«La edad heroica de la radio en Argentina». (Segundo Argos, 1928).

Algunos apuntes y muchos olvidos. – Los primeros conspiradores. – Las comunicaciones iniciales. Los records de distancia. Algunas anécdotas.

por Segundo Arcos.


Nos propusimos recoger todos los apuntes y notas dispersas sobre los primeros pasos de la edad «heroica» de la radio, como la denomina uno de sus actores, sin duda con el oculto propósito de que se le considere héroe.

Salieron reporters oficiales y oficiosos y entraron en las casas que encontraron abiertas pero la cosecha fué bien escasa. Nadie ha tenido la precaución de anotar fechas y los recuerdos que subsisten son los que registra la memoria de cada uno. Y se justifica.

Los apuntes y anotaciones son obra de personas serias, metódicas, reposadas, «sesudas», pero ¿qué puede esperarse de jovenzuelos o chiquilines que calzaban o embraguetaban pantalones cortos, como eran los iniciadores o los «héroes» de la radio en la Argentina?.

¡Qué podían anotar los hermanos Evers; cuando desarmaban los juguetes con motores que recibían de regalo, para saber lo que tenían dentro?. ¿Cómo podrían justificar en sus anotaciones la pretensión que tuvieron cierto día de hacer girar un molino con el motorcito de un ventilador de mesa?

¿Es posible acaso anotar los coscorrones recibidos por Martínez Seeber, Arechavala, Mujica, Guerrico y Romero cuando se les sorprendía con el destornillador en la diestra o calzando el cabezal telefónico, mientras los libros de estudio «descansaban» en el suelo?. Es pedir peras al olmo.

Los apuntes históricos que pensábamos ordenar y publicar son, seguramente, incompletos. Posiblemente en futuros artículos salvaremos las omisiones que involuntariamente aparezcan. Quisiéramos contar con la buena voluntad de los actores de aquella época antigua» (¡tres lustros escasos!) para que ellos mismos cooperen en la publicación de esos apuntes, para que nadie ignore los orígenes modestos de la radioafición argentina, base del portentoso desarrollo actual y cuna del comercio y de la industria argentina, especializada en ese ramo, que hoy mueve capitales de un volumen insospechado. Para que el público los conozca y para que los que hoy se benefician en cualquier forma sepan quienes abrieron el primer surco, probando a escondidas, hurgueteando y gastando cuanto centavo caía a sus manos.

Capitán de Navío Luis F. Orlandini. Primer presidente del Radio Club Argentino, ex-jefe del Servicio de Comunicaciones Navales, y amigo de todos los radioaficionados.

Lo que podríamos llamar la «edad heroica» de la radio en la Argentina, comenzó a fines del año 1915.

En octubre de ese año el ingeniero Teodoro Bellocq después de infructuosas tentativas consiguió su primera transmisión radiotelefónica entre Buenos Aires y el Tigre. El transmisor a base de chispa de alta frecuencia realizó la proeza de hacer vibrar los auriculares conectados a un primitivo receptor con detector de cristal, ubicado a unas decenas de kilómetros.

Así, silenciosamente, sin que la prensa registrase el acontecimiento, el éter de nuestro ciclo sintió por vez primera la armónica vibración de la voz humana. Nadie, ni sus mismos iniciadores, vislumbraron entonces la magnitud del desarrollo actual de las radiocomunicaciones.

Siguiendo las instrucciones del ingeniero Bellocq otros aficionados instalaron estaciones similares y entonces se constituyó el primer contingente de radio-aficionados argentinos, jóvenes todos, entre los que recordamos a Luis Romero, César Guerrico, Ignacio Gómez, Carlos Degiorgi, Horacio Martínez Seeber, Manuel y Rodolfo Evers, J. M. Arechavala, Miguel Mujica y luego otros cuyo número aumentó en proporción geométrica.

Señor Manuel C. Evers. Famoso chispero que se inició en la radio con pantalones cortos.

Se formaba entonces una única y cordial rueda sin antagonismos ni rencores. ¡Felices tiempos aquellos en que el prodigioso terrón de silicón o galena sensibilísima se repartía equitativamente entre los cofrades de la reducida hermandad radiófila!…

Los elementos escaseaban y los aficionados realizaban proezas para conseguir uno que otro condensador variable, auriculares, etc. Uno de los métodos adoptados consistía en encargarlos a los radiotelegrafistas de los buques norteamericanos que llegaban a nuestro puerto quienes, al regreso del próximo viaje, traían el material pedido.

Por este conducto se recibieron los primeros audiones «Audiotrón» que substituían en casos especiales al detector de cristal. La lámpara maravillosa hizo su presentación en nuestro país y corresponde a los aficionados el honor de ser quienes primero la utilizaron en la Argentina, anticipándose a las estaciones oficiales, siempre retardadas en la adopción de los perfeccionamientos técnicos. De las lámparas receptoras se pasó a las transmisoras. Los arcos o «chispas de alta frecuencia» fueron abandonados poco a poco.

En una tarde memorable, a principios del año 1920, se reunieron Mujica, Romero, Guerrico y Martínez Seeber en la estación de este último y tomando como base las indicaciones proporcionadas por revistas norteamericanas iniciaron la tarea de hacer oscilar una lámpara De Forest con 440 volts en placa.

Después de unas horas, el primer transmisor radiotelefónico a base de lámpara osciladora quedó definitivamente en funcionamiento.

La primera comunicación la realizó Martínez Seeber con Carlos Degiorgi quien no salía de su asombro al oir la voz del primero con una claridad asombrosa sin los ruidos clásicos del anticuado arco. La modulación se realizaba colocando el micrófono directamente en serie con la derivación a tierra.

Señor Horacio Martínez Seeber. Uno de los primeros y más rápido aficionado radiotelegrafista.

Y así llegamos a la fecha gloriosa del 26 de agosto de 1920. «Parsifal» de Wagner representada en el teatro Coliseo fué propalada por el éter.

Por primera vez en el mundo se transmitía una ópera por radio. La noticia se extendió como reguero de pólvora y la voz de orden «levante su antena» tuvo eco en millares de hogares. Se había iniciado la era del «broadcasting».

La idea de instalar un transmisor en el teatro Coliseo surgió en una reunión realizada por algunos aficionados en casa del doctor Susini; y así, sin otro propósito que el de llevar a la práctica una bella idea, «los muchachos del Coliseo» se dieron a la tarea de instalar un pequeño transmisor en una de las dependencias del teatro que funcionó por primera vez en la fecha mencionada con el consiguiente asombro de los pocos que pudieron disfrutar lo que entonces se consideraba algo fantástico.

Las transmisiones de los espectáculos del Coliseo continuaron en forma permanente y la potencia de su emisor que al principio era sólo de 5 watts fué aumentando con el consiguiente agradecimiento de los oyentes.

Señor Ovidio Carpinacci. Aficionado broadcaster de los primeros años.

Los entreactos de esas transmisiones eran amenizados por las transmisiones de selectos discos fonográficos efectuadas desde la estación de D. Juan Quevedo y D. Ovidio Carpinacci, quienes con su complaciente benevolencia mantenían activo el interés del oyente y contribuían al aumento de aficionados que se convirtieron luego en técnicos que hoy hacen honor a nuestra patria.

Es meritoria también en este sentido la labor desarrollada por D. Gino Bocci, propietario de la famosa estación «500» cuyos programas dominicales de broadcasting eran justamente apreciados en una época en que el éter sólo se hallaba poblado por las
pocas transmisiones de aficionados.

Señor Rodolfo J. Evers. Este hermano mellizo de Manuel, es también mellizo en aficiones: tiran en yunta.

Luego vinieron los broadcastings comerciales que hoy día llegan a saturar la atmósfera con sus fundamentales y armónicas de todas las frecuencias imaginables.

Otro hecho digno de destacarse en esta rápida mirada retrospectiva es la fundación del Radio Club Argentino, primera institución nacional que agrupó a nuestros aficionados coadyuvando al conocimiento mutuo de los mismos y al intercambio de ideas que dieron por resultado un mayor perfeccionamiento técnico individual.

El 24 de septiembre de 1921 se reunieron 39 aficionados con el propósito de llevar a la práctica la fundación de una agrupación radiófila.

Poco tiempo después quedó constituido el Radio Club Argentino cuyo primer presidente fue el entonces capitán de fragata Luis F. Orlandini, cuya actuación al frente del Servicio de Comunicaciones Navales en beneficio de los aficionados argentinos lo hizo acreedor de las más vivas simpatías por parte de nuestros «amateurs».

Tres de los cuatro muchachos del Coliseo: César J. Guerrico, Miguel Mujica y Luis Romero. Falta el Doctor Enrique T. Susini.

Pero volvamos a los primeros tiempos. En Buenos Aires no existían negocios de radio y sólo el Bazar Yankee y el rengo Mollajoli importaban de cuando en cuando, algo aplicable a los primitivos aparatos. La guerra europea había restringido la importación y el gobierno argentino, guardián celoso de su neutralidad, prohibió la erección de antenas. ¡Si fuera hoy!.

Una vez, los hermanos Evers entraron al Bazar. Querían comprar galena, pero no se atrevían a solicitarla. Cerca de ellos estaba un señor serio, imponente. Parecía «pesquisa» y ellos temían violar la severa disposición del gobierno. El señor los miraba, casi fijamente, mientras hablaba de radio, y ellos, con los libros bajo el brazo no sabían como ocultar su turbación.

Disimuladamente, ganaron la puerta y… «si te he visto no me acuerdo». Cuando se fundó el Radio Club Argentino, ese señor serio, imponente, fué elegido vicepresidente: era don Juan Quevedo.

Señor Jorge A. Douclout. Otro de los aficionados de la edad heroica. Sabía apagar el alumbrado público.

Y a propósito de sustos. Muchos y muy grandes ha ocasionado la radio a quienes quisieron descubrir sus misterios.

Recordando uno, de marca mayor, como se dice, experimentado por unos jóvenes que cierto día, hace algunos años, dejaron diez cuadras de una calle céntrica a oscuras, mientras la gente salía a puertas y balcones para averiguar lo que ocurría.

Tres estudiantes, que todavía eran «proyectos de aficionados», se pasaban las horas en clase, hablando de radio, caso bastante común hasta hoy. Uno de ellos, Jorge, tenía una revista francesa en que se anunciaba la venta de válvulas para radio!

Poco tardaron en encontrar el medio de hacerlas venir. Llegaron 10. En aquellos días era como tener 10 válvulas fotoeléctricas actuales o 10 automóviles Packard, o 10 cosas imposibles de conseguir. Se hicieron ensayos de recepción y hasta se llegó a probar el reciente circuito Armstrong: las estaciones de barcos llegaban claras y fué memorable la noche en que desde Flores se le dió la noticia a Martínez Seeber, por teléfono de línea, de que se le oía hablar con Mujica… ¡No podía ser tanto alcance… casi 9 kilómetros!.

Al poco tiempo Jorge, Guillermo y Alfredo se preparaban para ensayar un transmisor de cuatro válvulas. Naturalmente el aparato tenía cuatro enchufes para colocar las cuatro válvulas en paralelo, pero los ensayos se hacían con una válvula. ¡No sea el diablo que se fueran a quemar las cuatro en un descuido!.

Iniciados los ensayos en casa de Jorge sin resultado positivo, se llevó el aparato a casa de Guillermo, donde mediante un cable pasado entre las ramas de los árboles, se captaba la energía de la línea del alumbrado municipal… o sea la bonita tensión de 440 volts.

Los dos compañeros iniciaron los ensayos con toda precaución. Alfredo estaba indispuesto y en cama, lo que no le impedía estar recortando, con una tijera, las chapas para un condensador variable, en cuya fabricación era especialista. Al cabo de un rato y en vista del insistente capricho del transmisor en no oscilar a pesar de los 440 volts en placa, se resolvió, de común acuerdo, colocar las cuatro válvulas.

Las caras se inclinaron sobre el rebelde aparatito. Se colocaron dos… ¡nada!; se colocó la tercera… ¡nada!; se colocó la cuar.. . Pumm. Fssss.. . Una explosión bien modulada y la obscuridad perfecta envolvió a los tres futuros técnicos.

Al colocar la cuarta válvula se tocó el filamento con placa y se produjo el cataclismo.

Fueron los protagonistas de este ensayo: Jorge A. Duclout, de 17 años, Guillermo Guntsche, 18 años y 90 kg., y Alfredo Guntsche (casi como espectador), todos ellos actualmente bien conocidos en el ambiente radiotelefónico.

Allá por los años 1920, 1921 y aún en 1922, cuando los más «progresistas» habitantes de Buenos Aires terminaban de construir su aparato receptor o adquirían uno armado, herméticamente cerrado, quizás para ocultar mejor las pocas y ridiculas baratijas que encerraba, constituyendo en todo un perfecto «balurdo» (balumbo, según la Academia), se llamaba por teléfono, con toda familiaridad a Carpinacci, Quevedo o Gaete, con el eterno pedido: — ¿Quiere hacer el favor de pasar un disco para probar mi receptor?.

Y Carpinacci, Quevedo o Gaete, complacían de inmediato sin preguntar quienes eran, sin recordar siquiera que habían empleado su día pasando discos, reemplazados a ratos por miembros de sus familias.

¡Cuánta buena voluntad puesta al servicio de una bella conquista de la ciencia!.

¡Cuánta justicia en recordar a esos precursores, caballeros del ideal!.

El interior tenía también muchos aficionados de voluntad a toda prueba y su actuación merece señalarse con más informaciones y con más tiempo.

Señor Carlos Braggio. Prestigioso aficionado que con su 366 y CB8, conquistó los más ruidosos éxitos.

Don Carlos Braggio, con su famosa «CB8» o «366», merece más que un capítulo, toda una historia.

Verdadero campeón de los DX, fué el primer sudamericano que logró hacerse oir fuera de su patria primero y luego en otros continentes.

Su comunicación con el señor Antonio Cornish, de Valparaíso, el 24 de julio de 1923 en onda de 260 metros, fué una verdadera sorpresa y su comunicación bilateral con 2AC de Nueva Zelandia, todo un acontecimiento, bien justificado desde que alcanzó entonces el record mundial de distancia.

Los sábados por la tarde, domingos y días feriados, el teléfono de su casaquinta en Bernal, funcionaba incesantemente. Braggio satisfacía todos los pedidos, evacuaba consultas técnicas y elegía los discos que su interlocutor anónimo le solicitaba.

Un día de fiesta patria transmitió un programa netamente criollo, con una serie de canciones, cantadas por un aplaudido cantor nacional. El teléfono no calló un momento. Era interminable el llamado de los que querían felicitar a Braggio y una porteña, linda o fea, no sabemos, se deshizo en elogios «por su hermosa voz y por su habilidad en tocar la guitarra!.

Otro día de fiesta patria de Chile, el repertorio fué netamente chileno, incluso una canción pueblera muy en boga entonces y el himno nacional.

Cuando terminó el programa, a la 1 de la madrugada, un caballero, que secundaba las tareas del ministro de Chile en nuestro país, lo llamó por teléfono y después de agradecerle, vivamente emocionado, lo invitó a dar un ¡Viva Chile mie… hermosa patria!.

El lector amable sabrá disculpar las enormes lagunas que acaso note en este largo artículo, pero corto para decir todo lo más importante, escrito al correr de la pluma, sin prolijidad y sin método.

Si la tolerancia se manifiesta en alguna forma, si le gusta saber estas cosas tan recientes y tan antiguas a la vez, como la vertiginosa vida de la radio, volveremos a ocupar estas páginas con datos históricos, anécdotas y alacranerías de todo calibre.

Para terminar reseñaremos alguno de los hechos más importantes de la historia de la radio:

— La primer C. D. del Radio Club Argentino, fundado definitivamente el 21 de octubre de 1921, quedó constituida así: presidente: capitán de fragata Luis F. Orlandini; vicepresidente: don Juan Quevedo; tesorero: ingeniero Teodoro M. Bellocq; secretario: señor Rafael Mastropaolo; vocales: doctor Francisco López Lecube y señores Enrique T. Susini y César J. Guerrico.

Señor Juan Quevedo, [de bigotes], sentado a la derecha en compañía de uno de sus hijos y de los aficionados Blomberg y Frías, Fotografía obtenida eb el año 1921.

— En mayo de 1922 transmitían casi todas las noches alternadamente, los «muchachos del Coliseo», Quevedo y Carpinacci, y poco después Radio Cultura desde el Plaza Hotel con un pequeño transmisor. El de 500 watts fué inaugurado poco después.

— El 4 de septiembre de 1922 se realizó una audición pública de radiotelefonía en el teatro «Cervantes», organizado por la Sociedad Radio Argentina y con el objeto de demostrar al público las bondades de la radio.

— La primer comunicación radiotelefónica dúplex en la Argentina fué realizada en mayo de 1922 por dos de los muchachos del «Coliseo», César J. Guerrico y Miguel Mujica.

— En octubre de 1922 la General Electric C° inicia las transmisiones experimentales del primer transmisor de 1 kilowatt que funcionó después a cargo de la Radio Sud América.

La primer transmisión sensacional fue el desarrollo del match Firpo-Tracey, realizado en la cancha del Club Sportivo «Barracas» y poco después la lectura del primer mensaje presidencial del doctor Alvear.

Señor José M. Polledo. Otro de los incansables broadcasters aficionado.

— Una de las más potentes «broadcastings de aficionados» a fines del año 1922 era la del ingeniero Polledo.

— El 28 de marzo de 1923, probando su nuevo transmisor de 500 watts, Radio Cultura comunicó radiotelefónicamente en dúplex con la primer broadcasting brasileña, que poco después se inauguraba en Río de Janeiro.

—En septiembre de 1923 se inaugura en Buenos Aires la primera Exposición de artículos de radio y días después otra en la calle Bartolomé Mitre entre Florida y San Martín en la cual participaron, además de los comerciantes e industriales de aquel entonces, los Ministerios de Guerra y Marina, y la repartición de Correos y Telégrafos.


Fuente:

  • Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina. Setiembre de 1928.
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«73 cordiales, colegas».

Ignoto, desgraciado radioaficionado, despidiéndose al aire de sus colegas, que sufre de improviso el QRM intencional de la «primerísima». (Video que se ha hecho viral en Whatsapp).

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«Ciudades del Uruguay», (Aldo Solari, Cadena Andebu). (Uruguay, 1962).

«Ciudades del Uruguay», por Aldo Solari. Cara B del disco grabado en 1962 por la Editorial Antar, de Montevideo para ANDEBU, (Asociación Nacional de Broadcasters del Uruguay). Se propaló en la Cadena Andebu, espacio retrasmitido por sus radioemisoras afiliadas, vehículo “para la difusión cultural, social y de valores”.

«Visión auto complaciente del entorno urbano del Uruguay a principios de la década de 1960». (¹).


Agradecimiento:

  • (¹) Rodolfo Tizzi, Montevideo, Uruguay.
Publicado en 1962, Audios, colección, Documentos, gramófono, Montevideo, Notas de prensa, Onda Media, periodistas y locutores, radio, relato, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

«La vida y el trabajo en los campos», (Esteban Campal, Cadena Andebu). (Uruguay, 1962)

«La vida y el trabajo en los campos», por Esteban Campal. Cara A del disco grabado en 1962 por la Editorial Antar, de Montevideo, para ANDEBU (Asociación Nacional de Broadcasters del Uruguay). Se propaló en la Cadena Andebu, espacio retrasmitido por sus radioemisoras afiliadas, vehículo «para la difusión cultural, social y de valores».

«Una mirada idealizada sobre el Uruguay rural de fines de la década de 1950 junto a concepciones históricas propias de una visión auto complaciente del pasado». (¹)


Agradecimiento:

  • (¹) Rodolfo Tizzi, Montevideo, Uruguay.
Publicado en 1962, Audios, colección, Conferencias, Documentos, gramófono, Montevideo, Notas de prensa, Onda Media, periodistas y locutores, relato, Uruguay, Videos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Uruguay: «CXA 294 Río de la Plata, Frecuencia Modulada». (1965).

La Emisora Río de la Plata, fue la primera FM del Uruguay, y comenzó sus trasmisiones desde el barrio Palermo, en la ciudad de Montevideo. Su señal monofónica salía en la frecuencia de 106,7 MHz, con una potencia de 5kW. Inaugurada el  2 de mayo de 1960, recibió la característica CXA294.

Al tiempo, fue trasladada al barrio del Cerrito de la Victoria. Su característica cambió a CXA238 y su potencia aumentó a 10 kW, pasando a emitir en los 95,5 MHz. Desde 1977, se denominó Del Plata FM.

Inicio de trasmisiones de Del Plata FM, 95.5. Aviso de prensa publicado en el diario «El País» del viernes 19 de agosto de 1977, (Agencia de publicidad Emeka). «En el 95.5 Mhz del dial inicia sus transmisiones Emisora del Plata frecuencia modulada. El cambio real y positivo que usted esperaba en emisiones de F. M. Especializada en buena música cualquiera sea su ritmo. Con menos avisos y menos tandas. Para no indigestarse con palabras que no vienen al caso. En suma, una emisora pensada y realizada por gente que disfruta escuchando radio. Por ahora no vamos a adelantarle nada más. Esté atento. Escuche bien. Este sábado busque en su dial Emisora del Plata, frecuencia modulada. En serio… porque del otro lado está usted». El número 354.663 es el cálculo de potencial de oyentes basada en la encuesta de Marketing Asociados realizada en Julio del 77. El total de receptores de FM es de 134.756. Según estimaciones de Gallup el crecimiento es de un 34% anual». (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

Un artículo en la revista Corriente Alterna, Nº 457, de junio de 1965, revela sin embargo que hubo otras posibles«refundaciones» de la radioemisora, agregando algunos elementos descriptivos adicionales de interés , que se suman a los datos técnicos con que comienza esta entrada, y que fueran reseñados en el libro «La Radio y yo», escrito por el desaparecido técnico compatriota Alain Nuñez.

El día 3 de mayo de 1965 comenzó sus irradiaciones una nueva emisora de frecuencia modulada.

Los equipos con que cuenta la misma, fueron construidos totalmente en el país bajo la dirección del Sr. Vicente Prado, perteneciente a la firma Corvair.

Los mismos están compuestos por una unidad moduladora de frecuencia del sistema Serrasoide, seguida de distintas etapas multiplicadoras de frecuencia hasta llegar a la etapa final, que está compuesta por dos válvulas 4-250 A, con las cuales se obtiene una potencia de salida de 1.600 [W].

Todo este equipo está contenido en dos racks, uno de los cuales está compuesto por la unidad de frecuencia modulada, multiplicadores y excitador de la etapa final y en el otro está alojada toda la etapa de salida, con sus correspondientes fuentes de poder. Sobre esta misma está la salida coaxial que va directamente a un medidor de estacionarias y a un adaptador de impedancias.

Vista parcial del trasmisor.

En otro rack aparte se encuentran dos complicadas unidades de subportadoras, las cuales se podrán utilizar para música funcional o en la emisión de Stereo, que tanto furor causa, en EE. UU., vale decir, que en cualquier momento se podrán emitir tres programas diferentes sobre la misma portadora sin que se interfieran entre sí.

Como se podrá apreciar, esta emisora está compuesta por equipos que la colocan a la altura de las más renombradas emisoras de América en su tipo, y que con orgullo decimos se ha construido totalmente en el Uruguay, no quedando atrás en ninguno de sus detalles técnicos frente a equipos importados. La frecuencia de transmisión es de 106.7 megaciclos, correspondiente al canal 294 de la banda de frecuencia modulada.

El sistema irradiante es el comúnmente llamado tipo compuesta y en el que se obtiene una multiplicación de 4 veces la potencia, resultando la potencia pico irradiada de unos 6.500 Watts.

Se tiene prevista agregar mayor cantidad de elementos a dicho sistema para poder lograr una potencia mayor.
Como datos de emisión, debemos decir que se ha reccpcionado en forma satisfactoria en lugares como Punta del Este, lo que habla del rendimiento de dicho equipo.

Aquí en la ciudad, el plano omnidireccional del sistema irradiante se comporta según lo calculado, no existiendo zonas de menor intensidad.

En lo referente a sonido, se cuenta con una consola que posee un amplificador de programa, el cual está unido a la unidad de frecuencia modulada por una línea de 500 Ohms balanceada, y que tiene una respuesta de frecuencia de 20 ciclos segundo hasta los 100.000 ciclos segundo, con una acentuación de 50 ciclos de 12 db y en 15.000 ciclos de 15 db; además, cuenta dicha consola con tres entradas y correspondientes preamplificadores para tocadiscos, una para grabador de cinta, dos para micrófonos y 5 entradas auxiliares de línea; todos los atenuadores trabajan en alta impedancia.

Con respecto a programas, se ha llegado a una etapa de gran superación, contándose con una programación ágil y moderna, atenta siempre a las últimas novedades.

Las transmisiones se inician todos los dias a las 17 horas, finalizando las mismas a las 23 horas.

Dentro de esas seis horas se cuenta con los siguientes programas. Desde la hora de comienzo y hasta las 20.30, música para la juventud, compuesta por todos los más recientes temas editados por distintos sellos nacionales y extranjeros.

A las 20.30 horas, comienza un programa de 30 minutos, donde dos conocidos Disc-Jockeys irradian un muy interesante programa, el cual ha merecido el aplauso del público escucha.

Por supuesto, en una gran programación no podía faltar el informativo; el mismo se transmite a la hora 21, siendo su duración de 15 minutos, con una recopilación de las notas más sobresalientes del día, dando comienzo inmediatamente un programa que dura hasta el cierre de la transmisión, y que lleva como título “Música para ambientes”, estando constituido por grandes obras de famosos compositores.

Es el programa ideal para el amante a la música seria y que le llegará con todo su esplendor a través de la calidad de sonido que irradia dicha emisora.

Es alentador el ver cómo una gran masa de público hace llegar a través de llamadas por teléfono su voz de aliento a tan magna empresa, en una obra que se puede catalogar de pionera dentro de esta rama.

En lo referente a instalaciones, se cuenta con un estudio de 4,50 por 4,00 metros, una cabina de control y la sala de transmisión.

La locución, como así también la sección informativa está a cargo del señor Walter Denis; en los controles de consola se encuentra el Sr. Ricardo Visconti, y en la sección mantenimiento de equipo el técnico Sr. Osvaldo Rattaro.

Por cualquier consulta con respecta a dichas emisiones, gustosamente serán complacidas por el teléfono 4 94 97, o directamente en sus estudios, Lima 1777.

Creemos que con esta nueva estación que se agrega a la banda de Frecuencia Modulada, el Uruguay va en camino de su superación para ocupar el sitial que se merece dentro del ámbito radial de América».


Fuentes consultadas:

  • «La Radio y yo», Alain Nuñez, Montevideo, Uruguay, edición de autor.
  • CX A 294 Río de la Plata Frecuencia Modulada», artículo publicado en la revista «Corriente Alterna», Nº 457, junio de 1965. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).
  • «FM 95 Del Plata, historia».  (Visto el 27 de julio de 2021).

https://radios-online-uruguay.com/del-plata

 

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El amor tiene cara de mujer. (1964-1971).

«En el mismo horario que «Perdidos en el espacio». Una guerra con mi madre!. (Jorge).

«Yo tenía 6 años cuando la daban,no me dejaban verla». (Cecilia).

«Recuerdo haberla escuchado por radio con mi abuela. En un instituto de belleza trabajaban estas mujeres. Y las historias personales de cada una, se iban desarrollando y entrelazando mientras avanzaban los capítulos. […] Yo era una gurisa y vivía en el Interior». (María Mercedes).

«¡Fantástica novela!. ¡Conozco hombres que también la miraban!!». (Maggie).

«Que tiempos aquellos yo era chica y cuando empezaba la novela silencio total era la cita de mi abuela y mamá. Yo la miraba un poco. Pero lo tengo registrados en mis recuerdos». (Cecilia).


Barbara Mujica, Iris Lainez, Delfy de Ortega, Angélica López Gamio. (Tarjeta publicada en la revista Canal TV). (Fuente).

Perduran, sí, esos recuerdos para esta telenovela que se produjo en la Argentina y se emitió en varios países de América Latina.

Comenzó a emitirse en la televisión en blanco y negro en 1964, por Canal 13 de Buenos Aires. Fue tan exitosa que se extendió hasta 1970.

Dos nuevas versiones, además de su original, se hicieron en ese país: la primera en 1975 y la segunda en 1993, esta última bajo producción de la filial argentina de Televisa.

“El amor tiene cara de mujer” recibió dos premios Martín Fierro en 1965, como «Mejor Teleteatro» y como «Mejor autor».

Bajo la pluma de Nené Cascallar en “El Amor tiene cara de mujer”, las mujeres toman la posta para hablar de sus penas y alegrías a través de cinco generaciones, representadas por Delfy de Ortega, Bárbara Mujica, Claudia Lapacó, Iris Láinez y Angélica López Gamio, que se cruzaban, todos los días a las 13, en un centro de belleza. (¹, ²).

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Iris Láinez, Erika Wallner, Bárbara Mujica, Norma Aleandro, en uno de los elencos protagónicos de la telenovela. (Fuente).

En el elenco, numeroso por cierto, se destacaron también: Norma Aleandro, Arnaldo André, Jorge Barreiro, Rodolfo Bebán, Rubén Green, Virginia Lago, Federico Luppi, Ana María Picchio, Sergio Renán, Norberto Suarez, Evangelina Salazar y Soledad Silveira, entre otros.

Cuatro mujeres de diferentes edades, estado civil y extracto social conviven en un mismo lugar de trabajo: el instituto de belleza propiedad de Vanesa Lerteau (pron. Lertó). La vida, familia, amores y desamores de las cuatro mujeres es el nudo central de este intenso teleteatro. (¹).

El drama dirigido por Edgardo Borda y Osías Wilenski y producido por Jacinto Pérez Heredia contaba con el auspicio de la marca Pond’s de cosmética femenina. (¹).

De izq. a der., vemos a Angélica López Gamio, Delfy de Ortega, Claudia Lapacó, Bárbara Mujica e Iris Lainez, protagonistas de «El amor tiene cara de mujer», junto a Edgardo Borda, director de esa telenovela que emitía Canal 13, de Buenos Aires, año 1964. (Fuente).

En Uruguay, se trasmitió por el Canal 4 de Montevideo.

Mención especial merece la música de presentación que identificaba el programa.

Incorporaba «Portrait of a Piano», («Retrato de un piano»), una magnífica compuesta e interpretada por Bill Butler.

Se le agregó un coro, y le seguía la impecable locución de Juan Carlos Aguirre. La introducción resultaba no sólo atractiva, sino majestuosa y al mismo tiempo delicada.

Esta es la característica musical utilizada en la introducción del teleteatro.

También se produjo para radio. Pero no se emitió por ninguna emisora de Buenos Aires, según recuerda el memorialista, docente, locutor y hombre de radio, don Luis Di Sarli:

En Capital no se dio. Salió en varias provincias y Latinoamérica y seguro que sí en Uruguay… No, en radio de Buenos Aires.

Esto fue confirmado por el querido «Tano» Roberto Siciliano quien fue el operador y compaginador de la novela.

Se grabó en un estudio privado. Me contaba que era tal la cantidad de obligaciones que tenían los protagonistas, especialmente Bebán y Mujica, que los grababa a ellos en cinta aparte y luego compaginaba con todos esas partes… ¡un lío bárbaro!

Presentación del Capítulo 1 de la producción radial. «El Amor tiene cara de mujer». «Gran Teatro Pond’s». Con Bárbara Mujica, Iris Láinez, Delfy de Ortega, Angélica López Gamio, Rodolfo Bebán. Colaboran:Enrique Kossi, Sergio Malbrán, Oscar Rovito, Virginia Ameztoy, Gloria Lopresti, Luisina Brando, Oscar Martens. Relator: Juan Carlos Aguirre. Dirección: Luis Pérez Aguirre. Autor: Nené Cascallar.

Hecha al molde de la crema auspiciante, que le va como anillo al dedo, o mejor dicho, como crema a la cara, destacan las actrices y sus voces, la belleza de la recordada Mujica, la caracterización misteriosa que describía a Delfy de Ortega;

Hoy, en la perspectiva que dan los años, se hace revelador un estilo donde la delicadeza, la finura, la elegancia, eran el imán que atraía a la teleaudiencia de aquella época, la de aquella televisión, del blanco y negro.

«El deseo de estar más hermosas, la ilusión de aparecer bellas ante el hombre que nos quiere, la felicidad de sentirnos admiradas y comentadas, es un imperativo vital en la vida de todas las mujeres. […] Toda mujer, linda o fea, rica o pobre, joven o no, tiene derecho a exigir de su físico lo más y lo mejor que este pueda darle»[…] «para conseguir que el hombre que las quiere, o el que va a quererlas, las encuentre siempre a la altura del ensueño; y además de amarlas, pueda admirarlas y vivir perrmanentemente enamorado de ustedes. ¿No les parece buena y hermosa la tarea que vamos a cumplir?» son las propias palabras de Vanesa, la propietaria del centro de belleza.


Fuentes utilizadas:

Agradecimiento especial a:

  • Luis Salerno (Luis Di Sarli), Buenos Aires, Argentina. Locutor Nacional desde 1971. Locutor-Redactor del informativo de LR1 Radio El Mundo, 2001/2018. Profesor de talleres de Radio y TV y de Historia de los Medios Universidad Nacional de la Matanza (UNLaM) 1998-2015, Trabajó en LR9 Radio América 1983 y 1989/1990, CVN 1990/1997, América 2 1997/1998. En LS10 Radio del Plata 1976/1985. En LR3 Radio Belgrano 1985/1988. En LRA1, Radio Nacional, Buenos Aires 1981/1989. LS5 Radio Rivadavia, 1972/1976. Trabajó en Agencias de Publicidad, Canales de Televisión, Radios.
Publicado en 1960s, 1964, 1970s, actor, actriz, Argentina, Artistas, Audios, cortometraje, ephemera, Música y canciones, Montevideo, periodistas y locutores, Publicidad, telenovela, Televisión, Uruguay, Videos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 3 comentarios

Un receptor «lo más barato posible». (1923).

No hay duda que oír hablar y escribir cartas e informes todo el día, que tratan de válvulas, transformadores, antenas, longitudes de onda, etc., sin tener la menor idea de su uso y su significado, no sólo no es interesante sino hasta aburridor.

Tal es lo que le acontecía a la señorita M. Zaini, secretaria privada del señor C. H. Nance, representante de la Radio Corporation of America y uno de los directores de la Radio Sud América.

Aunque la lectura y estudio de los numerosos libros sobre la materia le ayudaban a hacer más comprensible el sentido de lo que le tocaba escribir, no alcanzaba a darle toda la información que deseaba por lo que decidió hacer por sí misma un receptor.

Pero en el costurero de una señorita no es común encontrar ni serruchos ni destornilladores, ni berbiquíes, herramientas que se consideran generalmente necesarias para la construcción de un receptor.

Lo único que el costurero de la señorita Zaini contenía y que podía servir para tal cosa, era una tijera y un cortaplumas y aunque parezca mentira ninguna otra herramienta es necesaria.

La prueba la tenemos en el dibujo en perspectiva que muestra el aparato completamente concluido y llenando su cometido a las mil maravillas. Como creemos que la descripción de este aparato y la forma de construirlo ha de ser interesante para muchos, pedimos a la señorita Zaini que lo hiciera, a lo que accedió amablemente. Ahí va:

Las dos bobinas «Spider web» son de cartón de 11 centímetros de diámetro en cada una de ellas. Se hicieron once cortes de tres y medio centímetros de profundidad.

En la forma indicada en B,  figura 1, se arrollaron cuidadosamente, sin nudos ni ataduras, 30 vueltas de alambre de medio milímetro de espesor. El extremo interior de una bobina fue conectado al extremo exterior de la otra y las otras dos te quedaron libres a dos tornillos terminales marcados, «Antena» y «Tierra».

Otros dos tornillos terminales fueron atornillados sobre la tabla y conectados uno al tornillo marcado «Antena» y el otro al detector de cristal. El otro lado del detector está conectado al tornillo marcado «Tierra».

Mi antena consiste de un hilo de cobre de 30 m de longitud, qué parte de una azotea vecina y termina en la ventana de mi habitación, que está en el cuarto piso de un edificio.

El alambre de tierra está conectado a un caño de agua corriente. Antes de hacerlo, el caño fue raspado cuidadosamente y luego se arrollaron varias vueltas de alambre, de manera que el contacto fuera bien seguro. El alambre de contacto del detector es de cobre fino arrollado en forma de resorte.

Para sintonizar el aparato primero se hace tocar ligeramente el alambre con el cristal, luego se separan o acercan las bobinas hasta oír música y se vuelve nuevamente ajustar el alambre del detector hasta oír con la máxima intensidad. Cómo se verá el aparato no puede ser más sencillo.


Nota del Editor: Si se encuentra que el receptor no es muy selectivo, la intercalación de un condensador variable en serie con antena dará buen resultado.


Fuente:

  • Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, octubre, 1923. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).
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EE.UU.: Antes de que existiera la radio: cómo los fanáticos del béisbol seguían a sus equipos favoritos, 1912-1921. (Donna L. Halper).



Antes de que existiera la radio: cómo los fanáticos del béisbol seguían a sus equipos favoritos, 1912-1921.


Por Donna L. Halper (para el Comité de Investigación del Siglo de SABR -Sociedad para la Investigación del Beisbol Americano-).


Un fanático del béisbol de las grandes ligas en la década de 1910, vivíó en una época anterior a la llegada de la radio comercial.

Sin posibilidad de escuchar jugada a jugada en casa (y sin expectativas de que tal cosa fuera posible), tuvo Ud. que encontrar otras opciones cuando quisiera saber cómo le iba a su equipo favorito.

La mejor forma, por supuesto, era ir al estadio y ver el partido en persona, pero no todo el mundo podía tener tiempo libre en el trabajo; aún no existía el regimen de una semana laboral de 40 horas y en algunos trabajos era común dedicar 50 horas o más a la semana.

E incluso si tuviera un jefe comprensivo, con todo, habían gastos a considerar: según los estándares modernos, los boletos podrían parecer ser baratos (incluso los asientos de la Serie Mundial oscilaban entre 50 centavos y $ 3), pero hay que tener en cuenta que el salario promedio de un trabajador era mucho menor que lo que la gente gana hoy.

Por ejemplo, en 1915, el salario anual de los maestros en la mayoría de las ciudades era menos de $ 600, [1] y muchos otros trabajos pagaban no más de $ 700 al año. [2] Por lo tanto, asistir a un juego de pelota estaba reservado para ocasiones especiales.

Algunos fanáticos que no podían asistir en persona iban al centro y se reunían frente a las oficinas del periódico local, donde esperaban ansiosos las últimas noticias. Las ciudades más grandes a menudo tenían un grupo de oficinas de periódicos muy cerca unas de otras; en Boston y otras grandes ciudades, esta área a veces se conoce como la «Newspaper Row».

Se convirtió en un lugar para que los fanáticos socializaran, ya que todos se paraban en la calle frente a su publicación favorita, esperando buenas noticias sobre el juego.

Cuando el periódico recibía los puntajes más recientes de un telegrafista en el estadio, un vendedor de periódicos escribía la información en un tablero de anuncios, actualizándo cada entrada. [3]

Algunos periódicos también tenían a alguien con un megáfono anunciando las actualizaciones a medida que se recibían.

En cualquier caso, los fanáticos aplaudían cuando las noticias eran buenas, o expresaban su decepción cuando no lo eran.

Incluso en las ciudades pequeñas, los fanáticos sabían que su periódico local era un buen lugar para ir, ya que probablemente tenía un cable alquilado a United Press o Associated Press, los cuales transmitían los últimos puntajes de los estadios de béisbol de toda la región.

Pero aunque la mayoría de la gente de esa época sabía lo que era la telegrafía inalámbrica, incluso si no la usaban ellos mismos, probablemente no sabían cómo la información sobre el juego llegaba tan rápidamente de su parque local a su periódico local.

Una cosa que ayudó fue un código especializado, llamado Código Phillips, que utilizaron los servicios de cable; tenía abreviaturas para las palabras más utilizadas en eventos actuales, clima y deportes. Esto permitió a los telegrafistas de Associated Press y United Press transmitir las noticias con mayor rapidez. (Curiosamente, algunas de estas abreviaturas, creadas por primera vez por Walter P. Phillips en 1879, siguen vigentes hasta el día de hoy en las redes sociales, por ejemplo, POTUS para presidente de los Estados Unidos y SCOTUS para la Corte Suprema). [4]

Los telegrafistas también tenían abreviaturas relacionadas con el béisbol que podían usar al transmitir los resúmenes del juego: “Bob” se refería a una base en bolas; cuando ocurrió un cambio de tono, se transmitió como “Npf” (ahora lanzando para…); y como era de esperar, un árbitro se abrevió como «árbitro». [5]

Los telegrafistas no se limitaron a limitarse a quién estaba ganando o quién cometió un error.

También podrían describir las emociones de los fanáticos en el parque: tal vez hubo una gran emoción («gx»), o los fanáticos pensaron que una jugada era maravillosa («wdf»), o si el equipo estaba jugando mal, los fanáticos podrían reaccionar desfavorablemente ( «Ufby»).

Por supuesto, a menudo era imposible para los fanáticos esperar en el edificio de un periódico, lo que significaba que su única otra opción era comprar una copia del periódico.

En 1915, los periódicos publicaban ediciones de mañana, mediodía, tarde y noche; y si hubiera un gran evento deportivo (como una Serie Mundial), incluso hubo una edición nocturna con los puntajes más recientes, y cuando hubo lo que hoy llamamos «noticias de última hora» sobre una historia importante, podría haber un edición especial llamada «extra».

Ya fuese que hubiera pasado el rato en la «Newspaper Row» o hubiera comprado el último periódico en su quiosco local, esperar los puntajes y los resúmenes de los juegos era solo una parte de la vida de aquellos fanáticos que no podían estar presentes en el estadio de béisbol.

Pero desde 1912 en adelante, existía otra opción, aunque todavía no era ampliamente conocida o utilizada.

Había un número creciente de operadores radioaficionados, la mayoría de los cuales todavía se comunicaban por código Morse, aunque algunos ya estaban experimentando con la voz.

Y algunos de estos entusiastas de la tecnología inalámbrica también eran fanáticos del béisbol.

Llegaron a conocer a los telegrafistas que transmitían los informes del juego desde los estadios locales, y siempre que hubiese información para compartir, la enviaban a sus amigos.

Sin embargo, esta estrategia funcionó solo si los amigos también tenían un receptor; afortunadamente, a lo largo de la década de 1910, más personas se involucraron con la tecnología inalámbrica, mientras que otros tenían un miembro de la familia que podía darles la puntuación.

En tanto, en los campus universitarios, los aficionados se estaban convirtiendo en un conducto de información para sus compañeros fanáticos de los deportes. Por ejemplo, en Tufts College en Medford, Massachusetts, la Tufts Wireless Society, que hizo su debut en enero de 1912, pronto se hizo conocida por transmitir los últimos resultados de fútbol y béisbol. Durante la Serie Mundial de 1912 entre los Medias Rojas y los Gigantes de Nueva York, las puntuaciones y las actualizaciones se recibieron y luego se publicaron en Robinson Hall, sede del Departamento de Ingeniería. [6]

Los estudiantes de otras universidades también aceptaron el papel de mantener informados a sus compañeros (y profesores): en el verano de 1915, algunos estudiantes del Instituto de Tecnología de Massachusetts asistían a un campamento en Maine.

Al no tener fácil acceso a un periódico local, recibieron los titulares de las noticias más recientes y los resultados de béisbol por radio y los publicaron en un tablero de anuncios para que todos los leyeran. [7]

Y no fue solo en los campus universitarios donde esto sucedió: un aficionado de Nueva Jersey llamado Fred Dennis instaló equipos inalámbricos para aficionados en su casa, lo que le permitió recibir información actualizada sobre la Serie Mundial de 1915; se aseguró de compartir las últimas noticias con sus amigos y vecinos, que sin duda apreciaron [8].

De hecho, a lo largo de 1915-1916, parecía que casi todos los meses aparecía otro artículo de periódico o revista sobre un aficionado que estaba ayudando a los aficionados locales a seguir a sus equipos favoritos.

En 1916 hubo incluso una colaboración interesante entre un operador aficionado llamado Gustave Werner (cuyas letras de llamada amateur eran 1PH) y su periódico local, Lynn (Massachusetts) Evening News.

Werner era muy conocido en Lynn, una ciudad a unas 15 millas al norte de Boston. Miembro de la Liga de Radioaficionados de EEUU (ARRL), también fue bombero del Departamento de Bomberos de Lynn.

Werner ya había usado la tecnología inalámbrica para notificar a su jefe de bomberos cuando vio un incendio químico a principios de marzo de 1915, [9] pero en una nota más ligera, hizo arreglos con Lynn Evening News para transmitir los últimos puntajes de béisbol todas las noches: resultados del Juegos de la Liga Nacional, Americana y del Este.

Werner dijo a la prensa que su estación tenía un radio de aproximadamente 30 millas, y tan pronto como el periódico recibiera las partituras de Associated Press, las pondría a disposición alrededor de las 6 de la tarde [10].

Aún así, aunque la Radioafición estaba transformándose en fuerte comunidad en algunas ciudades, la persona promedio probablemente tenía poca familiaridad con ella, a menos que un amigo o familiar tuviera un receptor.

En esa década antes de que apareciera la radio comercial, la mayoría de los fanáticos confiaban en el periodismo impreso para mantenerse al día con su equipo favorito; la mayoría de las ciudades importantes tenían más de un periódico (Boston en la década de 1910 tenía ocho), y cada ciudad tenía sus propios periodistas deportivos locales populares que no solo hablaban de victorias y derrotas; entrevistaron a jugadores locales y dieron a los fanáticos más información sobre su equipo favorito.

Los periodistas también hicieron un buen uso de la información que recibieron por radio.

Después de todo, esto era todavía un tiempo antes de los viajes aéreos, cuando los jugadores de béisbol, escritores y fanáticos confiaban en los trenes para ir del punto A al punto B. (Conducir no siempre era práctico: incluso si podía pagar un automóvil, muchas ciudades carecían de buenas carreteras y la velocidad máxima del Ford Modelo T de 1915 promedio era de aproximadamente 40 mph, lo que significaba que llegar a su destino podía llevar un tiempo).

Por eso, los telegrafistas que enviaron los informes de los partidos a los periódicos afiliados fueron un salvavidas para los periodistas de béisbol, ayudándoles a mantenerse al día con las carreras por el banderín y descubrir cómo les estaba yendo a los equipos en ciudades remotas, y haciendo posible proporcionar a los lectores informes de todas las ligas mayores y menores.

Associated Press, consciente de que el interés por el béisbol era intenso, especialmente en la época de la Serie Mundial, siguió mejorando su tecnología para que los resultados llegaran más rápido y llegaran a más lugares.

Para 1918, los ingenieros de AP habían instalado un circuito telegráfico de más de 30.000 millas, 500 millas más que en 1917. [11]

Y el principal competidor de AP, United Press, también estaba mejorando y expandiéndose; UP incluso colocó anuncios en periódicos locales para afirmar que sus transmisiones de puntajes de béisbol eran más rápidas y precisas que las de otros servicios. [12]

Algunos periódicos decidieron no optar por uno u otro: en Topeka, Kansas, el State Journal declaró que su cobertura de béisbol era la mejor de la región porque hacía uso de ambos servicios [13].

Vale la pena señalar que si estuvieras presente durante el nacimiento de la radiodifusión comercial, no lo habrías llamado «radio»; los términos más comunes para lo que estabas escuchando eran «teléfono inalámbrico» o «radio teléfono», [«wireless» en inglés], y algunos los periódicos combinaron los dos en «radioteléfono». Y en lugar de «transmisión», el término «envío» era más común; una estación de radio a menudo se llamaba «estación emisora» en esos años de formación.

Además, los receptores de radio aún no se estaban produciendo en masa. Si quisiera uno, habría tenido que construirlo usted mismo (o encontrar una persona con conocimientos tecnológicos para que lo hiciera por usted).

Y eso nos lleva a 1920.

Pero antes de que la radio comercial hiciera su debut ese año, en Detroit (8MK), Medford Hillside, Massachusetts (1XE) y Pittsburgh (8XK, que pronto se conocería como KDKA), las estaciones de aficionados y las estaciones universitarias continuaron proporcionando puntajes y actualizaciones.

En mayo de 1920, la 8YI de la Universidad de Pittsburgh enviaba puntajes de béisbol todas las noches. [14]

De hecho, varios meses antes de que KDKA se convirtiera en la primera estación en ofrecer una transmisión de béisbol en vivo por radio, la estación pionera de Pittsburgh ya había estado transmitiendo puntajes y actualizaciones. [15]

Pero la transmisión de un partido de béisbol en vivo cambió todo para los fanáticos.

Escuchar puntajes y actualizaciones era una cosa, pero escuchar jugada a jugada real, expresada por un locutor que estaba en el estadio, era algo completamente diferente.

En 1921, solo una pequeña cantidad de estaciones comerciales estaban al aire, y las personas que pudieron escucharlas se sintieron afortunadas de estar a la vanguardia de algo tan asombroso. De hecho, si estuvo leyendo sobre la radio comercial en esos primeros años, los adjetivos como “mágico”, “maravilloso” y “asombroso” eran bastante comunes.

La radio fue el primer medio de comunicación de masas en llevar a los oyentes a un evento en tiempo real, algo que pocas personas habían creído posible.

Pronto, la «locura de la radio» barrería el país y surgirían nuevas estaciones de costa a costa.

Pronto, muchos eventos deportivos, incluido el béisbol, se escucharían en ciudades de todos los tamaños.

Pero en el verano de 1921, aquellos fanáticos que tenían sus propios receptores no sabían lo que les depararía el futuro.

Sin embargo, sabían que estaban al borde de una gran aventura y que la radio los llevaría allí.


Notas

[1] “Teachers’ Salaries and Cost of Living ”, Asociación Nacional de Educación de los Estados Unidos, julio de 1918: 43.

[2] “The Life of American Workers in 1915”, Monthly Labor Review, Bureau of Labor Statistics, febrero de 2016. https://www.bls.gov/opub/mlr/2016/article/the-life-of-american -workers-in-1915.htm.

[3] «Bob Dunbar’s Sporting Chat», Boston Journal, 11 de octubre de 1913: 9.

[4] “Messages by Code”, Dallas Morning News, 22 de febrero de 1903: 9.

[5] “The Phillips Code”, Boston Herald, 26 de marzo de 1922: 6D. En un esfuerzo por promover el código Phillips como un método útil para cualquiera que necesitara tomar notas, el Herald reimprimió las abreviaturas originales y varias actualizaciones durante todo ese mes.

[6] «Tufts’ Wireless Station «, Boston Globe, 16 de febrero de 1913: 25.

[7] «Wireless at Massachusetts‘ Tech ’Camp», Electrical Experimenter, agosto de 1915: 287.

[8] “Fair Haven News”, Daily Register (Red Bank. Nueva Jersey), 13 de octubre de 1915: 11.

[9] “El bombero se enteró del incendio por radio”, Boston Globe, 2 de marzo de 1915: 6.

[10] “Baseball Scores by Wireless”, QST, junio de 1916: 125.

[11] “A 30,500 Mile Telegraph Circuit”, Electrical Experimenter, enero de 1918: 600.

[12] Anuncio en el Daily Gazette (Salina, Kansas) 9 de octubre de 1919: 1.

[13] “Cable directo a Topeka”, State Journal (Topeka, Kansas) 1 de octubre de 1919: 1.

[14] C.E. Urban, «The Radio Amateur», Pittsburgh Gazette-Times, 16 de mayo de 1920: Sección 6, 2.

[15] “Market by Wireless, Direct to the Farm, Is Service Now Offered”, Echo (Ligonier, Pensilvania), 25 de mayo de 1921: 1.


Tomado de:

  • «Before There Was Radio: How Baseball Fans Followed Their Favorite Teams, 1912-1921». Donna L. Halper, publicado en SABR Century Research Committee, EE.UU. (Traducido  y ligeramente editado al español por Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

Donna L. Halper, es una historiadora de medios, de Boston, Massachussetts, EE.UU., consultora de radio, profesora, autora de seis libros y muchos artículos. Descubrió el grupo de rock Rush «y ¡hemos sido amigos durante más de 40 años!» (Fuente).

El SABR’s Century Research Committee (Comité de Investigación del Siglo de SABR), de EE.UU. formado en 2020, es un centro de investigación para la investigación y las actividades de SABR para conmemorar los aniversarios de hitos importantes en la historia del béisbol. (Fuente)

Publicado en 1910s, 1912, 1920s, 1921, 2021, Código Morse, deporte, EE.UU., Investigación, Juego, Los principios, Notas de prensa, periodistas y locutores, Radio Aficionados, Radioafición, Radioescucha, radiotelegrafía, Receptores, textos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

Miniaturas radiales (1923), (2016).

Un pequeño receptor de galena. Este pequeño receptor, encerrado en una pequeña caja de cerillas, está muy en boga, actualmente en Estados Unidos. Tiene dos ojales A y B para conectar la antena y la tierra; los dos ojales E y Fpara conectar el teléfono; se regula retirando más o menos la cubierta de la caja, la cual separa o aproxima más o menos, las bobinas C y D. H es el punzón buscador y G wes el cristal de galena. (Revista Inalámbrica T.S.H., Año 1, Nº1, Diciembre 1924, Barcelona, España).

Que la radio aguza el ingenio es cosa sabida. No pasa día sin que alguna noticia nos haga pensar o reir.

Pérez hizo un altoparlante con una guitarra; García con un embudo; Diéguez fabricó un receptor con un sombrero de paja, Benítez con una caja de fósforos, Díaz con una caja de reloj, Méndez con una lapicera y el paciente Bertoldo lo está construyendo en el canuto de una pluma de canario, que ha de recoger, sin duda, el eco de los trinos.

Cualquier diario publicará mañana la fotografía del inteligente Bertoldo».


(«Interferencias». Columna de humor, por «Plumita», en «Revista  Telegráfica», Buenos Aires, Argentina, agosto de 1923).


En 2016, se construyó el receptor de radio más pequeño del mundo. Tiene bloques de construcción del tamaño de dos átomos. 

La radio está hecha en base a imperfecciones, defectos, a escala atómica, en el diamante.

«Esta pequeña radio, cuyos componentes básicos son del tamaño de dos átomos, puede soportar entornos extremadamente duros y es biocompatible, lo que significa que podría funcionar en cualquier lugar, desde una sonda en Venus hasta un marcapasos en un corazón humano». (Foto cortesía de Eliza Grinnell, fuente)

La noticia, publicada en 2016 reza lo siguiente:

Investigadores de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas (SEAS) John A. Paulson de Harvard  fabricaron el receptor de radio más pequeño del mundo, construido a partir de un conjunto de defectos a escala atómica en diamantes rosas.

Esta pequeña radio, cuyos componentes básicos son del tamaño de dos átomos, puede soportar entornos extremadamente duros y es biocompatible, lo que significa que podría funcionar en cualquier lugar, desde una sonda en Venus hasta un marcapasos en un corazón humano.

La investigación fue dirigida por Marko Loncar, profesor de Ingeniería Eléctrica Tiantsai Lin en SEAS, y su estudiante de posgrado Linbo Shao y publicada en Physical Review Applied.

La radio usa pequeñas imperfecciones en diamantes llamadas centros de nitrógeno vacante (NV). Para hacer centros NV, los investigadores reemplazan un átomo de carbono en un diminuto cristal de diamante con un átomo de nitrógeno y eliminan un átomo vecino, creando un sistema que es esencialmente un átomo de nitrógeno con un agujero al lado.

Los centros NV se pueden utilizar para emitir fotones individuales o detectar campos magnéticos muy débiles.

Tienen propiedades fotoluminiscentes, lo que significa que pueden convertir información en luz, lo que los convierte en sistemas poderosos y prometedores para la computación cuántica, la fontónica y la detección.

Las radios tienen cinco componentes básicos: una fuente de alimentación, un receptor, un transductor para convertir la señal electromagnética de alta frecuencia en el aire en una corriente de baja frecuencia, un altavoz o auriculares para convertir la corriente en sonido y un sintonizador.

 

En el dispositivo de Harvard, los electrones en los centros de NV de diamante son alimentados o bombeados por luz verde emitida por un láser. Estos electrones son sensibles a los campos electromagnéticos, incluidas las ondas que se utilizan en la radio FM.

Cuando el centro NV recibe ondas de radio, las convierte y emite la señal de audio en forma de luz roja. Un fotodiodo común convierte esa luz en una corriente, que luego se convierte en sonido a través de un simple altavoz o auricular.

Un electroimán crea un fuerte campo magnético alrededor del diamante, que puede usarse para cambiar la estación de radio, sintonizando la frecuencia de recepción de los centros NV.

Shao y Loncar utilizaron miles de millones de centros NV para aumentar la señal, pero la radio funciona con un solo centro NV, emitiendo un fotón a la vez, en lugar de un flujo de luz.

La radio es extremadamente resistente gracias a la estructura inherente del diamante. El equipo tocó música con éxito a 350 grados Celsius, aproximadamente 660 Fahrenheit.

«Los diamantes tienen estas propiedades únicas», dijo Loncar. «Esta radio podría funcionar en el espacio, en entornos hostiles e incluso en el cuerpo humano, ya que los diamantes son biocompatibles».

Esta investigación fue coautoría de Mian Zhang, Matthew Markham y Andrew M. Edmonds. Fue apoyado en parte por el Centro STC para Materiales Cuánticos Integrados.

La Oficina de Desarrollo Tecnológico de Harvard ha presentado una solicitud de patente provisional sobre la tecnología y está buscando activamente oportunidades de comercialización.


(Tomado de «World’s smallest radio receiver has building blocks the size of two atoms», por Leah Burrows, en  «News and Events», página de la Harvard John A. Paulson School of Engineering and Applied Sciences (SEAS), EE. UU. (Traducido por Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

 

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Uruguay: El «Radio-Luz». Una precursora red social por los cables del alumbrado eléctrico en Paysandú. (1923).

Corría el año 1923, y la radiotelefonía comercial, en Uruguay estaba cumpliendo su primer año de vida.

Ocurrió en  la pujante ciudad de Paysandú, del homónimo departamento del Uruguay, que a la sazón contaba con unos 30.000 habitantes o algo más, siendo la segunda ciudad de la República, segun ellos mismos; y la tercera, como dicen los salteños, sus vecinos del oeste, quienes quieren discutirle tan honroso título.

En el mes de octubre de ese año, 1923, el Señor E. Riano, el corresponsal de la publicación argentina «Revista Telegráfica» en esta ciudad del litoral uruguayo, escribía para sus colegas aficionados a la radio, relatando algunos «pasatiempos» relacionados con la telegrafía  común, la radiotelefonía, la telegrafía inalámbrica, y realizados estos entretenimientos mediante los cables del alumbrado eléctrico:

En esta urbe, pues, muchos aficionados a la ciencia moderna de las telecomunicaciones han tenido la feliz ocurrencia de formar algo asi como una nueva y curiosa empresa telefónica en la que todos hablan y nadie «paga», valiéndose para ello de los cables y líneas de la usina eléctrica local que penetran en todas las casas para el alumbrado. De ahí ha tomado su nombre más o menos apropiado de «Radio-luz».

Usina de luz eléctrica de Paysandú, en 1901. (Biblioteca Nacional del Uruguay, Colección Aníbal Barrios Pintos).

Durante el día las máquinas de la usina no trabajan, siendo, por lo tanto, el momento más favorable para manipular los cables. La distribución de la corriente es continua, trifilar, de 220 voltios. Los dos hilos extremos presentan entre si un potencial de 440.

En muchas casas se han instalado micrófonos y auriculares telefónicos comunes arrancados a viejos aparatos de telefonía alámbrica, con el fin de conversar, especialmente la gente joven, — transmitir música, discos, canto y declamaciones, imitando en algo a los centros de radiotelefonía.

La instalación de micrófonos y de los tubos telefónicos se realiza en una forma muy sencilla, según las figuras 1 y 2.

Para la recepción, figura 1, no se necesita ninguna batería de pilas; se toma una derivación de cualquier punto de la instalación interna a borna del teléfono; y la otra borna del mismo se une a tierra.

Para recibir de noche, que es cuando hay corriente en la línea, se busca por el procedimiento del vaso de agua [¹] el polo negativo del cual se saca la derivación conforme la misma figura 1.

El micrófono se instala según la figura 2. Durante el día, como en el caso anterior, se puede tomar una derivación desde cualquier punto de la línea del alumbrado y se conecta a un extremo del micrófono; el otro extremo al positivo de una batería de tres o más elementos de pilas secas y el negativo de éstas a tierra. Existiendo carga en los hilos se procede según figura 2.

Ambas estaciones, transmisora y receptora, se pueden acoplar conforme al esquema de la figura 3.

En esta singular instalación sumamente sencilla y económica se prescinde de la campanilla de llamada, estableciéndose generalmente la hora en que dos o más interesados quieren comunicarse o divertirse un momento.

Una gran dificultad para entenderse existe cuando muchas personas quieren hablar a un mismo tiempo, pareciéndose entonces la confusión a una olla de grillos, o a una fonda de negros en la que todos hablan a un tiempo y nadie se entiende.

Una nota característica es la de que todos los «abonados» en vez de llamarse por números, lo cual acontece muy pocas veces, lo hacen generalmente por nombres especiales, poéticos los unos, y otros ridículos.

A título de curiosidad, ahí van los nombres de algunas «estaciones: Gloria, Siempreviva, Pollo, Rayo, Mimosa, Pan Casero, Paraíso, Plesiosauro, Harapienta, Amigo, Media Rota, Pimpollo, Renacuajo, Relámpago, Pupila, Cardo Azul, etc., etc.

La utilidad y el atractivo del «Radio-luz» se puede apreciar cuando se transmite algún concierto musical y declamación.

Un señor, excelente y entusiasta radiómano, que posee una buena instalación de radio, coloca su alto parlante delante de uno de esos micrófonos para hacer oir así, por los hilos del alumbrado, a una infinidad de personas en sus domicilios las transmisiones de Radio Cultura de Buenos Aires.

Todos los poseedores de aparatos radiotelefónicos de la localidad pueden oir perfectamente las transmisiones y conversaciones del «Radio-luz», para lo cual es suficiente sacar la manija selectora fuera de los topes; o mejor todavía, colocar un dedo en el enchufe de la grilla de la lámpara detectora, aunque se tengan pasos de amplificación; y se aumenta en mucho la voz de la audición si, a un mismo tiempo, se sostiene entre los dedos cualquier hilo o cable aislado del alumbrado.

Pero, el modo más sencillo para oir perfectamente al «Radio-Luz» es conectar un hilo forrado al cordón de la lámpara eléctrica sin que haya unión metálica y luego unir el otro extremo al enchufe de la grilla a manera de antenela.

Se puede intercalar sobre este conductor un interruptor común para pasar rápidamente de las audiciones radiotelefónicas a las del procedimiento de que estamos hablando.

Varios aficionados de la localidad se valen de la línea del alumbrado para hacer ejercicios de telegrafía inalámbrica. Se conecta un teléfono como en la figura 1 para la recepción; y en vez del micrófono se instala una bobina Rumhkorff, y con óptimo resultado una bobina de auto Ford, intercalando un manipulador.

Débese unir un extremo del primario de la bobina a un cable de la línea del alumbrado y el otro a tierra, por dos conductores, según figura 4.

Los extremos del secundario se dejan libres; o sino se pueden unir mediante un oscilador y hélice a una antena y tierra y transmitir, a un mismo tiempo, por radiograma los ejercicios radiográficos realizados por los conductores del alumbrado eléctrico. En este caso de transmitir los signos Morse por los hilos de la luz, se forma uno la ilusión de que realmente está oyendo una estación inalámbrica.

Y me parece que los resultados prácticos se obtienen mejor así que trabajando con un buzzer a la vista.

Por de pronto, el «Radio-luz» ha ofrecido una gran ventaja a muchos, proporcionándoles la facilidad de familiarizarse con la corriente eléctrica, micrófonos, telefonos y bateria de pilas, a pesar de quemar algun fusible y de experimentar en los dedos alguna sensación no muy agradable.

Y estos «pasatiempos» llevan a uno a adquirir mayor número de conocimientos y por consiguiente al deseo de construirse sus propios receptores radiotelefónicos».

Paysandú, Octubre de 1923                                                E. Riano


[1] Nota de LGdS:  Sumergiendo uno de los bornes en un vaso de agua salada, aparecen pequeñas burbujas sobre el cable enchufado al polo negativo. 

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