciones. Oímos de pasada a Radio Paradizábal que transmite la opereta de Urquiza, oímos la telegrafía de varios vapores, la dársena norte de Buenos Aires, las palabras dispersas de algunos aficionados argentinos y la voz nítida, potente de la «Uno Tres Seis» de Montevideo que llama a la «Cinco Nueve» de Carvalho para comunicarle que le transmite con una sola válvula y con una placa que deja transportar el filamento. El señor Carvalho no contesta. Aquello es un kaleidoscopio (permítasenos la palabra) de sonidos. Unas milésimas de estaciones van entrando en el aparato selectivo del señor Dall’Orto.

Estamos en un vasto salón de laboratorio. Sobre las mesas empotradas a las paredes, toda la profusión de herramientas y mil artefactos de electrotécnica. En las paredes, gruesos aisladores relucen, números. Delante de nuestro aparato hay una grata alfombrita que nos pone en los pies la caricia de su tibieza.

Vuelva a comenzar la música. Dall’Orto a sonreírnos con su sonrisa franca, amiga, satisfecha, cordial. Dejamos el casco telefónico. Dall’Orto nos va mostrando los aparatos que su afición le obligó a construir. Ingeniosos mecanismos de cambio para su transmisor y receptor destacan sobre el muro liso del laboratorio.

El señor Dall’Orto se acerca a su transmisor —premiado en un concurso de aparatos con un primer premio— lo levanta, lo tapa y nos muestra su cuidado y prolijo interior.

—Aquí tienen mi caballo de batalla… 10 watts en telefonía o telegrafía con ondas moduladas. La energía para funcionar este transmisor se toma de la corriente del alumbrado, 220 volt., corriente alternada, que se eleva a 1100 volts que, rectificada da unos 500 en corriente continua para las placas de las válvulas osciladoras, cuyo filamento es alimentado con 7 ½ volts, corriente alternada para las rectificadoras Kenotrón U. V. 216 y las osciladoras U. V. 202.

He comunicado con él, además de las estaciones indicadas, con infinidad de aficionados uruguayos y argentinos. Para citar las más destacadas de la otra orilla, podría citarles a Braggio, de Bernal, Orfila de Ayacucho y Apathie de Chascomús…

—¿Y su antena? —interrogamos. —Mi antena —nos contesta Dall’Orto— es un cilindro de cinco hilos de 43 cm de diámetro, de 12 metros de largo a una de 20 metros sobre el nivel del suelo y 14 sobre este edificio, tiene un contrapeso de cinco hilos separados a un metro…

Se hace una pausa. Los auriculares abandonados sobre la mesa siguen sonando una música alegre. Marca un reloj los minutos con unos «tac, tac» lentos y graves. Dall’Orto toma los auriculares y al tiempo de encasquetarlos nos dice:

—Yo he tenido la gloria de ser el primero en atravesar el «charco»; una vez con telegrafía y ahora, cuando me comuniqué con Braggio, en telefonía…

Y eso que nos ha dicho el señor Dall’Orto ha sido dicho con un tono de sincera alegría, de satisfacción por parte de quien ve coronados por el éxito todos sus desvelos de catorce años consecutivos…

Volvemos a oír música, telegrafía, conversaciones. Todo ello por turno, sin que unas afecten a las otras. Como si el aparato receptor de Dall’Orto estuviera lleno de cajoncitos en donde se guardan estas conversaciones, esta telegrafía y estas músicas y fueran saliendo a medida que el condensador va abriendo los cajoncitos.

Nosotros estamos plenamente satisfechos. Así lo manifestamos. Entonces, Dall’Orto se torna locuaz. Nos habla del futuro de la radiofonía. Y entre risas nos confiesa que hace poco dio por radio una conferencia sobre ese discutido tópico.

Sí —añade— podemos esperar mucho, mucho, muchísimo del radio… Pero no es menester que entre en esas suposiciones la dosis de fantasía que ponen algunos. Creo que dentro de treinta, de cuarenta años nos comunicaremos directamente con cualquier amigo por distante que de nosotros esté. Pero de ahí a afirmar que la radio matará al teléfono con hilos hay una distancia enorme… Siempre subsistirá éste.

Lo que ocurrirá es que al teléfono con hilos quedará relegado a realizar «trabajos» de menor importancia. Uno no implica la desaparición del otro. Le prestará su ayuda, una ayuda similar a la que a los grandes transatlánticos prestan en los puertos los pequeños remolcadores…

Por otra parte —añade elocuente riendo— no creo que veamos nosotros un pedido de un litro de kerosene hecho por radio al almacenero de la esquina…

Las veintitrés suenan en un reloj. Iniciamos nuestra retirada. Salimos a un «hall» amable, lleno de panzudos silloncitos de piel con almohadones verdes de este simpático «hall» que íbamos a hablar al comienzo de esta crónica. El señor Dall’Orto nos acompaña hasta el recio portón de entrada. Allí se despide de nosotros. El señor Dall’Orto es exquisitamente cortés. Echamos a andar.

Al llegar a 8 de Octubre, por donde ha de pasar nuestro tranvía, se nos antoja que la antena enorme de la «General Electric» remeda un gigantesco varita que dirige el maravilloso tráfico de ondas en medio del silencio divino de la noche. Pasó un tranvía hacia el centro y lo tomamos…

Reóstato.


Enzo Mario Dall’Orto (también escrito Dall’Orto) fue un pionero de la radioafición en Uruguay, uno de los primeros radioaficionados uruguayos activos en las décadas de 1910 y 1920. Residente en Montevideo, combinó su actividad profesional como radiotelegrafista con la afición a la radio en una época en que esta era incipiente en el país.  (⁠Radio Club Uruguayo). 

Inicios y trayectoria profesional

  • Se inició en la radioafición en 1913.
  • Trabajó como radiotelegrafista profesional a bordo de los vapores “Río de la Plata” y “Río Uruguay”, realizando comunicaciones en tierra.
  • En esa época temprana, la actividad de radioaficionados en Montevideo era muy limitada (comparada a “hallar oro hoy día”, según sus propias palabras). Usaban receptores antiguos de cohesores y estaciones a chispa, con ondas largas (4000-7000 metros).⁠(Radio Club Uruguayo). 

Indicativo y logros como radioaficionado

  • Su indicativo (señal distintiva) era FJ5 (utilizado en los primeros años de la radioafición internacional, antes de la adopción generalizada del prefijo CX en Uruguay). (La Galena del Sur)
  • Fue el primero en establecer comunicación de radioaficionados con Buenos Aires (Argentina), un hito histórico entre los dos países a través del Río de la Plata.⁠( Radio Club Uruguayo). 

Contacto histórico del 4 de enero de 1924

  • Operando una estación de solo 10 watts en Montevideo, contactó por primera vez con la estación 366 de Carlos Braggio en Buenos Aires. La estación de Dall’Orto usaba onda de aproximadamente 215 metros.

    Transcripción del texto del telegrama que le fuera enviado:

    «Agradezco sus felicitaciones por nuestra primera comunicación por radio a través del Plata. Cúmpleme manifestarle mi decidido empeño para obtener diaria comunicación con nuestros hermanos los argentinos. Me complace que haya sido su valiente 366 la iniciadora de estas comunicaciones y Vd. su infatigable propietario, quien haya oído la voz amiga de mi humilde estación». (Enzo Dall’Orto, de Montevideo a Carlos Braggio, Bernal, Provincia de Buenos Aires)

    Estación de Enzo Dall’Orto (FJ5) – Montevideo, Uruguay

    • Potencia: 10 watts (según el telegrama publicado en Radio Revista). Otras fuentes de la época mencionan hasta 20 watts.
    • Longitud de onda: 215 metros (onda media, típica de la época temprana de radioaficionados).
    • Ubicación: Avenida Garibaldi Nº 2800, en un punto alto de Montevideo (aprox. 50 metros de la Radio Sud América). Antena a 20 m sobre el nivel de la calle y 14 m sobre la azotea.

    Transmisor:

    • Alimentado con corriente alternada de 220 V, elevada a 1.100 V y rectificada por 4 Kenotron’s U.V. 216, entregando unos 500 V de corriente continua en las placas.
    • 4 osciladores Radiotrón U.V. 202.
    • Filamento de las 8 válvulas alimentado con 7½ V alterna.
    • Modulación por absorción con modulador magnético.
    • Filtros en los 500 V c.c.: reactancia y capacidad (4 mF) en dos puentes + filtro “trap circuit” en el modulador.
    • Amperaje en antena: 2 A.
    • Micrófono: tipo «Berliner» de línea.

    Receptor:

    • Regenerativo directo, con un paso de amplificación de audio-frecuencia.

    Antena y contra-antena:

    • Antena cilíndrica de 5 hilos, diámetro 48 cm, forma L invertida.
    • Contra-antena: de 5 hilos separados, plana, de 19 m de largo, ubicada a unos 10 m de la antena.

    La estación de Dall’Orto se describe como “humilde” pero efectiva, y tras este contacto logró comunicarse con varias estaciones argentinas (Chascomús, Mar del Plata, La Plata, etc.) y escuchar decenas más.

    Este fue el primer enlace de radioaficionados documentado entre Uruguay y Argentina. Dall’Orto expresó su entusiasmo por continuar las comunicaciones diarias con “nuestros hermanos los argentinos”. (Radio Club Uruguayo). 

Participación en las primeras organizaciones

  • En 1922 integró la primera Comisión Directiva del Radio Club del Uruguay, junto a figuras como Emilio Elena, José Greco, Enrique Legrand, Osiris Parodi Uriarte, Antonio Misol Pérez y José Espiell. Esta fue la primera asociación formal de radioaficionados del país.. (Radio Club Uruguayo).  
  • Algunas fuentes mencionan su rol como primer secretario del Montevideo Radio Club (posiblemente la misma o una evolución de la anterior, fundada hacia 1924), con José P. Greco como presidente. (Scribd).

Legado

Dall’Orto es recordado en la historia de la radio uruguaya como un verdadero pionero, en un contexto donde la radioafición era artesanal y enfrentaba grandes limitaciones técnicas y de infraestructura. Su nombre aparece en boletines históricos del Radio Club Uruguayo (CX) y en investigaciones sobre el desarrollo de la radiodifusión nacional (1922-2022), (Radio Club Uruguayo).

No hay información pública precisa sobre su fecha de nacimiento o fallecimiento, pero su trayectoria se concentra claramente entre 1913 y mediados de los años 1920.

Fuentes principales consultadas:

  • Revista «Mundo Uruguayo, Nº 287, julio 10 de 1924.
  • Boletines oficiales del Radio Club Uruguayo (CX1AA).
  • Artículos históricos en La Galena del Sur (blog especializado en historia de la radio).
  • Documentos sobre el desarrollo de la radio en Uruguay (1922-2022).

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