La radio portátil del futuro. (1909).

«El Sr. Throgmorton Smith en contacto con la oficina»

Publicado en la revista «The Throne and the Country», Inglaterra, octubre 16 de 1909. Aquí a mayor tamaño, aunque con marcas de agua.

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El «Topo Krtek», con una radio, un televisor, un gramófono.

Durante muchos años, el héroe animado más popular de los niños checos es Krtek (topo en checo), creado por el artista Zdeněk Miler 

Apareció por primera vez en 1956 en Praga, cuando Miler quería crear un personaje animado sobre el proceso del lino. Miler quería elegir un animal para el papel protagonista, influido por Walt Disney, y decidió tomar un topo tras tropezar con una madriguera de topo durante un paseo. La primera película, llamada «Jak krtek ke kalhotkám přišel» («Cómo el topo consiguió unos pantalones») fue estrenada en 1956, y el cariñoso personaje principal ganó una enorme popularidad en muchos países de la Europa del Este, y también en Alemania, Austria, India y China. En 1963 comenzaron a producirse más episodios, y hasta la fecha, se han creado alrededor de 50.

El primer episodio de la serie era narrado, pero Miler quería que la película se entendiera en todos los países del mundo, así que decidió utilizar las voces de sus hijas, reduciendo la expresión a exclamaciones cortas, para expresar los sentimientos y la percepción del mundo del topo. Miler enseñaba las películas en primer lugar a sus hijas, para decidir si el mensaje de la película era capaz de llegar a los niños o no. ¹

Krtek y el transistor.

 

Krtek y el televisor.

 

Krtek y la música.

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«Der Radiohörer», («El Radioescucha»), Max Radler, (1930).

Max Radler, (1904-1971), pintó este cuadro en 1930. Es un óleo sobre lienzo, de 63 cm x 49 cm. Está resguardado en la Galería Municipal Lenbachhaus y Kunstbau, Munich.

En 1930, Radler se unió al grupo de artistas «Die Juryfreien», fundado en 1910. Casi todas sus obras fueron destruídas durante un bombardeo en 1945. Después de la guerra, Radler se convirtió en colaborador habitual de la revista satírica «Simplizissimus».

¿De dónde viene la idea del oyente de radio?

Las cosas eran diferentes con la radio, lo que despertó una inmensa fascinación en los años veinte. Pronto, la radio se convirtió en el «alma que destruye la fantasía de la era tecnológica». Varios pintores adoptaron la idea del oyente del radio (Max Radler, Kurt Gunther, Max Ackerman y algunos otros).

Max Radler nació en Wrocław, Polonia. Hasta 1918 fue aprendiz de un taller de carpintería en Oppeln (Alta Silesia). Posteriormente se formó como pintor de decoración en Zeitz, Sajonia. En 1923, Radler se estableció en Munich, donde pintó decorados  teatrales y estudió en la Kunstgewerbeschule con Georg Schrimpf y Otto Grassl.

Perteneció al Dadaísmo, que fue un movimiento artístico europeo de vanguardia a principios del siglo XX. Muchos afirman que comenzó en Zurich, Suiza en 1916,  de una reacción negativa ante la Primera Guerra Mundial.

Este movimiento internacional fue iniciado por un grupo de artistas y poetas. La idea era rechazar la razón y la lógica, premiando el sinsentido y la irracionalidad.

Durante el movimiento internacional del Dadaísmo, muchos artistas y poetas crearon sus pinturas y poemas, algunos de los cuales significaban tonterías y/o irracionalidades y otros significaban otras cosas, como la tristeza o la ira. ²

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La QSL de W8KYK.

Original QSL es la que diseñó W8KYK. Diseño de su creación, por manipulación fotográfica. La modelo fue su sobrina Marsha. Su hijo, Chuck, también es radioaficionado, K8BBE. ¹

La idea de enviar una tarjeta postal para verificar la recepción de una estación (y luego el contacto bidireccional entre ellos) puede haberse inventado, de forma independiente,  varias veces.

La referencia más temprana parece ser una tarjeta enviada en 1916 desde 8VX en Buffalo, Nueva York, para 3TQ en Filadelfia, Pennsylvania (en esos días no se usaban los prefijos de la UIT).

La tarjeta estandarizada con indicativo, frecuencia, fecha, etc., puede haber sido la diseñada en 1919 por C.D. Hoffman, 8UX, en Akron, Ohio.

En Europa, W.E.F. «Bill» Corsham, 2UV, utilizó por primera vez una QSL cuando operaba desde Harlesden, Inglaterra, en 1922. ²

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La Radio en Broma: «Un Cajón», por José M. Rafolds. (Argentina,1926).

Los procedimientos para distraer a la humanidad son tan numerosos como los modos de aburrirla.

Descorramos el telón de una escena cualquiera y lo comprobaremos de inmediato.

Nos hemos puesto en presencia de un cajón. Los cajones, y  especialmente los cajones cerrados, han sido y serán siempre motivo de una curiosidad profunda; por cuyo motivo no cabe un ápice de duda que la curiosidad se incubó en uno de ellos.

Días pasados se paseaba nuestro hombre por la balaustrada de su azotea en tren de gran actividad, sin reparar en los metros que su respetable obesidad distaba del suelo.

Temí por su abdomen sanchesco.

— ¿Pero qué manejos son esos, Don Telémaco? — interrogué — ¿No repara usted el peligro que corre?

Pero Don Telémaco, cada vez más enredado en sus alambres y palos, pareció no oírme.

Esta vez Don Telémaco se detuvo, y lanzándome la mirada idiota del que ve herida su susceptibilidad, me replicó con énfasis:

— Usted, amigo mio, vive en el siglo de la Cenicienta. Desconoce los principios que rigen a la materia y, por lo tanto ignora la ciencia misma.

Aunque Don Telémaco es un escribiente de primera categoría del Registro Civil de la calle vecina, creí, al oír aquellas palabras, que se hubiera trastornado con algún invento extraído de cualquier libraco de «recetas útiles».

— De modo que dice usted Don Telémaco, que la materia rige… a los principios.

— Sí, interrumpióme, o lo que es lo mismo, los principios rigen a la materia, porque en cuestiones de ciencia, ¿sabe usted?, los factores no alteran el órden del producto.

Bien, bien, pero aún no me ha dicho usted qué líos trae con estos alambres.

iAh!, estos son problemas un tanto complejos para usted que es un profano en la materia. Pero voy a iniciarlo en seguida. Suba, si está desocupado, y lo acompañaré por los dominios de Minerva. 

La curiosidad me tentó despiadadamente y subí a aquel Olimpo dispuesto a catar por boca de Don Telémaco la ciencia que Minerva graciosa pluguió concederle. Al cabo de una hora ya lo sabía «todo». Mi sorpresa iba en aumento cada vez que Don Telémaco se dignaba a abrir las canillas de sus depósitos científicos.

— ¿pero es posible, Don Telémaco, que estos alambres?…

— iPosibilísimo! Estos alambres son maravillosos. La misión a que se había destinado el alambre era ignominiosa. Ellos hoy hablan, gesticulan, traen sumisos del espacio infinito las vibraciones más puras que flotan como tenues cendales en un consorcio de armonías gratísimas.

— ¡Me pasma el oírle!, Don Telémaco.

— Ah! pero esto no es nada. Ya verá usted, ya verá.

— Pero mis humildísimos dones no me permitirán nunca comprender…

— Quiá!: Es la cosa más sencilla del mundo. ¿Ve Vd. estos alambres? Pues bien, extiéndalos científicamente entre estos mástiles y habrá realizado la parte más importante de la obra.

Tendrá, como si dijéramos, el canasto, la trampa. donde ha de volearse indefectiblemente todo ese edén de armonías que le hablé. Luego el aparato que voy a mostrarle, completa la obra a manera de alambique.

Y en efecto; al instante me hallé transportado a un gran cajón, tosco, plagado de discos graduados, manecillas, alambres en espiral, que iban y venían en una algarabía de somier descompuesto.

Don Telémaco, frente al altar de sus debilidades, habló como un apóstol:

—Ya ve usted, todo construidito por mi mano. Ha sido necesario vencer muchas dificultades, pero al fin he triunfado tras luengo de batallar con los cálculos. ¡Oh los cálculos!

Aquí, Don Telémaco, con los pulgares enterrados en el chaleco, adquiría por momentos las proporciones de un Einstein.

Con gran cautela hizo girar nuestro hombre una manecilla que encendió una lámpara de vivísima luz. En seguida colocóse alrededor de la cabeza un par de teléfonos y empezó a tentar con ambas manos cuantas ruedas encontró. Mi curiosidad era indescriptible, pero no me atreví a interrumpirlo.

Al fin su rostro iluminó, más que por la luz de la lámpara, de alegría.

— ¿Oye algo, Don Telémaco? interrogué, sin poderme contener.

—Sí, los teléfonos crepitan bruscamente por los «atmosféricos». Es buen síntoma. Pronto tendremos onda «a la vista».

Pero la onda, por lo visto, no llegaba y Don Telémaco empezaba a perder la calma y las esperanzas, por más ruedas y resortes que tocara.

Es inútil proseguir — exclamó. Por fin, sacándose el doble cerco de acero que aprisionaba su cabeza. Usted sabe, la humedad, la aislación, los atmosféricos,las interferencias… Usted no sabe lo delicado que son estos chismes.

Tuve que resignarme y esperar al siguiente día a fin de dar tiempo a nuestro hombre para que imprimiera alguna reforma a su cajón.

Al día siguiente me encontré con Don Telémaco más atareado que la víspera. Tenía a la vista una serie de tratados de radiotelefonía que ojeaba precipitadamente con muestras de desagrado.

— ¿Y qué tal, Don Telémaco, tenemos o no tenemos hoy onda a la vista?

— ¡Cállese, mi amigo! Acabo de descubrir que me han engañado villanamente con estos condensadores: carecen de… de calibre. En cuanto a la construcción de las bobinas, los tratadistas me tienen desconcertado.

En este nefasto instante intervino la chispa que faltaba a Don Telémaco para poner en combustión los gases que presionaban su atribulada cabeza.

La chispa en cuestión tenía la forma de una mujer (como siempre), y para más datos era la suya. Explotó (como siempre):

— ¡Muy bien! Esto te sucede por comedido, gran zoquete. ¿Quién te manda meterte en libros de caballería y gastarte aquí lo que no tienes en cosas que no entiendes y que para maldito lo que te sirven.

Pero Don Telémaco, lejos de inmutarse al recibir aquella descarga, limitóse a contestar con la resignación del sabio atropellado.

— La ignorancia es muy atrevida y ella ha sido siempre la causa de la decadencia de los pueblos.

Como no me interesaba oir a Don Telémaco ni a su costilla, alejéme pensando que la radio tiene muchos peros y aun… pelos que vencer.

Nuestro hombre, perseverante en su empresa, no daba un punto de tregua a su labor. Descuidado de sus obligaciones y hasta de su persona, Don Telémaco se entregaba por completo a sus mágicos cajones, que por otra parte no dejaban de ser vulgares recipientes de objetos mal relacionados.

Entre tanto no había forma de arrebatar al espacio sus exquisitas melodías.

Un día leyó un aviso del siguiente tenor:

«Adquiera usted de inmediato un radiófono, si no quiere pasar por una persona vulgar». Y Don Telémaco, cansado de construir cajones sin provecho, allá fuése a dejar de ser una modestísima vulgaridad y convertirse en el dueño de un flamante y bien cortado cajoncito, aunque de humilde catadura dada la situación de su desmedrado bolsillo. Con el nuevo cajón estaba en condiciones de oir las estaciones más remotas con sólo «elevar un poco más la antena», según le dijeron.

Y he aquí a nuestro hombre encaramado de nuevo en la balaustrada, levantando palos, ligando cabos de aquí y de allá y sudando a mares el humor de su fecunda adiposidad.

Con el nuevo cajón era menester adquirir otras baterías, otros teléfonos más sensibles…

Su domicilio era una algarabía infernal de cosas radiotelefónicas. Las revistas, folletos, tratados y catálogos derramaban su policromía en abundante desorden; y como «casa de viejo», las herramientas, alambres, bobinas e innumerables enseres de dudosa aplicación campeaban libremente por donde el azar quiso dejarlos.

En medio de esta baraúnda erguíase Don Telémaco impávido, sereno, tenaz, siempre en acecho de la onda esquiva.

Por fin, una noche la onda hizo irrupción, penetrando de improviso en el cajón de Don Telémaco. Fué un acontecimiento transcendental. La onda se había dignado honrar, por fin, el cajón de nuestro atribulado compañero.

Don Telémaco salió a la calle echando, como el siracusano, gritos que pusieron en conmoción al vecindario entero.

Cuando llegué a su domicilio comprendí que se trataba de un verdadero acontecimiento, sólo posible de parangonarse con los dos extremos de la vida.

Los vecinos llenaban la casa. Todos querían ser los primeros en oír, hecha excepción de la esposa de Don Telémaco que más bien quería ser oída.

Al cabo de un instante nos declaró Don Telémaco que la onda le había hecho una  jugarreta: había huído.

Algún curioso hizo notar irónicamente que tal vez la avalancha habría asustado a la bienvenida.

Mientras tanto, Don Telémaco, tembloroso, sudando a mares, con los pesados arcos de acero sobre la cabeza, trataba nuevamente de encajonar la onda, pero sin resultado.

— ¡Y la onda está aquí, la tengo «casi» entre mis manos — gritaba Don Telémaco furioso — pero no la puedo sintonizar!!

De pronto ocurrió algo inesperado. Al hacer girar con violencia una manecilla se produjo un ligero chasquido que encendió vivamente la lámpara para apagarse luego. La lámpara había muerto.

Acto seguido Don Telémaco cayó pesadamente al suelo arrastrando consigo al cajón. Se había desmayado de indignación.

…………………………………………

Desde entonces, Don Telémaco entretiene sus largos ocios meditando a la vera de un adecuado tratado de Física.

 

Rosario, Septiembre de 1926


Fuente:

  • Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, octubre de 1926.

(Nota: las viñetas insertas en esta entrada son meramente referenciales).

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«Europa habla!». Aviso publicitario de Casa Morixe – Dell’Acqua, para los receptores RCA Victor. (Revista «Mundial», setiembre de 1940, Uruguay).

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Día Mundial de la Radio, 13 de febrero de 2019.

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Radiotechnique, T.S.F., válvula de radio. Postal no circulada. (Francia).

Tarjeta promocional, editada por Lapina, Francia. No circulada.

La lámpara ilustrada es del tipo TM de RadioTechnique, Modelo R5, marcadas R5 + acrónimo de Radiotechnique.

La Radiotechnique, creada en 1919 en Lyon, tuvo como propósito inicial la fabricación de tubos de transmisión y recepción para el T.S.H. (telegrafía sin hilos) En 1929, añadió a su actividad de origen el estudio y la construcción de los receptores de radio «Radiola», con circuitos de Radio Frecuencia Sintonizada. Tras los acuerdos con la N.V. Philips, Radiotechnique fabrica los receptores de radio y las lámparas que se venden en Francia con la marca Philips y que anteriormente se importaban. ¹

De culote niquelado, también llamadas lámparas de espiga. Estos primeros triodos se caracterizan por tener:

– bombilla transparente o coloreada (azul, amarilla) o dorada,
– esféricas o en forma de pera,
– La punta en la parte superior.
– La base de cobre o metal niquelado.

Los filamentos consisten en un alambre de tungsteno, delgado, incandescente a más de 1.800°C. Su intensa iluminación le valió el nombre de «lámparas» a estos primeros triodos. Más adelante se les llamará «tubos electrónicos». El consumo de los filamentos era importante: entre 0.5 y 1 A, por debajo de 4 V. Fueron de muy corta vida útil: unas pocas decenas de horas.

Estas lámparas llamadas «lámparas de espiga» o «TM» (Triode Militaire) ya no funcionan. Sin embargo, son muy buscados por los coleccionistas por su estética.

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El notable»Diploma», de LR5 Radio Excelsior, Buenos Aires, Argentina. (1935).

Fue el inglés Alfred Mc Dougall quien creó la célebre LR5 Radio Excelsior, inaugurada el 19 de noviembre de 1929.

Desde 1922 había pertenecido a Radio Brusa. Los primeros estudios estuvieron ubicados en Maipú al 400 y su planta transmisora en Monte Grande.

En 1933, Excelsior reemplazó su equipo transmisor por uno nuevo, diseñado y construido por el mismísimo Guglielmo Marconi. En 1943, la radio se mudó a la calle Rivadavia 827 y unos años mas tarde, como la mayoría de las emisoras, fue estatizada por el Gobierno Nacional. ¹

Por su potencia y la altura de su antena, era una emisora fácilmente recepcionada en el exterior. Consecuentemente, era reportada frecuentemente como una captación destacada por aficionados de Norteamérica. Y se trataba de trasmisiones llevadas a cabo en la Onda Media.

Es que hasta 1937, aproximadamente, los aficionados a la «caza» de emisoras de larga distancia lo hacían exclusivamente en la banda de radiodifusión estándar, esto es la Onda Media, en inglés denominada «Broadcast Band». Recién después  y particularmente durante los años de la Segunda Guerra Mundial, la Onda Corta pasaría a ser la favorita.

Los aficionados se nutrían de la información necesaria para confrontar sus captaciones gracias a los boletines o publicaciones de clubes o asociaciones de escuchas, que en EE.UU. eran organizaciones que contaban con un número de entre 15 a 125 miembros. Hubo entidades que superaron el millar de suscriptores. Y una de ellas fue el Newark News Radio Club, de Newark, Nueva Jersey, fundado en 1927. Su publicación se denominaba «The Dialist».

Una de las actividades que catalizó la relación entre oyentes del exterior reunidos en Asociaciones o Clubes y las emisoras, fue la emisión de programas especiales, dedicados por éstas últimas a aquellos. Estas transmisiones especiales, programadas y realizadas  especialmente, se realizaban a menudo a altas horas de la noche, lo que aumentaba la probabilidad de ser escuchadas sobre largas distancias.

En Uruguay, participó, por ejemplo,  CX26 Radio Uruguay.

“Especial uruguayo: La emisora CX26, 1050 kcs, en Montevideo, Uruguay, trasmitirá un programa DX especial el 5 y 6 de noviembre, de 3 a 5 am, Hora Estándar del Este. Este programa está dedicado al National Radio Club. Serán enviadas verificaciones, por 10 centavos, o por 30 centavos, enviarán una selección de fotografías tomadas durante el lapso en que los programas estén emitiéndose” (Radex, 1938). (Ver más).

Se instaba a los miembros del club a estar atentos y a enviar informes a estas estaciones, incluso si las hubieran captado y verificado anteriormente, o al menos animándoles a escribirles y agradecerles por poner tales emisones al aire. Probablemente el más largo de estos especiales DX fue una transmisión de cinco horas para el NNRC por la emisora de 500 vatios, WFMD, de Frederick, Maryland. En esa ocasión, la emisora recibió 358 informes de recepción, incluyendo 26 reportes recibidos desde Australia y Nueva Zelanda. 

Llegó a ser tan numerosa la cantidad de programas especiales, cientos, que se organizaron cada temporada, que se dieron numerosos conflictos de programación, y esto llevó a prácticas turbias entre los clubes.

Algunos de los clubes pedían a las estaciones que les dedicaran una parte de un programa organizado por otro club. 

Se convirtió en una práctica habitual no publicar información sobre programas especiales. Eventualmente se estableció un Plan de Cooperación Inter-Clubes, presidido por Emily Griswald de West Hartford, Connecticut. Bajo el plan, que fue adoptado en 1935, estaciones y frecuencias se asignaron a determinados clubes, para que cada una de ellas recibiera sólo una solicitud de programa de cortesía y los programas no competirían entre sí en la misma frecuencia o al mismo tiempo.

Pero el plan era a menudo olvidado por algunos y también hubo DXistas que no estaban de acuerdo con el concepto de programa de cortesía. Sentían coartada su posibilidades de escucha, teniendo que soportar una banda de Onda Media cargada de transmisiones especiales innecesarias (que ocurrían a menudo los domingos a la madrugada), bloqueando así la oportunidad de escuchar DX real. A lo largo de los años, la práctica se fue dejando, pues las emisoras progresivamente dejaron de tener interés en ser reportadas desde distancia y los aficionados que ya habían captado y verificado la escucha de las radios, dejaban de participar en ellas. ²

En 1935, LR5 Radio Excelsior, Buenos Aires, Argentina, coordinó una de estas trasmisiones especiales para oyentes del exterior, concretamente la gestionada por el Newark News Radio Club. La noticia fue publicada en la publicación RADEX, de EE.UU.

Titulada como The LR5 Specials, (Los Especiales de LR5), se reporta la realización de dos trasmisiones para los días  6 de enero y 3 de febrero de 1935. Y se comenta que «su programa de noviembre 4, fue recibido en buena forma por todo el territorio de los EE.UU., con anuncios en inglés, selecciones musicales de alto calibre y numeradas consecutivamente. Son -continua la nota- programas DX ideales, y comienzan unos pocos minuto después del cierre de trasmisiones de la estación KOA de Denver». 

El DXista E. O. Cutler, de Nueva York, la pudo escuchar ese 4 de noviembre, en la frecuencia de 830 KHz, a las 2:45 Hora Estándar del Este de EE.UU. LR5 apagó trasmisión a las 3:00, y los anuncios fueron hechos en inglés y castellano. 

Quienes escribieron y enviaron su reporte de escucha, recibirían a vuelta de correo, no una simple carta o tarjeta postal, ni siquiera una tarjeta QSL especialmente hecha, sino uno de los más bonitos documentos -si no el más de toda la historia de la radiodifusión internacionalcertificando la  confirmación de escucha de LR5: un magnífico diploma, redactado en inglés, consignando, en el siguiente ejemplo,  la trasmisión especial dedicada a los DXistas norteamericanos del NNRC, con un texto de agradecimiento por la escucha realizada.

LR5 Radio Excelsior, Buenos Aires, Argentina. Diploma conferido al Sr. J.W. Brauner, de Williamsville, Nueva York, para la correcta verificación de la trasmisión del programa emitido por LR5 Radio Excelsior, en la frecuencia de 830 Kc/s, 361,4 metros de longitud de onda, del 8 de enero de 1935; con un programa de cortesía en honor al Newark News Radio Club». Recepción comentada como consistente, por parte de quien firmó el documento, quién felicita por el éxito logrado en la recepción lograda. (Cortesía: colección del National Radio Club, EE.UU.).


Fuente consultada:

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«Últimos inventos», Ramón Gómez de la Serna. (España, 1927).

Todas las semanas hay tantos inventos en la Radio que no se pueden registrar todas las novedades de la semana.

Entre los últimos hallazgos está el de la lámpara rosa, gracias a la cual pueden oírse las ilusiones y recibir en los auriculares—aún no se ha conseguido oírlas en altavoz—la confidencial noción.

Otro sabio ha observado que las lámparas dialogan, y trata de recoger esos secretos que se dicen. Ya nos había parecido a nosotros al pasar en la alta noche por delante de esos escaparates en que hay numerosos aparatos y altavoces, que en esa hora los aparatos parlantes hablaban entre sí con personalidad propia.

Mr. Walter, el inventor de la mesilla de noche musical, ha logrado oír los espejos.

Hace ya mucho tiempo que sólo le preocupaba sonsacar a los espejos lo que oyeron, y que, según él, estaba circunscrito en lo que vieron, pues al no retener la imagen retuvieron la palabra del pasado.

Al fin, Mr. Walter ha logrado interpretar los espejos y reproducir lo que oyeron con más atención, guardándolo en el rayado sutil de sus lunas.

Declaraciones amorosas, proposiciones de negocios, conspiraciones, etc., etc., han sido resucitadas gracias al aparato revelador de los espejos.

Se ha oído un diálogo de don Mendo con doña Mencia en el castillo de Orlando, en el cual preguntaba don Mendo: «¿Has preparado ya el té de orégano de las cinco?»

Lo cual demuestra que en aquellos tiempos no se conocía el té chino.

Por fin, el último invento de la semana ha sido el del alemán Koping, que ha logrado inventar las ondas silenciadoras, enviando siseos al aparato emisor, cuando lo que se emite es un poco flojo.

Viene el aparato del señor Koping a solucionar ese deseo de intervención que tiene el radioescucha cuando el programa ha decaído.

El «silenciador» logrará demostrar la opinión pública cuando algún orador se aprovecho de la imposibilidad de intervenir que maniataba al escuchante.

El «silenciador» habrá que usarlo con prudencia, porque varios en funciones apagarán la audición recriminada.

El ansia de comunicación y respuesta que sentía el público podrá desahogarse ahora en que ya no son ciegos, mudos e inválidos los que escuchan.

Hay que felicitar al autor del «silenciador práctico» por su buen gusto en no buscar la máquina de los silbidos o pateos, contentándose sólo con la que lanza siseos, aunque él mismo advierte que cuando esté muy generalizado el empleo de su aparato habrá verdaderas tempestades de siseos, que apagarán las lámparas como el aire de un ciclón.

Los que han oído lejos la comunicación del nuevo aparato dicen que es imponente el sentido de ese chisteo, que parece el de la Providencia, que con mi dedo en los labios impone silencio para que dejen dormir a sus niños.

Los que sin conocer del invento del sabio alemán hayan oído la imposición de silencio emergida de las sombras, deben haberse quedado sobrecogidos, pues parece que lo que quiere descansar en las fuerzas secretas de la naturaleza protesta del ruido sutil que oye.

Ondas, en forma de ese líquido, son las que proyecta el nuevo reflector, introduciéndose en los aparatos con adormilamiento de los mismos.

Ramón Gómez de la Serna
(Ilustraciones del escritor).


Fuentes:

Publicado en 1927, componentes electrónicos, España, Humor radiotelefónico, Ilustración, Los principios, Notas de prensa, radio, Radioescucha, textos | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario