Uruguay: «Un adelantado. José Tomás Rodríguez». («La Red Independiente», Melo, Cerro Largo).

«UN ADELANTADO».

«Cuando en Melo ni se conocía ni se hablaba de la TV de abonados por cable, el vecino José Tomás Rodríguez distribuía la señal que tomaba con una parabólica y mediante un cableado casero que había tendido por varias manzanas del barrio García.

Además cuando flaqueaba la señal por la extensión del cableado colocaba amplificadores y de esa forma llevaba imagen a los hogares.

Eso fue a fines del 80 y a principios del año 1990.

Aseguró que no cobraba, lo hacía porque siempre fue un aficionado de las telecomunicaciones.

Admitió que en algunas oportunidades los vecinos lo ayudaban para comprar los cables y forrarlos con membrana plástica«.


Fuente:

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«La Televisión». (Infografía publicada en «Billiken», Argentina, c.1994).

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Uruguay: «75 de «El Espectador». (Raúl Barbero, «Rebar», «Según pasa el tiempo», diario «El País». (1998).

Un pedazo de la mejor historia de la radiotelefonía en el Uruguay

75 de «El Espectador»

El aniversario que está celebrando CX 14
EL ESPECTADOR rebasa los límites
jubilosos de la empresa, y alcanza
singular resonancia en los anales de la
radiotelefonía uruguaya. El autor de esta
nota evoca con emoción, a los hombres
que alternaron en los albores de la
emisora, forjando los primeros eslabones
de una rica trayectoria que encuentra, en
su gente de hoy, eficaces continuadores.

Cualquier historia que se pretenda trazar de la radiotelefonía de nuestro país, tendrá que asignarle a Don Emilio un capítulo relevante. Junto a Don Claudio Sapelli y a los fundadores del Radio Club del Uruguay en agosto de 1922, Elena integró la primera legión de entusiastas cultores del invento que Guillermo Marconi legara a la posteridad allá por 1901.

Su temprana vinculación a la Compañía General Electric la permitió proveerse del material que la poderosa organización estadounidense comenzaba a distribuir por el mundo, en plan de expansión que incluía a la radio como nuevo y promisorio vehículo industrial, llamado a actualizar los métodos de la comunicación.

Instalada su filial en Montevideo sobre finales de la Gran Guerra —y dispuesta a retornar el ritmo de la paz con realizaciones que propendieran al progreso de la humanidad—la empresa convocó a jóvenes técnicos para que adhirieran a esa política; y así aparecieron un día por sus oficinas de la esquina de Uruguay y Ciudadela, Elena y Sapelli con excelentes cartas de presentación suscritas por docentes de probada autoridad.

Con Elena mantuvimos, por años, una cordialísima relación que al borde del mantel rotario se expresaba martes tras martes en los almuerzos del club montevideano. Supimos, entonces, de los comienzos de aquella broadcasting que por el año 1923 inició una trayectoria que se está festejando con el brillo que merece. Y quiso el destino que, a partir de 1931, los relatos de Don Emilio estuvieron asociados a pasajes de CX 14 de los que fuimos testigos, e incluso vivimos en muchos casos.

LA CASITA DE JOAQUIN REQUENA

Al entrar el decenio de los 30, la 14 era la GENERAL ELECTRIC. Fue el 15 de mayo de 1931 que la onda cambió su denominación por la de EL ESPECTADOR, aunque
previamente hubo un período relativamente breve en que, para ir aclimatando al público al nuevo nombre, la “estación” se anunciaba CX 14 EL ESPECTADOR GENERAL ELECTRIC.

Sólo medio año había transcurrido de esa fecha, cuando un día de noviembre del 31 (el 19, exactamente) por los caminos de la infancia llegamos a la legendaria casita de Joaquín Requena 3033, para conformar una audición dedicada a la niñez que pasaría a trasmitirse los jueves y domingos al mediodía, en un espacio de quince minutos integrado al programa “La Hora Meridiana” que dirigía Don Guillermo Millot, un notable tenor aficionado que con el seudónimo de “El Mirlo” deleitaba a la audiencia con las más exigentes arias operísticas o las más conocidas canzonettas italianas. Dos pianistas se alternaban en su acompañamiento: “Teddy” Lazcano y Juan Carlos “Pirulo” Barthe.

Lo curioso del caso era que, para secundar a un intérprete de tales géneros, se turnaban un fanático del jazz —‘Teddy”— y un devoto de la música típica —“Pirulo” Barthe— autor de la letra de “Gacho gris”, uno de los grandes sucesos del repertorio gardeliano.

No importa aquí lo que nosotros hayamos podido hacer, bien, regular o mal. A lo que vamos es a la evocación de los personajes que fuimos conociendo en los primeros años de EL ESPECTADOR, cuando varias audiciones se dividían el elogio popular por la capacidad de los valores que las conformaban.

“EL RADIO DIARIO’’

Fue un invento de Don Emilio Elena. Tuvo de reunir a unos cuantos elementos que venían destacándose en el periodismo de la época, y sentarlos frente a un micrófono para charlar de lo que se les ocurriera. Convocó primeramente a Juan Carlos Faig, un bancario que sobresalía en la prensa con sus comentarios humorísticos sobre el fútbol que ya se había consagrado por dos veces Campeón Olímpico, y en otra, Campeón Mundial. Con el seudónimo de “El Cojo Quiñones” aportaba una nota jocosa, por encima del dramatismo de una voz grave, hecha de madrugadas y tabaco. Luego de un lapso en que desfiló gente que luego sobresalió en Carve, el equipo de Radio Diario EL ESPECTADOR se consolidó con incorporaciones importantes que no tardaron en darle un perfil particular, de enorme receptividad.

La Troupe Ateniense había clausurado su cartelera teatral en 1930, y algunos de sus más famosos integrantes buscaron en la radio un nuevo cauce para su gracia. Víctor Soliño y “Lalo” Pellicciari marcharon a la 14 con uno de los grandes pianistas que tuvo el conjunto —el “Negro” Juan M. González, al que bautizaron “Carbonilla”— para cimentar un núcleo que se complementaría con dos periodistas de fuste: los hermanos Julio y Nebio Caporale Scelta.

La presencia de Vicente Basso Maglio se tornó fundamental. Poeta que se deslizó por la corriente renovadora de los ’20, podía “bajar a la Tierra” y trasladar su lirismo a los prosaicos asuntos del día, para tratarlos con fina ironía a través de un caricaturesco genovés —filósofo en frutas y verduras— que con el apodo de Barba Ghigin interpretaba magistralmente Lorenzo Balerío Sicco, posteriormente uno de los grandes broadcasters de prestigio continental.

Ahí empezó Luis A. Sciutto (“Wing”) su clase de lunfardía. Era el cronista del tablón que llegaba a la radio para cambiarse las alpargatas por brillosos charoles y volcar su prosa tamanguera con toda la riqueza conceptual del que había aprendido en las canchas, vistiendo la blusa alba, el lenguaje macho de las trenzadas bravias. Una lesión incurable lo radió de la actividad futbolera, para ubicar lo en el lugar de los “charletas» incomparables.

Llegaron otros puntos altos: un estudiante de Derecho, “El Pope”, luego el distinguido abogado Enrique Centrón: el maestro Mario Petillo, agudo censor como “El Comandante Perera”, el mercedario Ignacio Domínguez Riera, con el mote de “El Botija»… que no debía confundirse con otro botija —el pibe “Pirulo”— que Héctor Fígoli empezó protagonizando con el anticurrículum de un chiquilín travieso, callejero, y terminó convirtiendo al personaje en un ser humano excepcional, volcado a campañas sociales que beneficiaron a miles de niños con cruzadas del abrigo y la educación; fue el gestor de la “Escuela Pública abajo de la Olímpica”, una necesidad barrial qüe pudo satisfacerse gracias a su empeño y al eco que halló en la audiencia.

