Arte radiofónico: tarjeta postal «Boy with Dog & Radio Vintage Honeycomb Valentine».

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No están en mi colección, pero no resistí publicar esta exquisita postal, hallada en la web.

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1924. Arte radiofónico: «His former playmate» (Radio Magazine)

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«Su ex compañero de juegos». Ilustración de W. H. Andrews.

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1951. Uruguay. Juan Carlos Sábat Pebet. Sobre la radiotelefonía.

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De la obra «Retornos Del Ápex» – Juan Carlos Sábat Pebet – 1ª Ed. 1938

«¿Qué estudiante de mi época no construyó su aparato de galena y no perdió horas y más horas alambrando carretes?

Y aquel contacto que saltaba de la galena justamente en el momento más interesante…

Y Batlle iniciando la propaganda política inalámbrica.

Me parece como si estuviera escuchando «Hola, hola, hola. Trasmite Radio Paradizábal, Montevideo».

¡Radio sin anuncios, lector!.

Y luego de un rato «Un breve intervalo (cuando no decían intérvalo) de cinco minutos para preparar la segunda parte».

Y los iniciales altoparlantes, separados del receptor, enormes y feos, con ruídos escalofriantes que después supimos se llamaban estáticos…

Y las primeras audiciones recibidas desde Buenos Aires. «NO». También se escuchaba. Y era una realidad. «Se dice que en Pando oyeron Buenos Aire. No…» Trasmite Radio Cultura, de Palermo…».

Luego, la onda corta y todo lo demás, y lo de menos».

Juan Carlos Sábat Pebet

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J.C. Sábat Pebet ( 1903-1977) fue un ilustre poeta, periodista, docente de literatura y un destacado ensayista, recordado por sus investigaciones sobre los orígenes del teatro uruguayo. Publicó artículos en el suplemento infantil, «El Escolar», de «El País» con el seudónimo «Esepé».

El párrafo citado proviene de una nota periodística publicada el 11 de febrero de 1951, en el Suplemento dominical del Diario «El Día», titulado: «Problemas del medio Siglo, ¡Hoy las Ciencias adelantan!.

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1956. Uruguay. Una radio para los niños desde el Hospital Pereyra Rossell.

hosp_Pereyra_RossellEnclavado en la entrada del Parque «José Batlle y Ordóñez» (cuyo anterior nombre era el de Parque de los Aliados), cerca del Obelisco de los Constituyentes, y próximo a la actual terminal Tres Cruces de buses internacionales e interdepartamentales de la capital uruguaya, en una de las zonas más resplandecientes y alegres de nuestra ciudad, con sus verdes frondas emparradas, se encuentra el Hospital de Niños Pereyra Rossell.

Hacia el año 1956 funcionaba en el nosocomio un Club infantil llamado «El Ceibo», que supo llevar aliento y solaz a tantas tiernas vidas hospitalizadas allí.

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Izq.: «El teatrillo de títeres combina la educación con el entretenimiento». Der.: Como atraídos por el llamado de la flauta mágica de la fábula, los socios del Club se agrupam para escuchar relatos y leyendas».

La idea la desarrolló Zelmar Urgal, un idealista que llegó al magisterio por vocación natural y concibió el plan de dar andamiento a una reiteración positiva de lo que la vida puede ser para los niños aún en un hospital; un concepto nuevo, luminoso, de la hermosura y del sentido humano de tanta pequeña vida detenida, y despojada de su parte en el reparto de los panes y los peces.

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Izq.: «Todos pueden entretenerse con juegos apropiados y sencillos»,. Der.: «Pero a veces los entretenimientos del Club no resultan suficientemente excitantes y es necesario inventar nuevas distracciones».

¡Los niños hospitalizados están riendo, asistiendo desde sus camitas a una función de cinematógrafo, escuchando una audición radial, o pintando, o sumergidos en el mundo dorado de Andersen y Perrault!

La hermosa nomenclatura del club, «El Ceibo» (árbol y flor nacional del Uruguay), fue adoptada por los propios chicos por votación popular, tenia su propia tarjeta que acreditaba a los internados como socio. Supo tener una biblioteca bien surtida, teatro y una estación de radio propios. Allí asistían a funciones de títeres, podían escuchar su música favorita, podían coser, pintar, leer las más hermosas narraciones o ver personalmente a los actores y entretenimientos más populares de Montevideo, que iban a actuar a el escenario, en un espléndido pabellón, dando un excelente ejemplo que a todos los integrantes de la farándula de los espectáculos les convendría seguir.

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Los estudios de Radio Esperanza en plena labor mientras se irradia el programa de miércoles y viernes: «La hora de los niños».

Quienes  están inhabilitados para abandonar sus camitas (imposible no sentir un estremecimiento ante el recuerdo dramático de las desesperanzadas víctimas de la pavorosa leucemia), la emisora de «El Ceibo», Radio Esperanza, que nació mucho antes que el club y tenía su propio y lindísimo estudio, llevaba día a día por sus «ondas», programas de instrucción y esparcimiento que hacían más llevaderas esas horas amargas decretadas por la adversidad.

«El Ceibo» supo proporcionar sus beneficios a 200 niños, con la orientación del mencionado Zelmar Urgal, Nelly Fernández, Luis Donadini, María E. O. de Zerillo, Margarita Courtoisie, Alicia Cardozo, Marta Sáenz, Susana Drets, Sra. de Monserrat, Ivonne Gómez Ala, Rolita Machado de Fernández, Celia Cabral, Gloria Levy, Ruben Catalurda, Ema Gómez, y muchos otros colaboradores, que de un modo u otro aportaron con su esfuerzo muestra de su interminable sensibilidad.

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Fuente:

«Un club infantil que propugna la esperanza». J. R. Cravea. Suplemento Dominical del diario «El Día», 20 de mayo de 1956, Montevideo, Uruguay.

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1953, 1954. Avisos publicitarios. Radios Clarion. (Uruguay).

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1951. Aviso publicitario. Un arte antiguo en la técnica moderna. General Electric. Uruguay.

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1936. Aviso publicitario. Radios Hudson. (Uruguay).

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La radio y los Zeppelines.

La aeronave LZ-127, fue la primera en llevar el nombre de «Graf Zeppelin». Contenía 120 mil metros cúbicos de gas hidrógeno. Hasta su retiro en 1937, recorrió más de 1, 6 millones de kilómetros, sin ningún accidente, en 590 vuelos, incluyendo el Polo Norte, Mediterráneo, Rusia, África, y 144 travesías océanicas, transportando un total de 13.110 pasajeros.

La estación de radio abordo tenía el indicativo de cinco letras DENNE (¹) La estación de radio a bordo del Graf Zeppelin, tenía el indicativo DENNE y era el más moderno existente en la época. (¹).

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Ubicación del Cuarto de Radio en el Graf Zeppelin. (Radio News1929)

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Cuarto de Radio en el Graf Zepppelin. (Radio News, 1929).

El alma mater del Graf Zeppelin.

Hugo Eckener

Fue uno de los impulsores de los famosos Zeppelines de la época de entreguerras: Hugo Eckener (Alemania, Flensburg, 1868 – Friedrichshafen, 1954). Este aeronauta alemán llevó a cabo sus estudios de aeronáutica en tres universidades alemanas como fueron las de Múnich, Berlín y Leipzig.

Acabada su licenciatura, ingresó en la factoría Zeppelin, en la que desarrollaría aviones rígidos, así como el aeroplano más ligero del mundo para volar alrededor de la tierra. Durante la Primera Guerra Mundial, Eckener se dedicó a enseñar a los pilotos de guerra alemanes, al tiempo que dirigía la construcción de 88 zeppelines para la aviación germana.

Terminada la guerra, Eckener se hizo con las riendas de la fábrica de Ferdinand von Zeppelin, al morir éste en el año 1918, y llegó a la presidencia de la misma en 1924. En ese intervalo de tiempo se dedicó principalmente a popularizar los viajes comerciales. En ese mismo año dirigió el vuelo del ZR-3 entre la ciudad alemana de Friedrichshafen (Berlín) hasta la norteamericana de Lakehurst (Nueva Jersey). Este dirigible fue construido para los Estados Unidos como parte de las compensaciones de guerra, por lo que recibió el nombre de «Los Angeles». Con el conocido Graf Zeppelin, circunvaló el mundo en el año 1929 e hizo numerosos vuelos de largas distancias, como la expedición polar de 1931.

Con la llegada del nazismo, Hugo Eckener perdió la dirección de las fábricas Zeppelin por oponerse al régimen totalitario de Hitler, especialmente cuando en 1937 el dirigible Hindenburg, sucesor de Graf Zeppelin, ardió en Lakehurst dejando un saldo de 26 víctimas, tragedia que finalizó con los vuelos internacionales de pasajeros. En 1938 fue enviado a Estados Unidos en un intento fracasado de comprar helio para los dirigibles alemanes que se estaban utilizando con el peligroso hidrógeno. Paulatinamente se fue alejando de los mandos de la aviación alemana. (²)

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El Capitán E. A. Lehmann,  ejerció el mando únicamente hasta Río de Janeiro.

Amerika line Los viajes del Graf Zeppelín se habían iniciado en 1932 y en 1934 el régimen Nazi de Hitler buscaba demostrar sus avances tecnológicos al mundo y que mejor publicidad que realizar vuelos transatlánticos. El viaje desde Alemania a Buenos Aires se realizó en 5 días transportando 115 personas y 127 kilos de correspondencia. (³).

Junio 29 de 1934: El Zeppelin sobrevuela Montevideo.

El Graf Zeppelin en Montevideo. Año 1934. Foto 1232b.FMH.CMDF.IMM.UY. S/d. de autor.

El Graf Zeppelin en Montevideo. Año 1934. Foto 1232b.FMH.CMDF.IMM.UY. S/d. de autor.

«Nuestra ciudad vivió un minuto de emoción. Una emoción nueva de ver al «Graf Zeppelin» el magnífico dirigible alemán, pasar majestuosamente sobre Montevideo por primera vez.

Desde muy temprano el tema de toda la población fue la llegada de la majestuosa aeronave, a la que se esperaba con gran ansiedad mientras los teléfonos ponían a prueba nuestros nervios en la continua interrogación de cuál sería esa hora.

A las 22 y 50 el Dr. Eckener se comunicó con la estación meteorológica†, anunciando su llegada a Montevideo para las 23 y 20. Desde entonces hasta media noche, la gente se lanzó a la calle para apreciar el pasaje del grato huésped aéreo.

Sería para menos de media noche cuando las bocinas anunciaron el arribo. El «Graf Zeppelin» enfilando por la avenida Agraciada luego de pasar por sobre el local donde se realizaba el gran banquete nacionalista voló sobre el Palacio Legislativo dirigiéndose al centro de la ciudad.

A las doce de la noche su magnífica figura semejante a un enorme cetáceo gris, iluminado por la luna que destacó nítidamente su forma, dando un extraordinario espectáculo, pasaba sobre EL PAÍS en dirección a la Aduana. Fue en ese momento en que nuestra bocina saludó al huésped aéreo.

Hoy a mediodía volverá el dirigible a volar sobre nuestra ciudad, deparándonos un nuevo espectáculo, a la luz del día. Según se ha anunciado la majestuosa aeronave evolucionará durante treinta minutos sobre nuestra ciudad.

A las 20 horas se ha recibido un radiograma procedente del Graf Zeppelin» por el cual se informa que el dirigible vuela sobre Cabo Polonio en territorio uruguayo.

El doctor Eckener al entrar en jurisdicción del Uruguay ha dirigido un radiograma al Presidente Terra en el que envía un saludo al pueblo y a las autoridades uruguayas y lamenta no poder descender como habría sido su deseo.

También el Doctor Eckener ha dirigido hoy un radiograma al señor Antonio Delfino presidente de la empresa naviera de si nombre y expresa: «Con motivo del primer viaje a Buenos Aires deseo trasmitir agradecido mi reconocimiento por sus esfuerzos tesoneros em pro de la comunicación [con] la Argentina por medio del «Zeppelin», felicitándolo por su éxito.»

Así rezaba la crónica de Ángel Pumarega en la portada del diario
«El País», Montevideo, el 1º de julio de 1934.

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Otra crónica periodística más moderna, refiere lo siguiente:

Algunos testigos, han recordado que esa noche hacía mucho frío, había luna llena y el cielo estaba despejado. Muchos montevideanos se fueron apostando en diversos puntos, ocupando plazas, azoteas, balcones y diversas calles céntricas por donde se aseguraba pasaría el dirigible. Las emisoras de radio iban informando de la llegada de la nave y de esta manera intentaban orientar a la población sobre el curso que ésta haría en nuestra ciudad. Sobre la medianoche ingresó en nuestra ciudad, por primera vez, un orgullo de la Alemania nazi, el LZ 127 Graf Zeppelin. 

El 1º de julio de 1934, la nave comenzó a divisarse sobre el mediodía y a las 12 y 30 horas estaba sobrevolando el Cerro a una altura, que muchos estiman en 150 metros, enfilando hacia el centro de Montevideo. Bordearía el Palacio Salvo y la Plaza Independencia, sucediendo un hecho curioso: desde la nave se arrojó sobre la Casa de Gobierno un arreglo floral dirigido a la esposa de Gabriel Terra, fallando en su intento y cayendo sobre una casa de la calle Juan Carlos Gómez.

Varios cronistas señalan que desde las azoteas muchos saludaban a los pasajeros, quienes correspondían agitando pañuelos. También manifiestan haber visto la cruz esvástica pintada en los alerones de la nave. En su recorrido sobrevoló la avenida Agraciada hasta el Palacio Legislativo, regresando al centro, enfilando hacia la zona de la Playa Ramírez, continuando hacia Pocitos, siguiendo la línea de la costa este, para desaparecer y no regresar jamás. Todo ello, se vivió, en apenas una hora. (4).

Fue Radio Carve  la emisora montevideana que aprovechó sus recursos informativos para dar las primicias. Unos días antes de la llegada se anunciaba…

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Anuncio publicado en «Cancionera», Montevideo, Uruguay. Junio 27, 1934, Nº127. (Archivo LGdS)

A la semana siguiente, se comentarán así los avatares de la trasmisión.

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Anuncio publicado en «Cancionera», Montevideo, Uruguay. Julio 4, 1934, Nº128. (Archivo LGdS).

El Zeppelin no aterrizó en Montevideo. Las verdaderas razones técnicas, a las que alude el comandante Eckener, se encontraban en las reservas disponibles de gas de sustentación y combustible que solamente podía ser repuesto en la ciudad de Pernambuco. En cada aterrizaje se perdía una apreciable cantidad de gas y varios aterrizajes en el Río de la Plata colocaban a la nave en precarias condiciones de seguridad, poniendo en riesgo la vida de pasajeros y tripulantes.

Según la prensa de la época, el Graf Zeppelin tocó suelo argentino en Campo de Mayo, y el sábado 30 de junio se elevó nuevamente para volver a cruzar el Río de la Plata. (4)

El Zeppelin sobre Buenos Aires

En su edición del 7 de julio de 1934,  la revista argentina «Caras y Caretas» publicaba en una nota las siguientes fotos:

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La imponente silueta del «Graff Zeppelin» se recorta, esbelta, volando sobre la torre del Edificio Barolo, una construcción edilicia hermana del Palacio Salvo, de Montevideo.

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El Dr. Eckener y su autógrafo dedicado a «Caras y Caretas».

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Los timones del dirigible, donde lucen los colores nacionales alemanes… del otro lado las esvásticas.

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Sobre el palacio del Consejo Deliberante, cruza majestuosamente en las primeras horas de la mañana.

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La góndola de uno de los cinco motores mostrando la escalerilla que utilizan los mecánicos.

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Rumbo a Campo de Mayo…

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… donde la concurrencia alza sus pañuelos saludando al coloso.

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Vista de la parte de la proa, con la cabina de comando y dispuestos, los aparatos directores.

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El lujoso y severo comedor de abordo para uso de pasajeros y autoridades.

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La pequeña cocina del dirigible, que funciona por medio de la electricidad.

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Vista de los cómodos camarotes provistos de dos camas.

Federico García Sanchíz, notable charlista español, fue uno de los viajeros y fue protagonistas de las trasmisiones radiales, a cargo de LS2 Radio Prieto en Buenos Aires…

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El renombrado charlista español Federico García Sanchiz, relató el viaje en comunicación con LS2 Radio Prieto, de Buenos Aires.

El Hindenburg

Alentado con el suceso mundial del LZ 127 «Graf Zeppelin», en 1936 fue construído el Hindenburg, LZ 129, con 245 metros de longitud, el doble de volúmen de hidrógeno.

Tenía en su cuarto de radio una estación con indicativo DEKKA, , conteniendo un trasmisor de ondas largas, que podía operar en 111 kHz y 525 kHz,  con una potencia de salida de 125 W, en fonía y 200 W en telegrafía, así como un trasmisor de ondas cortas, con las mismas potencias, cubriendo, en dos bandas 4280 kHz y 17.700 kHz. Ambos trasmisores estaban alimentados por un generador de gasolina, el mismo que alimentaba la iluminación  dela nave y su cocina, toda eléctrica.

De izq. a der: . trasmisor S355, receptor multibanda E381, trasmisor de LW, S354F. (Fuente: dokufunk.org)

Receptor E-381 S. Fuente: http://dokufunk.org/

Los receptores utilizados, tenían cuatro etapas de RF sintonizada, cubriendo de 15 kHz a 20 MHz, en 10 bandas. Estos receptores, eran de los primeros en su diseño descartando el uso de bobinas intercambiables. En su lugar, utilizaban tambores conteniendo los inductores, de los cuales siempre había un juego en contacto, como en los selectores mecánicos de canales de en los televisores. Los dos receptores eran idénticos, para que cada uno pudiera servir de reserva del otro. La alimentación  de los receptores era provista por baterías de acumuladores, que eran a su vez recargadas durante el vuelo por el propio generador de gasolina.

El Hindenburg operaba con dos antenas. La antena para ondas largas tenía una longitud total de 120 metros y podía ser desenrollada y enrollada por medio de un motor eléctrico. Un relé conmutador , del tipo vox-control, cambiaba la misma antena  de trasmisión  a recepción, con un retardo de medio segundo, suficiente para cubrir intervalos entre palabras y entre señales de telegrafía. De recepción para trasmisión, el cambio era inmediato.

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Figurita de «Cigarrillos Gallaher’s» que ilustra el sistema de polea para el desenrolle de la antena.

Sistema de antenas colgantes (Fuente: dokufunk.org).

La antena de ondas largas se ha referido  históricamente como «de dos hilos», aunque, tratandose de Zeppelines, se presume que se tratara de la llamada «antena Zeppelin», o sea un hilo irradiante, multibanda, alimentado por una línea paralela, sirviendo éste último como transformador de impedancias, facilitando al acoplador en el cuarto de radio, la adaptación correcta entre antena y trasmisor-receptor.

En su concepción original, la «antena Zeppelin» era un dipolo de media onda alimentado por una línea de trasmisión paralela de un cuarto de onda. En este caso, la longitud total citada de 120 metros para ¾ de onda, correspondería a una longitud de onda de 160 metros, o sea a 1875 kHz, muy por encima de la banda de 111 kHz a 525 kHz, que la antena tenía que cubrir. Era pues inevitable el uso de un acoplador de impedancias en el «shack» de la estación DEKKA.

La antena de ondas cortas, por su parte, tenía una longitud total de 18 metros, y era desenrollada sólo con la longitud equivalente a un cuarto de onda para la frecuencia utilizada, a fin de obtener una impedancia de 50 ohms.

El Hindenburg, llevaba también tres radiogoniómetros. Uno de ellos, cubría desde 175 kHz a 1 MHz, y era utilizado para la navegación a larga distancia por las señales de las potentes estaciones de radiodifusión. Los otros dos aparatos estaban de reserva, para su uso durante los aterrizajes, basados en tres trasmisores pequeños en el punto de destino, que también trasmitían instrucciones sobre las cuerdas de amarre, posición, etc.

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Estacion de Zeesen, Alemania, de Onda Corta y Larga, en 1934 (Foto: radio-museum.de)

Ya durante su vuelo inaugural, la estación DEKKA del Hindenburg LZ 129, cometió numerosas infracciones a los reglamentos. A pesar de estar licenciada como estación móvil aeronáutica, ella trasmitió, también, interpretaciones de canto y conciertos de piano, para cautivar a los oyentes de radiodifusión de ondas cortas, que estaban expresamente prohibidos en este servicio de radiocomunicaciones. Fuera  de las horas de infracción, la estación  de ondas cortas mantenía contacto a cualquier hora del día o de la noche con la estación costera  alemana localizada en Zeesen y con la estación costera WCC, ubicada en Cape Cod, Massachusetts, utilizando doce frecuencias diferentes entre 5 y 17 MHz, dependiendo de la hora y de la localización del Zeppelin. Las frecuencias de operación más utilizadas eran 5280 kHz, 10290 kHz, 10335 kHz, 10500 kHz, 11040 kHz y 12550 kHz.

Es interesante observar que los puntos de partida y de destino de los Zeppelines no eran elegidos como estaciones terrestres para contacto radial, pues ellas caerían en el nulo del diagrama de irradiacion de las antenas remolcadas, alineadas con la ruta de navegación  de los dirigibles.

El desastre del Hindenburg

Al final del primer vuelo transatlántico, en la temporada de 1937, el día 6 de mayo, el LZ 129, viniendo de Europa, explotó al intentar aterrizar en Lakehurst, Nueva Jersey, a 54 km al este de Filadelfia y a 90 km al sur de Nueva York. Trece de los 36 pasajeros, y veintidos de los 61 en la tripulación murieron, así como una persona en tierra… en total 36 muertos, aunque muchas quedaron heridas. El hidrógeno y una posible descarga eléctrica estática en la atmósfera tormentosa de ese día, fueron la combinación del desastre. Fue el final de una larga cadena de zeppelines ( LZ-4, LZ-5, Deutschland, Deutschland II, Schwaben, R-38, R-101, Shenandoah, Akron, Maconque, etc) que se incendiaron en 35 años de accidentes y desastres.

Este trágico suceso fue trasmitido por radio y figura como uno de los más emotivos y conmovedores de la historia de la Radiodifusión y el periodismo oral.

El relato a cargo de Herb Morrison quien trabajaba para la estación WLS,  y que también fue  filmado, comienza un poco antes de desencadenarse la tragedia,  con la voz apoyada en la lectura convencional de apuntes sobre la nave y sus alternativas de aterrizaje. Al producirse la explosión, el relato se vuelve emocional a tal punto que el shock y el humo casi hacen claudicar al locutor. Mientras las imágenes siguen captando, el periodista se repone y en un tono más calmado, pero sin dejar el acento conmovido recuenta lo sucedido.

Informativo filmado de la Universal

 

En setiembre de 1938, los alemanes construyeron un gemelo del Hindenburg, con pocas modificaciones, llamado Graf Zeppelin II, y prefijo LZ 130. Esta aeronave no llegó a pasar la fase de pruebas y fue desmontado en abril de 1940, junto con el LZ 127 y con la propia terminal de operación en Frankfurt-am-main, a fin de utilizar el metal en los pertrechos de la guerra que Hitler necesitaba.

El uso del helio, mas seguro e inestable, hubiese dado más vida a los Zeppelines, aunque el rápido desarrollo de la aviación los relegó. El mismo Hindenburg era obsoleto al inaugurar sus vuelos.

Hoy en día los únicos dirigibles civiles a gas son los blimp que popularizó la «Goodyear», conocido como «Blimp», utilizado para ocasiones especiales, operando en VHF, a corta distancia, en la frecuencia de 132 MHz. Son utilizados para publicidad y promociones.

Notas:

†Otras referencias dicen que comunicó con la Estación Telegráfica del Cerrito. (Ver).

Fuentes consultadas y/o citadas:

  • «O Radio nos Zeppelins», por Iwan Thomas Halász [ex PY2AH],  (1921-2008), en Revista «Antenna- Eletrônica Popular», Río de Janeiro, Brasil. Set/Oct, 1986. Edición Especial Conmemorativa 60 años.
  • «Hace setenta años, por el cielo de Montevideo cruzó el Graf Zeppelin», por Ruben Borrazas, en «La República», Martes 29 de junio de 2004, Montevideo, Uruguay.
  • «Tributo a los 90 años de El País». 1931-1950. Diario El País, Montevideo, Uruguay.
  • «Casi un Bicentenario: tres grandes se encontraron», en el blog Fotonauta.
  • Biografía de «Hugo Eckener», en Biografías y Vidas.
  • «Airships: The Hindenburg and other Zeppelins»,  blog.
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1934. «Misceláneas Radiodeportivas». Patria, pasión y fútbol. (Roque Sillitti, Argentina)

Las primeras trasmisiones por radiotelefonía de fútbol internacional, en el Río de la Plata, fueron las pioneras realizadas por Claudio Sapelli y Emilio Elena en 1922 en Uruguay.

En Argentina (2 de octubre de 1924) , a cargo de Horacio Martínez Seeber, un radioaficionado de 23 años, quien relató desde la cancha de Sportivo Barracas el cotejo entre las selecciones de la Argentina y el Uruguay, asistido por Atilio Casime, periodista del diario «Crítica». (¹)

El primer argentino especialista en fútbol fue Roque Sillitti, quien relató para Radio Prieto, de Buenos Aires.

Sillitti y Radio Prieto comenzaron a transmitir desde 1926. (2) Sillitti transmitía, según los anuncios, «con color, carácter y entusiasmo», parado junto al entonces novedoso alambrado que separaba a los futbolistas de los espectadores. «Eso sí, no siempre transmitía desde la cancha, a veces dibujaba los partidos desde los estudios». (3)

Es interesante ésta su reflexión sobre aspectos de Patria, patrioterismo, pasión, pasionismo y fútbol, publicada en la sección «Radio Cocktail» de la revista porteña «Caras y Caretas», del 21 de julio de 1934.

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Uruguay. Testimonios. La radio y los Tupamaros, «Los Cangrejos Rojos» (Juan José Cabezas, 2007).

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Foto: cortesía Revista milveinticuatro – http://www.1024.com.uy

Juan José Cabezas, profesor del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería de Uruguay es autor del libro «Los Cangrejos Rojos», «una suerte de autobiografía, tan desordenada como incompleta», que comenzó a escribir en 2007.

El libro «Los Cangrejos Rojos» toma su nombre de lo narrado en uno de sus capítulos que se encuentra en línea  aquí.   Y se complementa con una «selección de e-mails de los amigos que lo leyeron y alguna documentación audio-visual vinculada directamente con los relatos del libro». (¹)

Entre los méritos de Cabezas,  figura el de haber jugado un rol clave en 1988, cuando Uruguay se conectó por primera vez a Internet a través del Instituto de Computación de la Facultad de Ingeniería. Tanto es así que fue él quien recibió los primeros correos electrónicos que llegaron al país provenientes de fuera del Río de la Plata. (²) (4)

Trabajaba como sonidista de bandas de Rock a fines del ’60, mientras soñaba con la ingeniería electrónica. (³)

En 1970,  se integró al M.L.N (Movimiento de Liberación Nacional) Tupamaros, movimiento político de Uruguay que tuvo una etapa de actuación como guerrilla urbana de izquierda radical durante los años 1960 y principios de los 70, y que se integró a la coalición política Frente Amplio en 1989.

En 1971 estaba en la clandestinidad y en 1972 comenzó el exilio en Chile. Luego del golpe de estado a Allende, en 1973, llegó a Suecia como refugiado político.

Juan José estudiaba ingeniería y, en un taller de electrónica montado en el fondo de la casa de sus padres en Punta Gorda, construía equipos de sonido, amplificadores y cajas de parlantes. A principios de 1970 Juan José y sus amigos del barrio, todos universitarios o estudiantes de bachillerato que se preparaban para ir a la universidad, todos de entre 18 y 22 años, comenzaron a militar en política.

Usaban vaqueros, se dejaban el pelo largo o la barba, escuchaban a los Rolling Stones y sentían un gran rechazo hacia los políticos en general, en especial hacia los de los partidos tradicionales, pero desconformes también con la izquierda.

Como en el fondo de la casa de sus padres funcionaba un taller de electrónica, Juan José fue integrado  al Servicio de Radiocomunicaciones, un grupo de logística de la Columna 15. del MLN-T.

“Al principio todo iba muy bien. Yo trabajaba con otros dos compañeros y la tarea la desarrollábamos en el taller de mi casa. Trabajábamos dentro de la Columna 15 que era muy dinámica y, además de ser la de Amodio Pérez, era la que captaba en Montevideo a la mayoría de los estudiantes universitarios”, – cuenta Cabezas. (¹)

Una de las primeras tareas fue la de construir los mecanismos electrónicos que controlaban el tiempo de detonación de bombas, pero sin dominio de la seguridad necesaria, ello le causó un grave accidente.

Sus manos están deformadas, tienen extraños bultos y cicatrices. En la derecha tiene solo dos dedos completos; en la izquierda apenas uno. Hay dedos a los cuales le quedan dos falanges, en otros apenas una, de otros no queda nada. Además, tiene cicatrices en todo el rostro, en la quijada, la boca, la nariz. Usa unos lentes gruesísimos porque casi no ve. Juan José Cabezas es un mutilado de guerra, una víctima del Plan Cacao. (¹)

Los relatos referidos a la radio para su uso por el movimiento guerrillero comienzan en el Capítulo 10  que se refiere a las «Jaboneras y Captacanas»:

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«En el período 1970-1973 participé en la actividad de tres servicios de radio-comunicación del MLN. El primero en la casa de Punta Gorda donde ocurrió el accidente, el segundo, ya en la clandestinidad, en un local del MLN en el barrio Maroñas en Montevideo y el tercero comenzó en Santiago, Chile, continuó en La Habana, Cuba, y finalmente se instaló nuevamente en Santiago funcionando hasta el golpe de Pinochet.

Estos servicios estuvieron principalmente dedicados a dar respuesta a los posibles requerimientos en radio-comunicación de los distintos grupos del MLN.

En algunos casos, el servicio simplemente adquiría el equipo solicitado y, eventualmente, adiestraba a sus usuarios.

En otros casos, era necesario modificar ciertos aparatos, de uso común en Uruguay, para adaptarlos a las necesidades del MLN. Y en otras ocasiones, el dispositivo requerido debía ser diseñado y construido completamente por el servicio.

Las jaboneras eran un ejemplo típico de un producto completamente fabricado por estos servicios tupamaros.

Eran transmisores de corto alcance, de 30-60 metros, instalados en una jabonera de plástico. Las jaboneras de esta clase eran muy comunes y las habíamos seleccionado como el envase más apropiado para estos transmisores de FM. Si se levantaba la tapa de estas jaboneras tupamaras, se podía ver el transmisor, un micrófono y la batería de 9V que soportaba su funcionamiento.

Para escuchar las emisiones de las jaboneras, se debía disponer de un radio-receptor de FM aparentemente común. Pero no lo era. Para poder sintonizar y escuchar a las jaboneras, los receptores de FM debían ser modificados por el Servicio de Radio de MLN.

Las jaboneras emitían en una frecuencia apenas superior del tope de la banda de FM. Por esto, las radios comunes no podían recepcionarlas.

Lo que se hacía era investigar las radios portátiles de FM de venta masiva en Montevideo con el fin de determinar cuales eran las más sencillas de adaptar para recibir las frecuencias de las jaboneras.

Descubrimos modelos de radios de FM que podían ser reacondicionadas en minutos a un costo mínimo. Una vez modificada, se pintaba una marca roja en el dial indicando el lugar donde se debía sintonizar la jabonera.

Las jaboneras se usaban principalmente para la comunicación en los locales del MLN. Muchas de estas casas poseían escondites en donde varias personas podían vivir incluso durante meses. Cuando los habitantes legales del local activaban la alarma, previendo, por ejemplo, un posible allanamiento policial, los escondites se cerraban y quedaban completamente incomunicados con el mundo exterior. En estos casos, las jaboneras podían ser útiles para escuchar lo que sucedía en la casa y determinar si, por ejemplo, el allanamiento se estaba concretando.

Las jaboneras tupamaras se produjeron en serie y estaban identificadas por su número de fabricación. Algunos de los componentes utilizados para su construcción debián traerse de Buenos Aires ya que en Montevideo no estaban disponibles.

En 1971, en una interpelación en el Parlamento como consecuencia de una fuga masiva del penal de Punta Carretas, el Ministro del Interior mostró una jabonera tupamara como una prueba más de la tecnología usada por el MLN gracias al apoyo que recibía de Cuba y la Unión Soviética. La verdad era que los componentes de las jaboneras eran norteamericanos, europeos y japoneses. Además, los primeros prototipos de las jaboneras fueron hechos antes de ingresar al MLN. Las jaboneras eran un producto uruguayo y no tenían la menor relación con la Unión Soviética o Cuba.

En algunos casos, estos pequeños transmisores no fueron colocados en jaboneras. Se instalaron en lugares donde quedaban completamente escondidos.

Una hermosa lámpara de mesa con pie de cerámica parecía el lugar ideal para instalar nuestro emisor de FM. Aprovechamos el hecho de que la lampara podía estar permanentemente conectada a la red pública de energía eléctrica para acondicionarla de forma que transmitiera su señal continuamente incluyendo una batería recargable para continuar funcionando durante los cortes de electricidad. La idea, sin embargo, no dio buen resultado. El grupo que recibió la lámpara no se sentía seguro con un transmisor tupamaro imposible de apagar. Todo lo que se hablaba era captado por el ultrasensible micrófono y emitido hacia quien sabe donde. La lámpara volvió al Servicio de Radio.

Montevideo puede ser una ciudad fría, húmeda y ventosa en invierno. Para protegerse de este clima, muchos hogares usan una suerte de burlete corredizo en las puertas de entrada. Se trata de tubos de tela rellenos de aserrín o arena que se colocan en el piso junto a la puerta. Al abrirla, el burlete se desliza junto con ella. Al cerrarla, el burlete es reinstalado en su lugar con el pie.

En uno de estos burletes se agregó un transmisor. Este contenía un interruptor que, al abrir la puerta, activaba la emisión de FM permitiendo escuchar desde un lugar remoto quien entraba o salía.

El escobillón es un cepillo, con un palo de madera de cerca de un metro y medio de largo, usado para la limpieza de los pisos de los hogares.

Ellos eran, junto a las escobas, un instrumento de limpieza infaltable en las casas montevideanas. Podían encontrarse en las cocinas o en los baños y nadie prestaría la menor atención en esos objetos.

El Servicio de Radio instaló un transmisor en un escobillón usado. El micrófono, la batería y el transmisor iban en una cavidad en el cepillo, en tanto que la antena recorría el palo. Poseía un interruptor que desde el exterior simulaba una cerda más del cepillo. Al oprimirla, se encendía. Me han contado que el escobillón terminó sus días en el Museo de la Policía de Montevideo.

La modificación de receptores de FM para ser usados con las jaboneras nos condujo al descubrimiento de un nuevo producto: el captacana.

Cana, en lunfardo rioplatense, refiere a la policía. La traducción correcta sería, entonces, captador policial.

El captacana era un receptor de FM modificado para alcanzar las bandas que usaba la policía para comunicarse entre la mesa central y los diversos vehículos en la calle.

Esta clase de receptores, muy usados por los medios masivos de comunicación para supervisar la actividad policial y de bomberos, se podía adquirir en USA pero no era sencillo encontrarlos en Uruguay.

Además, eran caros y llamativos por su aspecto y tamaño, cosa que para el MLN no era muy atractiva.

Por casualidad, detectamos que ciertas radios de FM podían alcanzar las bandas de la policía con pocas modificaciones. Los primeros captacanas fueron unas radios Motorola pequeñas y económicas. Las modificábamos, pintábamos marcas rojas en el dial para indicar donde estaban las emisiones de la policía y se entregaban con algunas explicaciones sobre su uso.

Cuando encontrábamos un modelo de radio apto para ser transformado en captacana debíamos comprar rápidamente una buena cantidad ya que, con frecuencia, se agotaban. Esto también nos obligaba a experimentar continuamente con nuevos modelos para prever la demanda futura.

El uso de los captacanas requería conocer las claves de la policía y unas cuantas horas de escucha para incorporar la práctica necesaria para entender lo que podía estar sucediendo y, sobre todo, en donde.

En Chile, poco antes del golpe de Pinochet, debimos incrementar la producción de captacanas ya que grupos de la izquierda chilena los solicitaban.

Cuando ocurre el golpe el 11 de setiembre de 1973, el Servicio de Radio del MLN en Santiago, tenía captacanas cubriendo varios canales de la Policía, Carabineros y algunos radio-teléfonos del ejército.

No podíamos creer lo que oíamos. Los golpistas estaban aplastando toda posible resistencia con ferocidad y rapidez.

En el medio de ese caos radial, pudimos escuchar a la esposa de un militar golpista diciéndole que los vecinos la habían insultado. El militar la tranquilizó prometiendo que eso se arreglaría luego. Que no se preocupara de los vecinos, que todo iba bien.

Con el paso de las horas, fuimos desconectando los captacanas. Era evidente lo que estaba ocurriendo y escuchar continuamente la frase de la mesa central a los grupos de ataque nos resultaba torturante:

-No se necesitan detenidos. ¿ Comprendido ?

-No se necesitan detenidos. ¿ Comprendido ?

Al anochecer del 11 de setiembre nuestros captacanas estaban apagados. En realidad, no los necesitábamos. Los helicópteros y el rítmico trac trac trac de las ametralladoras .30 nos mantenían informados, segundo a segundo, de lo que ocurría en nuestro barrio.»

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Foto: cortesía Revista milveinticuatro – http://www.1024.com.uy

En el Capítulo 12 , «USA», Cabezas narra lo siguiente:

«En 1963 ocurriría algo que terminaría barriendo mis últimas simpatías hacia USA. En esa época, el presidente de los Estados Unidos era John F. Kennedy.

Esta Administración estaba impulsando un muy publicitado programa para el mejoramiento de la relaciones de Norteamérica con Latinoamérica. Su nombre era Alianza para el Progreso.

Como parte de estas actividades, se organizó un concurso para jóvenes científicos en toda América Latina. Esto se hacía conjuntamente con una exposición itinerante llamada Átomos para la Paz que, durante 1963, recorría las capitales latinoamericanas.

Julio -un compañero de liceo- y yo nos presentamos al concurso. Nuestro tema era la historia de la radio-comunicación y para ello presentamos un panel con texto relatando algo de esa historia y, a modo de ejemplos, una radio de principios del siglo XX y otra de mediados. Todo esto estaba en una plataforma de medio metro cuadrado.

Las dos radios estaban construidas con placas de acrílico transparente lo que permitía ver todos sus componentes. Ambas funcionaban correctamente y el visitante podía leer la historia en el panel y probar o comparar ambas radios.

El premio a los mejores grupos era, además de formar parte de la exposición de Atomos para la Paz en Montevideo, un viaje de un mes a EEUU visitando diversos centros científicos del país.

Julio y yo fuimos uno de los grupos ganadores por el Uruguay.

Salimos en los diarios, éramos los niños mimados de la biblioteca Artigas-Washington, uno de los principales centros culturales norteamericanos en Uruguay.

Frecuentábamos el USIS (United States Information Service) en la calle Paraguay donde nos trataban como conocidos de toda la vida.

Con Julio nos preparábamos mentalmente para el viaje, cosa que nos tenía muy emocionados.

Pero el 22 de noviembre de 1963 ocurrió algo realmente inesperado. El presidente Kennedy es asesinado en Dallas.

Lyndon B. Jonhson asume inmediatamente como presidente.

Las cosas cambiaron rápidamente para nosotros. La Alianza para el Progreso desapareció.

No hubo viaje a USA. Nunca se nos informó ni se nos dio una explicación.

EEUU se dedicó a la guerra de Vietnam y nosotros a estudiar y trabajar como sonidistas de bandas de Rock y finalmente del Sexteto.» [Electrónico Moderno].

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Foto: cortesía Revista milveinticuatro – http://www.1024.com.uy

El Capítulo 15 se titula «La Radio»:

«Mi radio-despertador se enciende los días que trabajo a las 7 de la mañana, sintonizando la radio CX14 El Espectador.

Esta emisora de AM es una de las primeras que, a principios del siglo XX, modificó profundamente los hábitos de los hogares uruguayos a través de ese maravilloso mueble sonoro de madera, con perillas y dial, que era la radio.

Aunque no tengo la intención de hacerle publicidad a esta emisora, no puedo dejar de concentrarme en ella si he de ser fiel a como ocurrieron las cosas.

Tengo la costumbre de sintonizar la Espectador desde hace 40 años. Y en algunos momentos de mi vida me aferré a ella como una manera de sobrevivir. A otros les dio por jugar al fútbol, armar una murga para recrear el carnaval uruguayo o hacer dulce de leche, el famoso dulce del Río de la Plata.

A mi me dio por la radio.

A finales de 1972, el equipo de radio-comunicaciones del MLN integrado por Ivón, Fernando, Alfredo y yo, estaba nuevamente reunido, ahora en Cuba.

Junto con otros compañeros nos habían alojado en una hermosa residencia construida antes de la Revolución. Era una amplia casa de una planta desplegada en un terreno de buenas dimensiones. Estaba situada en Marianao, un barrio residencial de La Habana.

Por supuesto que, cuando llegamos allí, el Chacal ya estaba instalado y se movía por ella silenciosamente como un felino en su territorio.

Nosotros suponíamos que estas bellas residencias habían sido confiscadas en los primeros tiempos de la Revolución y que ahora cumplían diversas funciones. Una de ellas era la de albergar a los tupas que veníamos de Chile.

Las casas estaban adecuadamente amuebladas incluyendo una radio y un televisor de origen soviético, por lo general fabricados en algún país socialista de Europa.

Desde Cuba no era fácil recibir información de Uruguay. El correo y el teléfono entre Cuba y Uruguay era, en ese entonces, fuertemente controlado por la seguridad cubana y prácticamente no funcionaba. Por otra parte, había también buenas razones de seguridad de parte del MLN para desestimular los intentos de establecer contacto directo desde la isla con Uruguay.

La única vía que nos quedaba para obtener información era Chile y, por cierto, era bastante limitada.

Las condiciones para la creatividad de nuestro grupo estaban dadas. La radio soviética estaba sobre la mesa esperándonos. Descubrimos que, tal vez por las enormes distancias de la Unión Soviética, dicho receptor estaba bien equipado para recepcionar estaciones de onda corta. Esto no era tan común en las radios occidentales que, normalmente, sólo tenían AM y FM.

Había que resolver dos cosas: construir una antena de unos 10 metros de largo y, lo más difícil, averiguar que radios uruguayas emitían en onda corta y en que lugar del dial, con qué frecuencia.

La antena se instaló usando un alambre viejo atado desde el tanque de agua de la casa hasta un palo en el fondo de la misma. La radio funcionaba muy bien y como no sabíamos donde estaban las radios uruguayas simplemente nos pusimos a rastrear toda la onda corta.

Nos concentramos especialmente en las bandas de 30, 25 y 19 metros de longitud de onda. Suponíamos que en esas frecuencias se daba la mayor posibilidad de sintonizar una radio uruguaya.

Además, por las características de la atmósfera en el Caribe se debía buscar durante el día ya que en la noche las emisiones cercanas tapaban todo.

Finalmente, la búsqueda tuvo su resultado. En la banda de 25 metros encontramos una radio uruguaya. Habíamos sintonizado la radio El Espectador.

La alegría no duró mucho. Poco después, los cubanos de la seguridad vieron la antena y nos explicaron que, debido a las emisiones contrarrevolucionarias desde los Estados Unidos, había normas que impedían la instalación de antenas en una casa sin la autorización del gobierno.

Nos explicaron que el Socialismo y la Dictadura del Proletariado requerían de este tipo de restricciones.

De más esta decir que desarmamos la antena y se terminó la CX14 en La Habana.

Ese fue nuestro primer partido radial con los cubanos. En la revancha, las cosas cambiarían radicalmente.

Apenas 11 meses después, los cubanos nos permitirían escuchar la Espectador sin restricciones. No sólo eso, también pondrían a nuestra disposición una antena enorme y, tal vez, algo exagerada para nuestros fines. Por si eso fuera poco, tendríamos los mejores equipos de uso militar que Cuba podía disponer, en aquellos años, para recepcionar emisiones de onda corta.

En octubre de 1973, la mitad del grupo de radio-comunicación del MLN -Alfredo y yo- se asiló en la Embajada de Cuba en Chile. Ivón y Fernando habían hecho lo mismo en la Embajada de Suiza.

Luego del golpe contra Allende, la sede diplomática cubana estaba bajo control del Reino de Suecia gracias a las negociaciones del Embajador Harold Edelstam con la Junta Militar.

A pesar de estar sitiada por el ejército de Pinochet desde el mismo 11 de setiembre, la embajada mantuvo una intensa actividad y comunicación con los partidos políticos chilenos -ahora en la clandestinidad- hasta que en diciembre de 1973 el embajador sueco fue declarado persona non grata por la dictadura.

El grupo de asilados estaba compuesto principalmente por uruguayos y chilenos, incluyendo un ex-ministro del gobierno de Allende y la uruguaya Mirta Fernández de Pucurull, quien fue rescatada por el embajador Edelstam cuando todos ya habíamos perdido la esperanza.

La vida de la embajada era tensa debido a la constante presión del ejército que nos rodeaba, pero la convivencia era buena. Por otra parte, había mucho para hacer y cada uno de nosotros tenía una tarea asignada.

A Alfredo y a mí se nos solicitó que intentáramos reparar y poner en forma operativa los equipos de radio-comunicación de la embajada.

La Sala de Comunicaciones estaba muy bien equipada, incluyendo un transmisor de alcance mundial, un receptor de onda corta de uso militar, un receptor norteamericano para radio-aficionados y algunos transceptores de corto alcance, también norteamericanos. La embajada ocupaba una superficie realmente grande lo que permitió instalar una antena para emitir o recibir en condiciones casi ideales.

Como la sala incluía cuchetas, Alfredo y yo prácticamente vivíamos en ese lugar durante todo el período que nos tocó estar allí. Nadie más entraba a esa sala.

En poco tiempo aprendimos a operar el receptor ruso. Se trataba de un cubo de casi un metro de lado que daba la impresión de estar hecho de metal macizo. Los controles estaban diseñados para gente con manos grandes y fuertes. No era precisamente mi caso. Se podía buscar una señal de radio con 5 o 6 digitos de exactitud, mucho más de lo que estábamos acostumbrados nosotros.

A ciertas horas y en ciertas frecuencias, debíamos recibir las emisiones desde Cuba. Se trataba de mensajes codificados que luego de ponerlos en papel entregábamos a Max Marambio, el enlace entre Cuba, el embajador sueco y los partidos chilenos. Este chileno era una curiosa mezcla de guerrillero y playboy que sabía hacer muy bien su trabajo en las difíciles condiciones en que se encontraba. Era evidente que gozaba de una gran confianza por parte del gobierno cubano.

Otro grupo del MLN tuvo una actividad especialmente destacable para todos nosotros.

Al embajador sueco le preocupaba mucho la existencia de una cantidad importante de armas largas y cortas en el edificio de la ex-embajada de Cuba. Su presencia significaba un serio riesgo para la vida de los asilados. El mayor temor del embajador era lo que pudiera ocurrir en el caso de un allanamiento por parte del ejército.

Era imprescindible sacar las armas de allí cuanto antes. Y así se hizo.

Para ello fue necesario coordinar con los partidos políticos chilenos que recibirían las armas. Pero además, había que encontrar una forma de sacar el armamento de manera que el ejército sitiador no se percatara.

Un grupo del MLN se encargó de esconderlas en los vehículos de la embajada y dentro de las garrafas de gas para la cocina. Lo único extraño era que las garrafas salían de la embajada con más frecuencia de lo normal, supuestamente vacías.

El embajador sueco hacía, normalmente, una visita diaria para ver como se desarrollaban las tareas y cumplir con su vital rol de nexo con el exterior. A veces, cuando consideraba que el riesgo de un ingreso violento de los militares era muy alto, se quedaba a pernoctar o invitaba al embajador de la India y su esposa a un ágape en la embajada.

No recuerdo la fecha exacta, pero creo que, para el mes de noviembre de 1973, la embajada ya estaba sin armas.

En cuanto a Alfredo y a mí, de más está decir que en los ratos libres sintonizábamos la Espectador sin la menor dificultad. No sólo eso, pudimos determinar su frecuencia con exactitud y, además, detectar otras radios uruguayas como Sarandí y Oriental. Toda esta experiencia en la recepción de onda corta no sería en vano.

A finales de 1975 ya estaba definitivamente instalado en Gotemburgo, Suecia. Vivíamos en un pequeño apartamento en Masthuggtorget, un barrio cerca del puerto. Angela había nacido en mayo de ese año. Se acercaba el largo y oscuro invierno sueco y no tenía una buena radio de onda corta.

Adquirí por 1100 coronas suecas un kit de componentes para armar un receptor de onda corta portátil, bastante sensible y preciso.

En diciembre de 1975 estaba todo listo para probar el equipo. Pusimos una antena colgando por una ventana y empezamos a buscar radios uruguayas.

Pronto nos dimos cuenta de las pocas probabilidades de captar en Suecia una señal relativamente débil emitida desde Uruguay.

La Asociación Sueca de Radio-aficionados nos dio mucha información sobre la complejidad de este tipo de comunicación. Dependíamos de las manchas solares, de la hora del día, del clima en Uruguay, en el Océano Atlántico y en Suecia. Escuchar la radio El Espectador en Gotemburgo era parecido a buscar una aguja en un pajar.

Empecé a recibir mensualmente los pronósticos sobre la atmósfera y las manchas solares. Escuchaba los detallados informes meteorológicos de la Radio Nacional de España que cubrían buena parte del Océano Atlántico. Y de a poco comenzamos a adquirir práctica para determinar cuando era posible escuchar la Espectador. A veces, esa pequeña ventana con el Uruguay solo duraba media hora durante dos o tres meses.

Con frecuencia, la señal se desvanecía o se perdía por el ruido de la atmósfera.

Pero cuando el clima y las manchas solares estaban a nuestro favor podíamos escuchar la radio uruguaya hasta una hora durante una semana, todas las noches. Si Angela y Manuela lo permitían, claro está.

Cuanto placer producía escuchar los informativos y, sobre todo, la típica publicidad de las radios del Uruguay.

Hacia finales de 1980, la dictadura organizó un plebiscito con el objetivo de institucionalizarse. Aunque en forma muy limitada, esto le daba a la ciudadanía una valiosa oportunidad para expresarse. La expectativa alrededor del plebiscito en el exilio era enorme.

Yo me puse de apuro a estudiar las condiciones climáticas para el último domingo de noviembre de 1980 con el objetivo de escuchar los resultados de las primeras mesas electorales y observar las tendencias.

Cuando llegó el día del plebiscito, la recepción no era buena pero allí estaba la CX14.

Los resultados de las primeras mesas eran contundentes. Pude acostarme completamente feliz sabiendo que el NO había ganado.

El cassette donde grabé la débil señal de la Espectador contando los votos del NO es uno de los recuerdos más queridos del exilio que traje conmigo al Uruguay.

Mientras escribo este capítulo, estoy recibiendo un e-mail de Angela desde Alemania donde me cuenta sobre su embarazo y adjunta algún comentario sobre las últimas noticias de Uruguay que vio en la Web del Espectador.

Claro, recién me doy cuenta que me olvidé de decirle a los lectores jóvenes que cuando yo vivía en Cuba, Chile o Suecia no había Internet.»

FUENTES CONSULTADAS Y/O CITADAS

Publicado en 2007, Documentos, libros, Onda Corta, radio, textos, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario