Grandilocuencias radiales.

Una gran válvula electrónica o tubo de vacío, la común válvula. Artículo promocional para la Exposición de Radio de 1926, en EE.UU.

Tex Rickard sintoniza el condensador variable más grande del mundo, para el año 1926. Nótese la diferencia del que tiene en su mano, con el que tiene en la otra sintonizando.

Receptor promocional de la marca Philco, ya con la tecnología del circuito superheterodino. EE.UU. 1930s.

Los Volksempfänger (en alemán, literalmente ‘receptor del pueblo’) fueron una serie de receptores de radio desarrollados por Otto Griessing para la empresa Seibt a petición de Joseph Goebbels. El primer aparato presentado fue el Modelo VE301 el 18 de agosto de 1933 en la Internationale Funkausstellung Berlin (la feria internacional de la radio de Berlín). Este diseño VE301 tenía un cuerpo de baquelita creado por Walter Maria Kersting. Se fijó el precio de la versión de corriente a 76 Reichsmark, y para la versión de bateria se fijó un precio de 65 RM. El propósito del programa Volksempfänger era hacer posible que el público en general tuviera acceso a un aparato para escuchar radio. Joseph Goebbels se dio cuenta del gran potencial que tenía este medio relativamente moderno para difundir propaganda y por ello consideró muy importante que los equipos de radio fueran fácilmente accesibles. (1)

Arte promocional para un afiche promocional de un receptor RCA, EE.UU, 1940s.

En su momento, el radioyente más gordo del mundo, Arthur Woodmar, de California, pesaba 510 libras y fue entusiasta aficionado. (1927).

Receptor de radio de 40 válvulas, 1936.

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Los veintitrés mandamientos del radioyente. (España, 1926).

Todo buen radioyente deberá tener en cuenta los siguientes consejos para obtener el mayor éxito en las recepciones radiotelefónicas:

– La sensibilidad y la potencia de un receptor, no son únicamente función del número de lámparas, sino de la manera como estén montadas y de la calidad del material utilizado.

Se emplean en T. S. H. dos clases de amplificadores: de alta y baja frecuencia. Las lámparas montadas convenientemente con alta frecuencia, aumentan la sensibilidad y el alcance de un receptor mucho más que la intensidad de la recepción.

Las lámparas en baja frecuencia, alimentan la intensidad, pero no aumentan el alcance.

El mejor receptor para las recepciones en casco de emisiones lejanas, deberá ir provisto de una o dos lámparas en alta frecuencia, y de una detectora, sin ningún  paso en baja.

Para recepción en altavoz a gran distancia, a los lámparas anteriormente descriptas habrá que añadir uno o dos pasos en baja.

Si se trata de recepciones en un radio de cien kilómetros, un aparato compuesto de una detectora a reacción con uno o dos pasos en baja, dará buen resultado.

Para distancias superiores se empleará con mejor éxito una en alta Para estimar la diferencia entre dos receptores, es preciso compararles el mismo dia y a la misma hora con la misma Instalación, los mismos accesorios y la misma emisión.

En caso de antena interior o de cuadro, es preferible un receptor con alta frecuencia; por lo menos ha de llevar una de estas clases de montaje.

– Para estimar la diferencia entre dos receptores, es preciso compararles el mismo día y a la misma hora con la misma instalación, los mismos accesorios y la misma emisión.

– No es suficiente contar con un buen aparato: los accesorios deben ser también de buena calidad, especialmente las lámparas y el altavoz.

– Una lámpara puede lucir y ser mala. El noventa por ciento de los aparatos verificados en 1925, no funcionaban a causa de que una o varias lámparas eran defectuosas.

– Una batería de pilas puede dar en el voltímetro setenta voltios, y, ser insuficiente. Lo cual se traduce en una falta de potencia o en un silbido agudo, en el caso de tratarse de un receptor de cuatro o seis lámparas. Entonces se emplearán pilas de gran capacidad.

– Un voltímetro de dos escalas para verificar acumuladores y pilas será de gran utilidad.

– Tened siempre algunas lámparas de recambio.

– No juzguéis en un día el funcionamiento de un receptor, pues las condiciones atmosféricas hacen variar la intensidad y la pureza de las audiciones en un mil por ciento en determinados casos.

–  Evitad los cruces de conexiones y los hilos muy largos.

10º – Evitad la colocación directa, sobre el suelo o cerca de la pared, de las baterías de pilas o de acumuladores, pues pueden producirse capacidades perjudiciales.

11º – Evitad lo más posible el contacto con la pared del hilo de entrada de la antena, aun cuando vaya bien aislado, pues se producen grandes pérdidas y disminuye la selectividad.

12º – El hilo de tierra que va a la tubería de agua, gas o calefacción central, o a una placa metálica enterrada en suelo húmedo, ha de ser lo más corto posible.

13º – No descarguéis los acumuladores por debajo de 3,6 voltios. Recargadlos, por lo menos cada seis semanas aun cuando no se utilicen, o bien echad el ácido en una botella bien tapada, llenando seguidamente de agua destilada o de lluvia el acumulador.

14º – La carga de los acumuladores sería conveniente que la hiciese un electricista competente.

15º – Se puede fácilmente, aun sin ningún conocimiento especial, cargar en casa los acumuladores, si poseemos corriente eléctrica y un sencillo cuadro de carga.

16º – Las lámparas de débil consumo, debido al pequeño diámetro de su filamento, entran en vibración mecánica, que se traduce en un sonido de trompa continuo. Para evitar esto habrá que apartar el altavoz del aparato o cambiar la lámpara detectora.

17º – Evitad que silbe el aparato, accionando debidamente la reacción, pues, incluso tratándose de aparatos a resonancia, se producen, de no hacer esto, interrupciones en los receptores que funcionan dentro de un radio de un kilómetro.

18º – Si vuestra antena es de grandes dimensiones, será prudente en tiempo tormentoso ponerla en comunicación con tierra exteriormente por medio de un fuerte inversor.

19º – En caso de interrupción, no achacarlo en seguida al receptor. Verificad con cuidado todas las conexiones, pilas y acumuladores. Cambiad las lámparas de sitio o reemplazadlas por otras.

20º – No exigid a un aparato de antiguo modelo los mismos resultados que
al de más reciente invención.

21º – Los records de distancia que se publican en los periódicos se obtienen
frecuentemente en casos excepcionales: con buena antena, excelentes condiciones atmosféricas y al abrigo de perturbaciones industriales.

22º – Excepto en condiciones locales muy favorables, las ondas cortas se reciben raramente en pleno dia a más de doscientos kilómetros; ello obedece a la
absorción solar, sobre todo, y también a los parásitos industriales, inevitables
en todas las ciudades.

23º – El valor y el rendimiento de un aparato depende, no sólo de la bondad del receptor, de las condiciones locales y de los accesorios, sino también del
método de reglaje del operador.


  • Revista «Ondas», Madrid, España, octubre de 1926.
Imagenes referenciales.

 

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Uruguay: cuando rebautizaron a Marconi en un libro escolar y otros errores más. (1993).

El Programa «Un niño, un libro» fue un ambicioso programa financiado por el BID, concebido y ejecutado en 1992 por el Centro de Innovación y Desarrollo, supervi­sado por la Administración Nacional de Educación Pública (Codicen), el Consejo de Educación Primaria, y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto -Programa de Inversión Social.

Para concretar este programa fueron contratados más de setenta profesiona­les, maestros, profesores, etc., entre los que se encontraban también los siguientes ilustradores uruguayos: Ana Barrios, Domingo Ferreira, Verónica Leite, Sergio López, Fidel Sclavo y Daniel Soulier. La supervisión gráfica fue realizada por Hermenegildo Sábat. (Los libros fueron editados en 1993). ¹

En las páginas 30 y 31, del volumen dedicado a los niños de sexto año de Educación Primaria (el último del Primer Ciclo), se halla este artículo, que reseña sumariamente la historia del medio radial y su funcionamiento básico.

¡Pero el texto contiene, al menos, dos errores graves!… que marcamos debidamente…

¡Upsss! ¡Rebautizaron a Guglielmo Marconi como Alejandro Marconi!.

Tampoco puede afirmarse tan categoricamente, que el medio de comunicación fue «descubierto» por Don Guglielmo!. La Radio ha sido una sucesión de descubrimientos, y a partir de estudios y experiencias, sobre y con ellos,  le siguieron inventos e innovaciones, realizados por distintas personas a lo largo de la historia, especialmente desde finales del siglo XIX, por parte de físicos, experimentadores, entre los que hay que mencionar a Maxwell, Faraday, Ohm, Hertz, etc. para pasar por Nikola Tesla, y finalmente, recoger todo ese conocimiento y construir un sistema  funcional y con un uso práctico, «patentable», comercializable, como lo hizo Don Marconi.

Por otra parte, la Estación «General Electric», con sus trasmisiones experimentales, no fue siquiera la primera emisora de Latinoamérica.

Debe recordarse que ya en 1920, Enrique Susini,  guió el proyecto junto a un grupo de entusiastas (su sobrino Miguel Mugica y sus amigos César Guerrico y Luis Romero Carranza), que llevó a la primera transmisión de radiodifusión en la Argentina, realizada el 27 de agosto de ese año, anterior a la que se efectuó en noviembre en los Estados Unidos, en ocasión de la elección presidencial celebrada en ese país. Así, Radio Argentina se convirtió en una de las primeras estaciones de radiodifusión con programación regular en el mundo.  ²

Hilando más fino si se refiere al término «emisora» en sentido estricto,  hubo tales desde 1900 por lo menos…

Otra: «Las ondas van por el aire…»… ¡No!… «las ondas van por el Espacio».

La página 31 ofrece un panorama más alentador, está ilustrada con una alegoría del dibujante Fidel Sclavo.

Las dos preguntas, sugeridas al jóven lector, al pie de la misma, abrirían seguramente, una magnífica experiencia para el maestro y su grupo de clase.

Es un libro que no se está utilizando actualmente en la Educación Pública uruguaya.


 

Agradecimiento:

El gazapo fue detectado hace un tiempo largo ya, por el coleccionista e investigador Sr. Antonio Tormo, quien fundó y dirige el «Primer Museo Viviente de la Radio y las Comunicaciones del Uruguay ‘Gral. José Artigas'», desde 1991, en Montevideo, Uruguay.

Una afortunado hallazgo de este ejemplar, el domingo pasado, en la tradicional Feria dominical de Tristán Narvaja,  permite hoy, compartir en LGdS,  las páginas referidas de tal publicación, incluyendo los hoerrores detectados.

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 Conversación radiofónica con un marciano (1926).

En mi modesto laboratorio y construido por mí, existe un aparato receptor de grandes dimensiones y de mucho alcance, con cinco, diez, veinte lámparas, cuántas se quieran, que me permite escuchar todos los conciertos de radiotelefonía que se dan en el Mundo. 

Una noche, hallábame con los teléfonos al oído deleitándome con el Jazzband de Londres, cuando de pronto me entró la comezón de comprobar el alcance de mi magnífica instalación, asombro de todos los radioescuchas de España.

Encendí una lámpara más, y enseguida, percibí las señales telegráficas de la estación de Nauen; puse en funcionamiento la quinta, y bien pronto escuché unas canciones nostálgicas de las orillas del Danubio; después, a medida que iba poniendo en estado de sensibilidad la serie inacabable de audiones en reserva, fui oyendo el enrevesado hablar de los suecos, las soflamas revolucionarias de los rusos, las pláticas ocultistas de los indios, el «fuchi fuchi» del japonés, las estaciones de Charlestón y New York, y, por último, al sonoro idioma de Cervantes, que yo atribuí a algún concierto gaucho de las Pampas y que me resultaron las amenas y españolísimas emisiones de Unión Radio. ¡Había dado la vuelta al mundo, como el que no quiere la cosa!

Y ya lanzado al espacio, en el vértigo de la distancia, no satisfecho con
posarme en el Congo y en el Senegal, en Australia y en las islas Hawai, como si fuera montado en un rayo de luz solar, crucé el espacio sideral después de haber puesto en incandescencia todas las lámparas de mi estación.

La sensación que me produjo esta especie de transporte mental fué algo extraña, como de un susurro lejano, de continuos ruidos muy tenues que se iban amortiguando, semejantes a veces al silbido agudo que produce el viento al cruzar el laberinto estrecho de algunas callejas. Con bastante frecuencia, mi aparato recogía tristes lamentos, quejidos dolorosos,  procedentes tal vez de las regiones donde vagan las almas en pena.

Me hallaba, pues, muy lejos; allí donde la mirada no alcanza, y la imaginación no llega, más allá de la atmósfera, en regiones estelares desconocidas, sentado quizá encima de algún astro muerto, recogiendo las irradiaciones de algún cuerpo celeste en ignición, cabalgando en alguna estrella fugaz, en algún cometa errante…

¡Quién sabe!

De repente cesaron todos los ruidos misteriosos, y poco después se oyeron fuerte, clara, acompasadamente, tres señales parecidas a las radiotelegráficas, emitidas por ignorada estación. Las tres señales que tanto dieran que pensar al gran Marconi. Mi reloj acababa dc señalar las cinco, la hora que precede al alba, la mas escalofriante, la más emocional, cuando la claridad, en lucha lenta, va disipando las sombras de la noche.

Las tres señales volvieron a oírse. Como por mágico encanto, aquellos signos se convirtieron en claras modulaciones de una voz lejana salida de las profundidades del abismo; como un eco apagado de algún ser supraterrenal, que fue vertiendo lentamente en mis oídos estas extrañas palabras:

—No te inquiete el secreto del más allá. No descorras el velo de Isis, que yo satisfaré tu curiosidad. Es un marciano el que te habla. Aprovechemos esta noche única, en la que tan sólo 55 millones de kilómetros nos separan,  porque mañana la distancia será, mayor y habrá más dificultades para comunicarnos.

Un poco desconcertado, sin saber si aquello «era sueño o realidad, le pregunté:

-¿Cuántas lámparas tiene tu aparato? 

-¿Lámparas, dices? Ninguna. Sois en la tierra más ignorantes de lo que yo pensaba. Aunque habitáis un planeta bastante mayor que el mío, cons calor y vida, aunque Dios os ha colocado mas cerca del Sol, no habéis sabido aprovechar una situación preferente y observo que estáis muy atrasados.

Para hablar con vosotros, los marcianos no necesitamos aparato alguno; poseemos medios propios hasta para adivinar vuestros pensamientos. Los habitantes de nuestro planeta no tenemos oídos y carecemos del don de la palabra de que tanto vosotros blasonáis;  en cambio, nuestro olfato es más fino y nuestra vista más perspicaz y, sobre todo, tenemos mucho más desarrollado el cerebro. Aquí desconocemos el telégrafo, el teléfono y también la radio, que para nada los necesitamos.

Para comunicar a distancia nos servimos de la mente, procedimiento mucho más rápido. Para recibir las ondas hertzianas los habitantes de la Tierra necesitáis de una lamparita 0 de algún metal, una y otro mucho más sensibles que vuestros sentidos, lo cual no deja de ser una humillación para vuestro orgullo; nosotros llevamos encima del cráneo un miembro gelatinoso, especie de antena, que nos sirve de receptor y de transmisor, el oído y la boca uucstros, por donde penetran y salen los pensamient0s. Si queremos dirigir un mensaje a cualquier marciano, no tenemos más que concentrar la mente en un punto y pensar lo que se quiere comunicar; en el mismo instante el otro lo recibe.

C0mprenderás ahora, infeliz mortal, qne te arrastras por la Tierra, que la vida en  nuestro planeta es mucho más sencilla que en el vuestro. Aquí los días transcurren  en paz, sin grandes alteraciones, porque tampoco tenemos grandes necesidades.

Los marcianos no comemos: por una pequeña abertura del vientre aspiramos las substancias alimenticias que nos son precisas para vivir, y que, pródigos, nos facilitan nuestros espesísimos bosques y nuestras fértiles y umbrías campiñas. No necesitamos, pues, conquistas de terrenos porque aquí todos vivimos con holgura y sin las grandes inquietudes de vuestra civilización para asegurar el sustento.

Desconocemos la esclavitud, porque no existe la ambición ni la malicia. En actividad espiritual constante, vivimos sólo para mejorar nuestra condición interna que es la que nos ha de proporcionar el bienestar en la otra orilla,
allí donde tú y yo iremos a parar, porque alguien nos espera a todos.

—-¿Tenéis gobierno? -—-pregunté con ansiedad por mi aparato.

—Aquí todos somos libres, todos nos regimos por la única ley: la Ley eterna, la que de lo alto se refleja en nuestras tranquilas conciencias…

Se perdió. Moví los comandos de mi aparato a uno y a otro lado buscando con ansiedad la comunicación interrumpida, y nada conseguí. El silencio más absoluto. Ni aquella ni ninguna otra noche volví a saber más de mi desconocido interlocutor.

NILO VARGAS.


Revista «Ondas», Madrid, España,  24 de octubre de 1926.

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«Fútbol por control remoto». (Inglaterra, 1960).

blockquoteEn Inglaterra se está empleando control remoto para la instrucción de los jugadores en la cancha.

El entrenador utiliza un radiotransmisor, cuyas señales son captadas por minúsculos radiorreceptores usados por los jugadores, quienes pueden oír las instrucciones que el entrenador les transmite, mediante un auricular pequeñísimo ajustado al oído.

El entrenador Ron Greenwood, del internacionalmente famoso Arsenal, da instrucciones al equipo en un partido de práctica.

El pequeño radiorreceptor va en una bolsita que pende bajo la axila del jugador. Así, el entrenador puede dar sus consejos e instrucciones al equipo en plena sesión de juego, sin interrumpir las jugadas, corrigiendo faltas y errores tácticos tales cuales se le aparecen a él, que domina todo el campo.

El gerente del Arsenal, George Swindin, ajusta el radiorreceptor al jugador Jimmy Bloomfield.

Los jugadores dicen que la audición es perfecta y que el radiorreceptor no les molesta en nada».

Fuente:

«Fútbol por control remoto», publicado en el magazine chileno ZIG-ZAG, hacia el 30 de septiembre de 1960 (página 47), en la ciudad de Santiago de Chile.

Agradecimiento:

Colaboración por cortesía del amigo, investigador de la historia de la radio en Chile, Dr. Ricardo Paredes Quintana, Santiago.

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Mirtha Ataídes, Carlos Silva, dos figuras de la radiodifusión uruguaya, recientemente desaparecidas físicamente.

Agosto y los primeros días de setiembre de 2014, han sido de lamentadas pérdidas para la radiodifusión uruguaya. Se trata de la desaparición física de relevantes personalidades, dos brillantes locutores, que marcaron con destaque su vida en el medio radial.

Mirtha Ataídes

Mirtha Ataídes, fue locutora, publicista y productora,  de destacada trayectoria en la radiodifusión nacional. Falleció el 12 de agosto de 2014.

Fue integrante del grupo teatral «Compañía Teatro del Sol», creado y dirigido por el jóven y premiado internacionalmente dramaturgo, actor y locutor Luis Armando, desde 1994.

Su trabajo de locución fue, fundamentalmente en CX24, cuando se denominaba Radio El Tiempo, entre otras emisoras.

Sus últimas apariciones fueron en CX4 Radio Rural junto al conductor, animador, locutor, productor de radio y TV, Sr.  Gustavo de los Santos.

En reunión con familiares y amigos, entre ellos los comunicadores Gustavo de los Santos (de pie, izq.) y Luis Armando (de pie, der.).

         Izq.: Mirtha Ataídes, a los 17.                     Der.: con el dramaturgo, actor y locutor Luis Armando

Desde la muerte de su hijo del alma, el periodista de basquetbol Diego Ataídes (en realidad su sobrino, fallecido a temprana edad), mantuvo vigente una agencia de publicidad que que juntos construyeron. Aún con su problema de salud, continuó visitando a sus clientes hasta el pasado mes de abril. Desde hace algún tiempo padecía una penosa enfermedad.

audioiconMirtha Ataídes. Narra sus comienzos en la radio. Entrevista realizada por el Dr. Daniel Ayala González, del programa sobre historia de los medios «Radioactividades», CX26, Radio Uruguay (Radiodifusión Nacional del Uruguay). Irradiada el 14 de agosto de 2014, al recordar su figura.

 

audioiconFragmento del radioteatro «Secreta Obsesión» (libreto y dirección de Luis Armando) con las voces de Lucy Arregui, Mirtha Ataídes y Carlos Morán.

 

audioiconMirtha Ataídes. Sus palabras al recibir el «Premio CX» 2013″ en la categoría «Radio», otorgado por el Primer Museo Viviente de la Radio y las Comunicaciones del Uruguay “Gral. José Artigas”. 17 de mayo de 2013. (Archivo «Primer Museo Viviente de la Radio y las Comunicaciones del Uruguay»).

 

 

Carlos Silva

El 3 de setiembre de 2014, falleció Carlos Feliciano Silva, el locutor, el ex presentador de “Aquí está su Disco”, legendario programa de CX20 Radio Montecarlo.

Participó como narrador, también en el radioteatro de la Compañía «Teatro del Sol», de Luis Armando… Luis lo recuerda de esta manera: ¡¡¡Como anda amigoooo!!!.  El actor y director Armando Lupo!!!!”,  y me daba un abrazo apretado. Así me recibía Don Carlos Feliciano Silva a mediodía cuando yo llegaba al departamento de prensa de la 20, en aquella vieja y querida Radio Monte Carlo.

Fue por más de 28 años la voz del programa más escuchado de la radiotelefonía del Uruguay, sucesor del Sr. Eduardo Bello (otrora jefe de locutores de Radio Monte Carlo), y cuyo lugar como conductor ocupa hoy Roberto Méndez.

Agrega Luis Armando:

«Por las mañanas, su humor era variable, y mientras Vicente Dumas Sottolani y Caraballo leían el informativo, a veces dormitaba. Pero a la hora en que el jingle decía “En Monte Carlo les decimos que hora es…”, se despertaba y decía la hora…

¡A veces se le escapaba la temperatura!. Es que sus oídos se iban cerrando. No importaba la marca del audífono, porque en realidad, yo creo que él mismo, inconscientemente, se quería apartar de la realidad, se encerraba en si mismo… O acaso, cuando despertaba frente al micrófono, estaba en una ensoñación.

Porque este locutor era un peregrino, un taurino soñador, poco comprendido, amigo de la bohemia, al que no le gustaba andar con vueltas… 

Carlos Silva, junto a su sucesor en la conducción de «Aquí está su disco», Roberto Méndez. (foto cortesía Luis Armando).

Por años condujo las fiestas de la famosa casona casa de Millán y Raffo, pues le gustaba la nocturnidad. No le importaba demasiado el dinero: lo gastaba mal y no le daba el justo valor de a su trabajo. Así era este hombre con un alma de niño grande.

Durante el programa «Aquí está su disco», […] se enojaba a veces con los oyentes que le pedían todos los días el mismo tema; se ofuscaba, o decía improperios fuera de micrófonos, se molestaba con otros que hablaban y hablaban descargando muchas veces en él, el peso de sus soledades, sus frustraciones, o se “enroscaba” charlando con los oyentes que sabían entrar es su particular sintonía. ¡Y no le gustaba para nada que lo confundieran con el Sr. Bello!.

El quería que lo reconocieran por ser quien era en realidad, y no como a una voz prestada, estandarizada, propiedad de un medio. Y no faltaban las señoras, que, enamoradas de esa voz, buscaban seducir al presunto galán, a veces imaginario y otras, no tanto…

Luis Armando, en su semblanza, agrega:

Tuve la suerte de tenerlo como narrador de nuestro radioteatro (La Compañía Teatro del Sol) durante 17 años. Le encantaba hacer ese trabajo. Grababa con el coordinador general de operadores, Daniel Núñez, quién tanto defendió nuestro radioteatro… Carlos Silva siempre amó la radio.

Don Carlos Silva, frente a los micrófonos de CX20, Radio Montecarlo. (Foto cortesía Luis Armando).

Solía decir: «A los 6 años ya sabía que ésta era mi pasión. Recuerdo que me pasaba horas con la oreja pegada a la radio escuchando solamente las locuciones». Esto también lo contaba en una entrevista al diario «El País», de Montevideo, en 2007, cuya página puede consultarse aquí.

Era padre de tres hijos y abuelo de 12 nietos. Había comenzado de niño a realizar locuciones en un tablado barrial, cuando a los 18 años, ya tenía un trabajo de medio tiempo como «aprendiz de locutor» en CX36 Radio Centenario.

Formó parte del staff de locutores de Radio Colonia, donde ingresó gracias a un concurso de radiofonistas. Cuenta en esa entrevista, que aprendió mucho con varios locutores argentinos egresados del ISER, de Argentina. Cuatro años después, ingresó a Radio Monte Carlo, en 1962, de donde no se movió hasta el 13 de agosto de 2007, fecha en la que salió al aire por última vez. Nunca, pero nunca “se la creyó”, como se dice popularmente.

Carlos Silva. (Foto, cortesía Luis Armando).

«Le hicimos una despedida, que no estuvo, seguramente, a la altura de todo lo que él nos dio a nosotros», continua recordando Armando. Y prosigue:

«Lo recuerdo con su humor a veces mordaz y otras, sofisticado, como lo expresaba en sus monólogos, que el mismo escribía para “La Rueda del Zodíaco” (grandes picos de audiencia de la entonces llamada la Super Radio), en los que intervenía [el otro gran animador informativista y locutor de CX20] Vicente Dumas Sottolani. 

«Y es que le había inventado historias al astrólogo “estrella” de la radio de aquel entonces, el profesor Joao Rocha de Acevedo –otrora «Aladín»– (hoy fallecido). Don Joao, con su delgada estampa, aspecto frágil, rostro pálido, un estilo anticuado (como él del personaje del vals del Caballero de Gracia de la zarzuela «La Gran Vía») y su bisoñé de rulos aplanados -eternamente castaño-, le decía con ese particular acento portugués que lo caracterizaba y en tono de súplica: “Carlitos, no diga esas cosas, esos comentarios, que la gente no me va tomar en serio….”

«Y Carlitos seguía, y subía el tono, sabiendo que la gente no era tonta y que aceptaba con complicidad el humor con él que amenizaba los reiterativos comentarios del viejo astrólogo… Aunque algunas veces, justo es decirlo, Vicente y Carlitos se iban por las ramas, y no podían seguir hablando; literalmente se reían a carcajadas imbuidos en ese humor absurdo que ellos mismos procreaban. Y todo por las ocurrencias de este locutor, guionista, narrador, presentador e informativista, que se jubiló sin pena ni gloria, y que después nos visitaba cada tanto tiempo, siempre con afecto y respeto». 

De visita a los compañeros de la Radio Montecarlo. (Foto, cortesía Luis Armando).

Superó problemas coronarios, pero no pudo con la diabetes, que mermó definitivamente su calidad de vida, una vida que no cuidó demasiado, quizás por ese ir y venir suyo, que improvisaba constantemente y que terminaba por llevarlo a ningún lado. 

Mientras Luis Armando , entonces informativista, leía las noticias, Carlos Silva se tomaba fotos con los compañeros (Foto, cortesía Luis Armando).

«Me decía«, relata Luis Armando: “¿Tiene algún libreto para mí? ¡Sabe que cuenta conmigo para lo que sea…!”, haciendo referencia a la narración del radioteatro que yo dirigía y escribía en Monte Carlo, pues le encantaba el género y especialmente, ser el relator. Tengo su registro de voz en unos trescientos episodios, al menos. Si lo hubieran “escuchado”, apoyado, si lo hubieran tomado en serio, si lo hubieran visto más allá de la máscara… Decía que no lo tomaban en serio. Después de todo, era sólo Carlitos, el locutor de la radio…Pero en fin, cada uno con su Tao».

Carlitos Silva, rodeado de sus compañeros de entonces. (Foto cortesía Luis Armando).

Las fotografías que se publican, fueron tomadas por el ex informativista Jorge Saavedra, el día de su despedida.

Falleció el 3 de setiembre de 2014 y sus restos fueron sepultados  en el Cementerio del Norte, de la ciudad de Montevideo.

Su corazón seguirá latiendo en el imaginario de quienes lo conocimos, tratamos, y fundamentalmente, en el recuerdo de los oyentes…

video-icon48x42Fragmento narrativo de Carlos Silva en la adaptación de «El pedido de mano», de Anton Chejov, por Luis Armando.

 

Fuentes y agradecimientos:

  • Luis Armando, Montevideo, de su muro en Facebook buena parte del texto de esta entrada, adaptado y formatado, y las fotografías de su autoría de la Sra. Mirtha Ataídes y de Don Carlos Silva, con aporte de archivos sonoros, por cortesía.
  • Entrevista a Mirtha Ataídes, Programa «Radioactividades», CX26, Radio Uruguay, Radiodifusión Nacional del Uruguay, 15 de agosto de 2014.
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Arte radiofónico: «Radio Nomadista» (Juan y Diego, Colombia).

Dibujo para Radio Nomadista, Chile. Juan y Pablo. (Foto en Flickr – Attribution Noncommercial No Derivative Works. Some rights reserved).


Juan Diego. Artista, ilustrador freelance, nacido en Bogotá, Colombia.

EXPOSICIONES:

2008
1er LadyFest, Exposición de arte a cargo de Juan y Diego: mujer y rebeldía, Bogotá, Agosto 9, (Individual).
2009
1er encuentro de publicaciones independientes ( CANCELADO),Organización Nelson Garrido, Exposición de ilustración , Caracas-Venezuela, Noviembre 16 (individual).
2010
Exposición Colectiva, MAHA Vegetarian food & Bar, Marzo 30 (Colectiva)
¿Que es lo que apasiona de tí?, Bogotá -Abril 28 (Colectiva).
2011
AgüaNegra, en Aseismanos centro cultural, Bogotá- Febrero 25. (Individual).
2011
Rotäs y Bellas, en Aseismanos centro cultural, Bogotá- Noviembre 10 (convocatoria colectiva Arte & Reciclaje).
2012
Lanzamiento del libro » Alquile una casa en el este del infierno»
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Exposiciones itinerates en México «Hey Crostis ArTour!»
Diseño arte para A//NARCOLEPSIA.

Fuente:

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Argentina: Inauguración de la Planta Transmisora de FM, LRA7, en el Palacio de Correo Central, (7 de enero de 1946).

El 7 de enero de 1946, el Director de Correos y Telecomunicaciones Oscar Laciar inauguró en el Palacio de Correos y con la presencia del Presidente de facto Edelmiro Farrell y del Vicepresidente de facto Oscar Pistarini (que sucedió en el cargo a Juan Domingo Perón), la primera estación de Frecuencia Modulada [pública] del país, sólo 13 años después de que el sistema se patentara en EE.UU. por Edwin Armstrong.

audioiconEste archivo sonoro, digitalizado recientemente por Radio Nacional de la República, Argentina, documenta acerca de la antigüedad de la Frecuencia Modulada en la Argentina.

Dice la información: «Hasta la fecha, se entendía que las primeras emisoras de FM databan de 1970 (en el caso de la FM Estereofónica de Radio del Plata), y de mediados de los 60 (en el caso de la FM monoaural de Radio Mitre, equipo que fue comprado originalmente como enlace entre los estudios y la planta transmisora); pero veinte años antes Radio del Estado (actual Radio Nacional) estaba realizando transmisiones de prueba en FM entre las 12 y las 13 y entre las 20:30 y las 22 horas.

«Tambien se encuentra en Internet que oficialmente la FM monoaural mas vieja de Sudamerica es «Emisora Río de la Plata» de Montevideo, Uruguay, pero esta nueva información encontrada entre los discos de archivo de LRA1 Radio Nacional, la convertirían en la FM mas antigua de Sudamerica». ¹

radio_rays_sep_smallEn forma privada, antes.

En Revista Telegráfica, pág. 171, de marzo de 1945, se publica un artículo sobre la construcción de un receptor de FM, por Luis J. Cavallero.

Según se lee, además,  «desde hace un tiempo tanto Revista Telegráfica como «Radio Magazine» han venido publicando diversos artículos destinados a difundir la teoría y la práctica de la modulación de frecuencia… Ya ha comenzado a funcionar en la República Argentina en forma permanente una emisora de broadcasting que trasmite de acuerdo al sistema mencionado y, de acuerdo a noticias fidedignas dentro de un tiempo brevísimo aparecerán otras estaciones más […]. El autor de este primer artículo es uno de los pocos técnicos del país que posee verdadera práctica en la materia, ya que ha construído y experimentado numerosos equipos, habiendo tenido, en experimentación privada, una emisora de aficionado de frecuencia hace más de un año.» ²

Las emisiones experimentales privadas, habrían comenzado -según el siguiente artículo- a principios de febrero de 1945.

Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, marzo de 1945. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS)

Es probable pues, que después de todo Emisora Río de la Plata, Montevideo, siga siendo la primera emisora comercial, no experimental, o sea con trasmisión continua.

Fuentes:

¹ Memoria Histórica Radio Nacional Argentina. Facebook.

² Revista Telegráfica, Buenos Aires, Argentina, marzo 1945, (archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS).

Más…

  • Sobre las emisiones estereofónicas en 1959.

Artículo publicado en «Radio Chassis», Buenos Aires, Argentina, en octubre de 1959. (Archivo: Salvador Antonio Conia, Argentina).

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Árbol genealógico del desarrollo de la válvula electrónica, hasta 1930.

Publicado en Invention and Innovation in the Radio Industry por W. Rupert Maclaurin, R. Joyce Harman,Macmillian, 1949 – 304 páginas. Massachusetts Institute of Technology (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS).
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Historia de la autorradio. Sus orígenes y evolución hasta la década del ’60. (Ing. Carlos A. Altgelt).

CARLOS A. ALTGELT, nació en Buenos Aires en 1940. Luego de graduarse de ingeniero electrónico, emigró a los Estados Unidos en 1967. Allí desarrolló su actividad profesional como diseñador de radios y equipos de video para diversas empresas, tanto en ese país como en Inglaterra y Brasil.

Desde 1984 a 1990 dio conferencias sobre su especialidad en la Sociedad de Ingenieros del Automotor (SAE). Se jubiló en diciembre de 2004. Ahora vive parte del año en Martínez (Buenos Aires, Argentina), y parte en Dearborn Heights (Michigan, Estados Unidos); donde continúa leyendo y escribiendo y desarrollando su actividad como apasionado coleccionista de Ciencia Ficción. Ha publicado más de 100 artículos técnicos y escrito diez libros, algunos relacionados con la genealogía de su familia y otros relacionados con los libros, historietas y revistas de su juventud. ¹

En este artículo, y los seis que le siguieron, fueron publicados en Revista Telegráfica Electrónica, Nº 895, del mes de mayo de 1988.

Con ellos, el Ing. Algelt se propuso hacer una reseña histórica desde los comienzos de la autorradio hasta nuestros días, incluyendo sus desarrollos futuros en la última entrega de la serie.

Está basado en información aprobada por Ford Industria e Comercio, San Pablo, Brasil y por la Ford Motor Co., Dearborn, Mich. (USA).

Este estudio se concentró en los adelantos logrados en los Estados Unidos, Inglaterra, Holanda y Alemania, ya que, por «falta de datos, la historia de la autorradio en Argentina aún necesita de alguien que la escriba».

Publicamos el excelente informe histórico por cortesía expresa del autor.


 Historia de la autorradio. Orígenes y evolución de la autorradio hasta la década del ’60.  (Ing. Carlos A. Altgelt). 

(Foto: archivo LGdS).

¿A quién le gustaría tener que detener su automóvil cada vez que quisiera escuchar la  radio? Por supuesto que eso dependería de quién fuera el acompañante, especialmente si se tratara de una muchacha bonita, quizás en una noche de luna llena…

Créase o no, para poder escuchar la radio en los comienzos de la industria automotriz se tenía que hacer exactamente eso, fuera quien fuese el acompañante, ya que las autorradios de esa época eran mucho menos sofisticadas que las radios de hoy en día.

Hoy parece muy simple, cualquiera entra en el auto, arranca, enciende la radio y ahí está: ¡su programa favorito!.

Pero en la época de los abuelos todo eso era bien distinto. Primero había que conseguir baterías adicionales, ya que la del auto no tenía potencia suficiente.

Instaladas las baterías en el baúl o en el suelo del auto, la radio casera se depositaba en un asiento. Una vez llegado a su destino, tal vez para hacer un picnic, había que parar el motor (ya que el ruido eléctrico generado por él apagaba cualquier emisora), colocar la antena en la rama de un árbol, la “tierra” en el suelo y después esperar con paciencia la recepción de algún programa. Rezar un Padre Nuestro también ayudaba.

Ahora bien, el origen de la autorradio es tan difícil de determinar como el origen del automóvil. Quién fue el primero en instalar un receptor en un auto, realmente no se sabe ni probablemente se sepa nunca, aunque no falten por cierto candidatos para el título ¹. Hasta se podría decir que la primera “radio de auto” en realidad no fue una “autorradio” (si la Fig. 1 no le llamó la atención, quizás esta frase un poco disonante lo haya conseguido).

La mayoría de la gente piensa que las radios de auto fueron inventadas y desarrolladas en los Estados Unidos a principios de los años ’20. Sin embargo, fue en Chelmsford, Inglaterra, que los primeros experimentos con radios “sobre ruedas” fueron realizados, más exactamente, en 1897.

Fig. 1 — Experimentos con radio móvil, en el ómnibus a vapor THORNYCROFT (1903). Marconi está en el extremo derecho. (Cortesía de The Marconi Company Ltd.. Chelmsford. Inglaterra).

La fotografía de la Fig. 1 muestra un ómnibus a vapor Thornycroft usado por Guglielmo Marconi durante sus experimentos de radiotelegrafía o telegrafía inalámbrica, como se la conocía en ese entonces, (Marconi está de pie a la derecha de la foto, bien orgulloso con su típica boina irlandesa).

La estructura tubular en el techo del ómnibus no es una chimenea, como parecería a primera vista, ni un gigantesco cohete de fogueo, sino la antena en sí. El aparato receptor era una sencilla radio a galena, o simplemente “galena”.

Y bien, se podría decir que la primera “radio de auto” fue en realidad una “galena de  ómnibus”. Un simple juego de palabras, si se quiere, pero que sirve para dramatizar los alcances realizados en los últimos 90 años.

Los experimentos de Guglielmo Marconi fueron continuados en los Estados Unidos a principios de siglo por Lee DeForest y Nikola Tesla, verdaderos fundadores de la radiodifusión. Lee DeForest, inventor del triodo, había sido uno de los primeros proponentes de los “automóviles como estaciones de radio”, como él mismo lo dijera en 1903. Una revista de la época comentaba que “DeForest adapta sus instrumentos a los automóviles de tal modo que la electricidad que los impulsa o pone en movimiento es aprovechada para  radiotelegrafía cuando el vehículo está parado”.

En otras palabras, como se dice al principio de este artículo, DeForest tenía que detener su automóvil para poder usar la radio conectada a la batería del mismo.

La primera instalación de un radiotelégrafo en un vehículo motorizado fue realizada en los Estados Unidos por el brigadier general Edgar Russell en la frontera mexicana en 1914. La Fig. 2 ilustra una instalación típica de la época, a través de la cual “el ciudadano puede salir de vacaciones y continuar recibiendo diariamente noticias, informaciones sobre negocios y cotizaciones de la bolsa a través del aire”, comentaba en 1917 el periodista R. S. Winters, uno de los primeros «tuercas». Sentado debajo de las «cuerdas de colgar ropa», que en realidad forman la antena, está Alfred H. Grebe, pionero de la Radio, así, con mayúscula.

Fig. 2— EI pionero Alfred H. Grebe en su automóvil. La antena parece un tendedero de ropa. (Esta fotografía es cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Village. Dearborn. Michigan, EE.UU.).

El impulso precursor de estos pioneros fue frenado en cierta forma durante la Primera Guerra Mundial debido a la prohibición impuesta a trasmisiones inalámbricas para uso civil, prohibición que fue levantada recién en 1919. Poco después comenzaron las primeras trasmisiones comerciales con las emisoras WWJ (Detroit) y KDKA (Pittsburg) en agosto y noviembre de 1920 respectivamente. Si bien para ese entonces ya algunos pioneros habían instalado radios en automóviles (instalaciones precarias que poco tenían de científico), las trasmisiones de Frank Conrad en KDKA y sobre todo aquellas de WWJ en Detroit, «patria» del automóvil, dieron el puntapié inicial, por así decirlo, a la incipiente industria de la autorradio.

Entre 1920 y 1923 la producción de automóviles en los Estados Unidos alcanzó a 15 millones de vehículos, mientras que en Europa se fabricaron sólo 600 mil unidades en ese mismo período. Basados en estas cifras, sería lógico suponer que las primeras instalaciones fueron registradas en el gran país del norte, pero esto no es así. La primera instalación de la cual se tenga certeza fue hecha por la Cardiff and South Wales Wireless Society, Gales, en un sedan Standard 14 en agosto de 1921 (Fig. 3). En la foto se puede apreciar la enorme antena a cuadro montada cerca del guardabarro derecho delantero.

Fig. 3 — La primera instalación de una antena de cuadro en un sedán Standard, en Gales. 1921, enero 3, 1953. (Esta fotografía es cortesía de The Motor, enero 3, 1953).

La instalación de la sociedad galesa quizás haya sido prematura, puesto que. tuvieron que pasar aún seis meses hasta que el Director General de Correos otorgara una licencia a la estación 2LO de la Casa Marconi en Londres. Al poco tiempo, la emisora 2LO se unió con otras cinco empresas para crear la British Broadcasting Company, de la cual nació la prestigiosa British Broadcasting Corporation (BBC) en 1926. Por su parte en Alemania, la Telefunken introducía en 1925 un receptor portátil que podía ser usado tanto en un bote como en un auto.

De este lado del Atlántico, las instalaciones de autorradio ya comenzaban a preocupar a las autoridades.

En febrero de 1920, la Oficina de Registro de Vehículos del Estado de Massachusetts,  propuso una ley prohibiendo el uso de radios mientras el vehículo estuviese en movimiento. De acuerdo al reglamento propuesto, “escuchar receptores de radio en un automóvil en movimiento distrae al conductor y puede causar accidentes al incitarlo a dormir mientras conduce, así como al sintonizar la radio el conductor no presta atención a la ruta”.

Lo interesante es que los promotores de la ley no percibieron que los pasajeros también  tenían como hábito hablar con el conductor y distraerlo. Como era de preverse, el proyecto de ley fue derrotado, un poco gracias al esfuerzo de la Asociación de Fabricantes de Radio, la cual hizo notar a los legisladores que las radios en realidad prevenían accidentes en lugar de provocarlos, ya que mantenían al conductor alerta al quebrar la monotonía de la ruta.

Dos años después, en 1922, un tal Earle C. Anthony, concesionario de Packard y Durant en California, anunciaba que iba a fabricar y distribuir una autorradio con la marca  “Motoradio”. Su empresa no prosperó. Ese mismo año, el Automóvil Club de Kansas City, con licencia especial de la Western Radio Company, comenzó a trasmitir las condiciones del tránsito en las carreteras de Missouri todas las tardes a las 7.30 (precursor del sistema ARI de la Blaupunkt en los años ’70).

En 1923, la Springfield Body Corporation fue la primera compañía en ofrecer radios  específicamente diseñadas para ciertos tipos de automóviles, aunque sin mucha suerte, ya que la empresa desapareció al año siguiente. Tampoco tuvo mucho éxito la compañía Radio Auto Distributors, registrada en 1925 como fabricantes de autorradios.

Un poco mejor le fue a dos compañías de ómnibus, separadas por un continente, pero cuyos dueños compartían la misma visión. La California Transit Company, Oakland, y la National Steam Car Company, Chelmsford, Inglaterra, equiparon en 1923 y 1925 respectivamente, sus ómnibus con auriculares para que sus pasajeros pudiesen disfrutar con programas de radio (Fig. 4).

Fig. 4 — Uno de los primeros ómnibus equipado con un radio receptor. Los pasajeros disponían de auriculares para escuchar las emisiones. (Esta fotografia es cortesía de The Marconi Company Ltd., Chelmsford, Inglaterra).

Principios inciertos, sin ninguna duda, pero principios al fin. La industria de la autorradio estaba en su infancia; sólo faltaba alguien que, después de recibir el puntapié inicial, obtuviese el primer gol del campeonato.

El “artillero” no tardó en llegar y se llamó William M. Heina. Si hay alguien que pueda reclamar sin lugar a dudas el título de inventor de la autorradio, éste fue el Sr. Heina, quien en setiembre de 1926 solicitó una patente para un receptor de automóvil bajo el título de «Aparato de radio portátil» (Fig. 5).

Fig. 5 — Copia de la primera patente de un receptor de automóvil, otorgada a William M. Heina en 1927, (Esta fotografía es cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Villaye, Dearborn, Michigan, EE.UU.)

El gobierno de los Estados Unidos le otorgó la patente en abril de 1927. Heina ya había construido sus primeras autorradios en su propia empresa, la Heinaphone Company, en 1925; esas radios pueden ser consideradas como las primeras autorradios comerciales. En 1927 la Heinaphone Company fue adquirida por la Automobile Radio Corporation, creadores del famoso modelo Transitone. Dos años después, la Automobile Radio fue comprada a su vez por la Philco Corporation, de donde surgió la tradicional línea Philco Transitone. Y fue al comprar esas mismas Philco Transitone en 1929, que la Dodge se convirtió en el primer fabricante de automóviles que adquirió radios específicamente diseñadas para sus modelos. La relación comercial entre Dodge y Philco duró 13 fructíferos años. (La Fig. 6 muestra una instalación de una Philco Transitone en un automóvil Vauxhall.)

Fig. 6 — Típica instalación de una radio Philco Transitone en un automóvil Vauxhall (Esta fotografía es cortesía de Roy W. Williams, Ford Motor Company, Basildon, Inglaterra [de The Autocar marzo 17. 1933]).

Fue la misma Philco quien creó, por decirlo así, la industria de la autorradio en los Estados Unidos. Todo comenzó en el Hotel Roosevelt, de Nueva York cuando la empresa patrocinó en 1929 un suntuoso banquete al cual asistieron importantes personalidades, no sólo de la pujante industria automotriz (más de 5 millones de autos fueron construidos en Estados Unidos en ese año), sino también de la incipiente industria de la radio (tanto fabricantes como radiodifusores). En aquella época el público norteamericano estaba enamorado, no sólo de los automóviles sino también de la radio. Y la Philco fue la primera compañía en darse cuenta que a partir de ese noviazgo el casamiento no tardaría mucho en llegar. Al día siguiente del banquete, Arthur Brisbane, el conocido periodista de la cadena Hearst, pintó un futuro brillante para la industria de la autorradio.

Al poco tiempo, Philco comenzó una agresiva campaña para dejar atrás a la competencia. En uno de sus artículos, la revista Fortune comentó: “La Philco sobrevivió y literamente venció a centenas de otras firmas. La compañía ha ganado su reputación de ser la más feroz, la más emprendedora y la de más bajos precios entre todas las otras industrias de radio”, y todo eso acontecía cuando cuatro millones y medio de operarios, o sea el diez por ciento de la clase trabajadora, estaban sin empleo. En una carrera realmente meteórica, la Philco había pasado del 25° lugar en 1926 entre 800 fabricantes de radios sólo en los Estados Unidos, al primer lugar en 1930. La Philco siempre figuró entre las precursoras de la autorradio: de sus filas salieron la antena telescópica, sintonía con núcleos de ferrite, memoria pantográfica, las válvulas miniatura y la primera autorradio totalmente transistorizada. Realmente la Philco estaba al servicio del consumidor.

Pero no todas las firmas tenían ideas tan altruistas. Muchas compañías de la época poseían sistemas muy peculiares para vender sus autorradios. Uno de los métodos más insidiosos fue el patrocinio por la compañía Ajax en 1931, la cual ofrecía a sus clientes instalaciones gratis pero exigiendo a su vez como contraseña el título del automóvil. Si bien la Ajax no inventó la famosa estratagema de la “pirámide” o cartas “en cadena”, es cierto que la utilizó en grande escala. Sus clientes tenían que convencer a sus amigos a comprar radios Ajax para ganar “créditos” y recuperar así el título del auto. Y así sucesivamente.

Es obvio que, al poco tiempo, la gente se quedaba sin amigos disponibles y que la posibilidad de recuperar el título se desvanecía. Al poco tiempo la Ajax se convirtió en dueña de centenas de automóviles. Pero la historia tuvo un final feliz, como en las mejores películas de Hollywood. El gobierno de los Estados Unidos intervino, la Ajax fue llevada a la justicia por fraude y finalmente declarada en quiebra.

Era evidente que además de los problemas técnicos, había otros a superar: publicidad fraudulenta, precios altos, instalaciones patéticas, servicios inexistentes, escasez de fondos.

Alguien que sabía perfectamente que, sin dinero no se iba a ningún lado era Paul Galvin, fundador de la Galvin Corporation y que más tarde se convirtió en Motorola. Verdadero pionero de la autorradio, Galvin pidió un empréstito a un banco de Chicago en 1930.

Queriendo demostrar las posibilidades prácticamente ilimitadas de su empresa, hizo que dos de sus ingenieros, Elmer Wavering y Hank Saunders, instalasen una radio Galvin en el Packard flamante del banquero. Varias veces durante los trámites comerciales, Galvin salió del escritorio acompañado por el banquero mientras le explicaba con lujo de detalles lo que estaban haciendo sus ingenieros. Apenas Wavering y Saunders terminaron la instalación, el banquero salió muy orgulloso y contento a dar una vuelta de práctica. Todo fue muy bien hasta que a las dos cuadras comenzó a salir fuego debajo del panel de instrumentos debido a un cortocircuito causado por la radio.

A pesar de este contratiempo, Galvin consiguió el empréstito pedido. Muchos años después, cuando Galvin relataba el episodio, acostumbraba añadir que su propio Studebaker se había incendiado decenas de veces durante pruebas de laboratorio. Wavering, por su parte, no fue despedido; al contrario, en 1960 llegó a ser presidente de Motorola.

Y fue más o menos por aquella época que la policía comenzó a usar autorradios. Bill Balderston, dueño de una concesionaria Transitone en Chicago en 1930 (y quien más tarde se convertiría en presidente de Philco), comentaba años después: “Teníamos un garaje enorme y durante nuestro primer año instalamos unas cien radios. Poco después la policía de Chicago nos pidió que instalásemos radios en sus patrulleros ya que la emisora WGN trasmitía, junto con sus programas normales, boletines policiales de emergencia».

Lo curioso es que, de repente, en medio de una novela por ejemplo, aparecía una llamada de urgencia y todo el mundo se estremecía al oír «en vivo» a la policía en acción. El problema era que los criminales no eran estúpidos y también sintonizaban a WGN para saber qué estaba pasando. Finalmente en 1931 la policía de Chicago consiguió frecuencias de radio de uso exclusivo.

