El tano Marconi, en una viñeta.

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«Héctor Amengual: fonoplateas, interior y la proyección internacional de la radio. Cien años de la radio en Uruguay». (Entrevista en «Sábado Sarandí», CX8 Radio Sarandí, Montevideo, Uruguay, 14 de julio de 2022).

Entrevista al Dr. Héctor Oscar Amengual, abogado y hombre de radio, ex director de la Asociación Interamericana de Radiodifusión (AIR), en el ciclo que conmemora el Centenario de la Radiodifusión en el Uruguay, 1922-2022, por el periodista Jaime Clara en el programa «Sábado Sarandí», por CX8 Radio Sarandí, de Montevideo. Programa emitido el 14 de julio de 2022.


Dr. Héctor Oscar Amengual. (Foto).

Desde «El Reporter Esso» hasta «Andebu». Su padre fue un radiodifusor de extensa trayectoria en lo nacional e internacional que también se destacó en el periodismo informativo, por su recordada actuación como conductor y voz del célebre noticiero “El Reporter Esso”, desde 1941 hasta 1962.

El Dr. Amengual, desde su adolescencia, mostró su pasión por la radio y siguiendo los pasos de su padre, a los 16 años, comenzó su carrera microfónica como conductor de programas en Radio El Espectador de Montevideo, donde llegó a cargos de dirección, además de realizar y crear múltiples producciones periodísticas, informativas, musicales y de entretenimiento.

También desde temprana edad se vinculó a la Asociación de Radiodifusores del Uruguay, ANDEBU y al mismo tiempo colaboró con la Asociación Internacional de Radiodifusión, AIR para la creación, dirección y realización de campañas radiofónicas sobre Comunicación y Población, Derechos Humanos y Libertad de Expresión, que se difundieron en las décadas de los 80 y 90, en diversos países de América Latina. ¹


Fuente original:

 

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«Un integrante de su invisible auditorio…»: la «Tarjeta de Aplauso».

Durante el período comprendido entre los años 1920 a 1925, cuando las estaciones estaban interesadas en saber quienes les estaban escuchando y qué pensaban de la programación, los comentarios de los escuchas eran comunmente referidos como «aplauso».

Era una época en la que aún no se habían inventado las técnicas investigación de audiencia, y aún anterior a la trasmisión de avisos comerciales.

A los artistas, raramente de les pagaba un cachet por su actuación al aire, y ni ellos ni la misma emisora, tenían noción de si alguien les escuchaba.

Eddie Cantor, Eddie Cantor (31 de enero de 1892 – 10 de octubre de 1964) fue un actor, comediante, cantante y compositor estadounidense. Familiar al público de Broadway, de la radio y de las primeras emisiones televisivas. (Wikipedia) (Foto)

En EE.UU., en 1922, tal falta de certeza hizo que el comediante Eddie Cantor, saliendo al aire un día, se le ocurriese pedir a todos quienes pudieran estar eventualmente a la escucha, que al menos le remitieran una monedita, algo así como «¡un cobre por caridad, aunque sea! «.

¡Su sorpresa fue mayúscula, por la lluvia de monedas que recibió!

Esto condujo a la creación de la denominada «Tarjeta de Aplauso», en inglés «Applause Card», que consistía en una tarjeta postal con renglones para llenar, que el escucha podía enviar a la estación o al artista; expresando, de esta manera, su aprecio por la trasmisión escuchada. Era esto, una especie de tarjeta QSL «a la inversa». O sea, en vez de que la estación radio difusora se dirigiera al oyente confirmando su reporte de escucha, en una vía inversa se trataba de una tarjeta del y desde el oyente hacia la emisora o al artista favorito de esa audición en particular, o de programas escuchados.

La mayor parte de las Tarjetas de Aplauso eran impresas y se distribuían a través de las empresas de radiodifusión, y también se suministraban gratuitamente con la adquisición de aparatos de radio de alguna marca y de otras firmas comerciales, pero algunos radioescuchas diseñaban las suyas propias.

El inventor de la Applause Card, según un aviso publicado en una revista norteamericana de 1924, fue Percy W. Andrews, quien trabajaba en ese entonces en la compañía Dictograph Products Corporation en Nueva York, como gerente del departamento de Radio.

La idea se le ocurrió durante un viaje que hizo en ferrocarril. Pensó en un momento en lo excelente que había sido un programa que había escuchado en la radio. Y se dijo a sí mismo, «cómo es posible que no se me ocurrió alguna manera escribirles, aunque fuese unas líneas, de gratitud en una tarjeta postal». Y así, inventó las Tarjetas de Aplauso!.

Existieron también formulas para ser trasmitidas por telegrama. Y algunas incluían un receptáculo para ubicar allí una moneda que permitía a la tarjeta ser retornada al oyente como comprobación efectiva de la escucha, al estar firmada y sellada por la emisora en cuestión.

Un tipo de confirmación parecido y que también generó un momento de gran popularidad en cierto momento de la historia de la radiodifusión en América del Norte fue el caso de las llamadas estampillas «Ekko» y similares.

Una «Tarjeta de Aplauso» en el Río de la Plata, uruguaya.

Hace ya unos años apareció en Uruguay, como ítem coleccionable, una «Tarjeta de Aplauso», fechada en 1926. Se trata del único ejemplar conocido hasta la fecha.

La tarjeta postal muestra a los integrantes de una familia escuchando conciertos, discursos y música de baile; se muestra un tubo Radiotron UX 201A, y abajo hacia la derecha hay un logotipo de RCA.

El título debajo de la imagen es «RADIOTRON-EL ALMA DE LA RADIO».

Es una tarjeta impresa en Buenos Aires, Argentina, por General Electric, y entregada como regalo u obsequio. No fue circulada via correo postal.

El texto preimpreso en el reverso dice: «Un miembro de su invisible auditorio le envía un caluroso aplauso por su actuación de… transmitida por medio de la Estación… el día… a las… horas».

Esta tarjeta, en particular, fue enviada a una estación de radioaficionado, 2AD, perteneciente a Héctor Rodríguez Subios, por una persona anónima, o al menos conocida sólo por el destinatario, utilizando el nombre de «Fel & Ciano [dos hermanos] Viera.»

Hay que señalar que Feliciano Viera fue un político de la época, que aparece aquí como «Candidato». La intérprete alude a una tal Tina Martínez Hernández, sin más señas.

Sin embargo, parece extraño que fuera transmitida por otra emisora de radioaficionados. La 1AD (indicativo de radioaficionado perteneció a A. Marroche Peronie, según una Guía de Radio [Ham] de 1927 de la que se conserva copia).

Tal vez fuera una broma entre ellos. Pero la pieza muestra que las «tarjetas de aplauso» eran de cierto uso común aquí, en el Río de la Plata y por cierto de uso extendido en donde se originó, Estados Unidos, de las que regularmente aparecen ejemplares en eBay. Y que los patrocinadores de aquella época, eran los mismos: determinados fabricantes y distribuidores de aparatos y accesorios de radio.


Más…


Fuentes consultadas:

  • Applause Card, Horacio Nigro Geolkiewsky, Uruguay en «On The Shortwaves», EE.UU.
  • Jerry S. Berg, EE.UU., «Número Uno», del 29 de enero de 1997. (Traducido y editado, archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).
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«El Dueño de la Radio», Humberto Nazzari. (Por Alvaro Gustavo Loureiro, «El País», Montevideo, Uruguay, 1990).

“Humberto Nazzari siempre fue un ejemplo para mí. Me siento en deuda con él”, así pronunció estas palabras Oscar Pedemonti (Uruguay, 1926-2004), actor y productor uruguayo quien estuvo casado, con la actriz Thelma Biral (Argentina, 1941) y que, además de actor, fue un importante productor teatral en la vecina orilla. ’

Con estas palabras, comienza una nota periodística cuyo autor es el periodista Álvaro Gustavo Loureiro, crítico teatral, director, gestor cultural uruguayo, publicada en su momento en el diario «El País», Montevideo, Uruguay, el domingo 5 de agosto de 1990, cuyo texto se reproduce a continuación. Se intercalan en esta entrada del blog,  algunos registros sonoros, y imagenes del archivo de La Galena del Sur, provenientes de distintas fuentes mencionadas.

Humberto Nazzari (Uruguay, 29/10/1902 – 11/5/1992). Escritor, dramaturgo, director, recitador, charlista. (Foto diario «El País», Montevideo, 1990).

Thelma y Pedemonti tejieron su romance trabajando junto a Nazzari a quien ven no sólo como el compañero que les supo brindar apoyo y amistad, sino también como el director que trasmitía un ejemplo de inquebrantable profesionalismo. Es seguro que muchos uruguayos más sientan la misma deuda a la que se refería “Titino” Pedemonti frente a este hombre que, con más de bien vividos ochenta años, en el merecido retiro, recuerda todos y cada uno de sus pasos con mente lúcida y expresión clara pie vuelca con aquella voz que hechizara a los radioescuchas de ambas márgenes del Rio de la Plata.

Humberto Nazzari. Una de las figuras destacadas de la escena y radioteatro uruguayos. (Revista «Cine Radio Actualidad», Montevideo, 1947). (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

Resulta difícil creer que este afable señor de fácil palabra y memoria asombrosa permanezca alejado de los micrófonos con tan amplio bagaje de conocimientos y anécdotas sobre toda una época de la radio y el teatro rioplatense. En los duros años cuando el término oficio se aprendía en la marcha, un Humberto Nazzari adolescente sintió nacer la pasión teatral al lograr integrar un elenco italiano que actuaba en el Stella dTtalia, compromiso que le exigió hablar la lengua de sus mayores, recibiendo entonces el apoyo de su madre, con la cual en escasas horas hizo frente a la aridez de los verbos irregulares y demás dificultades del idioma.

Un programa de 1929 nos muestra a un juvenil Humberto Nazzari convertido en primer actor de la compañía encabezada por Carmen Oribe y Julio Renato en una ampüa gira por las provincias argentinas. Ya entonces Nazzari emprendía el camino de tantos otros uruguayos (Luisa Vehil, Santiago Gómez Cou, Alberto Vila, Ubaldo Martínez y la misma China Zorrilla) que obraron de vínculo entre dos países con innumerables puntos de contactos.

Actor, director, recitador, charlista: son muchas las actividades y disciplinas que Humberto Nazzari abarcó a lo largo de una prolífica carrera. Hizo teatro en Buenos Aires y en Montevideo en incontables temporadas Actuó junto a nombres como la Vehil, Nélida Franco, Alberto Closas, Teresa y Esteban Serrador, Alberto De Mendoza, Gómez Cou y Osvaldo Miranda.

Humberto Nazzari en el Estudio Auditorio, (Revista «Cancionera, Montevideo, 1934). (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

Difundió obras de estimables autores rioplatenses como «Tempestad», de Tálice, «Puerto», de Despouey, «La noche se va para siempre», de Tálice y Calero, «Acuérdate de Aurelia», de Bertrán, «El príncipe azul», de Víctor Pérez Petit (con un elenco en el que figuraban Violeta Ortiz, Julia Amoretti y García Barca) y tantas otras.

Las giras, en varios casos, fueron más allá de las consabidas fronteras rioplatenses, un punto que ilustra la temporada cumplida por el elenco que, dirigido por Nazzari, en 1941 llevó «Jazz», de Marcel Pagnol, a Porto Alegre, mereciendo elogios de público y crítica.

La experiencia cinematográfica también tentó a nuestro actor, quien, a fines de la década mencionada, interpretó un papel destacado en «La orquídea», de Ernesto Arancibia, al lado de Laura Hidalgo, una mujer cuya belleza, confiesa, dejaba a todos boquiabiertos.

No solo las provincias argentinas conservan el recuerdo de las giras efectuadas por los elencos que llevaba Humberto Nazzari. Cuando el actor y director se encontraba de este lado del Plata, tampoco perdía oportunidad de acercarse al interior, como lo prueba el título de Sánchez que puso en cartel en Paysandú en 1971 o, un año antes, la ambiciosa empresa titulada «Estampas del Exodo del Pueblo Oriental» que en la sanducera sala del Florencio Sánchez congregó a veinte actores, catorce extras, cuarenta y cinco músicos y un coro mixto de sesenta voces.

Extrema sobriedad y una cuidadosa dicción constituyen, de acuerdo con testigos de la época, las virtudes que, Nazzari, junto a una permanente soltura, conjugaba en escena como actor.

Humberto Nazzari y su actuación en CX32, 1951. («Revista «Cancionera», 1951. Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

Pero resulta imposible referirse a su carrera, sin mencionar su gran amor: la radio. En plena década del Treinta —época del florecimiento de la radiotelefonía rioplatense— este hombre infatigable mostraba su entusiasmo por un radioteatro que hiciese honor al término, es decir, que brindase la posibilidad al oyente de participar en el fenómeno teatral a través de la radio. Y Nazzari hizo radio en Buenos Aires y en Montevideo. En 1936, Radio  El Mundo de la vecina orilla contaba con un calificado plantel de artistas entre los que se encontraban Camila Quiroga, Blanca Podestá, Paquito Busto, Iris Marga, Orestes Caviglia, Milagros de la Vega, Blackie, Juan Carlos Thorry, Alberto Vila, Hugo del Carril y Nazzari.

«Los discípulos de Nazzari», Raúl Barbero. (audio preparada para institucional de CX12 Radio Oriental, 2014).

Aviso promocional en publicación uruguaya «Guía de Radio», 1953. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS)

Consciente de la diversidad y heterogeneidad de radioescuchas que una trasmisión radial abarcaba, Nazzari siempre tuvo en cuenta los gustos populares a los que atendía sin denigrarlos (comedias musicales tangueras, una versión argentina de «Dios se lo pague» para la cual experimentó caracterizándose de mendigo y saliendo a la calle). Con el auspicio de Enseñanza Primaria realizó una adaptación de la historia del pequeño Dionisio Díaz del Arroyo de Oro que fuera grabada para las distintas escuelas del país.

Las semblanzas biográficas de músicos, maestros, poetas y del héroe Artigas (en versión escrita por Enrique Crosa) salieron asimismo, al aire al impulso de los elencos conducidos por Nazzari, al igual que «El crisol de la historia», un famoso ciclo dedicado a destacar importantes acontecimientos universales.

Raúl Barbero, charla sobre Humberto Nazzari con la actriz Nelly Robredo, (ciclo de programas «La Vuelta al Dial en 70 años», emitido en 1992 por CX16, Radio Carve, en conmemoración de los 70 años de la radiodifusión uruguaya). 

Los años de oro del radioteatro nacional incorporaron los nombres de gente como Blanca Burgueño, Julio Alassio, Mora Galián, Juan Casanovas, Violeta Amoretti, Mecha Bustos, Lalo Gómez, Isolina Núñez, Raúl Amoretti, Violeta Ortiz, María Angélica Bauza, Margot Vera y muchos más. Con ellos Humberto Nazzari ocupó el lugar de uno de los más empecinados en hacer teatro radial y no una simple lectura por el micrófono. Esa inquietud se extendía con tenacidad a la difusión de la obra de los grandes autores universales hasta lograr que aún aquellos oyentes que no se inclinaban por la lectura pudiesen acercarse a textos de Dumas, Nicodemi, Pagnol, Tolstoi o Dostoievski, entre cientos.

Infatigable disertante, Nazzari completó en 1987 doscientas charlas en CX 14 que llevaban el título de «Reflexiones de un jefe de hogar».

Relatos, charlas y romances en la noche [Humberto Nazzari] (1984), CX14 Radio El Espectador. Toma de aire de CX14_El Espectador.

El efecto de esta vida dedicada a una profesión tan singular lo percibía Nazzari a través de las numerosas cartas y visitas de sus oyentes o ante el mero hecho de ser reconocido en una oficina pública simplemente por su voz, esa voz grave que se adueñaba de tantos hogares como para que, más de una vez, fuera lugar común mencionar la emisora CX10 como “la radio de Nazzari”. De una manera popular y generosa, lo era. –

Alvaro Gustavo Loureiro.

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27 de junio de 1942 – 80 años de CW53, La Voz de Melo, Melo, Cerro Largo, Uruguay.

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«Déle más aire a su antena». Radio Nederland.

Folleto dirigido a la audiencia de la recordada emisora internacional de Ondas Cortas de los Países Bajos, Radio Nederland Wereldomroep. Contiene descripciones básicas sobre distintos tipos de antenas de recepción de las ondas cortas. Se distribuía gratuitamente y se remitía vía postal.

  • Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/La Galena del Sur.com
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Francisco Giordano, «La 1000» de Salto, CX1JA, pionero radioaficionado del Norte uruguayo.

Francisco Giordano es uno de los personajes asociados a los inicios de la Radio en el Uruguay, en este caso del Interior de la República.

Fue un pujante y emprendedor inmigrante afincado en la ciudad de Salto, capital del Departamento homónimo, en el litoral oriental del Río Uruguay.

Italiano de origen, llegó a estas tierras en 1890, cuando apenas contaba 16 años de edad y comenzó su actuación en ésta, con un pequeño comercio.

Estudió en sus ratos libres, la Mecánica y la Química Orgánica e Inorgánica alcanzando conocimientos que fueron decisivos en su vida, y poseía [el conocimiento de] varios idiomas.

Una semblanza biográfica, traducida del texto original en idioma italiano, publicada por compatriotas contemporáneos radicados en aquél «Salto Oriental» de fines del siglo XIX, expresaba:


La modestia debe combinarse siempre con hombres dignos. Giordano es uno de ellos. Habiendo figurado su nombre con honores entre los italianos de Salto, nos costó obtener algunas notas biográficas de él, más por pudor que por otra cosa. 

Nacido en el pequeño pueblo de S. Nicola Arccella, provincia de Cosenza en 1874, a la edad de 16 años, un tío, que fue a Brasil por negocios, lo invitó a acompañarlo, […].

Llegado a Macao, su padre, que residía aquí en Salto, le escribió para que viniera a él y así lo hizo, pero antes de llegar a esta ciudad tuvo que sufrir muchas privaciones que soportó con la tranquilidad de quien teme cuando tiene 18 años, aunque uno no posee ni la sombra de un centavo.

Hizo un poco de todo; pero en su cerebro despierto, la inclinación a la mecánica se declaraba cada vez más firme.

“Al llegar a Salto, dice él mismo, también tuve que luchar con obstáculos de todo tipo, y juntados unos cientos de escudos abrí una pequeña ‘botegga’; pero quien veía en la parte trasera de la ‘botegga’ libros de Física, Química, Electricidad y Mecánica me hubiera tomado por un científico o por un loco; pero yo no era ni lo uno ni lo otro. Tenía sed de conocimiento, quería educarme, eso es todo”.

-«¡Si supieras cuánto valieron para mí esos libros! No sabía francés; pero sí que logré mi objetivo; lo aprendí. Compré herramientas, hice herramientas yo mismo, combiné sustancias químicas, desmontaba relojes, me entretenía con los alumnos de las clases superiores del instituto y así pasé varios años, estudiando, observando, experimentando, desmontando y armando cuantas máquinas caían en mis manos”-

Así me habló Giordano, y creo sinceramente que si este joven compatriota hubiera hecho unos estudios serios, habría sido un mecánico notable.

Arregla relojes con mecanismos más complicados; no hay defecto en las armas de fuego que no conozca y pueda corregir; Giordano, me dice un conocido, ha reacondicionado mi bicicleta; y el doctor A. Salterain, también mi amigo, dijo con entusiasmo: «¡Este gringo es una «monada»! Lo tengo por vecino y he podido apreciar sus aptitudes. En casa se me descompuso el «Angelus», pues Giordano , lo hizo marchar y sonar como antes, después de una breve inspección, aunque se trataba de un aparato musical modernísimo y único en el Salto».

Hoy posee un pequeño taller de relojería y electromecánica en la carretera y mientras tanto completa los preparativos necesarios para instalarse con un variado surtido de joyas, relojes, armas y productos fotográficos.

Deseamos un futuro feliz a este italiano que puede decir con orgullo: «Me levanté solo, luché y vencí con paciencia y perseverancia».

Miembros del Consejo Directivo del Círculo Napolitano en 1902: Presidente, Carlo Abarno – Emilio Abramo, Tesorero, Antonio Loschiavo -Titularesi: Giuseppe Posso, Francesco Lasprovitero, Francesco Andreoli, Raffaele Vece, Francesco Papa. Egidio Imbellomi — Secretario: Francesco Giordano.

Asimismo, en su obra «Salto de Ayer y de Hoy», el memorialista y escritor Eduardo S. Taborda narraba:


Allá por el año 1892 por las calles de nuestra ciudad, “un gringuito” petiso, de genio vivo y de espíritu dinámico, vendía frutas y verduras, gallinas y huevos en dos canastas, ofreciendo, con cierta gracia, en su lengua calabresa, su mercadería de puerta en puerta.

Muy pronto este “gringuito” fué una figura popular en todos los zaguanes del centro de nuestra ciudad y a medida que afianzaba su negocio con una clientela firme y segura, dióle a éste mayor margen, comprando y vendiendo todo aquello que le podía ser útil o negociable.

En las horas tempranas de la mañana se le veía bajo el peso de sus canastas cargadas de frutas y verduras; muchas veces descalzo en los días de lluvia, ofreciendo sus mercaderías a sus clientes y cuando ésta se había agotado produciéndole la ganancia de un buen día, regresaba a su casa abrumado esta vez por la carga de los objetos que había comprado o cambalachado: paragüas rotos, relojes, despertadores, al parecer inservibles, plomo, bronce, viejas varillas de hierro, piezas de máquinarias. de las más diversas y raras, zapatos deteriorados, todo lo que para otros eran cosas inservibles y estorbaban, él las adquiría como a objetos de algún valor y que él las convertía en cosas útiles y negociable.

Y así, con tenaz y valeroso esfuerzo, el gringuito Francisco Giordano hizo en esta ciudad sus primeros pesos y con ellos, se estableció en el año 1896 con un pequeño taller mecánico y un bolichito de almacén y venta de verduras y frutas.

Este tallercito fué, por decirlo así, una enciclopedia de la habilidad, en él se realizaban los más diversos y raros trabajos; para Giordano le era igual arreglar una máquina de coser, ponerle tela a una sombrilla o paragüas, hacer marchar un reloj, que ponerle una media suela a un par de zapatos.

Muy pronto Giordano creó fama de mecánico hábil e inteligente y un buen día el gringuito tuvo oportunidad de demostrar con orgullo los puntos que calzaba su inteligencia.

El primer piano automático que llegó a Salto, casi enseguida que esta maravilla de la mecánica aplicada a la música se conoció en las capitales rioplatenses, fue uno que adquirió el Dr. Alfonso de Salterain, viviendo éste en la calle Daymán casi esquina Sarandí. Este piano fué la admiración y curiosidad de los numerosos amigos del Dr. de Salterain, quien para complacer a éstos, que querían conocerlo y oirlo, era necesario tenerlo constantemente en funciones.

Un día falló un resorte y enmudeció obstinadamente, planteándose un grave problema por falta de técnicos competentes.

La trascendencia y valor del aparato lo hacían intangible a las manos de aquellos que podían intentar su compostura y entonces el Dr. Salterain llamó al italianito petiso, vivaracho y estudioso,, que a pocos pasos de su domicilio —hacía de mecánico, relojero y otras etcéteras— y le recomendó la compostura de la pianola.

El italianito no entendía nada de música, pero tenía talento y una fuerte voluntad. Desarmó el aparato y descubrió el origen de la falla y lo restauró satisfactoriamente en breves instantes y es así que la fama de Giordano se afianza y se expande en nuestra ciudad.

Todos los días en su taller hay alguna novedad y todos los días también se le veía con un libro nuevo de química, de física o de versos, discutía con algunos raboneros del Instituto Politécnico que se refugiaban en el modesto taller para seguir de cerca los “inventos del gringo”.

Horacio Quiroga. Luis Thévenet, Augusto Gozalbo, Pablo Muñoa, los Salterain, Carlos Princivalle, eran los infaltables de todos los días y con quienes Giordano tenía mayor satisfacción de discutir y plantear sus convencimientos y puntos de vista sobre física, química y literatura y a medida que su taller se ensanchaba y sus conocimientos y teorías maduraban, Giordano fué creándose una bien nutrida y seleccionada biblioteca, en la que, junto a los tratados experimentales de mecánica, química y física, se encontraban libros del Dante, de Cervantes, Stechetti, Petrarca, Bocaccio, Homero, Milton, Virgilio, Shakespeare y de otros de la misma alcurnia.

En este clima moral e intelectual Giordano se moldeó una psicología dulce, que aunque encerrara la idea vindicadora de transformarse en un factor social, era justa y honesta porque es justo y honesto todo aquello que va contra los males sociales que azotan al mundo.

Es interesante detener precisamente aquí la lectura de Taborda, para enfocar por un instante la influencia que Giordano, y ese ambiente en su taller pudo tener en la vida del insigne escritor, cuentista, dramaturgo y poeta, Horacio Quiroga. (Salto, Uruguay; 31 de diciembre de 1878-, Buenos Aires, Argentina; 19 de febrero de 1937), autor modernista de, entre otros «Cuentos de amor, locura y muerte» (1917).

Las siguientes dos crónicas de prensa, dan cuenta de ello:

Continúa Taborda, refiriéndose a las experiencias radiotécnicas de Francisco Giordano…


No era un autómata ciego de su pasión; no era esclavo de sus propósitos, aferrado a materializaciones arbitrarías; su espíritu saturado de romántica poesía era un bello espíritu radiante de luz y de color.

A él le debe Salto y la República el primer aparato receptor de las ondas hertzianas.

En el año 1913 con un sencillo aparato, construido por él mismo, recogió los mensajes invisibles del éter atraídos por la antena.

Y a su talento, también se debe, la construcción, en el mismo año de 1913, de uno de los primeros trasmisores de la voz humana. Fué él, quien conjuró en lo que le fué posible, por la perforación mecánica el peligro de la sequía en muchos de nuestros establecimientos rurales, emprendiendo entre el descreimiento y la desconfianza de mucha gente de nuestra campaña una cruzada salvadora.

En su taller fueron realizados, los primeros trabajos de galvanoplastia conocidos en nuestra ciudad.

Anuario de Salto, 1915.


A él se le debe la difusión de los recursos que la mecánica ha creado para la colaboración en las industrias; él impuso contra las tendencias retardatarias y contra prejuicios de la ignorancia, las esquiladoras mecánicas que resolvieron para las faenas de las esquilas, el problema de la rapidez y perfección del trabajo y la carestía e idoneidad del personal.

Giordano fué un hombre útil al Salto; útil no solamente desde el punto de vista de su personalidad tan rica en facetas de una creación expontánea sino por su claro talento dinámico y contagioso entusiasmo de gran trabajador.


Como recuerdo de él quedan muchas cosas nobles que perdurarán como ejemplo para nuestras futuras generaciones.

El hermoso edificio, de dos pisos, en el que funciona esta Broadcasting por la cual hoy lo recordamos con cariño, fué ideado y mandado construir por él como homenaje a nuestra ciudad que supo de sus penosos días amargos y de los claros y radiantes en que su esfuerzo alcanzó el triunfo de una posición desahogada y respetada.

Primer trasmisor de CWOI, Radio «Tribuna Salteña». Potencia 50 W. Posteriormente en pasó a ser CW23 Radio Cultural, de Salto.

Francisco fue hijo de Domingo Giordano. Lanzó Radio «Tribuna Salteña», con José Armando Invernizzi y Horacio Tafernaberry, que luego pasaría a denominarse Radio Cultural. Trabajó en Radio Carve de Montevideo, un año.

Continúa Eduardo S. Taborda en su libro «Salto de Ayer y de Hoy»:


El Sr. Francisco Giordano nació en el año 1874 en San Nicola de Arccella, Provincia de Cosenza.

Vino a Salto a la edad de 18 años en el 1892 y murió el día 26 de Setiembre de 1926 a la temprana edad, puede decirse, de 52 años.

Un episodio de la vida de Giordano que nos habla con elocuencia del esfuerzo e inteligencia en que moldeó su recia personalidad es el siguiente.


Cuando resolvió éste la construcción del edificio a que se hace referencia en esta crónica, él fué quien ideó y ejecutó sus planos y realizó el cálculo de la resistencia de los materiales a emplearse y con ellos se trasladó a Buenos Aires para que en los grandes Talleres Siderúrgicos del Sr. Pedro Vasena fueran ejecutadas todas las obras de hierro y acero que se emplearían en el edificio.

Una vez Giordano en Buenos Aires se entrevista con el Sr. Vasena y exponiéndole el motivo de su visita que es el de realizar en sus talleres las obras en acero y hierro para su edificio, le hace entrega al Sr. Vasena de los planos, memoria descriptiva y cálculos.

Éste los examina y después de un breve cambio de palabras de orientación y cortesía comercial, el Sr. Vasena le dice a Giordano que esos planos y cálculos tienen, para ser aceptados por la Casa, que ser sometidos a estudio por sus Ingenieros, que vuelva para su contestación, algunos días después.

Cuando éste vuelve por la opinión de los Ingenieros, el Sr. Vasenas, sin preámbulo alguno en la conversación entablada, le pregunta. ¿Es Ud. Ingeniero, Sr. Giordano?.

—No, —responde Giordano— soy apenas un aprendiz de mecánica…

Todo el material de acero y hierro empleado en la construcción del Sr. Francisco Giordano, luce la marca de fábrica de Pedro Vasena de Buenos Aires.

Fotocopia de un recibo extendido por Francisco Giordano a la Iglesia Parroquial en 1920, por diversas reparaciones (crucifijo, candelabro, pararrayos), que muestran su gama de actividad. (Fuente: «Suplemento Histórico Cultural 1998, Diario «El Pueblo de Salto», Salto).

En aquellos años veinte, la Guía Radio, de la Editorial Arbó en Buenos Aires, incluía a la estación CX1JA de F. y D. Giordano, con 10 W de potencia, ubicada en la calle Uruguay 635.


Obituario de Francisco Giordano publicado en Revista Telegráfica, Buenos Aires , Argentina, octubre de 1926.

D. Francisco Giordano

En la ciudad del Salto (R. O.), falleció el 18 de Septiembre¹ próximo pasado, el estimado comerciante y conocido industrial señor don Francisco Giordano.

Persona progresista en el más amplio sentido de la palabra, hombre de negocios activísimo supo pronto captarse generales simpatías en la localidad mencionada.

De nacionalidad italiano, llegó a temprana edad a estas tierras donde consiguió a fuerza de una laboriosidad y un tesón digno de encomio, bien pronto una cimentada reputación de verdadero hombre de valer.

Infatigable en su sed de saber, aprendiólo todo a base de propia experiencia y con la lectura de buenas obras, cuyos volúmenes llenaban su gran biblioteca.

Adquirió amplios conocimientos de mecánica, electricidad y arquitectura, conocimientos que supo aprovechar con rara inteligencia en la vida práctica, dando fe tic ello su hermosa casa, planeada y construida exclusivamente por él.

Y fue por esto que don Francisco Giordano buscó para sus momentos de descanso un entretenimiento adecuado a sus actividades predilectas, encontrándolo en su afición por la radiotelefonía.

Aficionado antiguo, comenzó ya en 1910 con el estudio de esta rama de la ciencia eléctrica y siguiendo paso a paso su evolución, llegó a ser uno de los más entusiastas y más preparados cultores do la radio en nuestro país.

Al apagarse ahora para siempre la ex 1000 del Salto, perdemos no sólo al buen amigo y al hombre de progreso industrial, sino que también al más ferviente propagandista y propulsor de la radio en el norte de nuestra república.

Pero ninguno de nosotros que haya conocido personalmente o por vía del éter a esta excelentísima persona, podrá dejar de recordar siempre con gran cariño y aprecio al que en vida se llamara don Francisco Giordano.

Ricardo Lüdecke (hijo).

En 1937, el «Álbum Centenario de Salto», le dedica los siguientes párrafos:


Nota ¹ Existe una discordancia en la fecha de fallecimiento. Taborda señala el 26 de setiembre y Lüdecke menciona el 18 del mismo mes.

Agradecimiento por las fuentes aportadas oportunamente a:

  • Mauro Edison Alves Tavano Da Silva, Salto, Uruguay. In memoriam.
Publicado en 1874, 1900s, 1910s, 1920s, 1926, Documentos, ephemera, Investigación, Los principios, Notas de prensa, pioneros, radio, Radio Aficionados, Radioafición, radiodifusión, Receptores, relato, textos, trasmisor, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

«Radio Mirror». (EE. UU., abril, 1938).

Publicado en 1938, Arte radiofónico, caricatura, EE.UU., ephemera, Humor radiotelefónico, Ilustración, micrófono, radio | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

«Desde esta altura los recuerdo a todos… (Alemania a Uruguay, tarjeta postal, 1929).

«Desde esta altura los recuerdo a todos y con el sombrero en la mano les saludo»

Novbre 9/929

Sta.
Maria Traverso
Calle Lima Nº 1374
Montevideo
Uruguay

Agradezco tu amable tarjeta
retribuyo tus saludos y cariños.
Te envío ésta con la fotografía
de la torre emisora de radio
telefonia, subí con ascensor hasta
donde indica esa cruzecita (sic)
pero la vista no me resultó mucho
debido que en esta época y sobre
todo de mañana hay siempre nebli-
na, pero con todo es bastante
interesante se domina toda la
ciudad de Berlin.
 
Besos y abrazos de
Jerónimo

  • Colección Archivo: Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS.
Publicado en 1929, Alemania, colección, Documentos, ephemera, Los principios, Montevideo, radio, tarjeta postal, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , | 2 comentarios

«Haz tu propia radio!» (Tijs Dorenbosch, Países Bajos).


Tijs Dorenbosch, Tee Dee, Time D., Carillonneur, (4 de abril de 1911 – 9 de enero de 1978, Países Bajos).

Tijs Dorenbosch oriundo de la ciudad de Den Bosch,
capital de la provincia de Brabante Septentrional, en el sur de los Países Bajos.
Tomó cursos en las Academias de Tilburg y Amberes. Publicó sus primeros cómics antes de la Guerra, que firmó con Tee Dee, TD, Tijs D. o Beiaardier. Por ejemplo, hizo ‘Sjefke Schrober’ en Engelbewaarder, ‘Henkie van ‘t groen Nest’ en Vernieuwesblad, ‘Pieternel’ en Witte Margriet y más tarde, en 1942, Heintje Hups en ‘Honkie’ en De Week in Beeld. ‘Heintje Hups’ reapareció en 1948-1950.

Dorenbosch cooperó en revistas como St. Janskloks (‘Engelientje’, ‘Job Zonder Kop’, ‘Helleveegje’), Thuisgezin, De Zondagmorgen, Dagblad Noord-Brabant en Zeeland y Stuiversblad (más tarde Okido).

Además, ilustró varios libros infantiles. En los últimos años de su vida, fue famoso por ‘Pauke Pruimedant’ y ‘Grootvader Tobias’, que aparecían semanalmente en Bosche Bisdomblad hasta su muerte en 1978. (Fuente).

Publicado en 1960s, 1970s, Arte radiofónico, Artistas, caricatura, ephemera, Humor radiotelefónico, Ilustración, radio, Radioescucha, Receptores, Reparación de radio | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario