Hizo sus primeras letras entre 1917 y 1920 en diarios como El Siglo o La Razón, hasta que 1926 se le da la oportunidad de participar en la revista literaria La Cruz del Sur, en la que permanecerá hasta 1929. Ya en 1927 publicó su primer volumen de poesías, titulado El hombre que se comió un autobús (Poemas con olor a nafta), el cual fue seguido por Se ruega no dar la mano (Poemas profilácticos a base de imágenes esmeriladas) en 1930. En éstas obras se revela una poesía vinculada al movimiento futurista, en la que se incorporan el mundo ciudadano y los avances tecnológicos del momento. Abandonando tempranamente la creación poética (sus últimos dos poemas publicados aparecieron en 1939), comienza a colaborar en diversos medios con artículos humorísticos y otras crónicas, tarea que no abandonaría hasta sus últimos días.
En El hombre que se comió un autobús (subtitulado Poemas con olor a nafta) (1927), publica esto:
El nombre del barrio proviene de Salvador Sebastián Carrasco, uno de los primeros pobladores de Montevideo, quien tuvo estancia en la zona. Alfredo Arocena adquirió los terrenos en 1907 y en 1912 creó la sociedad anónima Balneario Carrasco, un barrio jardín diseñado por el francés Charles Thays.
Las obras fueron detenidas por la primera Guerra Mundial (1914-1918) y luego continuadas por el municipio. En 1921 fueron inaugurados el Hotel Casino Carrasco y la iglesia Stella Maris. En sus inicios las residencias eran utilizadas en el verano, por los habitantes del centro de la ciudad, luego pasaron a ser residencias permanentes.
El barrio se convirtió en la zona residencial más lujosa de la ciudad. En el norte Pierre Durandeau plantó miles de árboles y desarrolló el actual parque Rivera. Carrasco se extendió hacia la exclusiva zona de Miramar, donde funcionó un gran hotel convertido en Escuela Naval, y hacia el norte en barriadas populares e industriales como Carrasco Norte y Paso Carrasco. Es un barrio residencial en el cual habita en gran parte la clase alta de la ciudad. El Hotel Carrasco es su máximo símbolo, pero en 2010 se encuentra en reacondicionamiento por parte de la comuna desde hace más de una década.
La Rambla de Montevideo encuentra en Carrasco una de sus manifestaciones más logradas desde el punto de vista paisajístico. La playa Carrasco es una de las más concurridas de la ciudad.»
Muchos radioaficionados montevideanos son de este barrio. Incluso los orígenes del DX Club del Uruguay, donde me formé en el hobby del DX, están en en él. En su liceo público, dos estudiantes se pusieron un día de 1972 a conversar sobre radios transoceánicas y captaciones hechas con ellos en la Onda Corta. Pero la historia del querido DXCU quedará para otra entrada en este blog.
En esta oportunidad publico dos sendas tarjetas QSL de CX, que reflejan al barrio como un centro suburbano o balneario.
Caricatura de Marconi en «Caras y Caretas», Buenos Aires, 1910.
La llegada de Guglielmo Marconi al Rio de la Plata ocurrió en 1910, el 24 de octubre, en ocasión de los festejos del Centenario de la República Argentina, y donde ya funcionaba, desde 1908, una estación de telegrafía sin hilos, en la localidad de Bernal, provincia de Buenos Aires.
Llegó a bordo del Principessa Mafalda, que partió desde Génova. En el transcurso del viaje, Don Guglielmo se la pasó remontando cometas y haciendo pruebas de recepción. Así que, como consecuencia, llegó con una insolación, producto de su exposición en la borda del barco a los rayos solares. Así que la recepción que pensaba darle la colectividad italiana en la dársena del puerto de Buenos Aires, no pudo llevarse a cabo, pese a que en respetable número habían ido en su búsqueda.
Aunque un folleto editado por el Istituto Italiano di Cultura en oportunidad de celebrarse en 1995 una exposición marconiana en Montevideo (“Guglielmo Marconi, 100 años de Radiocomunicaciones, 1895-1995“. Organizada por el IIC, la Ambasciata D’Italia in Uruguay. Realizada con los auspicios del Ministerio de Educación y Cultura, ANDEBU (Asociación Nacional de Broadcasters del Uruguay), señala que Marconi, visitó las instalaciones de la estación a chispa en el balneario atlántico de Punta del Este, en el verano de 1910 a 1911, esa aseveración no puede verificarse. No se incluye una referencia a una fuente de época, como por ejemplo una cita a un artículo de prensa, fotos, u otras referencias.
LGdS, agradece al lector Leonardo Daniso, que comentando esta entrada (ver comentarios), nos lo ha observado, demoliendo una creencia que por un tiempo se ha sostenido.
La famosa «casita blanca», oficina de la estación Marconi (hoy Parada 10 de la Playa Mansa de Punta del Este).
Artículo pubicado en la página 14 de «Playas del Uruguay», con texto del Emir Emin Arslan titulado «Impresiones de Punta del Este». Refiere brevemente a la «casita blanca» , donde Marconi ensayaba su telegrafía sin hilos. Clic para ampliar la imagen . (Cortesía: archivo Alan Jhonn Aguiar Schwyn, Montevideo).
Un monolito instalado en 1997 por el Primer Museo Viviente de la Radio y las Comunicaciones de Uruguay «Gral. José Artigas», señala el punto geográfico donde se hallaba esa «casita blanca». Hoy, frente del edificio «Marconi», en calle Talca y Rbla. Williman, Parada 10 de la Playa Mansa.
Más recientemente, la colectividad italiana en Maldonado erigió un busto en una plazoleta muy próxima al monolito referido anteriormente.
Asimismo, en ocasión del International Marconi Day, el 30 de abril de 2011, el Radio Grupo Sur activó por 6ª vez consecutiva el indicativo CW1GM, con una estación de radioaficionados, desde el mismo punto geográfico donde estuvo la estación original de Marconi, MMO.
«Vivimos en un momento en que hay una legión de «entendidos» en las cosas de radio, sabios o poco menos, los cuales no podrán imaginarse nunca lo que fue la primera hora, ni gustar las emociones de los momentos iniciales de la radiotelefonía, cuando había que construirlo todo en casa, con excepción de las válvulas, realizando experiencias que resultaban en mayor grado pintorescas más que científicas.
Hombres abrumadoramente serios como el Dr. Heguito y el Dr. Beretervide, de nuestra Facultad de Veterinaria, pasaban sus días y sus noches construyendo elementos para su trasmisor y receptor, alternando sus trabajos de laboratorio con la fabricación de «inductancias», «resistencias», «condensadores», «rectificadores electrolíticos» y otros «chiches», poseídos enteramente por la «radio-chifladura». ¡Qué serie de tipos raros, podríamos hacer desfilar por estas páginas, si empezáramos a hilvanar nuestros recuerdos!.
La radio, muy difícilmente, nos podría dar hoy un aficionado tan formidable como fue el filarmónico y humorista Horacio O. Paganini, que no sabemos por qué motivo no ha expuesto en el Subte su portentoso trasmisor del año 1921, y su regenerativo -«ojo mágico» y «cerebro mágico»- de la misma época, hijos legítimos de su industria, armados en un cajón de querosén.
Pero hoy queremos dedicar este espacio a un hombre a quien mucho debe la radiotelefonía local, emprendedor como muy pocos, experimentador tenaz, que fue también el primer constructor de centenares de aparatos comerciales, que eran a galena y armados en una especie de cajita de cigarros: don Claudio Sapelli, que nunca negó su consejo y su ayuda a los aficionados.
Lo hallamos una tarde en el local de la Exposición de Radio, mirando las «joyas» que en otro tiempo salieron de sus manos. Sus ojos acariciaban con devoción una valija allí expuesta, primer premio en el Primer Concurso Radiotelefónico que se realizó en Montevideo, hace ya muchos años, participando técnicos y aficionados con más de doscientos aparatos que comprendían desde los receptores y trasmisores de la época, hasta aparatos de galena montados en cáscaras de avellana, y dando la nota original, uno de ellos, armado en un grano de maíz.
Le preguntamos cómo se había iniciado en radio, haciéndonos conocer una serie de datos muy interesantes.
Corrían los días del año 1918, cuando Sapelli -entonces estudiante de electrotécnica- a consecuencia de haber llegado a sus manos algunas revistas norteamericanas que se ocupaban de las primeras experiencias en radiotelefonía, sintió a su vez una atracción irresistible hacia la radio, dedicándole desde ese momento todo su entusiasmo, empleando sus recursos económicos en experiencias y apurando cuánto le fue posible sus estudios especializados en esa dirección.
Fue constructor de los primeros trasmisores que fueron utilizados por una gran mayoría de nuestros «radiochiflados», que a causa de su poco precio y mínima potencia tenían el gráfico denominativo de «forchelas», de 135 voltios cuándo más, modulación por absorción, operando con válvula Western de 3 Watts, la muy famosa WE 211. Siguiendo siempre con sus estudios y experiencias, un buen día dio principio a la construcción de trasmisores más perfectos, dotados de todos los recursos de la ciencia radioeléctrica, adelantándose con innovaciones a lo que entonces llegaba de Estados Unidos con rótulo de novedad. Los trasmisores de la serie «R» cubrieron distancias record en telefonía, llegando el aficionado de la ciudad de Pando, CX1DA, M. Saldamando y Olmos, muchísimas veces con su palabra hasta el receptor del Ingeniero C. Augusto Gilardi, situado en la ciudad de Arequipa, República del Perú.
Preguntamos a Sapelli acerca de un trasmisor de aviación que figuraba en la colección allí expuesta. -Es un trasmisor Western Electric, de la aviación norteamericana -nos contestó- utilizado en la guerra europea. Lo hice adquirir por mi representante en Estados Unidos, en el año 1928, cuando el Gobierno de aquel país procedió al remate de los elemento fuera de uso. Cuando llegó, verifiqué que era un modelo muy atrasado, respecto a lo que por aquí ya construíamos, de modo que nunca fue utilizado, quedando como una reliquia de la gran contienda mundial.
Inquirimos a continuación, acerca de los primeros receptores americanos llegados al país, y nos señaló el minúsculo receptor «General Electric» a galena, adquirido por uno de los más activos radioaficionados de nuestra urbe, el Arq. Ricci Toribio.
Sapelli principió sus experiencias en radiotelefonía con la primera válvula comercial, traída al país por los telegrafistas de un barco que hacía la carrera de Estados Unidos al Río de la Plata. Era una «De Forest», de dos filamentos. Con ella realizó su ensueño de tener un receptor «regenerativo», armado en un cajón de velas, con el cual oía las señales telegráficas de los barcos, las provenientes de la Estación Cerrito y de la dársena norte de Buenos Aires.
¡Cuánto se ha progresado en pocos años! ¡Es una marcha vertiginosa!
-En el año 1928, iniciamos la fabricación de receptores de radio -díjonos Sapelli– No puede Ud. imaginarse cuántos recuerdos me trae esta exposición de «cachivaches de antaño», puestos ante la curiosidad pública por el Montevideo Radio Club, cuando observo las maravillas que la ciencia y la industria radioeléctrica produce hoy.
Un apretón de manos y nos despedimos del buen amigo, el mismo que nos armó nuestro trasmisor de la segunda época, el 20 de setiembre de 1926, con el cual conquistamos por el éter buenos amigos, situados en todos los rincones de los países de América del Sur.»
J. Tato Lorenzo
(«Los primeros años de nuestra radiotelefonía» por CX2AN, POEUR, Año VI Octubre 9 de 1936, No. 272)
Receptores, trasmisores, caseros algunos, y diferentes ítems que se están salvando de ir a la basura. Y periódicamente van llegando nuevos aportes de gente que ya no está más entre nosotros, y que algún familiar dona al Museo.
Esta tarjeta estaba en una caja de muchas QSL, confirmando contactos (QSO) del radioaficionado CX8AO, Ivo Ruíz Alves, en los 50s. Ivo fue un sapiente radiotécnico y asesor en telecomunicaciones, entusiasta telegrafista y radioaficionado, y también fue columnista de la revista especializada «Corriente Alterna», editada hasta los años 70s en Uruguay.
Hay varias QSL de destaque en esta colección, que enseguida llaman la atención por su diseño gráfico, su procedencia, o alguna otra particularidad.
Esta, sin duda, es muy especial:
No refleja sólo un QSO en CW, sino que ilustra la vida en radio que presumiblemente tuvo su titular y que está gráficamente expuesta en la viñeta de cuatro cuadros. Cuatro etapas de su carrera como DL:
1) El radioaficionado se inicia en el hobby. 2) DL3ZI conoce a su futura esposa; consecuentemente, el equipo de radio se cubre de telarañas. 3) Los platos de loza vuelan sobre la cabeza del desdichado DL3ZI. 4) El retrato de la finada XYL está en la pared del cuarto de radio y Fred vuelve a disfrutar de la radioafición como en los primeros tiempos.
¡De qué manera se podía escuchar radio de distantes países en la onda media aquella época, los 1970’s!. Al menos, la meta era -posiblemente- llegar a escuchar EE.UU. (África… Europa… ni soñar, eso vendría más tarde con la antena Beverage desde lugares y condiciones más apropiados…).
Con un receptor de mesa Philips, modelo B2K45U, de 5 válvulas, una antena de alambre y un lugar bastante favorable, cerca del Cerro de Montevideo. Pero sobre todo… ¡sin ruido!.
Además era una época en la que las emisoras locales apagaban mayormente a la medianoche o a mas tardar a las 2 AM. Después de esa hora, ¡era una panzada de emisoras!.
Entraba, por ejemplo en los 800 kHz la poderosa Radio Transmundial, desde Bonaire, en las Antillas Holandesas, que desde el punto de las captaciones DX era la más popular, la que refería el público común, los trasnochadores, en casuales conversaciones.
Con más paciencia y dedicación, ¡se podía cosechar más!. Había que tener paciencia, pues el fading jugaba su papel y si el desvanecimiento de la señal se daba en la hora justa o después de algún tema musical, perdías la oportunidad. Algún colega de aquella época dorada me dijo una vez que -luego de largos minutos sin lograr identificarla, justo aprovechó un momento de baja señal y decidió ir al lavabo, pues la vejiga se lo estaba pidiendo… allí estaba en plena operación, cuando desde su cuarto de radio siente que la radio, estaba, al fin identificándose. Por supuesto, al no estar grabando… la perdió. ¡¡¡Justo en ese momento, che!!!
He aquí… en la siguiente grabación algunas emisoras de Onda Media grabadas en el período 1973-1975, contenidas en un viejo cassette BASF C120, sin mayor edición.
El clip incluye, en orden de escucha: CHILE, CB114 Radio Nacional, Santiago; COLOMBIA, R.Capital; COLOMBIA, Em. Nuevo Mundo; COLOMBIA; R. Melodía; CUBA?, Radio Habana Cuba… retrasmitida por otra estación? (no tengo frecuencia); PERU, 900, R. El Sol; PERÚ, R. América, Lima; PERÚ, 1550, OBX4C R. Independencia, UNID, COLOMBIA, R. Tequendama; COLOMBIA, R. Tigre; COLOMBIA, LV de Barranquilla; CHILE, R. Cooperativa, Valparaíso (una colombiana debajo en la misma frecuencia); CHILE, R. Talcahuano, TRINIDAD & TOBAGO, NBS (ID repetida varias veces, para mejor apreciación); COLOMBIA, estación no ID perteneciente a la Cadena RCN; ECUADOR, R Nacional Espejo; COLOMBIA, R. Universal; COLOMBIA, Punto Cinco, Bogota; UNID idioma vernacular; ARGENTINA,R. Chubut; PARAGUAY R. Caaguazú; PARAGUAY, LV del Chaco Paraguayo.
Una emisora ya desaparecida del dial montevideano, y de la que aún queda el hueco, no habiéndose ocupado su frecuencia por razones de compatibilidad técnica en cuanto a asignaciones de emisoras, fue la CX34 Radio Artigas. La recuerdo con una programación eminentemente musical tanguera y folklórica.
A pesar de que sus estudios eran de lo más avanzado en cuanto a su aislación acústica, cada vez que se daba paso al locutor de cabina, salía al aire un ruido de alterna. Su voz caracteristica fue la de Egidio Errico.
Pedro Springberg
Entre sus hitos, figura el de ser la emisora en la que primero inició su espacio el célebre humorista y charlista Wimpi. También, por sus ondas, se difundía «La Hora Israelita», con fiel audiencia en el barrio Reus al Norte (o «Barrio de los judíos») de la capital uruguaya. Este programa se inició en 1932 Su conductor fue Pedro Springberg, figura que gozó de amplio prestigio en la colectividad israelita de nuestro país y que desarrolló una importante obra cultural desde esta tribuna etérea . Se difundía en horas del almuerzo y la cena, tres horas diarias y cuatro los domingos.
Un aviso que aún recuerdo, a través de la particular voz de Errico, fue el de «Ceras H»: «Cera H con Plastifilin y brillo de sol en sus pisos». Y el de Amarga «Vesubio»: «y con esta flor ¿qué hago?, ¿la tiro?… contraflor al resto con Amarga Vesubio, flor de amarga».
Programación de CX 34 Radio Artigas, 1938
Seguidamente, una toma de audio de una emisión más reciente en el tiempo, década del 70.
Una carcaza de madera de RCA Víctor con el consabido perrito pirata mirando interrogativamente dentro de una gran bocina de
gramófono.
La radio era su mayor fuente de entretenimiento, no sólo por el hecho de escucharla, sino también para desarmarla.
Aunque parezca mentira, llegaba a pasar noches enteras en vela desarmándola y armándola nuevamente, hasta lograr que volviera a funcionar.
Noches en vela también, pasaba con el oído pegado a ella, oyendo los partes de guerra que la BBC de Londres emitía para América Latina.
Corrían los primeros años de la década del ’40 y la segunda Guerra Mundial acaparaba la atención del mundo entero.
La boina que alguna vez fue azul, el cuchillo, una pinza y dos soldadores hechos por él, constituían las herramientas más usadas en los arreglos de la radio. Aunque funcionara normalmente, él se las ingeniaba para encontrarle algún zumbido que justificara su desmantelamiento. Y enseguida quedaba la carcaza de madera con las entrañas de afuera. Un entramado inverosímil de alambres, aisladores, lámparas y cables rojos, blancos y azules (de los) que sólo él conocía su cometido. Hasta un trozo de caravana de mujer formó parte cierto tiempo de su mecanismo.
Por supuesto que en ese laberinto inentendible, siempre quedaba algún par de cablecitos sueltos a los que debía soldar para restablecer los circuitos interrumpidos. Yo, como única hija y admiradora de sus locuras, era su ayudante incondicional y permanente.
Poniendo a prueba la paciencia de mi madre que por cierto era mucha, ocupaba por completo la mesa del comedor y las hornallas de la cocina con sus soldadores y quemaba muebles, manteles y todo lo que se encontraba al alcance de sus manos.
Un ir y venir constante de hierros al rojo vivo desde la cocina al comedor, tenían como fin soldar aquellos equívocos cablecitos.
Eran sus soldadores unos hierros en “ele”, construidos por él, con un rústico manguito de madera chamuscada, cuya misión disminuida, complementaba con la boina.
Cuando empuñaba en una mano una barrita de estaño a medio consumir y en la otra uno de los soldadores incandescentes, yo debía mantener los cablecitos muy juntos, sujetándolos con la punta de mis dedos.
Debía mantenerlos bien cercanos, para que la gota de estaño derretido, al caer, restableciera el circuito.
Pero el instinto de conservación hacía que, en el preciso momento en que la gotita caía, con un movimiento ajeno a mi voluntad, retirara los dedos y con ellos los cables.
Allí quedaba la gotita inútil solidificándose rápida e irremediablemente, como prueba irrefutable de mi cobardía.
Y el proceso volvía a repetirse hasta que yo, bajo las palabras amenazantes o tiernas de mi padre, lograba sobreponerme a mi instinto.
Un día en que todos sus esfuerzos no lograron que la radio funcionara, obligó a mi madre a que la trajera a Montevideo para que los representantes de la RCA Victor lo hicieran por él.
Mucha vergüenza pasó ella cuando éstos le mostraron que de la marca quedaba poco más que la carcaza.
Pero no era sólo la radio la que sufría los embates de arreglismo de mi padre.
También solía encausarlos hacia el par de baterías que unidas en serie, suministraban la energía eléctrica que permitía encender la radio y algunos picos de luz de nuestra casa.
El viento, o mejor dicho la falta de él, nos solía jugar muy malas pasadas. Porque las baterías de mi casa se recargaban con energía
eólica, mediante los giros arrachados de un molino al que por su objetivo de cargar las baterías se llamaba “el cargador”.
Tenía el cargador una sola aspa, muchas veces desbalanceada, con una gran veleta en forma de hoja lanceolada, todo pintado de minio rojo antioxidante.
El cargador giraba alocadamente montado en el extremo de una alta torre de madera, a la que se escalaba más que se subía, por una escalera adosada a ella de travesaños separados y desiguales.
Creo que sólo mi padre, por la fuerza de la costumbre y por su habitual inconsciencia, era capaz de subir y bajar ágil e incansablemente aquella torre.
Así, armado con destornilladores en los bolsillos, pinzas enganchadas en el cinturón, cables y tornillos erizándole la boca, trepaba a la torre con el fin de “arreglarlo” peligrando a cada instante que un giro del aspa le cortara la cabeza.
Una noche, sí, una noche, una ráfaga de viento y un traqueteo distinto del aspa, convenció a mi padre que algo por allá arriba no andaba del todo bien.
Al bagaje de herramientas ya descrito que llevaba distribuidas por su cuerpo, se sumó una potente linterna que oscilaba colgando de su muñeca.
Como siempre que subía a la torre algo se le quedaba abajo o se le caía, subía y bajaba incansablemente, mientras que el haz de luz de la linterna subía y bajaba con él describiendo extraños laberintos de luz intermitente.
En los días subsiguientes la gente parecía actuar de forma poco usual.
Mis amigas que venían a jugar todas las tardes, se retiraban más temprano que de costumbre, poniendo mil flacas excusas.
Don Calistro, asiduo concurrente durante años para escuchar el informativo de las 20 horas, faltó a la cita.
A la mañana del segundo día, el mismo Don Calistro, viejo y respetado vecino y amigo de mi padre, llegó a casa rodeado de solemnidad y misterio.
Llamó aparte a mi padre y entre largos y más que elocuentes silencios y con tono grave y fatalista le dijo: – Luis, te vengo a prevenir que abras el ojo, porque creo que te puede ocurrir una desgracia.
-¿Calistro!- le dijo mi padre asombrado, – ¿qué me quieres decir con eso?-.
– Puede que tú no lo creas Luis, pero que pasa, pasa…- fue su
respuesta contundente.
– ¿Qué es lo que pasa y por qué hombre?- le preguntó mi padre ya
alarmado.
Y ante el requerimiento del amigo amenazado, convencido de la inminente fatalidad que sufriría, e impotente ante los designios del destino en este caso adverso, Don Calistro le explicó a mi padre la razón de sus preocupaciones.
-Mira Luis- le dijo, – antenoche, yo mismo la vi.
-¿Qué viste hombre? -dijo mi padre intrigado.
-Vi una “luz mala” posada sobre tu casa – fue su respuesta
contundente.
Olga Olivera, «Valizas y su entorno, anécdotas, testimonios,sentimientos» Torre del Vigía Ediciones, Nov. 2007.
Olga Olivera, recuerda sus primeros contactos con la Radio (grabación de sus palabras, en el acto de recibir el Premio CX 2013, en la 18ª Entrega Anual del Premio CX en Comunicación, otorgado anualmente por el «Primer Museo Viviente de la Radio y las Comunicaciones de Uruguay», 17 de mayo de 2013).
El 24 de diciembre de 1980, en plena dictadura militar, la emisora uruguaya CX30, irradiaba este mensaje navideño a cargo de su director, José Germán Araújo.
Un muy experimental receptor SDR (Software Defined Radio), está en línea, ubicado en el QTH de PA3FWM, (Holanda). Según su dueño, está disponible muy ocasionalmente para prueba del software «Por tener reducida velocidad de subida (poco ancho de banda) en la conexión de Internet, el numero de usuarios recibiendo simultáneamente es limitado».
Es el primero que veo de recepción contínua, incluyendo desde LF hasta los 19,44 MHz.
Les invito a jugar con el cursor, los modos de recepción, hacer zoom para visualizar las anotaciones de las emisoras, según frecuencia, correr los extremos del cursor (a zoom máximo) para variar la selectividad, etc.
Screenshot del receptor SDR de PA3FWM. En ese momento, 04:00 UTC, sintonizado en 7410 kHz, Radio Vaticana
Es una maravilla y espero algun día ver alguno funcionando por estas latitudes.
ATENCIÓN:
ACTUALIZACIÓN del 24 de julio de 2012: ,
«El receptor WebSDR, experimental, que estaba en http://websdr.ewi.utwente.nl:8903/, en el QTH de PA3FWM, y que cubría de 0 to 19 MHz, ha quedado fuera de línea, tal como se había anunciado hace pocos días. Su creador señala varias razones para tal decisión:
El sistema próximo, en la Universidad de Twente (Holanda) (que por meses había estado inactivo por mudanza interna) ha quedado disponible en línea nuevamente en:
La antena en la Universidad aparenta rendir mucho mejor, a juzgar por el número de usuarios constatado estos días.
Correr este sistema ocupaba equipo que necesito para otras cosas, (incluyendo el desarrollo de hard y software).
Necesito estar alerta constantemente sobre eventuales tormentas eléctricas y desconectar la antena a tiempo.
Nunca pretendí hacer funcionar este receptor en forma permanente desde mi QTH, solo lo hice por los problemas de antena que tuvo el sitio de la Universidad.
Por ahora, la cobertura de frecuencias en el receptor de la Universidad está limitado a 8 bandas (de radioaficionado) de 600 kHz cada una. De todas formas, está planificado que en un futuro sea ampliado como receptor de cobertura general para el espectro de HF, como el que funcionaba en esta URL.
¡Gracias a todos por haber utilizado este sistema durante el año pasado!
Comentarios pueden ser enviados a pa3fwm @ websdr.org .»