«Palabras libres». (Álvaro Aráuz, España,1935).

Palabras libres

Ya puede la voz recorrer los campos, saltar montes y unir dos orillas.

Hoy tiene agilidad en el salto, destreza en sus movimientos y facultades físicas incalculables.

Y en el aire su eco marca ya la cruz del latido de sus pulmones: hacia el Norte, su sonido será flor de nieve que se deshojará en el viento; hacia el Sur, su acento, volcán de sangre, se mezclará, con el río de la distancia; hacia, el Este será un fantasma de ruido quemado por el sol, y hacia el Oeste, una sombra que habla.

Paloma mensajera que en el largo viaje hace alto en los nidos calientes por la curiosidad, y en su vuelo multiplica su sombra – sombra es a cuerpo como eco es a palabra, igual que si su pico fuese una piedra que partiese en círculos el estanque del aire; para despues elevar vuelo y ya señora de las alturas ir a buscar su propio sueño.

La paloma-palabra nace: en nido de alambres, de un huevo de metal y al calor de la chispa eléctrica, y vive eternamente en el alto jardín azul de la vibración.

Para comprender el nacimiento y Ja vida de esta palabra no tenemos que olvidar las formas del nacimiento y vida de las demás. Unas manos expertas señalan el camino de su destino al trazar sobre el porvenir blanco el simbolismo negro de
su silueta. Y otras se abren, como esponjas en agua, dentro de las gargantas. Las dos nacen y en seguida mueren. La mano que escribe y la cuerda que vibra, crea, y mata, engendra y ejecuta. Pájaro de vuelo corto, pez en pecera. Camino limitado y círculo estrecho.

Pensamiento grabado, grito en oído.

Estas palabras ven el paisaje verde detrás de los hierros.

Si saltan caen a la cuartilla y si quieren volar chocan contra la pared. Son vida limitada.

Por el contrario, las otras, las palabras-palomas, nacen en el micrófono y en un alarde de agilidad se escapan del limite y son eternas.

Recorren el mundo cambiando de acento igual que de plumas, y viven siempre.

Las palabras que oímos hoy nadie sabe cuanto tiempo hace que fueron radiadas, y aunque nos parezcan jóvenes no debemos creerlo.

Estas palabras-palomas son igual que el sol, que
todos los días aparece sobre el mar como una ola de fuego y es el mismo que vemos desaparecer todas las noches como una montaña de ceniza rubia.

No importa no conocer el momento en que la chispa fecunda a la rosa de la garganta; lo que nos interesa es saber que hay palabras libres, que viven siempre.

Palabras que cruzan la Tierra de polo a polo, igual que un meridiano; que marean en el aire con su vuelo el perfil del arco iris, y que para descansar fabrican su nido en la espuma del mar.

¡Qué alegría lleváis en vuestro vuelo, palabras radiadas!

Sois libres, eternas…

ÁLVARO ARAUZ


Fuente:

  • Revista «Ondas», Madrid, España, diciembre 21, Nº 544, 1938.
  • Álvaro Aráuz (Bio)
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