Aviso publicitario: Lente Radio. (Diario Época, Montevideo, Uruguay, lunes 22 de abril de 1963).

Diario Época, lunes 22 de abril de 1963. Montevideo, Uruguay. (Archivo LGdS).

La miniaturización de la tecnología en el siglo pasado desató una auténtica fiebre por meter receptores de radio en los objetos más cotidianos.

Las gafas, al estar en la cabeza y tan cerca de los oídos, se convirtieron de inmediato un desafío tecnológico y oportunidad comercial perfectos para los inventores, quienes soñaban con unir la vista y el oído en un solo accesorio.

Todo comenzó a mediados de los años cincuenta gracias a la invención del transistor. Al desaparecer los pesados tubos de vacío, los circuitos se volvieron diminutos y la pregunta fue inevitable: ¿por qué no llevar la música y la información directamente en la cara?.

En esos primeros años aparecieron patentes muy curiosas de gafas de sol con cables que bajaban hasta el bolsillo o con patillas exageradamente gruesas que apenas lograban albergar una pequeña batería de mercurio.

El verdadero momento de gloria para este invento llegó con la estética futurista de las décadas de los sesenta y setenta.

Fue la época dorada de las gafas de sol con radio AM integrada. Para que funcionaran, los diseñadores ensancharon las patillas al máximo, ocultando en su interior una antena de ferrita, transistores minúsculos y un pequeño dial para sintonizar las estaciones. El usuario solo tenía que colocarse un discreto auricular que salía de la montura y quedaba listo para pasear por la playa o escuchar la narración de un partido de fútbol en directo.

Con el paso de los años y la llegada de los microchips, la tecnología dio un salto de calidad. La ruidosa señal AM cedió el paso a la FM, ofreciendo por primera vez música en estéreo. Pero el cambio más revolucionario fue el intento de eliminar los cables por completo. Comenzaron a diseñarse patillas que utilizaban la conducción ósea, un sistema donde el extremo de la gafa vibraba suavemente contra el hueso detrás de la oreja, transmitiendo el sonido directamente al oído interno sin tapar el canal auditivo.

Al entrar en el nuevo milenio, la idea evolucionó hacia la era digital. Aunque las radios analógicas de sintonizador físico fueron desapareciendo, el concepto original se perfeccionó a través de gafas deportivas que reproducían archivos digitales y, más tarde, mediante la conectividad inalámbrica moderna. Hoy en día, las gafas inteligentes recogen el testigo de aquellos pioneros; ya no necesitan una antena desplegable, sino que se conectan al teléfono para transmitir miles de estaciones de todo el mundo, manteniendo vivo el viejo sueño de llevar la banda sonora de la vida flotando sobre los ojos.

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