SOLIÑO Y LOS CAPORALE

La Troupe Ateniense había clausurado su cartelera teatral en 1930, y algunos de sus más famosos inte grantes buscaron en la radio un nuevo cauce para su gracia. Víctor Soliño y “Lalo” Pellicciari marcharon a la 14 con uno de los grandes pianistas que tuvo el conjuntó —el “Negro» Juan M. González, al que bautizaron “Carbonilla»— para cimentar un núcleo que se complementaría con dos periodistas de fuste: los hermanos Julio y Nebio Caporale Scelta. La parte de avisos y canciones en serio y en broma, quedaba a cargo de Luis Viapiana, el inefable “Chichilo” que exhibía con orgullo su antecedente de primer “speaker” que hubo en el país.

“La Hora Popular” cubrió, por años, el mediodía de EL ESPECTADOR. Alrededor del eje de “la solfa del día” por “Ladrillo” (Víctor Soliño) giraba un rico menú humorístico que “Pimentón” y «Pimienta» (Julio y Nebio,respectivamente) condimentaban mientras transcurría el almuerzo hogareño.

EL CIRCO AEREO

A poco de haber inaugurado CX 14 su nuevo nombre, surgió “El Circo Aéreo” a fines de octubre del 31. El dominador de la andariega “carpa” era “El Capitán Acreimlam” —Alberto D. Malmierca— que se rodeó de unos cuantos ejemplares “payasescos” que compaginaron un espectáculo que el público siempre imaginó entre trapecistas y “ecuyeres”, aún cuando todo se realizaba en el espacio limitado del estudio radial.

Por la “pista” desfilaron cantores, cancionistas, actores que estrenaban dos o tres sketches por noche, completando una función genuinamente revisteril que no dejaba segundo para el aburrimiento. Participamos del elenco por más de un lustro, y con él viajamos por varias localidades del interior de la república, donde los más populares personajes, (“Tristenia” y “El Niño prodigio”, representados por el propio “Acreimlam”: el Negro y el Comandante — Antonio Nípoli y Raúl Flores—) lograban estruendosas manifestaciones de aprobación por públicos que agotaban las localidades en cada presentación.

OTROS EXITOS

“La Hora del Tango” y “La Jaula Dorada”, eran programas del atardecer dedicados a las melodías en boga, fundamentalmente el tango y el bolero de mediados de los ’30.

Cualquiera fuese el cantante que actuare, allí estaban aportando su magia en el teclado “Pirulo” Barthe o Walter Alfaro. Dos verdaderos lujos como pianistas y como personas, que imponían su magisterio sin poses, trasmitiendo todo lo que sabían —que era mucho—para el lucimiento de los vocalistas.

Walter estará presente en las celebraciones de EL ESPECTADOR y como es su costumbre, este innegable talento dirá que fue un modesto colaborador de esta gran historia de 75 años que la gente de radio, especialmente, pero más que eso la ciudadanía toda, recibe con aplausos agradecidos, entre los que se mezcla el de “EL PAIS” con jubilosa sinceridad.


Publicado originalmente en el diario «El País», Montevideo, Uruguay. Lunes, 14 de Diciembre de 1998.

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«Oda a la Radioafición». (Autor: AI, ChatGPL, 2023).

¡Oh, radioafición, noble arte de la comunicación!
Que con tu señal cruzas los mares y la nación,
Con tu voz que viaja a través del éter,
Llevando mensajes de amistad tus antenas como blasón.

Desde los valles hasta las cumbres más altas,
Tu señal llega sin importar la distancia,
Con tu antena como un faro en la noche,
Guiando a los radioaficionados con su derroche.

En tus ondas llevas la la palabra y la ciencia,
mensajes de concordia internacional,
Y también en tiempos de emergencia,
Eres un medio vital para la supervivencia.

En la radioafición se encuentra la amistad,
Uniendo a personas de cualquier edad,
Con tus códigos y tus protocolos,
Haces sentir a todos como en su hogar.

¡Oh radioafición, qué gran afición!
Que con tu señal llevas la emoción,
De un mundo que se une en la distancia,
Gracias a tu magia y tu perseverancia.


El prompt fue: «Escribir un poema, como «Oda a la Radioafición», con rima.».
Se cambiaron algunas líneas, por no corresponder a las condiciones de funcionamiento del Servicio de Radioaficionados:

«Con tu voz que viaja a través del éter,
Llevando mensajes de amor y de fe. 

«En tus ondas llevas la música y las noticias,
Los deportes, la cultura y las alegrías,

La imagen, que presenta esta entrada, también fue generada por IA. El Prompt: «Genera una «imagen radioaficionado en su cuarto de radio».

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«La televisión nos reserva un nuevo mundo de maravillas». (Por Francisco Melgar, «Caras y Caretas», Buenos Aires, Argentina, 1937).

En Francia, René Barthélemy instaló en abril de 1935 un estudio de televisión en la Escuela Superior de Electricidad de París y utilizó la Torre Eiffel como soporte de la primera antena emisora. En pocos años (1935-1939) se adoptó el sistema electrónico. (Foto y cita)

La Exposición de París de 1937 fue un evento de gran importancia en el mundo de la tecnología y la innovación.

En esta exposición, se presentaron muchos avances tecnológicos de la época, incluyendo la televisión. Uno de los inventores que presentó su trabajo en la exposición fue René Barthélemy, un ingeniero francés que había estado trabajando en el desarrollo de la televisión electromecánica.

Izq.: Camara de 60 líneas, más tarde perfeccionada. Der.:René Barthélemy televisando con luz difusa y usando el sistema de disco Nipkow. (Crédito)

En la exposición, Barthélemy presentó una demostración de televisión en vivo que dejó a los asistentes asombrados. Su sistema de televisión utilizaba un disco Nipkow giratorio para capturar y transmitir las imágenes en movimiento a través del aire.

Este sistema había sido desarrollado por otros inventores antes que él, pero Barthélemy logró mejorar la calidad de la imagen y la estabilidad de la transmisión.

La demostración de Barthélemy fue un hito histórico en el desarrollo de la televisión. Hasta entonces, la televisión era vista como una tecnología incipiente y poco práctica, pero la demostración de Barthélemy demostró que la televisión podía ser una forma efectiva de transmitir información y entretenimiento.

La presentación de Barthélemy en la Exposición de París de 1937 ayudó a impulsar la televisión hacia una era de mayor desarrollo e innovación. En los años siguientes, se produjeron muchos avances en la tecnología de la televisión, incluyendo la transición de la televisión electromecánica a la televisión electrónica. La demostración de Barthélemy es recordada como un momento decisivo en la historia de la televisión y en la historia de la tecnología en general.


La crónica de este acontecimiento, llegó al Río de la Plata a través del periodista y escritor Francisco Melgar, publicada en el Nº 2020 del 19 de junio de 1937 de la revista «Caras y caretas», de Buenos Aires , Argentina.

Ya hay en París salas públicas donde se experimentan sus emociones.

Acaba de hacer su entrada oficial en el mundo parisino la televisión, último avance de los descubrimientos modernos, que un activo ministro de Correos se ha propuesto poner al alcance de todos.

La televisión, que aún está en sus primeros balbuceos, tiende así netamente a seguir las trazas de la radio. Dentro de un lapso de tiempo más o menos largo, se encontrarán en todas las esquinas aparatos receptores de televisión, lo mismo que se hallan hoy en todos los almacenes de electricidad aparatos receptores de radio. El primer paso está dado, y como dice un refrán francés, es el que más cuesta.

He tenido la curiosidad de responder a la invitación lanzada por el ministro francés de Correos, quien ha convidado a la población parisina a darse cuenta de que la
televisión es ya un hecho que pertenece al dominio de las realidades, y, a mi vez, me permito invitar a los lectores a que me acompañen a una de esas sesiones públicas de televisión, prometiéndoles que no perderán el tiempo.

Henos, pues, unos cuantos centenares o millares de personas, pisando el gris asfalto de esta calle estrecha en un domingo lluvioso. Hacemos cola para penetrar en una de las seis u ocho salas que han sido habilitadas para presentar ai público las primeras emisiones oficiales de televisión. Me entretengo en matar la espera escuchando las conversaciones de mis vecinos; son, por regla general, burgueses de París, gente de un nivel medio que aprovechan el ocio dominguero para alterarse de lo que es este nuevo invento del que se dicen tantas maravillas. Hay no pocos niños entre las filas prietas, que sin duda abrigan la ilusión no disipada por sus padres de que van al cine.

La mayor parte de los comentarios gira, como es natural, sobre el “misterio” que a pasos se está celebrando, ¿Cómo será el nuevo invento? ¿Qué tamaño tendrán los personajes? ¿Se oirá su voz? ¿Tendrá uno la impresión de encontrarse en el cine?

La espera de este público es paciente, ordenada; no hay empujones ni gritos de protesta. Todos saben que no pueden entrar a un tiempo más que una docena de personas y esperan la salida de los que han llegado antes, en cuyos rostros tratan de adivinar las impresiones recibidas.

Al cabo de una hora, entro con un grupo en la sala pequeña, sumida en una obscuridad discreta.

En el fondo, cerca de la pared, hay dos aparatos iguales, que dan la impresión exacta de dos grandes aparatos de radio; en la seda del altavoz hay una pantalla donde se mueven diversos personajes.

Las reducidas proporciones del telón sorprenden y desconciertan al espectador mal informado, pero éste no tarda en darse cuenta de que en el fondo del cofrecillo, en la placa blanca del oscilador, aparece en trazas temblorosas primero y luego más claras y netas, la exacta representación de unos seres humanos, que a varios kilómetros de distancia viven, se mueven y hablan.

Su voz aparece formidable si se la compara con las irrisorias proporciones de su cuerpo.

Los personajes, impasibles, muy ajenos a las emociones diversas que provocan en el ánimo de los espectadores, continúan sus evoluciones en gris y negro sobre el telón. El público escucha boquiabierto un trozo de canción, contempla absorto el comienzo de alguna danza, una exhibición cómica.

Observo en mis vecinos cierta decepción: ¡Conque eso era la televisión!

Familiarizados con las maravillas del sonoro, no exteriorizan admiración alguna. Les parece incontestablemente superior una sesión cualquiera de cine en los bulevares.

Se oye una voz imperativa: “Señoras, circulen; señores, hay que dejar sitio a los que esperan…”

El servicio de orden indispensable para tal caso nos ha permitido tan sólo una permanencia de unos minutos; son excusables los que no han tenido tiempo de comprender que acaban de asistir a los primeros, pasos de un descubrimiento llamado a transformar, en un tiempo que nó puede preverse, pero que seguramente no es muy dilatado, nuestras condiciones de existencia…

Y a mayor abundamiento, ¿quién duda de que ésta es la suerte común de la mayor parte de los grandes inventos?

Escucho la conversación de dos amigos que, a la salida, cambian sus impresiones:

Yo, mientras cuesten esos “chismes” diez mil francos, como dicen, pueden estar seguros de que no compraré ninguno…

A lo que replica atinadamente el compañero:

-—Te cuesta menos una sesión en el Paramount y ves mejor…

Ahora, aprovechando el inestimable privilegio, del periodista, para el que no existe puertas cerradas y muros de separación, llevaré al lector que haya querido acompañarme hasta ahora a la fuente misma donde se emiten las imágenes que acabamos de ver reproducidas en el telón mágico del aparato receptor.

Diversas películas cinematográficas nos han enterado de cómo es una sala de toma de vistas cinematográficas; bastará que nos reportemos con la imaginación a una de esas evocaciones para que tengamos la exacta imagen de lo que es ese estudio de donde parten las ondas emisoras de la televisión.

Pero, además de la cámara para la toma de vistas y de los consabidos sunlights o proyectores de gran potencia, montados sobre un puente móvil, comprende el estudio todos los perfeccionamientos de una sala dispuesta para la radiodifusión; revestimientos insonoros, micrófonos adecuados, cables de transmisión.

En este estudio se reúnen todos los artistas que van a prestar su concurso a las emisoras oficiales que contemplan los espectadores repartidos en media docena de salas de París.

Además de los artistas que han revestido para el caso sus trajes de circunstancias adaptados a la pieza que van a representar, hay varios invitados, ingenieros, periodistas, altos funcionarios del ministerio de Correos y telégrafos que se esfuerzan por desaparecer a lo largo de los muros.

Un gran rótulo ordena: “Silencio”, y los asistentes realizan esfuerzos verdaderamente meritorios para contener su lengua.

El artista o los artistas se colocan en el pequeño escenario rodeado de sunlights que, en conjunto, reúne una fuerza de cincuenta mil vatios, y entre los que aparecen enormes bocas de aereación, parecidas a las que se usan en los vapores, sin las cuales sería imposible resistir la temperatura de cerca de sesenta grados, que despiden los proyectores.

Para el que contempla a los artistas “televisados”, detrás del operador, la impresión no puede ser más curiosa; los sujetos adquieren colocaciones imprevistas; así, por ejemplo, para no aparecer en la pantalla con los labios completamente descoloridos, han de pintar previamente sus bocas de negro; para que la tez aparezca blanca, es preciso cubrir la cara y las manos de encarnado violento, mientras que las cejas y los párpados se tiñen de azul. Para la televisión, en efecto, rigen leyes fotogénicas implacables: los coloridos se resuelven en blanco y negro con una fantasía insospechada: el rojo se traduce en blanco, mientras que el negro da un gris difuso y el azul un negro más caracterizado.

Esta repartición imprevista de los coloridos da lugar a no pocas confusiones que provocan la risa y el asombro del espectador en el estudio. La imagen así recogida, según los cánones de la nueva fotogenia, se transmite a la sala de máquinas, desde la cual es retransmitida cómo una onda auditiva, gracias a la antena de la torre Eiffel.

Dos docenas de artistas han participado en esta emisión, que ha durado dos horas largas, dos docenas de artistas que han podido comprobar la exactitud de esta canción de Paúl Colline, el afamado actor que supo resumir en unos versos ligeros sus impresiones de “televisado”:

Eh bien, voici; on m’avait dit; Quand vous ires,
je vous prévians, vous y cuirez…
Quoique ce soit réfrigéré,
vous rotirez.
On vous verra, mais vous verrez,
C’est effrayant, c’est cornélien,
c’est saharien, c’est éthiopien
croyez le bien
c’était vrai, m’y voici, par vingt lights visé
je crois, je vois, je cuis, je suits télévisé…

[«Bueno, aquí está; Me dijeron; cuando te vas,
Te lo advertí, cocinarás allí…
Aunque refrigerado,
asarás.
Te veremos, pero verás,
Es aterrador, es cornalina,
es saharaui, es etíope
créelo bien
era cierto, aquí estoy, por veinte luces dirigidas
Creo, veo, cocino, veo la televisión…]

Contienen estos versos una crítica velada, corregida por un buen humor comunicativo; para su entrada en el mundo parisino, la televisión ha sido saludada así como todas las innovaciones que se hacen en este gran París, con una carcajada y con un cuplé del que no está exenta una pícara segunda intención.

Me ha parecido que tal vez le divertirá más al lector paciente quedar sobre la impresión de los cómicos padecimientos de este “televisado” distinguido que no sufrir el inmerecido castigo de una interminable explicación técnica que con su ingenioso espíritu habrá sabido reconstituir.

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La grabación de radio más antigua que se conserva hoy: los secretos mensajes en Morse de la Telefunken en EE.UU., descubiertos por el radioaficionado Charles Apgar en 1915.

Las primeras grabaciones de una señal de radio que sobreviven, son segmentos de transmisiones de código Morse grabadas en cilindros de cera a finales de 1913 o 1914 por Charles Apgar, un aficionado a la radio de Nueva Jersey.

Charles E. Apgar, (nacido en junio 28, 1865, en Gladstone, New Jersey, EE.UU. Falleció el17 de agosto de 1950 a la edad de 85), en Westfield, New Jersey, EE.UU. (Wikipedia).

Charles Apgar fue un radioaficionado estadounidense que en tiempos de la Primera Guerra Mundial se dedicó a la tarea de interceptar comunicaciones inalámbricas alemanas en Sayville, Nueva York.

Utilizando equipos de radio de su propia construcción, Apgar logró grabar las transmisiones alemanas en un intento por obtener información sobre los planes y estrategias del enemigo.

Estas grabaciones de radio proporcionaron información valiosa a los Aliados durante la guerra, y Apgar fue elogiado por su trabajo en la interceptación de comunicaciones alemanas. Las grabaciones de Apgar también fueron importantes para el desarrollo de la radio, ya que ayudaron a mejorar la calidad y la eficiencia de la tecnología de transmisión inalámbrica.

Después de la guerra, Apgar continuó su trabajo en la radio y se convirtió en un defensor de la educación y la formación de los radioaficionados. Fue uno de los fundadores de la Liga de Radioaficionados de América (American Radio Relay League, ARRL) y fue el primer editor de su revista «QST«.

Apgar se interesó por la estación inalámbrica WSL en Sayville, Nueva York, en la costa de Long Island. Escuchaba mensajes enviados por Sayville a otras estaciones.

Para ello había adaptado el elemento eléctrico de unos auriculares a un cabezal de grabación eléctrica de construcción casera, conectado a un fonógrafo de cilindro de cera del inventado por Edison.

Diagrama de circuito de la estación inalámbrica de aficionados de Charles E. Apgar. Septiembre 1915. (Fuente original: Apgar, Charles E. (septiembre de 1915). » «Making the Records from Sayville: A Description of My Set and How I worked It«. «Wireless Age», vol. 2 nº 11. Nueva York: Marconi Publishing Corporation. pag. 879. Autor Charles E. Apgar, via Wikipedia).

Este dispositivo le permitió a Apgar grabar eléctricamente las señales de radio captadas por su receptor en cilindros de cera, y realizó así varias de estas transcripciones durante 1913-1915, algunas de las cuales llevaron al descubrimiento de mensajes codificados de alta velocidad transmitidos por espías alemanes a través de la estación inalámbrica Telefunken en Sayville, Long Island.

Apgar fue entrevistado por el locutor de la NBC George Hicks, donde destacó su descripción de sus experimentos, tocando dos de sus cilindros en el micrófono, uno que contenía una muestra de una transmisión de noticias del New York Herald y otro que era un ejemplo de una de las transmisiones «espía».

La estación alemana de la Telefunken de Sayville

Ilustración en la portada del número de agosto de 1915 de «The Electrical Experimenter» titulada Recepción inalámbrica de informes de guerra alemanes en Sayville (Nueva York).

La estación era de alta potencia y estaba diseñada para comunicación de larga distancia. Era operada por la Atlantic Communications Company, principalmente propiedad de la compañía alemana Telefunken, y se construyó para establecer comunicación bidireccional con la estación de transmisión de Nauen, POZ, en Alemania.

Noticia en The New York Times, publicada en agosto 15 de 1914: «VUELVE LA RADIO ALEMANA. Se dice que la estación de Sayville todavía envía mensajes en código. OTTAWA, Ontario, 14 de agosto. Los mensajes radiotelegráficos enviados desde la estación Telefunken en Sayville, Long Island, hacia Cartagena, Colombia, y desde allí a las Islas Carolinas en el Pacífico Sur, desde donde el gobierno canadiense cree que fueron enviados por cable a Berlín, han sido interceptados por la estación militar inalámbrica aquí. Los mensajes estaban en código alemán. Se sabe que un oficial de la Marina de los Estados Unidos está en la estación de Sayville como censor. Se apelará nuevamente al gobierno de los Estados Unidos». Copyright © The New York Times.

La estación mejoró su equipo en secreto, instalando tres torres de antena de 150 metros de altura en abril de 1915.

En efecto, el 23 de abril de 1915, el New York Times daba la siguiente noticia, que queda traducida al castellano de la siguiente manera:

LOS ALEMANES TRIPLICAN PLANTA INALÁMBRICA

___________

Aumentan la Potencia en la Estación de Sayville para Asegurarse del Servicio a Nauen.

___________

SERÁ DE 100 KILOWATTS

___________

Tres torres de 500 pies están en el suelo y se colocarán la próxima semana.

___________

CAMBIO REALIZADO MUY EN SECRETO

La gran estación inalámbrica Telefunken en Sayville, L. I., la planta a través de la cual el Gobierno alemán transmite la mayor parte de sus comunicaciones oficiales a los Estados Unidos y a través de la cual la Embajada alemana se comunica con Berlín, ha sido, por así decirlo, aumentada silenciosamente, de una planta de 35 kilovatios a una de 100 kilovatios. Tres torres de 500 pies están listas para ser colocadas en posición, y probablemente para fines de la próxima semana, el nuevo y poderoso aparato estará en funcionamiento.
La transformación de la planta de Sayville en una de las estaciones de comunicación transatlánticas más poderosas de esta parte del mundo ha sido llevada a cabo tan discretamente que muy pocas personas fuera de los oficiales de radio del Departamento de Comercio y unos pocos oficiales navales conectados con el servicio naval de radiocomunicaciones, han sabido lo que se estaba haciendo. Fue a través de uno de los oficiales navales mencionados que THE NEW YORK TIMES obtuvo la información sobre el cambio.
Se dice que prácticamente toda la nueva planta fue fabricada en Alemania, incluso gran parte de la torre. Los dinamos, instrumentos inalámbricos y antenas, según información confiable, se fabricaron en Alemania desde el estallido de la presente guerra. El equipo fue enviado por ferrocarril a Rotterdam y desde allí por la línea Holland-America a Hoboken. Se utilizaron seis grandes vagones de carga, se dice, en el transporte de la planta a Sayville desde Long Island City.
Durante algunas semanas pasadas, la gente de Sayville y sus alrededores ha estado observando con curiosidad a una gran cantidad de trabajadores remachando juntas las torres de las cuales habrá tres. Todas fueron montadas en el suelo. La base de cada torre se asegura a su cimiento con una gran bisagra sobre la cual girará cuando se tire a una posición vertical.
Se encontró necesario usar tres juegos de torres de diferentes alturas para resolver el problema de izar las torres de 500 pies. Primero, se colocaron las torres de unos 50 pies de altura en posición. A estas se hizo seguro el aparejo y, usándolas como soporte, se izó un segundo conjunto de torres de unos 200 pies de altura. Las torres de 50 pies de altura se bajaron, y ahora los constructores están listos para utilizar las torres de 200 pies para colocar las estructuras permanentes de 500 pies en posición. Una vez logrado esto, las torres de 200 pies se desmontarán.
El aparato inalámbrico será instalado y la estación estará lista para hacer negocios transoceánicos. Se dijo ayer que esto podría ocurrir antes del final de la próxima semana. Se cree que la triplicación de la potencia de la estación de Sayville fue apresurada con el propósito de hacer que la comunicación alemana con los Estados Unidos sea segura bajo todo tipo de condiciones estáticas.
Inmediatamente después del estallido de la guerra europea y el corte de los cables alemanes por los británicos, Alemania se encontró aislada en cuanto a comunicación telegráfica se refiere, excepto por medio de la comunicación inalámbrica.
Agosto es uno de los meses en los que las condiciones de estática son malas en el Atlántico occidental y, por esa razón, durante ese mes fue casi imposible para Sayville mantener la comunicación con Alemania, excepto por períodos cortos y solo durante las horas nocturnas, cuando las condiciones eran mejores para el trabajo inalámbrico. Los meses de verano son aquellos en los que las condiciones de estática son malas en este lado del Atlántico. Se cree con confianza que el triplicado de la potencia de la estación de Sayville superará la desventaja debida a las condiciones atmosféricas adversas este próximo verano.

Los funcionarios de la Atlantic Communication Company, la corporación que controla la estación Telefunken en Sayville, se negaron ayer a discutir el trabajo que se está apresurando para su finalización en ese punto. Se dijo que en unos días la compañía podría tener algo que decir y que posiblemente entonces daría algunos de los detalles más interesantes del nuevo aparato y de la nueva construcción.
La nueva planta aún no ha sido licenciada por el Departamento de Comercio, pero no hay razón para dudar de que la licencia será otorgada tan pronto como la estación esté lista para su operación. Los inspectores de radio del Departamento de Comercio ya han inspeccionado el aparato con el propósito de obtener la información necesaria antes de que se emita una licencia. La licencia puede ser emitida la próxima semana.
Cuando las nuevas torres estén en su lugar y el aparato de 100 kilovatios esté listo para su uso, se cree que la comunicación con Nauen, Alemania, se pueda obtener prácticamente todo el tiempo, tanto de día como de noche. Nauen está a unos 1,000 millas de distancia de Sayville.
Fue el 11 de febrero del año pasado cuando se realizó la primera prueba exhaustiva de comunicación inalámbrica entre Nueva York y Nauen, Alemania. Esta prueba se realizó con la estación Telefunken en Sayville y con el aparato que se utiliza actualmente. El primer mensaje recibido fue de Berlín y estaba dirigido a THE NEW YORK TIMES. Llevaba un saludo al alcalde Mitchel de parte de Herr Wermuth, entonces el primer burgomaestre de Berlín».

No pasaría mucho tiempo más. En mayo de ese año, la estación fue sospechada de enviar mensajes secretos, a pesar de la censura gubernamental, y acusada de proporcionar información a un submarino alemán que mandó al fondo del Océano Atlántico al RMS Lusitania.

En un lapso de quince minutos, tras el impacto de dos torpedos, el Lusitania se fue a pique el 7 de mayo de 1915, causando unas mil víctimas entre pasajeros y miembros de la tripulación.

El hecho determinó la incautación definitiva de la estación. Fue el final de los alemanes trasmitiendo desde ese país.

Una escucha detenida, mediante la grabación, permitió encontrar que se trasmitían pulsos de radiofrecuencia extra -«puntos» del Código Morse»-, en las señales de la estación alemana de la Telefunken operando desde Sayville. (Fuente)

Torre de Tuckerton: el primer y más poderoso transmisor transatlántico que existió. Construido por los alemanes en 1912 en la estación de Sayville, en Turkerton NJ, sirvió como punto de comunicación con otra estación idéntica en Alemania. Se cree que estaba transmitiendo comunicaciones militares durante la Primera Guerra Mundial desde el mismo territorio de los EE. UU. Charles Apgar, un radioaficionado norteamericano, pudo captar y grabar en cilindros de cera, las primeras señales de radio registradas, con los mensajes sospechosos.

Otras grabaciones realizadas por Apgar fueron más prosaicas, incluyendo ejemplos de boletines de noticias de código Morse transmitidos por la estación inalámbrica WHB del New York Herald en Manhattan.

Los cilindros originales de cera de Apgar se han perdido, pero se conservan muestras de sus grabaciones gracias a una grabación de aluminio sin revestimiento del programa de Apgar en la estación WJZ de Nueva York el 27 de diciembre de 1934.

Los discos de copia, de aluminio, de doce pulgadas de este programa son propiedad de la Antique Wireless Association (Asociación de Radio Antigua), y una copia, en cinta, es propiedad de la Biblioteca del Congreso.

Charles Apgar falleció en 1934, pero su legado en la historia de la radio sigue siendo importante.

Obituario de Charles E. Apgar, publicado en el New York Times, año 1950. CHARLES E. APGAR, EXPERTO EN RADIO, FALLECE A LOS 85 AÑOS – Operador «ham» de Jersey grabó mensajes en código de la estación de Sayville en 1915. Especial para THE NEW YORK TIMES, WESTFIELD, N. J., 18 de agosto: Charles E. Apgar, un radioperador «ham» que grabó mensajes en código durante la Primera Guerra Mundial desde una estación alemana en Sayville, L.I., que resultaron ser consejos para los submarinos alemanes sobre los movimientos de los barcos neutrales y que llevaron al gobierno a incautar la estación, murió aquí anoche en su casa, 549, Carleton Road, después de una larga enfermedad. Tenía 85 años. En 1915, operaba su propia estación de radio, W2MN, en su casa. En ese momento, la estación alemana de Sayville estaba bajo sospecha del gobierno de los Estados Unidos. Se temía que sus aparentemente sencillos mensajes comerciales en realidad estuvieran en código y se asignaron censores del gobierno para tratar de descifrar la verdad. Nada resultó de ese esfuerzo y luego W. J. Flynn, Jefe del Servicio Secreto de los Estados Unidos, se enteró de Mr. Apgar y lo presionó para que prestara servicios porque tenía un sistema de grabación. Mr. Apgar grabó las señales de radio enviadas desde Sayville. Luego, los hombres del Servicio Secreto rompieron el código en el que se enviaron y descubrieron los consejos a los submarinos. Entonces, la Armada se incautó de la estación. Nacido en Gladstone, N.J., el Sr. Apgar asistió a la Universidad de Wesleyan, ocupó varios puestos en la compañía de seguros New York Life y fue vendedor antes de convertirse en ejecutivo de la firma de corretaje de Nueva York Spencer Trask & Company. Su pasatiempo era la astronomía y escribió para la publicación de la Real Sociedad Astronómica de Canadá y otras publicaciones periódicas. También fue miembro de la Sociedad Astronómica Amateur Americana. Era miembro de la Old Guard, del consejo oficial de la Primera Iglesia Metodista y del club de hombres universitarios local. Era masón. Le sobreviven su viuda, la Sra. Helen Clarke Apgar; una hija, la Dra. Virginia Apgar de Tenafly, N.J., una médica de Nueva York que es profesora de anestesiología en el Colegio de Médicos y Cirujanos de la Universidad de Columbia; un hijo, Lawrence C. Apgar, profesor de musicología en el Western College for Women, Oxford, Ohio; dos hermanas, la Sra. Harry L. Terry de Plainfield, N.J., y la Sra. May S. Apgar de Melrose, Fla., y tres nietos. The New York Times, publicado en agosto 19 de 1950. Copyright © The New York Times.


«Charles E. Apgar», entrada en inglés en Wikipedia, traducida automáticamente al castellano aquí.

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«El fin de la radioafición». Por Federico Sierpien, CX5AA. (Uruguay).

La misión imposible (o posible) de los radioaficionados y radioclubes.

¿Y qué vamos a hacer cuándo ya no queden más radioaficionados?, yo creo que que esta pregunta muchos se la hacen, y pocos buscamos encontrarle una respuesta.
Muchas veces he escuchado, de supuestos radio aficionados, en que afirman: “los jóvenes están para otra”, » ya no les interesa; no hay jóvenes en la radio».

Temo decirles, mis amigos, que, si la radio muere, es por culpa de nosotros mismos.

Creo, también, que esta manera de pensar se debe a que si, en una época ser un radioaficionado era un status, era tener un poder, el poder de la comunicación, y claro teníamos el poder de poder comunicar con un familiar cercano, conseguir un medicamento, etc.

Si bien fue útil en una época, todo eso terminó. Y lo que queda, es lo real, el hobby en sí mismo. Y, es más, si investigamos un poco, es como realmente empezó la radioafición: un hobby experimental y de aprendizaje.

En mi caso personal, gracias a la radio, hoy soy técnico en electromedicina o biomédico, como se le dice ahora (ya tengo unos años).

Creo que para que el hobby no muera, tenemos que cambiar nuestra actitud, nuestra manera de pensar y ser proactivos en el tema. Nada cambia si nos quedamos sentados, rascándonos la panza, esperando que algo cambie.

Escuche una vez a un diexista/concursero hablar de su hobby, y de lo importante que era, como que había que elevar un monumento por lo que hacía, y la verdad pensaba para adentro “que aburrido esto”, aunque quizá para él, no lo fuera.

La actitud de que somos semidioses porque sabemos qué teclas tocar, se repite una y otra vez dentro de las tribus de las ondas hertzianas.

Creo que para cambiarle el rumbo al barco, hay que cambiar la cabeza, y enfocar la radio hacia la ciencia, porque este es un “hobby ciencia”.

Si queremos, podemos tocar y aprender sobre diversos temas: electrónica, astronomía, informática, radiocomunicaciones, mecánica, química, geografía, idiomas, etc.

En otros países, los experimentadores, a veces, tienen que convertirse en radioaficionados, para poder experimentar. Acá, falta para esa cultura, no se entiende!.

Cambiemos el paradigma y cambiemos la radio, miremos la radio como si fuera una herramienta para un futuro ingeniero, un informático, un técnico, etc.

La radio sigue, y seguirá, siendo parte del mundo de hoy, y del futuro, pero para que nuestro hobby se mantenga lo tenemos que ayudar, ninguna planta crece si no la regamos.

Pienso que los clubes, tienen que cambiar esta cabeza y enfocarse, por lo menos en parte, a la juventud, a los niños, pero no pensando en que sean radioaficionados, sino, pensando simplemente, en ayudar, y estimular y en usar el hobby para poder guiarlos en sus pasos al hacia el futuro.

Les aseguro que sigue siendo fascinante hacer funcionar una galena, recibir señales del espacio, simplemente armar algo, por sencillo que sea, y empiece a funcionar.

Y quien les dice, que no les pase como a mí, que yo mi intención no era ser radioaficionado, sino aprender de electrónica, y, sin querer queriendo, el hobby sigue siendo parte de mi vida hasta el día de hoy con 40 años.

Por el bien del hobby cambiemos, bajemos del pedestal y qué mejor que hacer una red de emergencia, algo que científicamente está obsoleto, hagamos una red de ayuda social, para inspirar a las nuevas generaciones a que se dediquen a la ciencia, les aseguro que así nuestro hobby será inmortal.

Hagamos una lista:

  • Nuestro equipo de radio, es un entretenimiento, mostremos a otros cómo ellos se pueden divertir también.

  • Si la radio nos enoja, nos separa y nos pone de malhumor, quizás sea tiempo de probar con ir a pescar o jugar al póker.
  • No pretendamos ser superhéroes, seamos mentores, es más probable que, además, tengamos éxito, jejeejee!
  • Intentemos todos los años aprender algo nuevo de la radio!
  • Respetemos a los otros, aunque no estemos de acuerdo con el modo que operan,
    cómo lo hacen, etc. etc, cualquier soldado suma para mantener vivo esto.
  • No abrumemos a los novatos con tecnicismos y mostrándoles lo complejo puede ser un equipo de radio, mostremos la esencia, lo sencillo.

Federico Sierpien, CX5AA, Montevideo, Uruguay


Publicado en QSP Revista Digital, Año 1, Nº2, mayo 3 de 2023, Centro Radio Aficionados Montevideo, CX1CCC, Montevideo Uruguay.


Prompt: Escriba un artículo corto sobre un joven
experimentador que hizo funcionar suequipo de radioaficionado, construido por él mismo, por primera vez.

La radioafición es un pasatiempo que involucra la construcción y operación de equipos de radio, y es muy popular entre personas de todas las edades. Para muchos aficionados, el momento en que logran hacer funcionar su propio equipo de radio es un momento emocionante y gratificante. Esto fue precisamente lo que experimentó un joven experimentador cuando hizo funcionar su equipo de radioaficionado por primera vez.

Desde una edad temprana, este joven experimentador siempre estuvo interesado en la electrónica y la radioafición. Pasaba horas leyendo libros y revistas de electrónica, y aprendiendo a construir y reparar equipos de radio. A medida que crecía, se dio cuenta de que su verdadera pasión era construir y operar sus propios equipos de radio.

Después de años de aprendizaje y práctica, finalmente llegó el día en que construyó su propio equipo de radioaficionado. Fue un proyecto ambicioso y desafiante, pero estaba determinado a hacerlo funcionar. Después de semanas de soldar componentes, conectar cables y ajustar circuitos, finalmente llegó el momento de encender el equipo y probarlo.

Con manos temblorosas, el joven experimentador encendió el equipo de radioaficionado y comenzó a ajustar los controles. Después de unos minutos de ajuste, de repente escuchó un sonido en el altavoz. Era débil al principio, pero luego se hizo más fuerte. ¡Había logrado hacer funcionar su equipo de radioaficionado por primera vez!

El joven experimentador estaba eufórico. Había trabajado arduamente para lograr este momento, y finalmente había tenido éxito. Ahora podía comunicarse con otros aficionados de todo el mundo, intercambiar conocimientos y aprender más sobre la radioafición.

Este logro no solo fue emocionante para el joven experimentador, sino también inspirador para otros jóvenes interesados en la electrónica y la radioafición. Demostró que con trabajo duro, perseverancia y determinación, cualquier persona puede construir y operar su propio equipo de radioaficionado.

En resumen, el joven experimentador que hizo funcionar su equipo de radioaficionado por primera vez es un gran ejemplo de cómo la pasión y el trabajo duro pueden llevar a logros increíbles. Esperamos que su historia inspire a otros jóvenes a explorar la electrónica y la radioafición, y a perseguir sus propias pasiones y sueños.

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Papeles recuperados: Mensajes secretos en Código Morse a un amor liceal.

Hace poco encontré unos mensajes secretos que le escribí a un amor hace muchos años. Todavía estaban ahí, en un muro, afuera, donde los dejé. Imperceptibles, pero aún  guardan un sentimiento.

Había dejado las notas en una pared de bloques de cemento, cerca de la escuela secundaria a la que asistí con ella. Todas las demás notas fueron desechadas. Nos pasábamos notas y dejábamos pequeñas notas en las mochilas y cosas del otro.


Prompt: Escribir breve ensayo: «Mensajes secretos en Morse entre jóvenes enamorados, en el liceo».

Respuesta:

Durante siglos, los jóvenes han buscado maneras creativas de comunicarse en secreto con sus enamorados, especialmente en entornos como el liceo, donde la vigilancia y la presión social pueden dificultar la expresión abierta de los sentimientos.

Una de las formas más ingeniosas de comunicación secreta en el liceo es mediante el código Morse. El código Morse es un sistema de comunicación de larga distancia que utiliza pulsos cortos y largos para representar letras y números. Aunque este sistema fue utilizado originalmente en la transmisión de mensajes telegráficos, su simplicidad y eficacia lo hacen ideal para los jóvenes que buscan comunicarse en secreto.

Los jóvenes enamorados pueden utilizar el código Morse para enviar mensajes codificados durante las clases o en otras situaciones donde no puedan hablar abiertamente. Este sistema también les permite comunicarse en secreto en presencia de otros que no conocen el código.

Por ejemplo, un mensaje simple como «TE QUIERO» podría ser transmitido en código Morse como «- . / –.- ..- .. .-. — / …- ..-.» La persona que recibe el mensaje sólo necesita conocer el código para descifrarlo.

El uso del código Morse en el liceo para comunicarse en secreto puede parecer una táctica inocente, pero también puede ser una forma de expresión creativa y de conexión emocional entre los jóvenes. A través de este sistema de comunicación, los enamorados pueden demostrar su ingenio y habilidad mientras fortalecen su vínculo emocional.

En conclusión, el uso de mensajes secretos en código Morse entre jóvenes enamorados en el liceo es una forma ingeniosa y creativa de comunicación.


  • Texto generado por Inteligencia Artificial en ChatGPT.
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Uñas pintadas y circuitos impresos.

«Así es como la mujer puede ser más sexy a nuestros ojos 😉» .

Bender Rodriguez, en «I Take Pictures of Electronic Parts» , Facebook.

¿Es es posible integrar componentes electrónicos o dispositivos de radio en las uñas pintadas?

La respuesta es probablemente no. La electrónica y la radio requieren componentes físicos que necesitan espacio y energía para funcionar, lo cual es difícil de integrar en una uña pintada.

Sin embargo, hay algunas tecnologías emergentes que podrían permitir la integración de componentes electrónicos en materiales flexibles, como la electrónica impresa o la electrónica textil. Estos avances podrían abrir la puerta a nuevas posibilidades en el campo de la moda y la tecnología, pero aún no están lo suficientemente desarrollados como para ser aplicados en uñas pintadas.

En resumen, aunque la idea de integrar electrónica o radio en uñas pintadas puede parecer interesante, en la práctica es poco probable que sea posible en la actualidad.

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Caos y congestión en el dial de la radiodifusión argentina de los 30s.

Durante los años 30, la radiodifusión en Argentina experimentó una gran expansión y al mismo tiempo enfrentó importantes desafíos en cuanto al caos y el ordenamiento de su funcionamiento.

Por un lado, se produjo una proliferación de estaciones de radio, muchas de las cuales operaban sin licencia y emitían señales sin regulación. Esto generó un ambiente caótico y de competencia desleal entre las distintas emisoras. A su vez, la falta de regulación también dificultaba el control de la calidad de las emisiones y la protección de los derechos de autor.

Por otro lado, el gobierno argentino se esforzó por establecer un marco regulatorio para la radiodifusión. En 1930 se creó la Dirección de Radio, que tenía como objetivo controlar el uso del espectro radioeléctrico y regular la actividad de las emisoras. En 1933 se sancionó la Ley de Radiodifusión, que establecía un sistema de licencias y regulaba la publicidad en las emisiones.

A pesar de estos esfuerzos, la implementación de la regulación no fue fácil y se enfrentó a resistencias y presiones por parte de los sectores interesados en mantener la situación de desregulación. Además, la ley no pudo evitar totalmente la emisión ilegal de señales.

En resumen, la radiodifusión en Argentina en los años 30 fue un campo de tensiones entre la expansión y el caos por un lado, y el ordenamiento y la regulación por otro. Estas tensiones tuvieron un impacto significativo en la forma en que se desarrolló la radiodifusión en el país.

Se transcribe el texto de la columna editorial de Revista Telegráfica, junio de 1929:

Desde el año 1921 en que se inició la popularidad de la radiotelefonía, experimentalmente primero y como verdadero servicio público después fueron notadas muchas deficiencias de órden técnico y artístico que el buen criterio de las autoridades supieron tolerar para bien del progreso de la radiodifusión.

Con el aumento de las estaciones, poco después, se empezaron a notar serios inconvenientes agravados por el criticable empeño de instalar potentes trasmisores en pleno centro de la ciudad.

El 16 de noviembre de 1928, el Ministerio de Marina, por el Servicio de Comunicaciones Navales, decretó el traslado de las broadcastings fuera de la Capital.

Mapa publicado en Revista Telegráfica, de mayo de 1930, ilustración de un artículo de Segundo Acuña, referido al traslado de las emisoras fuera de la zona céntrica. La ciudad de Buenos Aires, íntegra, debía quedar fuera de las zonas en tal forma anuladas, por las estaciones, para la recepción cómoda. Consecuentemente, surgió otro problema: «Se concedieron autorizaciones para elevar trasmisoras a las puertas mismas de la ciudad, a menos de cien metros de la Avenida General Paz, de Circunvalación. La mayoría de los trasmisores se ubicó en la zona noroeste, causando «blanketing» de las mismas. La idea del Capitán de Navío Orlandini, uno de los mejor inspirados en el tema radiocomunicaciones preconizaba la creación de una «Radiolandia» en Monte Grande, donde se disponía de energía suficiente para todas las estaciones no solamente en funcionamiento en aquél entonces, sino las que pudieran llegar a funcionar en el futuro, y sin que molestasen a nadie, salvo que excedieran los 10 kW normales en antena».

El dignísimo y capacitado marino que tenía a su cargo el control de las broadcastings ponía en juego toda clase de gestiones para remediar las fallas de todo orden, a veces con éxito y otras sin él, pero haciendo primar siempre un elogiable espíritu contemporizador de funcionario civil antes que de rígida disciplina militar.

La inflexible ley de la armada que obliga a la rotación del mando, alejó a ese marino por un largo período de tiempo del servicio de su predilección y otros, menos entusiastas que él, lo reemplazaron.

El número de broadcastings aumentaba incesantemente y se produjo el caos, sin que el Servicio de Comunicaciones Navales pudiera hallarle solución,  pesar de la prédica incesante de la prensa diaria.

Las estaciones se interferían intencionalmente; aumentaban potencia y sobremodulaban con el único propósito de tapara la rival; trasladaban sus transmisores más al centro y como no fuera suficiente, algunos aficionados sin licencia oficial hacían servicio de broadcasting. 

«Noticias de las Broadcastings», en Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, mayo de 1930.

Como corolario a este desorden, los tangos, monólogos y dúos arrabaleros, atrevidos o pornográficos culminaban en los pésimos programas, levantando toda clase de protestas. Los aficionados por su parte, ni se tomaban la molestia de renovar sus licencias y cada cual trasmitía con la característica que se le ocurría o sin ella, en la onda que le resultaba más cómoda.

El servicio radiotelegráfico público, a cargo también del Servicio de Comunicaciones Navales, malo dsde hace años, empeoró notablemente a tal punto que la totalidad de los radiotelegramas que los pasajeros dirigían desde a bordo con destino a Buenos Aires eran recibidos por la estación uruguaya Cerrito.

Tal era la situación, descrita a grandes rasgos, a fines del año 1927.

En el número correspondiente a mayo de 1930, de la misma publicación, se toca el tema nuevamente:

Desde las páginas de la Revista Telegráfica hemos señalado todos estos defectos en múltiples oportunidades, indicando las soluciones más razonables sin menoscabo de ningún funcionario de ninguna autoridad, basados en el convencimiento de que el mal radicaba en la reglamentación y en los recursos disponibles y no en la incapacidad de los funcionarios.

LOS PROGRAMAS ARRABALEROS.

La campaña tenaz emprendida por Revista Telegráfica contra la propalación por las estaciones de broadcasting de canciones y diálogos arrabaleros, indecentes o procaces, tuvo éxito feliz, mediante la buena voluntad de los directores artísticos organizadores de los programas y la eficaz intervención de la Dirección de Comunicaciones Navales encargada, hasta fines del año anterior, de controlarlos.

Cuándo parecía que nos encaminábamos definitivamente hacia la moralización efectiva en las audiciones radiotelefónicas con evidente beneficio para la cultura de nuestro país y popularización del broadcasting, volvemos a notar la inserción de números bastantes desagradables  por el subido color verde, destacándose un dúo cómico-ridículo y vuelven otra vez á escucharse algunos tangos con letras que reflejan el lenguaje, vida y costumbre   del hampa, todo lo cual resulta poco apropiado para ser escuchado por familias y especialmente por niños, tan dispuestos siempre a aprender toda clase de canciones.

Sabemos que la Dirección General de Correos y Telégrafos controla a toda hora las transmisiones de broadcasting, pero no tenemos conocimiento de que haya comunicado a los dueños de las estaciones la violación reglamentaria que cometen y que puede dar lugar hasta a la denegación de los permisos que están en trámite. Posiblemente esas personas ignoran la falta en que incurren y seda injusto adoptar medidas de rigior sin aviso previo.

Lo menos admisible sería que los funcionarios fiscalizadores anotaran las anormalidades y las carpetas se archivaran sin más, trámite. . .

La acción moralizadora debe hacerse sentir sin blanduras, si se quiere hacer algo por la cultura argentina.

EL CASO DE LOS OYENTES DE CÓRDOBA

Son muchas las quejas que formulan los radio oyentes de Córdoba y especialmente los que viven en Alta Gracia, Capilla del Monte, Calera, Malagueño, etc. sobre los programas que irradia la broadcasting local tan pobre de arte como rico en anuncios.
Unos observadores señalan el hecho ocurrido hace pocos días en que, durante las cuatro horas y media del horario de la tarde se transmitieron en total, como único programa, veinte discos y sesenta y un anuncios!.

Nada sería si el desgraciado oyente pudiera librarse del tormento que significa tan furiosa propaganda, escuchando las relativamente menos mortificantes de Buenos Aires, pero la sintonía excesivamente abierta no lo permite, hasta después de las 23 y 30 en que termina la local.

Los habitantes de Córdoba poseedores de aparatos receptores tienen derecho a la protección del Estado y es lo que reclaman.

ANUNCIOS SIN PROGRAMA

A pesar de la reglamentación vigente y de las disposiciones adoptadas por la autoridad controladora, algunas broadcastings abusan hasta lo intolerable de la propagación de anuncios.

Es frecuente comprobar que entre dos piezas cortas se intercalan cuatro o cinco anuncios,  algunos de ellos tan extensos que sobrepasan en mucho el límite fijado.

No sabemos si la tolerancia aumenta cada día que pasa o si los empleados dedicados al control sufren una posible amnesia producida por la continuada función del tímpano.

Bueno es recordar que los anuncios se toleran si son pocos y discretos; cuando son abundantes  y kilometricos aburren irritan y predisponen mal al oyente que ha supuesto siempre, al comprar su receptor, que lo utilizaría para escuchar programas culturales y artísticos con algunos anuncios. Nunca supuso que tendría que escuchar anuncios sin programa.

En el número de enero de 1927 de Revista Telegráfica se comentaba la situación planteada por la proximidad de las estaciones Buenos Aires, Dársena Sud y Dársena Norte, las cuales trabajaban casi continuamente con sus equipos de ondas amortiguadas, molestándose mutuamente en su servicio.

En aquella oportunidad se vertieron opiniones sobre la mejor forma de solucionar el conflicto que, por otra parte, surgía lógicamente a poco que se observaran las dificultades presentadas y la naturaleza del servicio a realizar por cada una de las estaciones interesadas.

Dos años después, en 1929 se llevaron finalmente a la práctica las sugerencias vertidas oportunamente en la revista, «que por ser sinceras y meditadas estaban de antemano destinadas a caer en saco roto».

Recordemos qué es lo que sucedía en 1927; cuáles fueron las medidas aconsejadas, y a qué conclusión práctica se llegó en 1929.

Una de las críticas que se podían leer en las crónicas de esta época refieren a

la falta de variedad de que parecen en general nuestros programas de broadcasting, al punto que toda nuestra música popular de radio se podía sintetizar como bailable únicamente. Tal es la cantidad de tangos, etc., que a toda hora y mejor dicho, a toda fuerza, es dable escuchar. 

Una variedad que puede introducirse fácilmente para romper la monotonía desesperante de esos programas, en lo que a música popular se refiere, sería la inclusión de los números de carácter esencialmente nativo que forman el rico folk-lore argentino.

Popularizar esas canciones, donde palpita aún el espíritu nacionalista, esencial e íntimamente nuestro, sería hacer obra realmente argentina. Porque, por donde más puede conocerse el carácter de un pueblo es por sus canciones, que cuando son como en este caso plenamente sentidas y espontáneas revelan más, mucho más, de todo lo que pudiera decirse o escribirse directamente.

Canciones que reflejan el fácil pero sincero sentir de gentes sin complicaciones, donde aún parece escucharse la influencia de la sutil melancolía aborígen, canciones que son símbolos como es el ombú, canciones en que palpita la tradición fielmente seguida.

Esas canciones, merecen tanto o más el popularizarse que los bailables, productos del alma de una ciudad esencialmente metropolitana, turbulenta, práctica.

Estamos ya hartos de no oir por radio más que engendros que no son otra cosa que la apología del vivir y decir de los arrabales.

La intención manifiesta, era apoyar desde las páginas de novedades radiofónicas…

a aquellos artistas de broadcasting que se especialicen en la interpretación de música nativa, lo que ya por sí sólo es una poderosa razón para destacarlos.

Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, junio de 1929. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky/LGdS).

(Ibidem).

RADIOAFICIONADO EN PROBLEMAS

Siguiendo con Revista Telegráfica de junio de 1929, se lee la siguiente nota:

Publicado en 1927, 1929, 1930s, Argentina, Documentos, figuras de la radio, Investigación, Los principios, Música y canciones, Notas de prensa, programas, radio, Radio Aficionados, radiodifusión, Reglamentación y normas, Testimonios, textos | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario