LAS VIBRACIONES DEL ÉTER. Galería de aficionados — Enzo Dall’Orto. (Mundo Uruguayo, julio 10, 1924).

El señor Dall’Orto nos ofrece un casco telefónico en tanto que él se coloca otro. Nosotros aguardamos la audición que va a ofrecernos.

—Este aparato, —nos dice el señor Dall’Orto, mientras gira suavemente el dial del condensador,— me ha dado grandes satisfacciones… He podido alcanzar distancias apreciables al comunicarme con el doctor Gaete, de San Javier, (Chile) y con el señor Marey de Tucumán.

En eso el silbido de una onda detiene la charla del señor Dall’Orto. Escuchamos. Aumenta el silbido. De improviso, una música alegre nos inunda los oídos. El señor Dall’Orto sonríe complacido.

—Es la estación L. O. Z. de Monte Grande…

Enseguida vuelve a girar el dial de su condensador y a achicar o agrandar la recepción de onda. Otro silbido se hace en los auriculares poderosos.

—Esta es la estación L. O. X. de la «Radio Cultura» —añade el señor Dall’Orto, mientras un rítmico «shimmy» alegra nuestros tímpanos.

Se va la música. Silba la onda. Se oye una voz ronca que dice: «Atención». Dall’Orto nos dice:

—¿Conocen esa voz, verdad? Es la de Aldo Rossi, el «speaker» de la Radio Cultura, va a dar la hora oficial. En eso suenan diez campanadas. En seguida la alegría de un carrillón. Después, lentas, graves, voluminosas van cayendo las otras campanadas anunciando las veintidós horas de Buenos Aires.

Sigue Dall’Orto buscando estaciones. Oímos de pasada a Radio Paradizábal que transmite la opereta de Urquiza, oímos la telegrafía de varios vapores, la dársena norte de Buenos Aires, las palabras dispersas de algunos aficionados argentinos y la voz nítida, potente de la «Uno Tres Seis» de Montevideo que llama a la «Cinco Nueve» de Carvalho para comunicarle que le transmite con una sola válvula y con una placa que deja transportar el filamento. El señor Carvalho no contesta. Aquello es un kaleidoscopio (permítasenos la palabra) de sonidos. Unas milésimas de estaciones van entrando en el aparato selectivo del señor Dall’Orto.

Estamos en un vasto salón de laboratorio. Sobre las mesas empotradas a las paredes, toda la profusión de herramientas y mil artefactos de electrotécnica. En las paredes, gruesos aisladores relucen, números. Delante de nuestro aparato hay una grata alfombrita que nos pone en los pies la caricia de su tibieza.

Vuelva a comenzar la música. Dall’Orto a sonreírnos con su sonrisa franca, amiga, satisfecha, cordial. Dejamos el casco telefónico. Dall’Orto nos va mostrando los aparatos que su afición le obligó a construir. Ingeniosos mecanismos de cambio para su transmisor y receptor destacan sobre el muro liso del laboratorio.

El señor Dall’Orto se acerca a su transmisor —premiado en un concurso de aparatos con un primer premio— lo levanta, lo tapa y nos muestra su cuidado y prolijo interior.

—Aquí tienen mi caballo de batalla… 10 watts en telefonía o telegrafía con ondas moduladas. La energía para funcionar este transmisor se toma de la corriente del alumbrado, 220 volt., corriente alternada, que se eleva a 1100 volts que, rectificada da unos 500 en corriente continua para las placas de las válvulas osciladoras, cuyo filamento es alimentado con 7 ½ volts, corriente alternada para las rectificadoras Kenotrón U. V. 216 y las osciladoras U. V. 202.

He comunicado con él, además de las estaciones indicadas, con infinidad de aficionados uruguayos y argentinos. Para citar las más destacadas de la otra orilla, podría citarles a Braggio, de Bernal, Orfila de Ayacucho y Apathie de Chascomús…

—¿Y su antena? —interrogamos. —Mi antena —nos contesta Dall’Orto— es un cilindro de cinco hilos de 43 cm de diámetro, de 12 metros de largo a una de 20 metros sobre el nivel del suelo y 14 sobre este edificio, tiene un contrapeso de cinco hilos separados a un metro…

Se hace una pausa. Los auriculares abandonados sobre la mesa siguen sonando una música alegre. Marca un reloj los minutos con unos «tac, tac» lentos y graves. Dall’Orto toma los auriculares y al tiempo de encasquetarlos nos dice:

—Yo he tenido la gloria de ser el primero en atravesar el «charco»; una vez con telegrafía y ahora, cuando me comuniqué con Braggio, en telefonía…

Y eso que nos ha dicho el señor Dall’Orto ha sido dicho con un tono de sincera alegría, de satisfacción por parte de quien ve coronados por el éxito todos sus desvelos de catorce años consecutivos…

Volvemos a oír música, telegrafía, conversaciones. Todo ello por turno, sin que unas afecten a las otras. Como si el aparato receptor de Dall’Orto estuviera lleno de cajoncitos en donde se guardan estas conversaciones, esta telegrafía y estas músicas y fueran saliendo a medida que el condensador va abriendo los cajoncitos.

Nosotros estamos plenamente satisfechos. Así lo manifestamos. Entonces, Dall’Orto se torna locuaz. Nos habla del futuro de la radiofonía. Y entre risas nos confiesa que hace poco dio por radio una conferencia sobre ese discutido tópico.

Sí —añade— podemos esperar mucho, mucho, muchísimo del radio… Pero no es menester que entre en esas suposiciones la dosis de fantasía que ponen algunos. Creo que dentro de treinta, de cuarenta años nos comunicaremos directamente con cualquier amigo por distante que de nosotros esté. Pero de ahí a afirmar que la radio matará al teléfono con hilos hay una distancia enorme… Siempre subsistirá éste.

Lo que ocurrirá es que al teléfono con hilos quedará relegado a realizar «trabajos» de menor importancia. Uno no implica la desaparición del otro. Le prestará su ayuda, una ayuda similar a la que a los grandes transatlánticos prestan en los puertos los pequeños remolcadores…

Por otra parte —añade elocuente riendo— no creo que veamos nosotros un pedido de un litro de kerosene hecho por radio al almacenero de la esquina…

Las veintitrés suenan en un reloj. Iniciamos nuestra retirada. Salimos a un «hall» amable, lleno de panzudos silloncitos de piel con almohadones verdes de este simpático «hall» que íbamos a hablar al comienzo de esta crónica. El señor Dall’Orto nos acompaña hasta el recio portón de entrada. Allí se despide de nosotros. El señor Dall’Orto es exquisitamente cortés. Echamos a andar.

Al llegar a 8 de Octubre, por donde ha de pasar nuestro tranvía, se nos antoja que la antena enorme de la «General Electric» remeda un gigantesco varita que dirige el maravilloso tráfico de ondas en medio del silencio divino de la noche. Pasó un tranvía hacia el centro y lo tomamos…

Reóstato.


Enzo Mario Dall’Orto (también escrito Dall’Orto) fue un pionero de la radioafición en Uruguay, uno de los primeros radioaficionados uruguayos activos en las décadas de 1910 y 1920. Residente en Montevideo, combinó su actividad profesional como radiotelegrafista con la afición a la radio en una época en que esta era incipiente en el país.  (⁠Radio Club Uruguayo). 

Inicios y trayectoria profesional

  • Se inició en la radioafición en 1913.
  • Trabajó como radiotelegrafista profesional a bordo de los vapores “Río de la Plata” y “Río Uruguay”, realizando comunicaciones en tierra.
  • En esa época temprana, la actividad de radioaficionados en Montevideo era muy limitada (comparada a “hallar oro hoy día”, según sus propias palabras). Usaban receptores antiguos de cohesores y estaciones a chispa, con ondas largas (4000-7000 metros).⁠(Radio Club Uruguayo). 

Indicativo y logros como radioaficionado

  • Su indicativo (señal distintiva) era FJ5 (utilizado en los primeros años de la radioafición internacional, antes de la adopción generalizada del prefijo CX en Uruguay). (La Galena del Sur)
  • Fue el primero en establecer comunicación de radioaficionados con Buenos Aires (Argentina), un hito histórico entre los dos países a través del Río de la Plata.⁠( Radio Club Uruguayo). 

Contacto histórico del 4 de enero de 1924

  • Operando una estación de solo 10 watts en Montevideo, contactó por primera vez con la estación 366 de Carlos Braggio en Buenos Aires. La estación de Dall’Orto usaba onda de aproximadamente 215 metros.

    Transcripción del texto del telegrama que le fuera enviado:

    «Agradezco sus felicitaciones por nuestra primera comunicación por radio a través del Plata. Cúmpleme manifestarle mi decidido empeño para obtener diaria comunicación con nuestros hermanos los argentinos. Me complace que haya sido su valiente 366 la iniciadora de estas comunicaciones y Vd. su infatigable propietario, quien haya oído la voz amiga de mi humilde estación». (Enzo Dall’Orto, de Montevideo a Carlos Braggio, Bernal, Provincia de Buenos Aires)

    Estación de Enzo Dall’Orto (FJ5) – Montevideo, Uruguay

    • Potencia: 10 watts (según el telegrama publicado en Radio Revista). Otras fuentes de la época mencionan hasta 20 watts.
    • Longitud de onda: 215 metros (onda media, típica de la época temprana de radioaficionados).
    • Ubicación: Avenida Garibaldi Nº 2800, en un punto alto de Montevideo (aprox. 50 metros de la Radio Sud América). Antena a 20 m sobre el nivel de la calle y 14 m sobre la azotea.

    Transmisor:

    • Alimentado con corriente alternada de 220 V, elevada a 1.100 V y rectificada por 4 Kenotron’s U.V. 216, entregando unos 500 V de corriente continua en las placas.
    • 4 osciladores Radiotrón U.V. 202.
    • Filamento de las 8 válvulas alimentado con 7½ V alterna.
    • Modulación por absorción con modulador magnético.
    • Filtros en los 500 V c.c.: reactancia y capacidad (4 mF) en dos puentes + filtro “trap circuit” en el modulador.
    • Amperaje en antena: 2 A.
    • Micrófono: tipo «Berliner» de línea.

    Receptor:

    • Regenerativo directo, con un paso de amplificación de audio-frecuencia.

    Antena y contra-antena:

    • Antena cilíndrica de 5 hilos, diámetro 48 cm, forma L invertida.
    • Contra-antena: de 5 hilos separados, plana, de 19 m de largo, ubicada a unos 10 m de la antena.

    La estación de Dall’Orto se describe como “humilde” pero efectiva, y tras este contacto logró comunicarse con varias estaciones argentinas (Chascomús, Mar del Plata, La Plata, etc.) y escuchar decenas más.

    Este fue el primer enlace de radioaficionados documentado entre Uruguay y Argentina. Dall’Orto expresó su entusiasmo por continuar las comunicaciones diarias con “nuestros hermanos los argentinos”. (Radio Club Uruguayo). 

Participación en las primeras organizaciones

  • En 1922 integró la primera Comisión Directiva del Radio Club del Uruguay, junto a figuras como Emilio Elena, José Greco, Enrique Legrand, Osiris Parodi Uriarte, Antonio Misol Pérez y José Espiell. Esta fue la primera asociación formal de radioaficionados del país.. (Radio Club Uruguayo).  
  • Algunas fuentes mencionan su rol como primer secretario del Montevideo Radio Club (posiblemente la misma o una evolución de la anterior, fundada hacia 1924), con José P. Greco como presidente. (Scribd).

Legado

Dall’Orto es recordado en la historia de la radio uruguaya como un verdadero pionero, en un contexto donde la radioafición era artesanal y enfrentaba grandes limitaciones técnicas y de infraestructura. Su nombre aparece en boletines históricos del Radio Club Uruguayo (CX) y en investigaciones sobre el desarrollo de la radiodifusión nacional (1922-2022), (Radio Club Uruguayo).

No hay información pública precisa sobre su fecha de nacimiento o fallecimiento, pero su trayectoria se concentra claramente entre 1913 y mediados de los años 1920.

Fuentes principales consultadas:

  • Revista «Mundo Uruguayo, Nº 287, julio 10 de 1924.
  • Boletines oficiales del Radio Club Uruguayo (CX1AA).
  • Artículos históricos en La Galena del Sur (blog especializado en historia de la radio).
  • Documentos sobre el desarrollo de la radio en Uruguay (1922-2022).

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«Out on the Air» (OOTA). Salir a la calle , montar antena y estación de baja potencia y comunicar en Morse sentado en un banquito.

Operador: CX3BZ
Actividad: «Out on the Air» (OOTA)
Fecha:  Domingo 22 de marzo de 2026.
Sitio: Dique Mauá y antigua Compañía del Gas,

Esta fue mi aventura morsística del domingo 22 de marzo de 2026.
Con el QRP USDR, 4 baterías 18650 externas, porque la interna del XCVR se liquidó sola.

Salí a la Rambla Sur, altura calle Paraguay, a pocas cuadras de mi QTH, en la rambla costera de Montevideo.

En una agradable tarde. El carrito de dos ruedas, de tela con el banquito petizón, A la espalda, una mochila cargada de cables y la estación QRP. Colgado del cuello dos morrales con el manipulador vertical, teléfono, llaves, carnet de permiso de radioaficionado.

Buscando un lugar conveniente para tender la antena Endfed (EFHW) para 40m, decidí ir al descampado espacio público del antiguo Dique Mauá y predio de la antigua y abandonada edificación de la Compañía del Gas, construida por los ingleses, para generar el gas de cañería, el carbón, el coque, y en el entorno sus tres gasómetros ya fuera de uso y el propio dique.

Pero la parte de la explanada, inaugurada hace unas pocas semanas atrás por la actual gestión municipal y a espacio abierto, se puede visitar.

La gente va y se sienta con sus reposeras, que son suministradas por los funcionarios en el lugar. Toman sus mates, con unos bizcochos, o quizá el clásico bizcochuelo casero en un tupper, conversando y disfrutando del paseo en la tarde tranquila, muy linda, de domingo. Otros caminan por los senderos para apreciar lo que queda de las carboneras.

Pero dentro del predio, no es posible instalar el cable y montar la «petit» estación.

Vi una palmera baja en la vereda de enfrente, a la que había ya considerado antes  y decidí ir allí.

Lancé la tanza (cable de bordeadora de césped) con el aro de goma como terminación en el extremo del sistema de antena (un probado sistema antiatascos).

La tanza se une a un pequeño tubito de ppl (polipropileno, de sanitaria), usado  como aislador y luego el cable irradiante, (que importé hace unos años, resistente por poseer alma de acero y recubierto de una vaina plástica resistente a los rayos UV.

Este cable lo importé en un rollo de cien metros tiempo atrás vía Ebay. Dos tramos de veinte metros los obsequié a un par de amigos, colegas con quienes armamos el Pixie de 250 miliwatts de QSO Labs, en sendas jornadas de soldatón por algunas semanas, reunidos en torno a una mesa de un garage, con el rollo de estaño, soldador,  los componentes, las plaquetas, cerveza y pizzas.  Enrollando los toroides  parecíamos tres tías veteranas enebrando aguja e hilo para bordar petit-point o zutcir o pegar botones. (Ese Pixie está descrito en el artículo que publiqué aquí en este blog).

Así que, con el carrito de tela de dos ruedas actuando de mesita improvisada, el banquito miniatura, los rollos del cable coaxial rg58 (20 metros de longitud y un poco más, arrojé el irradiante con la tanza por encima  de la palmerita.

Comprobada la efectividad del amarre y jalando con fuerza, para levantarla sujeté la caja del transformador  49:1 al alambrado perimetral del terreno contiguo. Ya tuve pronta la instalación. Por cierto, tuve la precaución de no cruzar cables por la vereda para no incomodar el paso de los transeúntes que cada tanto pasaban por allí con el perrito o alguno haciendo footing.

Dos chicas cerca, las ví sentadas en un banco de plaza de cemento, totalmente indiferentes al entorno, contándose sus cuitas.

Conectados el pequeño transceptor USDR, conectadas las baterías, el  manipulador vertical, la libreta y birome, me dispuse a llamar CQ.

Manipulando «chueco», por falta de práctica, apareció LU8ARE, Raúl, de Buenos Aires. Le pedí QRS. El QSB estaba presente. Le envié un 569 honesto.

Más tarde, finalizado el primer QSO, retumbó en el aire la portentosa señal de Geo, CX1SI en la localidad de José Pedro Varela, Departamento de Lavalleja  para  darme el segundo comunicado. Su señal llenaba la cuadra con un sonoro y elegante «tirirari piripipá». Sólido RST 599.

La gente seguro que me miraba, especialmente al ver el cable colgado, pero yo me concentré en manipular lo mejor posible los cambios. Por cierto desprolijos de mi parte.

Ratito después, la brisa se puso fría, el sol ya caía en el crepúsculo en la misma dirección de la punta extrema de la antena, orientada hacia Buenos Aires.

Ya preparé las QSL digitales. Y los dos QSO ya se han verificado en QRZ.com



La frase final:
el olvido de mi campera de jogging me obligó a abortar y marcharme de vuelta a casa. El frío era peligroso y yo  arrepentido por salir confiado a la calle con solo una delgada T-shirt.

Di fin a la excursión con «la panza» llena de dos QSO a 4 W, con practicamente 1:1 de ROE, pero eso sí ¡congelado!

Ya volveremos a este u otro sitio urbano, donde la antena pueda colgarse y la seguridad no falte. La próxima, también, llevaré audífonos y la campera!

73 y gracias a los dos colegas por los QSO y activar por primera vez OOTA: Out On the Air… salir y comunicar!

CX3BZ

Horacio Nigro Geolkiewsky
Montevideo,
URUGUAY

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Boston Radio. (Aviso publicitario, Montevideo, Uruguay, 1936).


Revista "Cine Actualidad". 

El estilo Art Déco expresado en la tipografía de este anuncio, celebra la geometría y la era industrial.

Montevideo es una de las ciudades con mayor riqueza arquitectónica Art Déco del mundo (el Palacio Rinaldi o el Edificio Díaz son grandes ejemplos).

Este anuncio de Samuel Kobrin en la calle San José encaja perfectamente con la estética que dominaba la ciudad en las décadas de 1930 y 1940.

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Definiendo Términos en Radio. («Life», noviembre de 1926).

LOUDSPEAKER (Altavoz): El hombre que afirma haber sintonizado Francia con una radio de galena.

Distant Station (Estación distante): Cualquier cosa al oeste (o al este) de Schenectady.

Program (Programa): Ver estática.

Ground (Tierra/Motivo): Lo que tienes para el divorcio cuando tu esposo mantiene el altavoz encendido hasta las 3 A.M.

Novice (Novato): Aquel que escucha un programa sin enterarse del nombre de la emisora.

Expert (Experto): Aquel que se entera del nombre de la emisora sin escuchar el programa.

Transformer (Transformador): El hombre que te convenció para comprar un equipo.

Static (Estática): Oír programa.

Tube (Válvula): Durante años, la causa de mucha discusión. Ilustración: «Ser válvula B o no ser válvula B» (juego de palabras con To be or not to be).

Selectivity (Selectividad): La capacidad de sintonizar fuera de un programa después de un minuto y medio.

Oscillator (Oscilador): Aquel que delibera entre un neutrodino de cinco válvulas y un superheterodino de ocho válvulas.

DX Hound (Cazador de DX): El único tipo de canino conocido que corre hacia las bocinas.

Aerial (Antena): Principal método de ataque en el fútbol moderno.


Parke Cummings.


Parke Cummings fue un escritor y humorista estadounidense activo principalmente durante las décadas de 1920 a 1950. Su obra consistió sobre todo en poemas satíricos, textos humorísticos y relatos breves publicados en revistas culturales y literarias de Estados Unidos. Colaboró con frecuencia en revistas importantes como The New Yorker y Esquire, donde publicó ensayos y piezas narrativas durante las décadas de 1940 y 1950. Y esta viñeta que apareció en Life en noviembre de 1926

Su estilo se caracterizaba por la ironía y la sátira social, con textos breves que comentaban con humor aspectos de la vida cotidiana, las costumbres y la cultura urbana de su época.

En cuanto a su biografía, los datos disponibles son muy escasos: no existe una ficha biográfica completa ampliamente documentada y las fechas exactas de nacimiento y muerte no están claramente establecidas en las fuentes habituales. Se sabe principalmente de él a través de sus publicaciones en revistas y archivos editoriales de mediados del siglo XX, lo que sugiere que fue un colaborador literario relativamente conocido en ese circuito, pero no una figura pública de gran notoriedad histórica.


(Viñeta en la imagen: referencial)

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El futuro visto desde el pasado: el videoteléfono en «Le Petit Inventeur».

Fotografía: Universal History Archive/Universal Images Group/Getty Images

En la portada de la revista francesa Le Petit Inventeur, publicada por Albin Michel en París a mediados del siglo XX, se publicó una ilustración que resume a la perfección el espíritu de la época: la fe en el progreso tecnológico y la imaginación desbordante sobre cómo sería la vida moderna.

La escena muestra a un hombre sentado en un sillón de mimbre, con auriculares y micrófono, frente a una pantalla donde aparecen una mujer y un niño. El aparato está descrito con componentes como “Tubes de Néon”, “Moteur de Synchronisme” y “Courant”, intentando dar un aire de verosimilitud científica a lo que, en realidad, era un sueño futurista: el videoteléfono.

Este tipo de ilustraciones no eran simples fantasías. Reflejaban la convicción de que la ciencia pronto permitiría ver y escuchar a alguien a distancia, como si estuviera presente en la misma habitación. En un tiempo en que la radio y el cine eran tecnologías recientes y fascinantes, imaginar la transmisión simultánea de imagen y sonido era un paso lógico… aunque todavía lejano.

La historia nos muestra que esa visión no estaba tan desencaminada:

  • En 1927, AT&T realizó la primera demostración experimental de un videoteléfono.

El transmisor utilizado por Bell Labs para las demostraciones de televisión de 1927 en Estados Unidos. (²)

  • En 1964, Bell Labs presentó el “Picturephone” en la Feria Mundial de Nueva York.

PicturePhone, el primer teléfono con videollamadas que se comercializó en 1970 y fracasó por sus tarifas AT&AT invirtió alrededor de 500 millones de dólares de entonces en el desarrollo, pero terminó por abandonarlo en 1974 (Fuente: La Razón, Buenos Aires, Argentina)

Décadas más tarde, con la expansión de Internet y los smartphones, la videollamada se convirtió en parte cotidiana de nuestras vidas.

Joseph Glanvill,  en 1661 sugirió que los viajes de la Luna y la comunicación usando “ondas magnéticas” podrían ser un hecho:

Llegará el momento, y eso pronto, cuando, haciendo uso de las ondas magnéticas que permean el éter que sur alrededor de nuestro mundo, nos comunicaremos con las Antipodas”.

The Vanity of Dogmatizing. (Título completo: The Vanity of Dogmatizing, or Confidence in Opinions Manifested in a Discourse of the Shortness and Uncertainty of our Knowledge). Edición original: Londres, 1661. El libro termina con un epílogo titulado Plus Ultra, donde Glanvill especula sobre descubrimientos futuros. Allí se encuentra el pasaje sobre las “magnetick waves” y la comunicación con los Antípodas.

Lo que Le Petit Inventeur ofrecía a sus lectores era más que entretenimiento: era una ventana hacia un futuro posible, un ejercicio de imaginación que alimentaba la curiosidad y la confianza en la ciencia. Hoy, al mirar este facsímil, podemos reconocer cómo la cultura popular anticipaba —con ingenuidad y entusiasmo— tecnologías que terminarían transformando la comunicación global.

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Radio Panamericana: Voces de Solidaridad y Propaganda Bélica.

El papel estratégico de la radio de onda corta como herramienta de propaganda y diplomacia pública de los Estados Unidos en América Latina durante la Segunda Guerra Mundial es un estudio

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a5/OCIAA-Nelson-Rockefeller.jpg/500px-OCIAA-Nelson-Rockefeller.jpg

Nelson Rockefeller, Coordinator of Inter-American Affairs (1940). (Wikimedia)

Bajo la dirección de Nelson Rockefeller, la Oficina del Coordinador de Asuntos Interamericanos impulsó la política del Buen Vecino para fomentar la unidad continental frente a la influencia nazi-fascista.

Se utilizaron programas culturales, radionovelas y colaboraciones con empresas transnacionales para promover la solidaridad hemisférica y asegurar el apoyo regional.

 

 

Revista «Cine Radio Actualidad», Montevideo, Buenos Aires, setiembre 24 de 1943, Año VIII V, Nº 378. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS). https://lagalenadelsur.com/2022/09/22/la-familia-william-brown-radioteatro-por-cx12-radio-oriental-montevideo-1943/

Sin embargo, se ha cuestionado la autenticidad de este intercambio, sugiriendo que a menudo fue una comunicación vertical diseñada para proyectar una imagen idealizada de los intereses estadounidenses.

En última instancia, esta ofensiva mediática ayudó a modernizar la infraestructura radial latina y a consolidar el modelo comercial de radiodifusión en el continente.

Fuente:

«La unidad de las Américas en la propaganda radiofónica de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial». Por José Luis Ortiz Garza, agosto 17, 2013.

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«Una loable iniciativa». El Montevideo Radio Club propone un día sin avisos publicitarios. (Antena Uruguaya, 1 de junio de 1933).

Al continuar con el repaso de los ejemplares digitalizados de la publicación periódica Antena Uruguaya, disponible en línea en la Biblioteca Digital Anáforas de la Facultad de Comunicación de la Universidad de la República, encontramos en el número 3, año 1, correspondiente al 1º de junio de 1933, una nota singular. Transcribe una misiva de las autoridades del Montevideo Radio Club al medio de prensa por la que propone que las emisoras de radiodifusión se abstengan de emitir avisos publicitarios una vez al mes. Esta iniciativa, que hoy resulta pintoresca, fue respaldada en su momento por el equipo editorial de la revista.

Lo que llama la atención de esa propuesta de 1933que las emisoras se abstuvieran de emitir publicidad una vez al mes— es el aire romántico, casi ingenuo, que refleja la relación de la sociedad con la radio en sus primeros años.

La radio era entonces un medio joven, cargado de ilusión y de un espíritu comunitario, que buscaba preservar su carácter cultural y educativo, más allá de los intereses comerciales. La idea de “un día sin avisos” parece hoy infantil, pero en aquel contexto transmitía la esperanza de que la radiodifusión pudiera mantenerse como un espacio puro, dedicado al encuentro, la música y la palabra compartida.

Ese gesto editorial revela la confianza en la radio como un bien común, un instrumento de cohesión social. En un tiempo en que lo comercial aparece ya dominando el tiempo de la programación, se le sugiere —aunque fuera por unas horas— ceder  al encanto de la comunicación desinteresada. Es una muestra de cómo la radio de aquellos años estaba impregnada de un idealismo que la acercaba más a un juego colectivo favoreciendo al radioescucha frente la industria. 


 

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Elecciones en el Montevideo Radio Club. (Revista «Antena Uruguaya», 27 de julio de 1933).

De la historia de la Radioafición Uruguaya.

A un mes y un día antes de la fecha de fundación del Radio Club Uruguayo (23 de agosto de 1933), la preexistente entidad «Montevideo Radio Club» (constituido en 1924), que fue la segunda institución de radioaficionados del Uruguay, y que siguió al primero, el Radio Club del Uruguay, (1922), el 24 de julio de 1933 cumplía con su acto eleccionario.

Los detalles del acontecimiento fueron publicados en la revista «Antena Uruguaya», de Montevideo, del 27 de julio de 1933. Vale la pena destacar, que varios de sus integrantes se incorporarían posteriormente a las filas del Radio Club Uruguayo.

Es interesante constatar, asimismo, que algunas de sus gestiones impulsadas por su precedente Comisión Directiva, además de las propias de su actividad, tuvieron  relación con otras fuera de lo que hoy se consideran como propias de la actividad de radioclubes y radioaficionados,  que fueron comunes en aquella inicial época,  como «costear retransmisiones del Teatro Colón de Buenos Aires».

Algunos de sus integrantes directivos electos, no solo eran radioaficionados, sino también broadcasters y a la vez radiotécnicos, todos sí que radiómanos. Entre ellos, se mencionan por ejemplo, a los dueños de los primeros comercios dedicados a la construcción y venta de radiorreceptores, como Claudio Sapelli, Sebastián Paradizábal (de la pionera Radio Paradizábal), Emilio Elena (de la pionera Radio General Electric y posterior Radio Sud América, y  CX14, El Espectador), Lorenzo Balerio Sicco de CX18 Radio Sport, los hermanos Harispuru (fundadores de la entonces denominada Fada Radio y actualmente CX22 Radio Universal), y el comerciante Emilio Ledoux.

 


Fuente:

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«Wireless at Night» («Radio en la noche», anónimo, publicado en «Punch», 1924).

https://www.telegraph.co.uk/culture/culturepicturegalleries/9677926/90-years-of-the-BBC.html

En 1924 la radio estaba en plena expansión en Europa. La BBC llevaba apenas dos años transmitiendo, y en Francia y Alemania las emisiones crecían rápidamente.

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Para el público, escuchar voces y música de ciudades lejanas era una experiencia casi sobrenatural. Este poema refleja esa mezcla de asombro y romanticismo que acompañó los primeros años de la radiodifusión.

Es fascinante comprobar cómo la poesía capturó la emoción de la radio como un puente invisible entre pueblos y culturas.

Este poema publicado en «Punch» en 1924, titulado «Wireless at Night», es un ejemplo precioso de cómo la radio y la telegrafía inalámbrica se percibían en la época.

  • Casi como magia, un árbol convertido en antena que conecta a media Europa con un simple toque.
  • Compara la antena con un “fir-tree” (abeto) erguido como un campanario del pueblo, elevando la voz de la radio hacia el cielo.
  • Con apenas “batteries, valves” y un hilo fino, se recibe música de Chopin o noticias desde París.
  • En la intimidad del oyente, la radio se convierte en un susurro personal, “whispers to you alone”.
  • Como en la vida cotidiana, incluso los perros de París ladran mientras llega la despedida de la transmisión nocturna: “Bonsoir, Mesdames, Messieurs…”.

Wireless at Night (Punch, 1924):

Radio en la noche
(Anónimo, publicado en «Punch» en 1924). Traducido.

Alta como la torre del pueblo,
una antena delgada se alza en la loma
y trae noticias —o un Chopin lejano—
por ese hilo invisible.
Con unas baterías, unas válvulas,
tan poco para tanto milagro,
y de pronto media Europa responde,
susurrando solo para vos.

En París ladran los perros,
y entre los ruidos se cuela una voz:
«Bonsoir, Mesdames, Messieurs», la escucho decir,
«La audición de esta noche ha terminado.»
Buenas noches, señor… hasta mañana.


Wireless at Night

Tall as a village spire
A slender fir-tree set upon the hill
Carries the news — or Chopin — at your will
Along the fine-drawn wire.
Aerial and telephone,
Batteries, valves (so little for so much),
And half of Europe answers to your touch,
Whispers to you alone.

The dogs of Paris bark
For us . . . within a voice comes through:
‘Bonsoir, Mesdames, Messieurs’ I hear it say,
‘Laudition de ce soir est terminée.’
Monsieur, good-night to you.

Punch, 1924.


Fuente:
Radio Waves : Poems Celebrating the Wireless. Street, Sean; Abramsky, Jenny. London : Enitharmon Press, 2004. En Archive.org.

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Hipersensibilidad electromagnética. Un caso real relatado por un radioaficionado uruguayo.

https://copilot.microsoft.com/th/id/BCO.9b8ef686-9fa2-40c5-b68f-a29323fd2a4e.pngSegún la Wikipedia,

La hipersensibilidad electromagnética (HSE)​ o electrohipersensibilidad es una aparente sensibilidad a los campos electromagnéticos, a la que se atribuyen síntomas negativos. La HSE no tiene base científica y carece de diagnóstico médico reconocido. Las quejas se caracterizan por una «variedad de síntomas no específicos, que las personas afectadas atribuyen a la exposición a campos electromagnéticos».​

Aquellos que se diagnostican a sí mismos con HSE informan reacciones adversas a los campos electromagnéticos en intensidades muy por debajo de los niveles máximos permitidos por las normas internacionales de seguridad radiológica.

Las pruebas de provocación han encontrado que dichos pacientes no pueden distinguir entre exposición y no exposición a campos electromagnéticos.

Una revisión sistemática de la investigación médica del 2011 no encontró evidencia científica convincente de que los síntomas fueran causados por campos electromagnéticos.

Desde entonces, varios experimentos doble ciego han demostrado que las personas que reportan hipersensibilidad electromagnética son incapaces de detectar la presencia de campos electromagnéticos y tienen la misma probabilidad de reportar problemas de salud después de una exposición simulada como después de la exposición a campos electromagnéticos genuinos, lo que sugiere que la causa en estos casos es el efecto nocebo.​

A partir de 2005, la OMS recomendó que se evaluaran las quejas sobre la HSE para determinar si una persona que afirma estar afectada por ésta tiene una condición médica que puede estar causando los síntomas que la persona atribuye a la HSE, para determinar si tiene una condición psicológica, y para evaluar su entorno en búsqueda de problemas como la contaminación del aire o el ruido que puedan estar causando problemas.​ La terapia cognitivoconductual puede ser útil para controlar la afección.

Algunas personas que manifiestan que son sensibles a los campos electromagnéticos pueden tratar de reducir su exposición a estos o usar medicina alternativa.

Agencias gubernamentales de Estados Unidos y del Reino Unido han levantado reclamos sobre publicidad falsa o engañosa contra compañías que venden dispositivos para protegerse contra la radiación electromagnética.

En casos severos, estos síntomas pueden ser un problema real y, a veces, incapacitante para la persona afectada, causando angustia psicológica.​ No obstante, no existe una base científica para vincular tales síntomas con la exposición a campos electromagnéticos.

Se comercializa una variedad de dispositivos pseudocientíficos para quienes temen que los campos electromagnéticos los dañen. La Comisión Federal de Comercio de EE. UU. ha advertido sobre estafas que involucran la venta de productos que supuestamente protegen contra la radiación de los teléfonos celulares.


Las antenas de CX7SS, Eugenio, experimentado radioaficionado uruguayo que radica hace años en la pintoresca Villa Serrana, Minas, Lavalleja, Uruguay. (Foto CX7SS). 

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Eugenio, CX7SS

Eugenio, CX7SS, fue quien vivió en carne propia la experiencia que vivió  un visitante del Norte de América.

Un extranjero que llegó al tranquilo paraje de Villa Serrana, buscando como un nómade un lugar «no contaminado», escapando al sufrimiento que decía le afectaban por los campos electromagnéticos generados en el entorno.

El relato de Eugenio (que fue procesado por IA para limpiar el insoportable murmullo en el local donde fue grabado) es este:


Agradecimiento:

Eugenio De Marino, CX7SS, Uruguay. 

 

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