Esta viñeta es una joya de la sátira social argentina de finales de los años 20, época en la que la radio se convirtió en la gran obsesión de los hogares.
El dibujo es de Quique Rowe, un ilustrador que solía retratar con mucha chispa las manías de la clase media en revistas icónicas como «Caras y Caretas».
Lo que vemos aquí es una burla al «radiómano», ese fanático de la tecnología que ya no concebía la vida sin ruido de fondo.
El chiste es genial porque el marido, incapaz de lidiar con el silencio tras romperse su «radiola», pone a su mujer a leerle recetas de cocina a través de un megáfono para imitar ese sonido metálico y distante de los primeros altavoces.
Es básicamente la versión antigua de los chistes actuales sobre la adicción al celular: nos dice que, cuando una tecnología nos atrapa, preferimos una imitación absurda de la realidad antes que renunciar a la costumbre.


