«Un integrante de su invisible auditorio…». Tarjetas de aplauso, QSL de radioescuchas, SWL, BCL, «curuyas».

Tarde o temprano, el ávido radioescucha de onda corta, quizá ya devenido en novel Diexista, en su cotidiano afán de escuchar todo lo que el receptor le puede entregar: sonidos de disímiles variedades, países y emisoras nuevas, y el disfrute de variados programas; y como resultado de «abanicar» las bandas de alta frecuencia, se topará con las emisiones de los radioaficionados, ubicados en la parte de fonía de los 40 metros, entrando así en un submundo con características particulares.

Antes de la generalización del modo Banda Lateral Única, cuando la AM (Modulación de Amplitud) era de mayor presencia en los 40m,  ya la jerga manejada, el tipo de conversación, le indicaban que se trataba de un campo o modalidad específica.

Escuchando a los radioaficionados,  se comprende su específica modalidad de operación  y es posible escuchar frecuentes comentarios y opiniones, muchas veces didácticos,  sobre características y tipos de antenas, receptores, trasmisores, micrófonos, etc. incluídas pruebas de modulación y de los propios elementos de la estación.

El «curuya»

Los radioaficionados del sur de América, llaman en su argot «curuya» al radioescucha (los brasileros: «coruja»)

  • Curuya = radioescucha, (por extensión, existe el verbo  “curuyar” = escuchar, “estar curuyando” . Los emisoristas usan también: “quedar en la curuya”, (o quedarse a la “curuya”), equivalente a pasar sólo a recibir, o sea manteniendose a la escucha. Del portugués coruja, lechuza o cualquiera de entre el género de las Strigiformes., refiriéndose a los hábitos nocturnos de tal ave (“Muchos búhos pueden cazar en total oscuridad guiándose por el sonido. Su disco facial ayuda a dirigir el sonido de sus presas hacia los oídos”).

Por ejemplo, «The Hamilton Night Owl» fue un club de DXistas de Onda Media en los Estados Unidos de América en los años 30.

El boletín de los DXistas escandinavos se llamaba «Nattuglan» y su revista incluía ilustrado al mencionado plumífero de hábitos nocturnos.

Es que el fenómeno de propagación radial de las ondas, ya desde los tiempos pioneros de la radioafición convertían al radiómano en «animal nocturno». En la noche, y especialmente en las horas del amanecer se lograban los comunicados a mayor distancia, y también era favorecido por menor interferencia, una vez que las estaciones comerciales cerraban sus programaciones regulares. Además, la familia, ya se había retirado a dormir…

«Radio News»

A decir verdad al oyente Diexista, nunca le gustó particularmente el apodo «curuya», que califica como peyorativo. Doy fe de ello. Es, sí, un BCL («Broadcast Listener») o SWL («Shortwave Listener») o ambos.

Y al igual que los trasmisoristas, para reportar sus emisiones, el radioescucha ha sabido proveerse de una tarjeta similar a la usada por ellos. Pero sólo para reportar señales.

En el principio: las tarjetas de aplauso.

En los primeros tiempos de la afición por captar emisoras de radio, antes de las tarjetas QSL o los informes de recepción existían las «tarjetas de aplauso», («Applause Cards»).

Fueron inventadas por Percy W. Andrews, gerente de la División Radio de la Compañía «Dictograph Products Corporation». La revolucionaria idea le surgió viajando en el ferrocarril. Pensando en un interesante programa de radio que había escuchado la noche anterior, y lamentándose de no haber podido escribir y enviar al menos unas líneas con las felicitaciones del caso, de pronto surgió la idea: por qué no «tarjetas de aplauso».

Eran en su mayoría tarjetas postales, pre-impresas, que eran entregadas con la compra de un aparato de radio.

El oyente llenaba con los datos de fecha, hora, nombre y detalles del o los programas escuchados, su nombre y dirección postal. Y se enviaba vía postal. La emisora los recibía y comunicaba a los integrantes del programa nombre y lugar del oyente que les saludaba, para que eventualmente le nombraran al aire.

También podían ser utilizados telegramas especiales.

La única «tarjeta de aplauso» conocida fuera de los Estados Unidos, es uruguaya y forma parte de la colección y archivo de Horacio Nigro (LGdS).

Es de 1926. Fue impresa por la General Electric en Buenos Aires, y era distribuida como obsequio. En su anverso muestra miembros de una familia escuchando conciertos, charlas y música bailable. Se ilustra una válvula Radiotron UX 201A  y debajo el logo de RCA.

Y la frase «RADIOTRON-EL ALMA DE LA RADIO». En el texto pre-impreso se lee: «Un miembro de su invisible auditorio le envía un caluroso aplauso por su interpretación de…», «transmitido por intermedio de la estación… el día a … horas».

Esta tarjeta en particular, no fue utilizada como tal, sino que fue enviada al radioaficionado Héctor Rodriguez Subios, 2AD, por una persona anónima, o al menos sólo conocida por el recipiente y que firma «Fel & Ciano» [como si fueran dos hermanos] de apellido Viera.» Hay que recordar que  Feliciano Viera fue el nombre de un Presidente uruguayo. Aparece aquí como «Candidato». El artista es una tal Tina Martínez Hernández. Extrañamente parece haber sido «trasmitido» por otra estación de radioaficionado, 1AD (¿podría pertenecer pues a A. Marroche Paronie?; de acuerdo a una Guía Radio de 1927, también en nuestro archivo. Es probable, que haya sido una broma entre ellos. Es posible también que, de hecho, esta estación hubiera trasmitido efectivamente una interpretación de esa artista, como ocurría frecuentemente en aquellas épocas. Esta tarjeta demuestra que las tarjetas de aplauso eran de uso no sólo en los EE.UU y que los fabricantes de radios y sus distribuidores hacían promoción con ellas.

Tarjetas y cartas

Muchos radioescuchas imprimían sus propias tarjetas y lo siguen haciendo hoy en día.

También, se utilizaban cartas, en vez de tarjetas… de fino papel avión.

Como se apreciará en los ejemplos anteriores, las estaciones radioescuchas ostentan prefijos indicativos del radio país y una serie de números. Algunas administraciones de telecomunicaciones otorgaban indicativos de radioescucha, otras veces el número era tomado arbitrariamente por el propio aficionado. Algunas publicaciones dedicadas al hobby de la radio como «Popular Communications», otorgaban estos números a sus suscriptores y a quienes lo solicitaban:

Indicativos de radioescucha

En 1994, la Dirección Nacional de Comunicaciones del Uruguay, dió autorización a los Radio Clubes habilitados del país a otorgar estos indicativos, según se detalla en esta circular:

Pero más tarde, se dejó sin efecto, por falta de interés y cayó en desuso. De todas formas ha sido importante para un radioescucha tener al menos algún reconocimiento efectivo y más o menos oficial. En los tiempos de la represión dictatorial, justificar ser dueño una estación radioescucha era difícil, y su titular podría ser confundido como participante de «actividades sospechosas», propias de los difíciles momentos donde las libertades personales estaban restringidas.

Y aún las QSL hechas por los radioescuchas fueron alguna vez problema. En un caso, en plena dictadura uruguaya, por causa de estas inocentes cartulinas impresas, a ciertos titulares les llegaron sendos telegramas, por los cuales se les citaba personalmente en la Dirección de Comunicaciones porque las QSL eran enviadas con la tarifa de reducida diferencial para uso de radioaficionados (que hoy en día no existe más), por ser «estaciones no autorizadas».

Tuvieron que entregarlas y se les prohibió, en consecuencia, enviar con la tarifa de descuento. Esos jóvenes, aún no trabajaban, y claro… las dejaron de utilizar y enviar.

«Eramos niños escribiamos a mano lo que decia el sellito, ni siquiera teniamos el sellito».

El indicativo de radioescucha, necesario.

Fuera de esta circunstancia, un caso particular ocurrió reportando la escucha de la estación TU2IR, Dick, en Costa de Marfil, África. Enviada la tarjeta de radioescucha con el reporte de sintonía, a vuelta de correo se recibió su QSL, pero sin los datos de confirmación:

y al dorso una nota con la siguientes líneas: «Disculpas, pero no me envía su número de SWL, espero que reciba esta tarjeta. 73 Dick, TU2IR»

Actualmente, hay una servicio en la Web que otorga números y certificados sin costo para el SWL que lo solicite. Es la SWARL, Shortwave Amateur Radio Listening, con una página específica en el sitio.

Una vez hecha la inscripción, se recibe por correo electrónico un archivo gráfico del certificado, que se puede imprimir, y el indicativo otorgado se puede usar y con él confeccionar las propias tarjetas QSL:La siguiente es una muestra de la colección de tarjetas, utilizadas por algunos radioescuchas de Argentina y Uruguay:

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Arte radiofónico: Klutsis, Gustav Gustavovich – Radioorator No.4 (1922).

Gustav Gustavovich Klutsis, nació el  04 de enero de 1895 , cerca de Rujiena, Letonia y falleció en Moscú el 26 de febrero , 1938. Fue pionero en el arte de la fotografía y un miembro importante del constructivismo de vanguardia. Es conocido por ser uno de los mayores productores de propaganda a favor del proceso revolucionario soviético, siempre trabajando en compañía de su esposa y colaboradora Valentina Kulagina.

Su primer proyecto importante, data de 1922, fue una serie de semi-portátiles multimedia de agitación y propaganda, quioscos que se instalaban en las calles de Moscú, consistían en la integración de radio-oradores, pantallas de cine, y muestras de papel impreso. Este proyecto se desarrolló para la celebración del quinto aniversario de la Revolución. (¹)

RADIO-ORATOR/LENIN’S SPEECH (#2)/Fuente

RADIO-ORATOR/Fuente: Artvalue.com

Fuente:

Confinements, (Tumblr).

Más…

«Klutsis, el constructivismo al servicio de la ideología», en  Josebaangulo.

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Estaciones de Radiodifusión de Uruguay. (1959).

Este listado fue publicado en la revista publicada en Argentina «Radio Chassis Televisión», Nº 258-259, de setiembre de 1959.

 

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Argentina. Aviso Publicitario: «M.B.B. Superheterodine», Patagonia.

La Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia, se fundó en 1908, por el entusiasmo emprendedor del asturiano don José Menéndez, fusionándose su casa de comercio y la de Braun y Blanchard. El propósito fue el de «aportar elementos de trabajo para facilitar el desarrollo de las múltiples riquezas que guardaba el suelo casi inexplorado de la Patagonia».

Hasta el 30 de junio de 1918 funcionó como sociedad chilena, quedando incorporada desde esa fecha como sociedad argentina.

Su movimiento de expansión fue enorme. Hacia 1920 tenía instaladas a lo largo de la Patagonia 27 casas de comercio, cuyo sistema liberal de créditos a los pobladores e industriales supo constituírse en «el factor más eficaz para el desarrollo de las energías productivas, resultando así la Sociedad Anónima una poderosa palanca de prosperidad para esos lejanos territorios».

Con un criterio altamente previsor, surtió al poblador de aquellas aisladas regiones de cuanto necesitaba para las exigencias del hogar y del campo. Todos los elementos que la vida y el trabajo demandan se encuentran en cualquier casa de las instaladas por la Anónima, algunas de ellas en puntos lejanísimos, en una soledad de 40 o 60 leguas a la redonda.

Para mejor facilidad de sus operaciones y más engrandecimiento de sus surtidos, estableció oficinas de compras en Barcelona, Nueva York, Berlín y Punta Arenas. Inclusive consolidó una flota naviera con cinco vapores. Esta flota se inició en el año 1913 con los vapores «Asturiano», «Argentino’ y «Atlántico» y posteriormente se agregaron otras.

La sociedad que nos ocupa tenía sucursales en los puntos siguientes:

Río Gallegos, Lago Argentino, Santa Cruz, El Paso, San Julián, Pto. Deseado, Las Heras, Lago Buenos Aires, Comodoro Rivadavia, Kilómetro 8, Pto. Madryn, Pirámides, Trelew, Esquel, Tecka, Ñorquinco, Talagapa, San Antonio Oeste, Maquinchao y Huahuel Niyeu. (¹)

Fuente:

Datos sobre «Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia». «La Patagonia Argentina», pp.159-162, 1924 en patlibros.org.

Ilustración gráfica: Cortesía del Sr. Carlos Gallego, Argentina, especialmente para LGdS.

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«Elogio de la Galena». (Rafael Álvarez, Revista «Ondas», España, 1927

quoteLeftUn elogio científico de la galena no está al alcance de todos los mortales. Un elogio «camelístico» de la galena en complicación con el Espasa es más hacedero. Un elogio honrado y un tanto lírico, sin grandes pretensiones literarias, modestito, con cierto tufillo de sentimentalismo burgués, tiene alguna probabilidad de acierto.

Vamos, a rechazar las dos primeras tentaciones. No empecemos con la fórmula abrumadora: SPb, (S, 13, 89: Pb, 86, 61), ni recordemos que empleada en las alfarerías para barnizar las vasijas de barro y darles apariencias porcelanescas es—según el enciclopédico — «digna de tenerse en cuenta por los envenenamientos que ha producido mediante los alimentos ácidos que tales vasijas contenían».

Para nosotros, la galena no tiene otros usos que el importantísimo que le asigna su papel en los aparatos receptores. No es un mineral, o, mejor dicho, no nos importa que lo sea. De todas sus aplicaciones sólo una nos interesa. Y aún así… conviene que no nos hagamos un pequeño lío.


De todos los elementos que componen un aparato receptor corriente y moliente, sin grandes complicaciones técnicas ni decorativas, la galena es el único que merece un elogio por la importancia de su función, por su simplicidad y por la probidad con que llena su cometido.

Bornas, reóstatos, amplificadores, etcétera, tienen un aspecto orgulloso e intolerable.

Un modesto tornillo, en cuanto está bruñido, adquiere una apariencia antipática y parece decirnos: «Aquí estoy yo; ¡atrévete conmigo!».

No digamos cuando se reúnen dos tornillos unidos por un simple hilo de cobre. Aún en este estado rudimentario de la organización mecánica, ofrecen una hostilidad agresiva. Si los tornillos son tres y llevan consigo alguna tuerquecita, forman ya un conjunto de formidable superioridad. No importa que estos tres tornillos sean una parte insignificante de un todo ciclópeo.

Adquieren y reflejan el orgullo del conjunto, y cuando un mísero mortal detiene en ellos sus miradas, parece que lo dicen —en alemán, naturalmente — : «Mira: -si no eres ingeniero, háznos el favor de fijarte en otra cosa».
Esta conciencia de superioridad que tienen las cosas o que nosotros les concedemos, que viene a ser lo mismo, establece una jerarquía muy parecida a la jerarquía de los hombres. Un motor no puede ser una cosa insignificante, aun cuando le encontremos insensible y polvoriento en el cuchitril de un trapero. ¿Hay, en cambio, algo más inofensivo que un cepillo?.

Quiérase o no, esta fisonomía de las cosas rige en muchos ocasiones al orden de nuestras ideas y nos hace preferir una silla entre varias sillas, un cuchillo en vez de otro, y, acaso, estas preferencias no son tan pueriles como a primera vista parecen.

En el conjunto desconcertante de un aparato receptor, sólo la galena sostiene su condición de mineral vulgarote y despreciado.

Es una piedrecilla inútil, hasta un poco sucia. Se entristece entre los garfios de cobre que la aprisionan; ofrece millares de puntitos rutilantes a la aguja cruel, que busca sus átomos sensibles; permite que el inquieto radioyente la coloque a su antojo, cuándo de un lado, cuándo del otro, y en cualquiera de ellos resiste las feroces acometidas del detector, que la araña, la punza, elige rencorosamente el punto en que puede hacer más daño…

La galena no salta como el hilo en tensión, ni falla como la muesca cansada. Si alguna vez se empaña su superficie, un baño de alcohol la devuelve toda su eficacia.

Cuando Ricardo Urgoiti, ante los toneletes de vidrio rellenos de luz donde se dan importancia las corrientes que sirven de vehículo al sonido y se consuma el matrimonio de la mano izquierda entre la fuerza humilde y la fuerza poderosa, que han de salir unidas al espacio, me explicaba la importancia de la galena y su misteriosa misión filtradora, no pude menos de explicarme mi simpatía por el pedrusquito generoso.


Sin desplantes ni jactancias metálicas, con una insignificancia aparente, maravillosa, la galena destruye toda la aparatosa composición del receptor y consuma la misión esencial de volver a su natural estado a aquella corriente limitada que lleva en el frágil temblor de una garganta de mujer o la queja levísima de una rubia cuerda de violín.

Como es de suponer, no me atrevo a catalogar técnicamente la misión de la galena. Líbreme Dios de las camisas de once varas. Y por el mismo temor a lo que me viene holgado, me abstengo de otro género de consideraciones, porque, en definitiva, puede ser que la galena no tenga la importancia que yo le doy ni es justo que yo pretenda darme importancia a cuenta de la galena.

Rafael Álvarez
Revista «Ondas», España, 1927.

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Argentina. «Cosas de los veinte años». («El Gráfico», 1938).

Un  curioso  raid de Rosario, Provincia de Santa Fe a Buenos Aires, en la República Argentina. En bicicleta, alla por 1938, oyendo radio .

Publicado en la revista «El Gráfico» de aquel año.

Agradecimiento:

El recorte fue remitido a LGdS por nuestro lector Sr. Carlos Gallego, en Argentina. ¡Muchas gracias Carlos!.

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Interferencias. «Una recepción accidentada». (1926).

                                                                                                                         «Ondas», España (1926)
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Humor radiotelefónico: «Más y más válvulas en el aparatito». (1926).

«Ondas», España, 1926.

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Arte radiofónico. Pendientes femeninos: micrófonos y válvulas.

Grandes pendientes de plata sólida tibetana, con micrófonos forjados artesanalmente.


A la venta en eBay.

Curiosas son estas caravanas, hechas con válvulas de radio, año 1956:

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Arte radiofónico: «Orejas».

En mis primeros tiempos de radioescucha y Diexismo,  cuando aún ni audífonos tenía para escuchar la Onda Corta en un humilde pero chillón receptor de radio a transistores, adquirí la destreza de apantallar con mis manos mis pabellones auriculares, de forma tal que la superficie de mi orejas aumentara con la adición de mis manos pegadas a ellas.

El sonido se amplificaba aún más, dándome mejor oportunidad de prestar atención, en mejores condiciones, la posible y esperada identificación  de la emisora.

Parche bordado. Radio de Banda Ciudadana. USA.

Eso no era todo: al poco tiempo, casi instintivamente, desarrollé la habilidad de mover los dedos de forma tal que doblando mis orejas, u obturando en forma regulada el orificio auricular externo podía inclusive eliminar el sonido molesto de las heterodinas, u otras interferencias, actuando como un atenuador de ciertas frecuencias de audio no deseadas. Una suerte de filtro de audio analógico y natural.

Las siguientes expresiones artísticas hablan por sí de la importancia de la oreja en la Comunicación oral. Que para los radiómanos es fundamental. Y si no que le pregunten a aquellos aficionados que alguna vez fundaron en algún país de Centroamérica, por los 70s,  un club de radioescuchas llamado: «Los Radio-Orejudos».

Broche metálico de cinturón. 1976. «Got your ears on?». Conejo con micrófono y aparato de radiocomunicación de Banda Ciudadana. En venta en eBay, «Vintage USA». USD 17,oo.

«‘Cuchá, ‘Cuchá». Graffiti en un poste en una calle en Barra de Valizas, Rocha, Uruguay (2014, foto Horacio A. Nigro, LGdS)

Este emisor alemán ha sido escuchado y confirmado en Uruguay con una tarjeta similar a la de esta imagen. Fuente: http://www.mwcircle.org/

  • «Crean la primera oreja humana que se imprime y escucha» (radiorebelde.cu).
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