La voz de LRA60 rompe el silencio – Norman Powell y la radio en la Guerra de Malvinas. (Entrevista por Adrián Korol, «Korol en el Aire», Argentina, abril 2 de 2026).

Durante 44 años una voz permaneció en silencio. En 1982 esa VOZ fue la de LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas, la radio argentina que transmitió desde Puerto Argentino durante la Guerra de Malvinas.

Hoy, por primera vez en décadas, Norman Powell cuenta en primera persona la historia de aquella radio que funcionó en las islas durante el conflicto.

Este documento histórico recupera uno de los testimonios más valiosos sobre la radio durante la Guerra de Malvinas de 1982.

Norman Powell fue el locutor principal de LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas, emisora que comenzó a transmitir el 4 de abril de 1982 desde Puerto Argentino, tras la recuperación argentina de las islas.

Durante aquellos días, la radio funcionó en las instalaciones de la Falkland Islands Broadcasting Station, emitiendo en 536 kHz (AM) y también en onda corta, convirtiéndose en la voz argentina en el Atlántico Sur.

Este video narra la historia no contada de Norman Powell y LRA60 Radio Nacional, después de 40 años de silencio. Detalla sus operaciones durante la Guerra de Malvinas de 1982, incluyendo los aspectos técnicos del broadcasting y el trasfondo personal de Powell.

Es un documento histórico que recupera la memoria radiofónica de la guerra, ofreciendo una perspectiva única sobre la mass communication en tiempos de conflicto y la labor periodística en circunstancias extraordinarias

• Cómo nació LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas
• Las primeras transmisiones desde Puerto Argentino
• La convivencia con el personal de la radio isleña
• La programación musical y los mensajes para soldados argentinos
• El funcionamiento técnico de la emisora durante la guerra
• La historia poco conocida de la radio en Malvinas

Este material recupera la memoria radiofónica de 1982 y tiene un valor documental único para: historiadores de la Guerra de Malvinas, radioescuchas y amantes de la radio argentina, diexistas y radioaficionados interesados en transmisiones históricas, investigadores de la comunicación durante conflictos.

Una historia de radio, memoria y palabras transmitidas desde el corazón del Atlántico Sur.

Porque Radio Liberty transmitió desde Buenos Aires. Radio Atlántico del Sur desde Londres  con su estacion de relay de la BBC en AscensionLRA60 transmitió desde PUERTO ARGENTINO!»

 


Más:

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«Por no perder la costumbre». (Viñeta humorística. «Mundo Uruguayo», 4 de marzo de 1926).

Esta viñeta es una joya de la sátira social argentina de finales de los años 20, época en la que la radio se convirtió en la gran obsesión de los hogares.

El dibujo es de Quique Rowe, un ilustrador que solía retratar con mucha chispa las manías de la clase media en revistas icónicas como «Caras y Caretas».

Lo que vemos aquí es una burla al «radiómano», ese fanático de la tecnología que ya no concebía la vida sin ruido de fondo.

El chiste es genial porque el marido, incapaz de lidiar con el silencio tras romperse su «radiola», pone a su mujer a leerle recetas de cocina a través de un megáfono para imitar ese sonido metálico y distante de los primeros altavoces.

Es básicamente la versión antigua de los chistes actuales sobre la adicción al celular: nos dice que, cuando una tecnología nos atrapa, preferimos una imitación absurda de la realidad antes que renunciar a la costumbre.

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Principios de la comicidad en la radiotelefonía uruguaya. Raúl Barbero, en CX24 Radio Nuevotiempo. (Marzo de 1994).

Raúl Barbero, (Montevideo, Uruguay, 7-nov-1917- 1-dic-2014) fue un pionero de la radio en Uruguay, publicista, periodista y memorialista, autor de la serie radiofónica  «La Vuelta al Dial en 70 años» emitida por Radio Carve en el 70 aniversario de la radiodifusión en el Uruguay y autor del libro «De la Galena al Satélite», además de columnas en el diario «El País», bajo el seudónimo de «Rebar.»

Describe en esta entrevista el principio de la comicidad en la radio uruguaya comenzando por describir la transición que tuvo desde sus inicios como simples difusoras de música hacia la creación de contenidos originales.

Barbero destaca el papel fundamental de la comedia periodística y las parodias musicales, las cuales fueron impulsadas por el talento de los exintegrantes de la recordada Troupe Ateniense.

Ramón «El Loro» Collazo 25/01/1901 – 16/07/1981 (*)

A través de anécdotas sobre figuras icónicas como Ramón Collazo y Eduardo Depauli, se ilustra la inmensa popularidad de personajes que lograban convocar multitudes comparables a eventos deportivos.

El relato también resalta la creatividad de la época, mencionando programas que utilizaban la improvisación y el humor absurdo para cautivar a la audiencia. Finalmente, esta crónica sirve como un homenaje a la memoria histórica de la radiodifusión montevideana en las décadas de 1930 y 1940.

Eduardo Depauli. «El Frégoli del Éter». Tarjeta promocional. (Colección Horacio Nigro Geolkiewsky – LGdS)

La historia de la radio uruguaya puede entenderse como una transformación cultural que fue mucho más allá de lo técnico. En sus primeros años, las emisoras funcionaban como simples reproductores de discos: verdaderos “gramófonos” modernos que ofrecían música solicitada por teléfono. No había producción propia ni voces que marcaran un estilo, solo la intermediación entre el público y las canciones de moda.

El gran giro llegó en 1930, cuando la disolución de la Troupe Ateniense dispersó a sus integrantes entre CX14 El Espectador y CX16 Radio Carve. Ese traslado de talento teatral al ámbito radiofónico encendió la chispa del humor en el éter. La competencia entre emisoras se volvió un motor creativo y el humor comenzó a instalarse como un género propio, con figuras que trasladaban la comicidad del carnaval y el teatro directamente a los micrófonos.

De esa rivalidad nació el llamado “periodismo humorístico”. Carve ofrecía “El Diario Oral” y el “Suplemento Musical” de Ramón Collazo, mientras El Espectador respondía con “Radio Diario El Espectador” (que daría el nombre a la emisora) y “La Hora Popular”. Collazo, con su ingenio y capacidad de improvisación, se convirtió en el primer gran cómico de la radio, capaz de transformar canciones populares en parodias memorables, como su célebre versión de “La Clavelitos” convertida en “La Choricitos”.

La innovación técnica y artística no tardó en llegar. Víctor Soliño sorprendía con sus “Solfas”, redactadas en taquigrafía y leídas al aire con una gracia refinada.

Alberto Malmierca, bajo el seudónimo “Acreimlam”, creó “El Circo Aéreo”, la primera revista humorístico-musical con ritmo ágil y variado. Y Eduardo Depauli llevó la popularidad radial a un nivel inédito: en 1936 llenó el Estadio Centenario con un espectáculo que mezclaba fútbol y humor, demostrando el poder de convocatoria de la radio.

Hacia fines de los años 30 y durante las décadas siguientes, el humor se diversificó y se consolidó. Programas como “Los sordos de la Carve” de Alfredo Mario Ferreiro, “La Escuelita Popular”, “Los Risatómicos” y “La Gaceta Sideral”, entre otros, marcaron generaciones.

La radio se convirtió en el escenario privilegiado del ingenio uruguayo, un espacio donde la sátira, la música y la creatividad se entrelazaron para dar forma a una tradición humorística que aún hoy se reconoce como parte esencial de la identidad cultural del país.


Raúl Barbero invitado al programa  «La Tarde de Nuevotiempo», programa de CX24 Radio Nuevotiempo, en marzo de 1994, conducido por la periodista Blanca Rodríguez. [Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS].

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CW43b, Radio Internacional de Rivera. (Aviso publicitario en «Mundo Uruguayo», Montevideo, 26 de agosto de 1964).

 

Radio Internacional, 1480 AM de Rivera, Uruguay, considerada la más potente del norte uruguayo, fue fundada por Don Walfrido Figueira Morán el 25 de agosto de 1940.

Victoriano «Cabrerita» Cabrera. (1928-2011)

Con una trayectoria histórica ligada a la comunidad fronteriza, fue clave durante las inundaciones de 1959 y fue su matriz la ex CX 28 Radio Imparcial de Montevideo.

Se ha consolidado como una voz referente en el departamento de Rivera y la región fronteriza norte del Uruguay. Durante las históricas inundaciones de 1959, la emisora funcionó como un «Centro de Operaciones» y fue clave en la creación de las Brigadas Civiles de apoyo.

Destacaron figuras como Victoriano Cabrera, quien condujo el programa “Rivera es así” por más de 50 años.

Bajo la dirección de Patricia Iglesias y Don Claudio Yanuzzo, continúa siendo una emisora de referencia en el norte.

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«Vibraciones del Éter. Nuestro aficionados: Estación R5», [de Emilio Elena]. (Por «Reóstato», revista «Mundo Uruguayo», Uruguay, noviembre 20, 1924).

Otro altillo, ¡y va de altillos! Nos hemos convencido de que la estrecha, íntima, indisoluble trabazón de la radiofonía con los altillos y sobrados es invencible. Todos nuestros aficionados, salvo una excepción del tres por mil, usan el altillo como complemento directo e insustituible de sus recepciones y transmisiones. —¡Usted también en el altillo! —exclamamos al entrar. —Efectivamente —nos responde Elena—, no puedo sustraerme a la corriente general. Estoy aquí más cerca de la antena…

Sonreímos. Elena sonríe. Nos tiende la mano. Anda de uno a otro lado de la estación procurándonos un asiento. Urgen, a la luz intensa de una lamparilla eléctrica, los tensos conductores que bajan de la antena y se van colgando de unos limpios y redondos aisladores. Entramos definitivamente y nos aposentamos. Elena está en traje de “operador”. Nos mira y torna a decirnos: —Ustedes disculparán… —¿Qué cosa, señor Elena? —preguntamos intrigados. —Que yo les haya metido en este altillo…

Se puede decir que se inició simultáneamente conmigo. Mientras Elena habla, nuestros ojos recorren la estación. Grandes cartas murales marcan la situación de todas las estaciones radiotelegráficas de nuestro planeta. En medio de aquel entrecruzamiento de rayas palpita la onda misteriosa que lleva un saludo o clama un auxilio… —¿Y su antena? —interrogamos.


El gesto de Elena se entristece un poco: —Hasta ayer era un enhiesto mástil que obligaba a sacar la cabeza por el ventanillo tranviario a los pasajeros por Paysandú y Uruguay, para admirar la arrogancia de mi antena. Pero… ¡Siempre los perros! Un vecino atribuyó ciertas rasgaduras de la medianera al efecto del viento en mi mástil, y para verme libre de los vecinales —¡siempre engorrosos y violentos!— desmonté todo y sanseacabó!…

—Era una antena magnífica. No vayan a creer que alabo mi trabajo, le hago justicia. La torre tenía un alto de diez metros y soportaba en su extremo un mástil de seis. La antena propiamente dicha constaba de tres hilos, de un largo de veinticinco metros, espaciados a un metro y medio entre uno de otro y poseía una baja…

—Entonces, ¿no necesita preguntarme si me oye? —No —responde Elena riendo—. Aquí tengo los instrumentos necesarios para que yo lleve la guía exacta del funcionamiento de mi estación. Es claro que a veces suelo preguntar, pero no con la asiduidad que otros lo hacen.

—¿Piensa mejorar aún más esto? —¡Sí! Y más todavía después de cuanto me ha ocurrido con la antena. Tengo que igualar, por lo menos, las condiciones de antes… A este efecto pienso conseguir una toma en tierra de menor resistencia y mejorar en lo que pueda, previo un buen ajuste, las condiciones del receptor y transmisor.

—¿Ha ensayado con éxito la retransmisión de estaciones de “broadcasting” y aficionados? —Es verdad —nos dice—. Aprovechando las condiciones de selectividad de este aparato, nos señala una “Radiola Superheterodyne” que efectuó a título de ensayo varias retransmisiones de estaciones argentinas y de aficionados locales.

—¿Sus “records” de alcance y recepción? —De alcance, hasta San Juan (Rep. Argentina), unos 1.200 kilómetros. Pampa Central, cerca de 900…

—¿Y qué cree usted, señor Elena, que sea menester para el mejor desarrollo del radio en nuestro país? —En primer término, el apoyo de los poderes públicos. Apoyo constante en el sentido de difundir cultura valiéndose para ello de la radiotelefonía, y en otro sentido (principalísimo para nosotros, los aficionados experimentales) crear un instituto donde se puedan experimentar los diversos aspectos de este notable invento. Dar becas a los mejores y más estudiosos aficionados para que cursen estudios en Estados Unidos, ya que aquí es imposible hacerlo.

En recepción he oído “broadcastings” de Estados Unidos. Las estaciones argentinas las oigo con altoparlante. Vean… Es decir, oigan: Y Elena sintoniza “Radio Cultura” que sale venciendo fácilmente a la transmisión que en esos momentos efectúa la “General Electric”.

Para ello es necesario que los hombres de actuación destacada en la Administración Pública se compenetren de la utilidad y valor de las radiocomunicaciones. Creo que en ese sentido el campo de acción es vasto y complejo.

Nos despedimos. Antes, obtenemos una fotografía de la antena desmantelada. Podrán nuestros lectores apreciar la laboriosidad e inteligencia del autor de esa torre. El señor Elena nos facilita un circuito del transmisor. Salimos a la calle y contemplamos el vacío que, sobre la azotea, han dejado las torres de aquella inmensa antena que ahora yacen en el patio, desarmadas y como inconsolables en su derrota…

La R5 es, entre las estaciones de su poder, una de las que puede ponerse a la cabeza. Puede el señor Elena estar satisfecho de su estación y los aficionados orgullosos del progreso alcanzado por ella.

Reóstato.


En los años fundacionales de la radio uruguaya la distinción entre radioaficionado y «broadcaster» era casi inexistente.

Elena operó con la señal de llamada R5 (en una época previa a la asignación internacional del prefijo CX para Uruguay).Elena operaba bajo la emblemática señal de llamada R5, convirtiéndose en un pilar del Montevideo Radio Club desde 1924 junto a figuras como Claudio Sapelli y Sebastián Paradizábal. Su destreza técnica era tal que funcionó como un nexo vital entre la vanguardia tecnológica mundial y el Río de la Plata, facilitando la llegada de equipos de última generación a través de la representación de General Electric.

Sin embargo, su visión trascendía los cables y las válvulas, pues comprendió antes que nadie que la radio era, ante todo, una herramienta de comunicación humana. Su huella quedó marcada profundamente en los cimientos de Radio Sud América, la emisora que más tarde se transformaría en la histórica CX 14 El Espectador. Quizás su momento más icónico ocurrió en 1930, cuando junto a Ignacio Domínguez Riera le puso voz a la emoción de todo un país desde los micrófonos de CX 6 SODRE, protagonizando la primera transmisión de un Mundial de Fútbol en la historia.

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«Ciengramos y Viola». (Por «Fola», Revista «Mundo Uruguayo», 1947)


Geoffrey Edward Foladori
nació en Inglaterra en 1908, pero se crió en Montevideo, donde se volvió pionero del cómic uruguayo. Su seudónimo, Fola, se volvió sinónimo de humor gráfico durante décadas.

Lo humano en su trayectoria está en los detalles: autodidacta curioso, aprendió a dibujar observando revistas extranjeras y adaptando estilos a su propio pulso.

Trabajó incansablemente en revistas como Mundo Uruguayo y diarios como El Día y El Diario, donde sus personajes acompañaban la rutina de los lectores.

Inventor de voces, dio vida a figuras entrañables como Pelopincho y Cachirula, que reflejaban la picardía popular, y a Ciengramos y Viola, que jugaban con la tensión entre vendedor y comprador.

Narrador de lo cotidiano, sus tiras no eran grandes epopeyas, sino escenas domésticas, absurdos urbanos, pequeñas ironías que hacían reír porque eran reconocibles.

En lo personal, quienes lo conocieron lo describen como un hombre reservado, pero con una biblioteca interior inmensa: cada personaje era un espejo de su observación del mundo. Su legado es haber hecho que el humor gráfico en Uruguay no fuera un pasatiempo menor, sino un lenguaje cultural.

Falleció el 3 de febrero de 1997 en Montevideo, dejando un legado inmenso en la historieta uruguaya.

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«¡Esta radio debe ser del Gobierno, tiene un gabinete muy malo!» (por «Vilar», Revista «Tío Landrú», Argentina, set.4, 1968).

Esta viñeta, firmada por Vilar (Pedro Vilar) y con el texto “¡Esta radio debe ser del Gobierno, tiene un gabinete muy malo!”, apareció en el número 14 de la revista Tío Landrú.

Esta publicación humorística argentina, dirigida por Landrú (Juan Carlos Colombres), se editó entre junio de 1968 y abril de 1969 (47 números en total). El chiste alude a la mala calidad del “gabinete” (el mueble de la radio y, por doble sentido, el equipo ministerial) durante el gobierno de facto de Alejandro Lanusse, un tema recurrente en la revista de esa época.

Pedro Vilar (1936-2016) fue uno de los dibujantes y humoristas gráficos más activos en Tío Landrú, junto a figuras mencionadas como Caloi, Manucho, Faruk, Ceo, Viuti y otros. Su trazo limpio y expresivo se destacaba en viñetas de humor político y social, típico del estilo absurdo y crítico de la revista durante la época de Lanusse.

Se puede ver el PDF completo del número 14 (donde aparece la viñeta en la sección de “RADIOS. LANUSSE”) en el sitio AHIRA (Archivo Histórico de Revistas Argentinas): https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2021/05/Tio-Landru-14.pdf

En ese mismo ejemplar hay otras colaboraciones de Vilar y del equipo habitual (Caloi, Manucho, etc.). ¡Es un clásico del humor gráfico argentino de los años 60!

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Collage de micrófonos  de antaño de broadcastings montevideanas. Mediados de la década del 30.

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LAS VIBRACIONES DEL ÉTER. Galería de aficionados — Enzo Dall’Orto. (Mundo Uruguayo, julio 10, 1924).

El señor Dall’Orto nos ofrece un casco telefónico en tanto que él se coloca otro. Nosotros aguardamos la audición que va a ofrecernos.

—Este aparato, —nos dice el señor Dall’Orto, mientras gira suavemente el dial del condensador,— me ha dado grandes satisfacciones… He podido alcanzar distancias apreciables al comunicarme con el doctor Gaete, de San Javier, (Chile) y con el señor Marey de Tucumán.

En eso el silbido de una onda detiene la charla del señor Dall’Orto. Escuchamos. Aumenta el silbido. De improviso, una música alegre nos inunda los oídos. El señor Dall’Orto sonríe complacido.

—Es la estación L. O. Z. de Monte Grande…

Enseguida vuelve a girar el dial de su condensador y a achicar o agrandar la recepción de onda. Otro silbido se hace en los auriculares poderosos.

—Esta es la estación L. O. X. de la «Radio Cultura» —añade el señor Dall’Orto, mientras un rítmico «shimmy» alegra nuestros tímpanos.

Se va la música. Silba la onda. Se oye una voz ronca que dice: «Atención». Dall’Orto nos dice:

—¿Conocen esa voz, verdad? Es la de Aldo Rossi, el «speaker» de la Radio Cultura, va a dar la hora oficial. En eso suenan diez campanadas. En seguida la alegría de un carrillón. Después, lentas, graves, voluminosas van cayendo las otras campanadas anunciando las veintidós horas de Buenos Aires.

Sigue Dall’Orto buscando estaciones. Oímos de pasada a Radio Paradizábal que transmite la opereta de Urquiza, oímos la telegrafía de varios vapores, la dársena norte de Buenos Aires, las palabras dispersas de algunos aficionados argentinos y la voz nítida, potente de la «Uno Tres Seis» de Montevideo que llama a la «Cinco Nueve» de Carvalho para comunicarle que le transmite con una sola válvula y con una placa que deja transportar el filamento. El señor Carvalho no contesta. Aquello es un kaleidoscopio (permítasenos la palabra) de sonidos. Unas milésimas de estaciones van entrando en el aparato selectivo del señor Dall’Orto.

Estamos en un vasto salón de laboratorio. Sobre las mesas empotradas a las paredes, toda la profusión de herramientas y mil artefactos de electrotécnica. En las paredes, gruesos aisladores relucen, números. Delante de nuestro aparato hay una grata alfombrita que nos pone en los pies la caricia de su tibieza.

Vuelva a comenzar la música. Dall’Orto a sonreírnos con su sonrisa franca, amiga, satisfecha, cordial. Dejamos el casco telefónico. Dall’Orto nos va mostrando los aparatos que su afición le obligó a construir. Ingeniosos mecanismos de cambio para su transmisor y receptor destacan sobre el muro liso del laboratorio.

El señor Dall’Orto se acerca a su transmisor —premiado en un concurso de aparatos con un primer premio— lo levanta, lo tapa y nos muestra su cuidado y prolijo interior.

—Aquí tienen mi caballo de batalla… 10 watts en telefonía o telegrafía con ondas moduladas. La energía para funcionar este transmisor se toma de la corriente del alumbrado, 220 volt., corriente alternada, que se eleva a 1100 volts que, rectificada da unos 500 en corriente continua para las placas de las válvulas osciladoras, cuyo filamento es alimentado con 7 ½ volts, corriente alternada para las rectificadoras Kenotrón U. V. 216 y las osciladoras U. V. 202.

He comunicado con él, además de las estaciones indicadas, con infinidad de aficionados uruguayos y argentinos. Para citar las más destacadas de la otra orilla, podría citarles a Braggio, de Bernal, Orfila de Ayacucho y Apathie de Chascomús…

—¿Y su antena? —interrogamos. —Mi antena —nos contesta Dall’Orto— es un cilindro de cinco hilos de 43 cm de diámetro, de 12 metros de largo a una de 20 metros sobre el nivel del suelo y 14 sobre este edificio, tiene un contrapeso de cinco hilos separados a un metro…

Se hace una pausa. Los auriculares abandonados sobre la mesa siguen sonando una música alegre. Marca un reloj los minutos con unos «tac, tac» lentos y graves. Dall’Orto toma los auriculares y al tiempo de encasquetarlos nos dice:

—Yo he tenido la gloria de ser el primero en atravesar el «charco»; una vez con telegrafía y ahora, cuando me comuniqué con Braggio, en telefonía…

Y eso que nos ha dicho el señor Dall’Orto ha sido dicho con un tono de sincera alegría, de satisfacción por parte de quien ve coronados por el éxito todos sus desvelos de catorce años consecutivos…

Volvemos a oír música, telegrafía, conversaciones. Todo ello por turno, sin que unas afecten a las otras. Como si el aparato receptor de Dall’Orto estuviera lleno de cajoncitos en donde se guardan estas conversaciones, esta telegrafía y estas músicas y fueran saliendo a medida que el condensador va abriendo los cajoncitos.

Nosotros estamos plenamente satisfechos. Así lo manifestamos. Entonces, Dall’Orto se torna locuaz. Nos habla del futuro de la radiofonía. Y entre risas nos confiesa que hace poco dio por radio una conferencia sobre ese discutido tópico.

Sí —añade— podemos esperar mucho, mucho, muchísimo del radio… Pero no es menester que entre en esas suposiciones la dosis de fantasía que ponen algunos. Creo que dentro de treinta, de cuarenta años nos comunicaremos directamente con cualquier amigo por distante que de nosotros esté. Pero de ahí a afirmar que la radio matará al teléfono con hilos hay una distancia enorme… Siempre subsistirá éste.

Lo que ocurrirá es que al teléfono con hilos quedará relegado a realizar «trabajos» de menor importancia. Uno no implica la desaparición del otro. Le prestará su ayuda, una ayuda similar a la que a los grandes transatlánticos prestan en los puertos los pequeños remolcadores…

Por otra parte —añade elocuente riendo— no creo que veamos nosotros un pedido de un litro de kerosene hecho por radio al almacenero de la esquina…

Las veintitrés suenan en un reloj. Iniciamos nuestra retirada. Salimos a un «hall» amable, lleno de panzudos silloncitos de piel con almohadones verdes de este simpático «hall» que íbamos a hablar al comienzo de esta crónica. El señor Dall’Orto nos acompaña hasta el recio portón de entrada. Allí se despide de nosotros. El señor Dall’Orto es exquisitamente cortés. Echamos a andar.

Al llegar a 8 de Octubre, por donde ha de pasar nuestro tranvía, se nos antoja que la antena enorme de la «General Electric» remeda un gigantesco varita que dirige el maravilloso tráfico de ondas en medio del silencio divino de la noche. Pasó un tranvía hacia el centro y lo tomamos…

Reóstato.


Enzo Mario Dall’Orto (también escrito Dall’Orto) fue un pionero de la radioafición en Uruguay, uno de los primeros radioaficionados uruguayos activos en las décadas de 1910 y 1920. Residente en Montevideo, combinó su actividad profesional como radiotelegrafista con la afición a la radio en una época en que esta era incipiente en el país.  (⁠Radio Club Uruguayo). 

Inicios y trayectoria profesional

  • Se inició en la radioafición en 1913.
  • Trabajó como radiotelegrafista profesional a bordo de los vapores “Río de la Plata” y “Río Uruguay”, realizando comunicaciones en tierra.
  • En esa época temprana, la actividad de radioaficionados en Montevideo era muy limitada (comparada a “hallar oro hoy día”, según sus propias palabras). Usaban receptores antiguos de cohesores y estaciones a chispa, con ondas largas (4000-7000 metros).⁠(Radio Club Uruguayo). 

Indicativo y logros como radioaficionado

  • Su indicativo (señal distintiva) era FJ5 (utilizado en los primeros años de la radioafición internacional, antes de la adopción generalizada del prefijo CX en Uruguay). (La Galena del Sur)
  • Fue el primero en establecer comunicación de radioaficionados con Buenos Aires (Argentina), un hito histórico entre los dos países a través del Río de la Plata.⁠( Radio Club Uruguayo). 

Contacto histórico del 4 de enero de 1924

  • Operando una estación de solo 10 watts en Montevideo, contactó por primera vez con la estación 366 de Carlos Braggio en Buenos Aires. La estación de Dall’Orto usaba onda de aproximadamente 215 metros.

    Transcripción del texto del telegrama que le fuera enviado:

    «Agradezco sus felicitaciones por nuestra primera comunicación por radio a través del Plata. Cúmpleme manifestarle mi decidido empeño para obtener diaria comunicación con nuestros hermanos los argentinos. Me complace que haya sido su valiente 366 la iniciadora de estas comunicaciones y Vd. su infatigable propietario, quien haya oído la voz amiga de mi humilde estación». (Enzo Dall’Orto, de Montevideo a Carlos Braggio, Bernal, Provincia de Buenos Aires)

    Estación de Enzo Dall’Orto (FJ5) – Montevideo, Uruguay

    • Potencia: 10 watts (según el telegrama publicado en Radio Revista). Otras fuentes de la época mencionan hasta 20 watts.
    • Longitud de onda: 215 metros (onda media, típica de la época temprana de radioaficionados).
    • Ubicación: Avenida Garibaldi Nº 2800, en un punto alto de Montevideo (aprox. 50 metros de la Radio Sud América). Antena a 20 m sobre el nivel de la calle y 14 m sobre la azotea.

    Transmisor:

    • Alimentado con corriente alternada de 220 V, elevada a 1.100 V y rectificada por 4 Kenotron’s U.V. 216, entregando unos 500 V de corriente continua en las placas.
    • 4 osciladores Radiotrón U.V. 202.
    • Filamento de las 8 válvulas alimentado con 7½ V alterna.
    • Modulación por absorción con modulador magnético.
    • Filtros en los 500 V c.c.: reactancia y capacidad (4 mF) en dos puentes + filtro “trap circuit” en el modulador.
    • Amperaje en antena: 2 A.
    • Micrófono: tipo «Berliner» de línea.

    Receptor:

    • Regenerativo directo, con un paso de amplificación de audio-frecuencia.

    Antena y contra-antena:

    • Antena cilíndrica de 5 hilos, diámetro 48 cm, forma L invertida.
    • Contra-antena: de 5 hilos separados, plana, de 19 m de largo, ubicada a unos 10 m de la antena.

    La estación de Dall’Orto se describe como “humilde” pero efectiva, y tras este contacto logró comunicarse con varias estaciones argentinas (Chascomús, Mar del Plata, La Plata, etc.) y escuchar decenas más.

    Este fue el primer enlace de radioaficionados documentado entre Uruguay y Argentina. Dall’Orto expresó su entusiasmo por continuar las comunicaciones diarias con “nuestros hermanos los argentinos”. (Radio Club Uruguayo). 

Participación en las primeras organizaciones

  • En 1922 integró la primera Comisión Directiva del Radio Club del Uruguay, junto a figuras como Emilio Elena, José Greco, Enrique Legrand, Osiris Parodi Uriarte, Antonio Misol Pérez y José Espiell. Esta fue la primera asociación formal de radioaficionados del país.. (Radio Club Uruguayo).  
  • Algunas fuentes mencionan su rol como primer secretario del Montevideo Radio Club (posiblemente la misma o una evolución de la anterior, fundada hacia 1924), con José P. Greco como presidente. (Scribd).

Legado

Dall’Orto es recordado en la historia de la radio uruguaya como un verdadero pionero, en un contexto donde la radioafición era artesanal y enfrentaba grandes limitaciones técnicas y de infraestructura. Su nombre aparece en boletines históricos del Radio Club Uruguayo (CX) y en investigaciones sobre el desarrollo de la radiodifusión nacional (1922-2022), (Radio Club Uruguayo).

No hay información pública precisa sobre su fecha de nacimiento o fallecimiento, pero su trayectoria se concentra claramente entre 1913 y mediados de los años 1920.

Fuentes principales consultadas:

  • Revista «Mundo Uruguayo, Nº 287, julio 10 de 1924.
  • Boletines oficiales del Radio Club Uruguayo (CX1AA).
  • Artículos históricos en La Galena del Sur (blog especializado en historia de la radio).
  • Documentos sobre el desarrollo de la radio en Uruguay (1922-2022).

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«Out on the Air» (OOTA). Salir a la calle , montar antena y estación de baja potencia y comunicar en Morse sentado en un banquito.

Operador: CX3BZ
Actividad: «Out on the Air» (OOTA)
Fecha:  Domingo 22 de marzo de 2026.
Sitio: Dique Mauá y antigua Compañía del Gas,

Esta fue mi aventura morsística del domingo 22 de marzo de 2026.
Con el QRP USDR, 4 baterías 18650 externas, porque la interna del XCVR se liquidó sola.

Salí a la Rambla Sur, altura calle Paraguay, a pocas cuadras de mi QTH, en la rambla costera de Montevideo.

En una agradable tarde. El carrito de dos ruedas, de tela con el banquito petizón, A la espalda, una mochila cargada de cables y la estación QRP. Colgado del cuello dos morrales con el manipulador vertical, teléfono, llaves, carnet de permiso de radioaficionado.

Buscando un lugar conveniente para tender la antena Endfed (EFHW) para 40m, decidí ir al descampado espacio público del antiguo Dique Mauá y predio de la antigua y abandonada edificación de la Compañía del Gas, construida por los ingleses, para generar el gas de cañería, el carbón, el coque, y en el entorno sus tres gasómetros ya fuera de uso y el propio dique.

Pero la parte de la explanada, inaugurada hace unas pocas semanas atrás por la actual gestión municipal y a espacio abierto, se puede visitar.

La gente va y se sienta con sus reposeras, que son suministradas por los funcionarios en el lugar. Toman sus mates, con unos bizcochos, o quizá el clásico bizcochuelo casero en un tupper, conversando y disfrutando del paseo en la tarde tranquila, muy linda, de domingo. Otros caminan por los senderos para apreciar lo que queda de las carboneras.

Pero dentro del predio, no es posible instalar el cable y montar la «petit» estación.

Vi una palmera baja en la vereda de enfrente, a la que había ya considerado antes  y decidí ir allí.

Lancé la tanza (cable de bordeadora de césped) con el aro de goma como terminación en el extremo del sistema de antena (un probado sistema antiatascos).

La tanza se une a un pequeño tubito de ppl (polipropileno, de sanitaria), usado  como aislador y luego el cable irradiante, (que importé hace unos años, resistente por poseer alma de acero y recubierto de una vaina plástica resistente a los rayos UV.

Este cable lo importé en un rollo de cien metros tiempo atrás vía Ebay. Dos tramos de veinte metros los obsequié a un par de amigos, colegas con quienes armamos el Pixie de 250 miliwatts de QSO Labs, en sendas jornadas de soldatón por algunas semanas, reunidos en torno a una mesa de un garage, con el rollo de estaño, soldador,  los componentes, las plaquetas, cerveza y pizzas.  Enrollando los toroides  parecíamos tres tías veteranas enebrando aguja e hilo para bordar petit-point o zutcir o pegar botones. (Ese Pixie está descrito en el artículo que publiqué aquí en este blog).

Así que, con el carrito de tela de dos ruedas actuando de mesita improvisada, el banquito miniatura, los rollos del cable coaxial rg58 (20 metros de longitud y un poco más, arrojé el irradiante con la tanza por encima  de la palmerita.

Comprobada la efectividad del amarre y jalando con fuerza, para levantarla sujeté la caja del transformador  49:1 al alambrado perimetral del terreno contiguo. Ya tuve pronta la instalación. Por cierto, tuve la precaución de no cruzar cables por la vereda para no incomodar el paso de los transeúntes que cada tanto pasaban por allí con el perrito o alguno haciendo footing.

Dos chicas cerca, las ví sentadas en un banco de plaza de cemento, totalmente indiferentes al entorno, contándose sus cuitas.

Conectados el pequeño transceptor USDR, conectadas las baterías, el  manipulador vertical, la libreta y birome, me dispuse a llamar CQ.

Manipulando «chueco», por falta de práctica, apareció LU8ARE, Raúl, de Buenos Aires. Le pedí QRS. El QSB estaba presente. Le envié un 569 honesto.

Más tarde, finalizado el primer QSO, retumbó en el aire la portentosa señal de Geo, CX1SI en la localidad de José Pedro Varela, Departamento de Lavalleja  para  darme el segundo comunicado. Su señal llenaba la cuadra con un sonoro y elegante «tirirari piripipá». Sólido RST 599.

La gente seguro que me miraba, especialmente al ver el cable colgado, pero yo me concentré en manipular lo mejor posible los cambios. Por cierto desprolijos de mi parte.

Ratito después, la brisa se puso fría, el sol ya caía en el crepúsculo en la misma dirección de la punta extrema de la antena, orientada hacia Buenos Aires.

Ya preparé las QSL digitales. Y los dos QSO ya se han verificado en QRZ.com



La frase final:
el olvido de mi campera de jogging me obligó a abortar y marcharme de vuelta a casa. El frío era peligroso y yo  arrepentido por salir confiado a la calle con solo una delgada T-shirt.

Di fin a la excursión con «la panza» llena de dos QSO a 4 W, con practicamente 1:1 de ROE, pero eso sí ¡congelado!

Ya volveremos a este u otro sitio urbano, donde la antena pueda colgarse y la seguridad no falte. La próxima, también, llevaré audífonos y la campera!

73 y gracias a los dos colegas por los QSO y activar por primera vez OOTA: Out On the Air… salir y comunicar!

CX3BZ

Horacio Nigro Geolkiewsky
Montevideo,
URUGUAY

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