Día Mundial del Radioaficionado, 18 de abril de 2026. Entrevista a Víctor Gómez, CX6AV Presidente del Radio Club Uruguayo.

En el marco del Día Mundial del Radioaficionado, que se celebra el 18 de abril, el programa «El Recreo» de Canal 5 TV Uruguay conversó con Víctor Gómez, CX6AV, presidente del Radio Club Uruguayo, sobre el rol de la radioafición en la comunicación y su importancia en situaciones de emergencia.

A este respecto, la Comisión Directiva emitió un Comunicado de Prensa que reproducimos a continuación:

Cada 18 de abril, radioaficionados de todo el mundo se hacen presentes en las ondas de radio en celebración del Día Mundial de la Radioafición.

Fue en este día en 1925 que se formó la Unión Internacional de Radioaficionados en París. Los pioneros de la radioafición se reunieron en París en 1925 y crearon la IARU, Unión Internacional de Radioaficionados, para apoyar la radioafición a nivel mundial. Fue delegado por Uruguay el destacado astrónomo y radioaficionado Enrique Legrand. La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha reconocido a la IARU como representante de los intereses de la radioafición amparándonos en el derecho y uso del espectro radioeléctrico, consciente del valor que representa la actividad de los radioaficionados, en el avance tecnológico de las radiocomunicaciones y en emergencias.

Qué es la Radioafición: La radioafición es un servicio de radio reconocido internacionalmente por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) como “un servicio de radiocomunicación que tiene por objeto la instrucción individual, la intercomunicación y los estudios técnicos, efectuado por aficionados, esto es, por personas debidamente autorizadas que se interesan en la radiotecnia con carácter exclusivamente personal y sin fines de lucro.”
Hay unos 3 millones de radioaficionados con licencia en el mundo. En Uruguay, según el registro oficial de la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicaciones (URSEC) existen unos 1.400 radioaficionados habilitados.

El Día Mundial de la Radioafición es el día en que las Sociedades Miembros de IARU pueden mostrar nuestras capacidades al público y gozar de amistad mundial con otros radioaficionados alrededor del mundo.

Qué es el Radio Club Uruguayo:  es la sociedad nacional de radioaficionados miembro de IARU. Fundado en 1933, se integra con jóvenes entusiastas desde 7 años de edad hasta veteranos de 80.

Este sábado, los integrantes del Radio Club Uruguayo lo celebran a lo grande, con la actividad que más nos gusta. Parte de la actividad se desarrollará desde el hermoso camping del Parador Tajes en Canelones. Estaremos al aire, celebrando el Día Mundial del Radioaficionado, activando CX1AA, y los jóvenes del RCU, recientemente integrados al movimiento YOTA (Youngsters on the Air), estarán también en el aire con CX1YOTA. Los radioaficionados hacemos llegar la señal de nuestra antena adonde no llega nuestro abrazo.

En un nuevo DIA MUNDIAL DE LA RADIOAFICIÓN, el RCU les saluda y agradece la difusión a esta información.

Comisión Directiva del RADIO CLUB URUGUAYO

 

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La edad inalámbrica. (Viñeta humorística, «Mundo Uruguayo», Nº 301, octubre 16 de 1924).

Esta viñeta es otra de las joyas del humor gráfico de esta columna «A reír tocan» en la vieja revista «Mundo Uruguayo».

Ella captura perfectamente ese vértigo que siente una sociedad cuando una tecnología realmente disruptiva —en este caso, la radio y la telegrafía sin hilos— empieza a colonizar el imaginario colectivo.

El dibujante utiliza la técnica del absurdo para llevar una premisa técnica al terreno de lo ridículo: si la ciencia ha logrado que las palabras viajen por el aire sin cables, ¿por qué no aplicar esa misma «magia» a todo lo que nos estorba en la vida cotidiana?

Sátira, pues sobre la fe ciega en el progreso. La ingenuidad de creer que el avance tecnológico puede anular las leyes de la física.

Esa ropa tendida que flota sin sogas, o un arpa que suena sin cuerdas,  es una burla de una mentalidad tan humana de pensar que una nueva solución va a resolver problemas de dominios que no le corresponden.

La obsesión con la «novedad» hasta el punto de perder el sentido común; el hombre que está intentando clavar un cuadro con un «clavo inalámbrico» es la imagen perfecta de esa desconexión con la realidad material.

Hay también una capa de humor lingüístico muy fina, especialmente en el juego de palabras con el perro. Al transformar a un Wire-haired Terrier (un terrier de pelo de alambre) en un «Wireless» (inalámbrico), el autor baja la tecnología de su pedestal científico y la mete en la cotidianeidad más absoluta, incluso en la biología. Es una forma de decir que la modernidad, en su afán de simplificar, a veces amenaza con quitarle la esencia a las cosas.

Al final, el texto que acompaña la imagen corona la intención irónica. Al imitar el lenguaje pomposo y optimista de la prensa de la época, que prometía una utopía donde la ciencia nos liberaría de toda carga, el dibujante nos devuelve a la tierra.

Nos recuerda que, por más que la información vuele por el éter, seguimos viviendo en un mundo de objetos que necesitan sostén, de músicos que necesitan cuerdas y de pescadores que necesitan, por puro realismo, sentir el tirón de la línea. Es una crítica a la desmaterialización de la vida que, curiosamente, hoy nos suena más vigente que nunca.

 

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Un club radiotelefónico femenino en Montevideo. («Vibraciones del Éter», en «Mundo Uruguayo», Nº. 308, 4 de diciembre de 1924).

En el contexto de los primeros años de la radiotelefonía en Uruguay, cuando la participación femenina en el ámbito técnico era excepcional, la figura de Mercedes Mariño de Surra entrevistada en la columna «Vibraciones del Éter» de la revista «Mundo Uruguayo» publicada el 4 de diciembre de 1924, encarna una actitud progresista y desafiante frente a los prejuicios sociales que limitaban la voz de las mujeres en la radio.

Su propuesta de crear un “Club Femenino de Radiotelefonía” representa una forma temprana de reivindicación intelectual y cultural, donde la mujer se posiciona como agente activa del desarrollo tecnológico.

Este gesto se inscribe en una etapa de expansión de las comunicaciones y del entusiasmo por la radio como símbolo de modernidad nacional, reforzado por el crecimiento del recientemente formado «Montevideo Radio Club», evidenciando el impulso colectivo hacia la institucionalización y el progreso de la radiocomunicación en el país.


Hemos visitado a la señora Mercedes Mariño de Surra. La señora Mercedes Mariño de Surra es una entusiasta aficionada a las comunicaciones radiofónicas.

Ella suele hacer prolongadas guardias delante de la estación receptora y transmisora de su esposo el señor Aurelio Surra (Radio “Maldonado”).

La señora de Surra es una simpática figura de mujer, posee un ágil y cultivado espíritu.

Nos recibe en un pequeño comedor de su casa. Lisamente, nos expone su idea. Cree que las mujeres pueden y deben contribuir a la difusión del radio en Montevideo.

Cree la señora de Surra que no tiene razón de ser la especie de vergüenza —digamos así—que impide que las hermanas o las esposas de los aficionados en  general dejen oír sus voces por radio.

Como es inútil la prédica en ese sentido, la señora de Surra ha propuesto la fundación de un “Club Femenino de Radiotelefonía”. Ella considera que, sí hay mujeres inteligentes, capaces de contribuir con su aporte mental y cultural a la mayor expansión de las comunicaciones etéreas, ¿por qué esas mujeres siguen
ignoradas de aquellas personas a las que podrían ser beneficiosa su ayuda?

La señora de Surra se acerca al transmisor y comienza a llamar. Enseguida le contesta un aficionado. Se establece la charla. La espiritualidad de la señora de Surra llena toda la conversación. De vez en cuando se da vuelta hacia nosotros y nos muestra, con el gesto, cómo puede una mujer hacer lo mismo que un hombre
sin que ello signifique menoscabo alguno para su personalidad o reputación.

Nosotros nos despedimos. Hemos visto que este espíritu de mujer es un espíritu de progreso. Nos ha reconfortado la idea de que esta señora— que se estima a sí misma—se pone un poco al margen de suposiciones absurdas que solo pueden  anidar en espíritus mezquinos y en cerebros pobres.

Queda expuesta la idea de la señora Mercedes Mariño de Surra. Las aficionadas que lo deseen pueden con pseudónimo, hacernos conocer su opinión. Se les contestará por orden.

Reóstato.


En esa misma columna «Reóstato» destacaba:

A doscientos ochenta y seis socios activos y cincuenta y cuatro protectores, lo que hace un total de trescientos cuarenta asociados, asciende la cantidad de personas que integran el “Montevideo Radio Club”.

Teniendo en cuenta la reciente fundación del Club no es aventurado afirmar que dentro de muy poco tiempo estarán en el registro de socios todos los aficionados del país.

Asociándose en esa forma es como se asegurará definitiva y perdurablemente el progreso de las radiocomunicaciones en el Uruguay.

“Reóstato” se complace en felicitar los activos propagandistas del “Montevideo Radio Club” por el éxito obtenido en la inscripción de socios.


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¡»Buen oído»… Hoot!, ¡Hoot!…»las armoniosas notas de ese tenor que tanto me recomendaron». («Mundo Uruguayo», 11 de diciembre de 1924).

Esta viñeta, titulada «Buen Oído», es una pequeña joya de la sátira gráfica de los años 20 que captura a la perfección la «fiebre de la radio» de aquella época.

En los albores de la radiofonía, allá por la década de 1920, sintonizar una emisora era casi un acto de fe. Esta viñeta nos transporta a esas noches de vigilia frente a receptores de galena o de válvulas, donde el «ruido de fondo»estática, silbidos y desvanecimientos— era el compañero constante del aficionado.

Lo que la imagen nos cuenta:

La escena nos presenta a un radioescucha entregado, con los auriculares puestos y la mano en el dial, cerrando los ojos con deleite. Su rostro es de pura satisfacción: cree estar escuchando las armoniosas notas de un famoso tenor. Sin embargo, el remate cómico está tras la ventana: el sonido que lo tiene maravillado no es una señal lejana de una gran ciudad, sino el «Hoot! Hoot!!» de un búho posado en una rama.

¿Qué representa realmente?

Más allá del chiste, esta ilustración simboliza la ilusión y la paciencia de los pioneros del diexismo (DX). En aquellos años, la calidad del audio era tan precaria que el cerebro del oyente solía completar lo que la tecnología no alcanzaba a reproducir. Representa ese romanticismo técnico donde la sugestión jugaba un papel tan importante como la antena.

Es un recordatorio simpático de que, aunque hoy disfrutamos de una fidelidad digital impecable, hubo un tiempo en que la pasión por la radio era tan grande que hasta el canto de un ave nocturna podía sonar a ópera en los oídos de un entusiasta con ganas de creer.

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«Nuestras estaciones: Radio «Larrañaga». (en «Vibraciones del Éter», por «Reóstato», revista «Mundo Uruguayo», 24 de diciembre de 1924).

Hace un calor terrible. Por entre la capota y la portezuela entran los dientes del sol a mordernos las manos y las piernas. El motor nos envía, de vez en cuando una oleada de calor insoportable.

Colombo tiene la manía de no sonar la bocina en las bocacalles; y aquí vamos, esquivando “proyectos de colisiones” y “antiproyectos de catástrofes”, a más de 45 por hora, en plena calle Sierra.

El asfalto tiene intenciones de derretirse. El sol lo enloquece y a ras del suelo hay una nerviosa neblina caliginosa.

Al llegar a la calle Miguelete, Colombo salva milagrosamente un choque.

Nos da risa la maniobra; y ya en arcadas deshechas, Colombo enfila su máquina endiablada por aquel otro pedazo de la calle Sierra. Y, como si el movimiento estuviera afuera, pasan Yatay, San Martín, Millán, calles desconocidas… Nos hemos apartado del camino. Indagamos. Una mujer que barre una vereda nos lo indica al fin. Partimos.

El 140, sobre el recio portón de acceso a la calle Larrañaga, destaca negro sobre blanco.

Descendemos. Tímidamente, pretendemos sonar la campaña. La quinta reposa en plenitud de reposo arrullada por los píos de una muchedumbre de pájaros, El sol juega a la mancha con el oro dorado de la luz que filtra por entre las hojas.

El fresco chorro de una bomba de riego cae deshilachado sobre el césped esponjado de alegría. El hombre de la manga de riego nos grita que llamemos con más energía. Así lo hacemos. En lo hondo resuena la voz melancólica de una campana en perenne negativa.

¿Por qué dirá que no ésta campanita?

Desde el portón distinguimos las antenas del señor Legrand, Una, soberbia, sobre la casa, otra, de un solo hilo, va a sostenerse en una columna aislada en medio del campo.

Aparece una criada. Avanzamos. Preguntamos por don Enrique Legrand.

La criada se aleja y enseguida, levantando una cortina que refresca una entrada, nos hace la señal para que pasemos.

Una sensación de fresco y bienestar dentro del «hall» severo, A la derecha, un salón; en el salón, la elegancia de un piano abierto. En el “hall”, un órgano.

Plantado ante el órgano, sonriéndonos, la figura inconfundible de don Enrique Legrand. Presentaciones. Amabilidades. Invitación para pasar al despacho. Este es el despacho de don Enrique Legrand. Un lindo escritorio, un cómodo sillón, profusión de libros. Muchos libros. Mapas, cuadros, pergaminos, reliquias, curiosidades valiosas.

Don Enrique Legrand nos mira sonriendo.

—Aquí está mi estación radiotelefónica… ¡Qué “bochinche” de cosas! ¿Verdad? — nos dice. —

Don Enrique Legrand exagera.

Esto no es confusión; esto es el laboratorio experimental de un hombre de estudio; y todo lo demás, — libros, pergaminos, retratos, medallas, reliquias, mapas —, el tesoro de un intelectual. Don Enrique Legrand es un fino y cultivado espíritu. — Don Enrique Legrand tiene -un graficismo especial para los relatos. Nos explica cómo ha hecho para que su hija — aficionada a la fotografía — retratara la estación; nos relata como uno de los “kenotrón” no le es simpático al resto de su instalación radiotelefónica y como, sí lo aplica, se “enoja” la instalación y comienza a manifestar su desagrado con aullidos inacabables. Don Enrique Legrand no se explica bien cómo puede distinguir el aparato una lámpara de otra siendo todas iguales. Y para dar una explicación a todo esto, el señor Legrand ha forjado la teoría del “enojo” del aparato.

Nos muestra un mapa y se duele que “los ratones le hayan devorado provincias enteras”. Nos sonreímos.

Pasamos a ver de cerca la estación. La transmisora reposa sobre una estantería de biblioteca abierta. Rodeado por los libros, luce el aparato, el orgullo de sus ocho lámparas.

Sobre una mesita inmediata, el micrófono, un receptor “Grebe”, un altoparlante y un manipulador telegráfico. Eso es todo.

El señor Legrand es un ameno conversador. Tiene el don de saber entretener a los que escuchan. Es, además, un trabajador tesonero y eficaz. El señor Legrand es un tremendo propagandista del esperanto. Dicta por radio y en liceos las clases de la lengua internacional.

A las 17 comienza el señor Legrand sus enseñanzas y sus conversaciones dedicadas a los aficionados del interior. Nos muestra el señor Legrand varios telegramas recibidos últimamente, telegramas que prueban la eficacia de sus transmisores.

El señor Legrand nos muestra el funcionamiento de la estación. Enciende las lámparas del receptor y oímos a varios aficionados y una música lejana.

De repente, un trueno nos lleva la música, y las voces que sonaban en el alto parlante.

Es la “artillería” del Cerrito que “bombardea” la estación “Larrañaga”.

Todo cuanto se pueda imaginar, es poco. El Cerrito barre las audiciones del señor Legrand. Es algo indescriptible el poder de los puntos y las rayas de la CWA en el
receptor del señor Legrand.

«Malgré tout» [a pesar de todo] charlamos con Sibils, con Paperán, con Barreto. Y además nos quedamos oyendo música dispersa y lejana.

Dentro de la casa suena alegremente un piano.

—Ese es mi otro «Cerrito» — comenta el señor Legrand en alusión al piano.

Se ha hecho tarde. Salimos. En el “hall” están, — jugando al ajedrez— dos hijos del señor Legrand. Además, está el señor Moscatelli, aficionado y competente técnico radiotelefónico. El señor Legrand hace las presentaciones.

El señor Santiago Legrand es un jugador de ajedrez formidable. Nos invita para una partida de cinco minutos. Aceptamos y perdemos por jaque-mate.

El señor Santiago Legrand juega velozmente. Vence a los mejores jugadores uruguayos.

El doctor Vaz Ferreira ha dicho de él que es un “genioide”

Nos despedimos. Afuera hay un atardecer magnífico. La quinta del señor Legrand es una espléndida posesión.

Montamos en el auto. Colombo hace una maniobra, y el coche se precipita como un ciclón, por la avenida General San Martín…

Son las 19 y 40 minutos.

Reóstato.


El seudónimo “Reóstato”, utilizado en notas sobre radiotelefonía en la revista «Mundo Uruguayo», pertenece al periodista y pionero de la radio Ignacio Domínguez Riera.

Domínguez Riera fue una figura muy activa en los comienzos de la radiotelefonía en Uruguay (décadas de 1920–30), y utilizó ese seudónimo —claramente tomado del término técnico “reóstato”, muy propio del lenguaje eléctrico de la época— para firmar artículos de divulgación técnica y comentarios sobre el naciente mundo de la radio.

Este tipo de seudónimos “técnicos” era bastante habitual en publicaciones especializadas o semi-especializadas, especialmente en un contexto donde la radio aún estaba fuertemente ligada a la experimentación amateur y a la electrotecnia.


Enrique Legrand (Montevideo, 12 de agosto de 1861 – 1936) fue un ingeniero, matemático, astrónomo y pionero de la radioafición en Uruguay. Educado en Francia, representó el perfil del intelectual científico aficionado de la burguesía uruguaya de fines del siglo XIX y principios del XX.

Contribuciones en astronomía

Se destacó como el principal pionero de la astronomía uruguaya. Fue el primer catedrático de Cosmografía en la Sección de Enseñanza Secundaria de la Universidad. Participó en observaciones del tránsito de Venus de 1882 y presentó proyectos para crear un observatorio astronómico nacional. Junto a su esposa Enriqueta Lasserre, instaló un observatorio privado equipado con un telescopio refractor Carl Zeiss de 20 cm. Publicó numerosos trabajos científicos (22 en total), entre ellos «El Sol», «Loi du rayonnement thermique solaire» y el libro Divagaciones filosóficas (1906). En 1898 inventó los Prismas Reiteradores, un dispositivo que mejoraba la precisión del sextante en navegación.

Pionero de la radioafición.

Legrand fue uno de los primeros radioaficionados del país. Operaba con la señal Radio Larrañaga, luego fue 1AP. Fue presidente del Montevideo Radio Club (segunda asociación de radioaficionados creada en Uruguay) y formó parte de su primera directiva.

En 1925 representó a Uruguay como delegado en el Primer Congreso Internacional de Radioaficionados celebrado en París, donde se fundó la Unión Internacional de Radioaficionados (IARU) el 18 de abril. Ese evento dio origen al Día Mundial del Radioaficionado, que se conmemora cada año en esa fecha. Legrand envió informes detallados sobre las resoluciones del congreso.

Reconocimientos

Su imagen aparece en una estampilla postal emitida por el Correo Uruguayo, siendo el único radioaficionado uruguayo homenajeado de esta forma en una emisión filatélica. Una avenida en el barrio Malvín de Montevideo lleva su nombre en su honor.

Enrique Legrand encarna la figura del científico polifacético: combinó observación astronómica, innovación técnica, enseñanza y pasión por las comunicaciones inalámbricas en una época en que Uruguay desarrollaba sus instituciones científicas y tecnológicas. Falleció en 1936, dejando un legado destacado tanto en astronomía como en los orígenes de la radioafición nacional e internacional.

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Aviso publicitario: «Mayo: Mes de Radio», «Aproveche esta oportunidad», Receptor «General Electric», AR-1300, AR-1400. (Revista «Mundo Uruguayo», Nº331, mayo 14 de 1925).

En el momento en que se publicó este anuncio, la radio era la frontera de la «alta tecnología». Ser propietario de un receptor de radio significaba que un hogar finalmente podía conectarse con las noticias en vivo, música y dramas de radio, que le brindaba el nuevo medio.

El diseño, con torres de radio masivas y un águila, refleja la influencia Art Deco y el sentido de orgullo nacional y tecnológico asociado con el medio.

El personaje vestido de rojo de la izquierda es una versión del diablillo que «General Electric» utilizó a nivel mundial durante esa época, como figura publicitaria común para personificar la energía eléctrica o la «magia». Quizá los dos conceptos simultáneamente unidos.

El receptor AR-1300, fue fabricado para RCA por General Electric. Podía usarse como un receptor de cristal (no necesitaba alimentación de corriente externa) o como un sintonizador regenerativo junto con el amplificador detector AR-1400.

Eran ofrecidos a la venta pintados de verde con esferas plateadas. (¹)

Publicado en 1925, antenas, Argentina, comercios de electrónica, dial, diseño gráfico, Documentos, ephemera, galena, Ilustración, Los principios, Montevideo, Notas de prensa, Onda Media, Publicidad y radio, radio, radiodifusión, Radioescucha, Receptores, revista, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

«El único modo de poder conversar en un restaurant moderno». (Viñeta humorística, «Mundo Uruguayo», 8 de abril de 1926).

 

Esta viñeta humorística publicada en el número 378 de la revista «Mundo Uruguayo» del 8 de abril de 1926, titulada «Oír el ‘Jazz-Band'», captura el choque cultural provocado por la llegada de la Era del Jazz tras la Primera Guerra Mundial.

En aquel entonces, ritmos como el foxtrot y el charlestón se popularizaron en los salones y cafés-concierto más exclusivos convirtiéndose en el símbolo de modernidad y libertad para la juventud «chic» de los felices años veinte.

La ilustración utiliza la exageración visual para criticar el volumen ensordecedor de estas orquestas; la banda es retratada con tal caos y frenesí que los comensales se ven obligados a utilizar los primeros radióteléfonos que comienzan a popularizarse entre los radioaficionados.

El subtítulo de la obra enfatiza que el «restaurante moderno», un espacio tradicionalmente reservado para la gastronomía y la charla pausada, se ha transformado en un lugar donde la comunicación directa es imposible debido a esta intrusión acústica.

A través de una estética caricaturesca típica de la prensa de la época, la obra refleja una queja social sobre la pérdida de la intimidad y la socialización tradicional frente a una modernidad impuesta que prioriza el ruido como entretenimiento.

Los personajes, vestidos con la moda burguesa de la época —él con monóculo y ella con sombrero cloché—, representan la resistencia de una generación anterior ante una tecnología y unos sonidos que parecen invadirlo todo.

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La voz de LRA60 rompe el silencio – Norman Powell y la radio en la Guerra de Malvinas. (Entrevista por Adrián Korol, «Korol en el Aire», Argentina, abril 2 de 2026).

Durante 44 años una voz permaneció en silencio. En 1982 esa VOZ fue la de LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas, la radio argentina que transmitió desde Puerto Argentino durante la Guerra de Malvinas.

Hoy, por primera vez en décadas, Norman Powell cuenta en primera persona la historia de aquella radio que funcionó en las islas durante el conflicto.

Este documento histórico recupera uno de los testimonios más valiosos sobre la radio durante la Guerra de Malvinas de 1982.

Norman Powell fue el locutor principal de LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas, emisora que comenzó a transmitir el 4 de abril de 1982 desde Puerto Argentino, tras la recuperación argentina de las islas.

Durante aquellos días, la radio funcionó en las instalaciones de la Falkland Islands Broadcasting Station, emitiendo en 536 kHz (AM) y también en onda corta, convirtiéndose en la voz argentina en el Atlántico Sur.

Este video narra la historia no contada de Norman Powell y LRA60 Radio Nacional, después de 40 años de silencio. Detalla sus operaciones durante la Guerra de Malvinas de 1982, incluyendo los aspectos técnicos del broadcasting y el trasfondo personal de Powell.

Es un documento histórico que recupera la memoria radiofónica de la guerra, ofreciendo una perspectiva única sobre la mass communication en tiempos de conflicto y la labor periodística en circunstancias extraordinarias

• Cómo nació LRA60 Radio Nacional Islas Malvinas
• Las primeras transmisiones desde Puerto Argentino
• La convivencia con el personal de la radio isleña
• La programación musical y los mensajes para soldados argentinos
• El funcionamiento técnico de la emisora durante la guerra
• La historia poco conocida de la radio en Malvinas

Este material recupera la memoria radiofónica de 1982 y tiene un valor documental único para: historiadores de la Guerra de Malvinas, radioescuchas y amantes de la radio argentina, diexistas y radioaficionados interesados en transmisiones históricas, investigadores de la comunicación durante conflictos.

Una historia de radio, memoria y palabras transmitidas desde el corazón del Atlántico Sur.

Porque Radio Liberty transmitió desde Buenos Aires. Radio Atlántico del Sur desde Londres  con su estacion de relay de la BBC en AscensionLRA60 transmitió desde PUERTO ARGENTINO!»

 


Más:

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«Por no perder la costumbre». (Viñeta humorística. «Mundo Uruguayo», 4 de marzo de 1926).

Esta viñeta es una joya de la sátira social argentina de finales de los años 20, época en la que la radio se convirtió en la gran obsesión de los hogares.

El dibujo es de Quique Rowe, un ilustrador que solía retratar con mucha chispa las manías de la clase media en revistas icónicas como «Caras y Caretas».

Lo que vemos aquí es una burla al «radiómano», ese fanático de la tecnología que ya no concebía la vida sin ruido de fondo.

El chiste es genial porque el marido, incapaz de lidiar con el silencio tras romperse su «radiola», pone a su mujer a leerle recetas de cocina a través de un megáfono para imitar ese sonido metálico y distante de los primeros altavoces.

Es básicamente la versión antigua de los chistes actuales sobre la adicción al celular: nos dice que, cuando una tecnología nos atrapa, preferimos una imitación absurda de la realidad antes que renunciar a la costumbre.

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Principios de la comicidad en la radiotelefonía uruguaya. Raúl Barbero, en CX24 Radio Nuevotiempo. (Marzo de 1994).

Raúl Barbero, (Montevideo, Uruguay, 7-nov-1917- 1-dic-2014) fue un pionero de la radio en Uruguay, publicista, periodista y memorialista, autor de la serie radiofónica  «La Vuelta al Dial en 70 años» emitida por Radio Carve en el 70 aniversario de la radiodifusión en el Uruguay y autor del libro «De la Galena al Satélite», además de columnas en el diario «El País», bajo el seudónimo de «Rebar.»

Describe en esta entrevista el principio de la comicidad en la radio uruguaya comenzando por describir la transición que tuvo desde sus inicios como simples difusoras de música hacia la creación de contenidos originales.

Barbero destaca el papel fundamental de la comedia periodística y las parodias musicales, las cuales fueron impulsadas por el talento de los exintegrantes de la recordada Troupe Ateniense.

Ramón «El Loro» Collazo 25/01/1901 – 16/07/1981 (*)

A través de anécdotas sobre figuras icónicas como Ramón Collazo y Eduardo Depauli, se ilustra la inmensa popularidad de personajes que lograban convocar multitudes comparables a eventos deportivos.

El relato también resalta la creatividad de la época, mencionando programas que utilizaban la improvisación y el humor absurdo para cautivar a la audiencia. Finalmente, esta crónica sirve como un homenaje a la memoria histórica de la radiodifusión montevideana en las décadas de 1930 y 1940.

Eduardo Depauli. «El Frégoli del Éter». Tarjeta promocional. (Colección Horacio Nigro Geolkiewsky – LGdS)

La historia de la radio uruguaya puede entenderse como una transformación cultural que fue mucho más allá de lo técnico. En sus primeros años, las emisoras funcionaban como simples reproductores de discos: verdaderos “gramófonos” modernos que ofrecían música solicitada por teléfono. No había producción propia ni voces que marcaran un estilo, solo la intermediación entre el público y las canciones de moda.

El gran giro llegó en 1930, cuando la disolución de la Troupe Ateniense dispersó a sus integrantes entre CX14 El Espectador y CX16 Radio Carve. Ese traslado de talento teatral al ámbito radiofónico encendió la chispa del humor en el éter. La competencia entre emisoras se volvió un motor creativo y el humor comenzó a instalarse como un género propio, con figuras que trasladaban la comicidad del carnaval y el teatro directamente a los micrófonos.

De esa rivalidad nació el llamado “periodismo humorístico”. Carve ofrecía “El Diario Oral” y el “Suplemento Musical” de Ramón Collazo, mientras El Espectador respondía con “Radio Diario El Espectador” (que daría el nombre a la emisora) y “La Hora Popular”. Collazo, con su ingenio y capacidad de improvisación, se convirtió en el primer gran cómico de la radio, capaz de transformar canciones populares en parodias memorables, como su célebre versión de “La Clavelitos” convertida en “La Choricitos”.

La innovación técnica y artística no tardó en llegar. Víctor Soliño sorprendía con sus “Solfas”, redactadas en taquigrafía y leídas al aire con una gracia refinada.

Alberto Malmierca, bajo el seudónimo “Acreimlam”, creó “El Circo Aéreo”, la primera revista humorístico-musical con ritmo ágil y variado. Y Eduardo Depauli llevó la popularidad radial a un nivel inédito: en 1936 llenó el Estadio Centenario con un espectáculo que mezclaba fútbol y humor, demostrando el poder de convocatoria de la radio.

Hacia fines de los años 30 y durante las décadas siguientes, el humor se diversificó y se consolidó. Programas como “Los sordos de la Carve” de Alfredo Mario Ferreiro, “La Escuelita Popular”, “Los Risatómicos” y “La Gaceta Sideral”, entre otros, marcaron generaciones.

La radio se convirtió en el escenario privilegiado del ingenio uruguayo, un espacio donde la sátira, la música y la creatividad se entrelazaron para dar forma a una tradición humorística que aún hoy se reconoce como parte esencial de la identidad cultural del país.


Raúl Barbero invitado al programa  «La Tarde de Nuevotiempo», programa de CX24 Radio Nuevotiempo, en marzo de 1994, conducido por la periodista Blanca Rodríguez. [Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS].

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