A comienzos de la década del ’30 la mayoría de las compañías americanas de autorradios consiguieron bajar sus precios cuando comenzaron a utilizar la línea de montaje en serie, proceso ya hecho famoso por Henry Ford.

El impulso generado por Cadillac y La Salle al ofrecer en 1929 un espacio en sus automóviles reservado exclusivamente para la instalación de radios, fue frenado cuando las ventas de autos comenzaron a caer vertiginosamente tres años después (producción de poco más de 1 millón de autos). En 1932 el índice de desempleo había llegado al 25 %, considerado como el peor en toda la historia de los Estados Unidos.

Sin embargo, y siguiendo con el espíritu emprendedor y optimista tan típico de los norteamericanos, la Ford, Chrysler y Studebaker comenzaron a ofrecer por primera vez radios en sus productos automovilísticos de 1934. Ese año de 1934 se puede considerar como el verdadero comienzo de la autorradio comercial, en el cual se vendieron casi 250.000 autorradios en los Estados Unidos solamente. La autorradio había llegado. Ya no se podía dar “marcha atrás”.

Los receptores superheterodinos, introducidos en 1932 por Philco en los Estados Unidos y Blaupunkt en Alemania, ya eran de uso común debido a su rendimiento superior en términos de selectividad y sensibilidad. La introducción de válvulas con rejillas múltiples hizo posible la autopolarización y el control automático de volumen. Hasta ese entonces, cada vez que el automovilista pasaba, no sólo debajo de puentes, sino cerca de postes de teléfono o entre edificios, la señal desaparecía completamente. Empresas como la Franklin, Packard, Pierce-Arrow, Jordán y Peerless, ya estaban ofreciendo antenas en sus autos y también dejaban una abertura en el suelo, típicamente delante del asiento trasero, para que fuesen instaladas las baterías de la radio.

La industria de la autorradio estaba finalmente en el camino cierto, tanto en los Estados Unidos como en Europa, incluyendo aspectos de fabricación tan importantes como la producción en gran escala, controles estrictos de calidad, precios competitivos y especificaciones rigurosas.

Durante ese mismo período, en Europa, la compañía alemana Ideal Radio Telefon und Apparate Fabrik GmbH (cuyo nombre fue cambiado a Blaupunkt Werke GmbH cinco años después de ser comprada por el grupo Bosch en 1933), lanzó al mercado europeo la primera autorradio. El receptor, un superheterodino de cinco válvulas conocido como AS-5, fue introducido al público en la exposición de automóviles de Berlín de 1932. La radio estaba montada debajo del panel de instrumentos y era controlada remotamente por medio de un panel instalado en la columna del volante (Fig. 7).

Fig. 7— El receptor de la empresa Ideal Radio, que luego se convertiría en Blaupunkt Werke GmbH, era un superheterodino montado bajo el panel de instrumentos y era controlado remotamente desde la columna del volante. (Esta fotografía es cortesía de Blaupunkt Werke GmbH, Hildesheim, Alemania).

En Gran Bretaña, en 1933, la Crossley fue la primera compañía que ofreció autorradios directamente de fábrica; al año siguiente la Hillman hizo lo mismo.

(Es interesante señalar que en Gran Bretaña, así como en otros países europeos, se exigía una licencia para instalar y operar radios en los automóviles. Posteriormente, esa licencia pasó a formar parte de una licencia única que concedía el derecho de usar radios tanto en el automóvil como dentro de casa).

Por otro lado en Holanda, la Philips, para no quedarse atrás, afirmaba en 1934 que sus radios eran realmente las primeras diseñadas específicamente para el automóvil. La Philips también ofrecía una antena dipolo, fabricada por la misma empresa, afirmando que la calidad de este tipo de antena era muy superior a las antenas embutidas en los techos de los sedans de aquella época. El modelo de autorradio ofrecido por la Philips en 1934 era compuesto de tres partes: la caja principal con el receptor propiamente dicho,
un control remoto redondo y el altoparlante.

Una suba en las ventas ocurrió en Europa aproximadamente en el año 1937 gracias a la introducción de las válvulas con envoltura metálica. Casi en el mismo año en que la Volkswagen introdujo su famosa Volks Radio, la venta de radios en Alemania se duplicó. En la Fig. 8 se ilustra el modelo Autosúper 7A78 fabricado por la Blaupunkt en 1938. Este modelo ya presentaba un altoparlante formando parte integral de la radio.

Fig. 8 — Modelo Autosuper 7A78 de la Blaupunkt (1938). El altoparlante estaba integrado con el receptor. (Esta fotografía es cortesía de Blaupunkt Werke GmbH. Hlldesheim. Alemania.)

La Delco Radio, creada a partir de la Crosley Manufacturing Company, fue comprada en 1936 por la General Motors, convirtiéndose así en una subsidiaria de esta empresa. Tres años más tarde, durante el auge de la política “New Deal” de Franklin D. Roosevelt, la Chevrolet introdujo, casi simultáneamente con la Philco, el primer sintonizador a botonera. Un año después, en 1940, la Delco lanzó al mercado el primer altoparlante elíptico para automóviles.

La Segunda Guerra Mundial puso un alto temporario en las actividades de la industria automotriz.

A su término, los técnicos e ingenieros de autorradios aprovecharon la experiencia ganada durante la misma para continuar con renovado empeño el diseño de modelos cada vez más sofisticados. Por ejemplo, Grundig AC, una pequeña empresa alemana establecida en 1927, comenzó a fabricar autorradios al final de la guerra. En Gran Bretaña, Radiomobile fue fundada en 1946 como la primera firma europea dedicada exclusivamente a la fabricación de autorradios. Sus modelos, ofrecidos por Bentley y Rolls-Royce, consistían de un chasis de una sola pieza con una fuente de alimentación independiente.

En 1947 la Delco introdujo en los Estados Unidos una radio de sintonía automática (“seek and scan”).

Válvulas y trasformadores de FI miniatura aparecieron en 1948. La sintonía a pantógrafo, introducida por la Ford en 1942 con sus modelos Adjust-O-Matie fabricados por Zenith y Philco, ya estaba firmemente establecida. En 1950 la Telefunken fue una de las primeras compañías europeas en usar memoria mecánica a botonera en sus diseños.

El desarrollo del transistor era seguido con mucho interés por las compañías de autorradio, todas a la espera de que su rendimiento mejorase a la par de que se tornase más económico.

Las radios híbridas aparecieron por primera vez en 1957. Usando válvulas miniatura de 12 voltios y un transistor de salida, no requerían el alto voltaje de placa que hizo surgir la fuente de alimentación a vibrador en 1933 .

Una radio híbrida está ilustrada en la Fig. 9, el modelo TCR 2000X fabricado por la firma británica Pye en los años ’60; las cuatro válvulas miniatura se destacan en la parte superior de la foto. Teniendo que diseñar la radio en un espacio lo suficientemente pequeño para cumplir con las normas DIN, la Pye se vio obligada a dividir el circuito en dos chasis. En la Fig. 10 se ve claramente una vista interior del chasis contenido la etapa transistorizada de salida con acoplamiento a trasformador.

Fig. 9 — En esta figura se ilustra el receptor TCR2000X de la Pye. Era de diseño híbrido , con transistores y válvulas. (Esta foto es cortesía de Jayne Hart, Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra).

Hacia fines de la década del ’50, tanto la Delco como la Philco se dedicaron intensivamente a la fisica del estado sólido para desarrollar semiconductores prácticos y económicos. En 1958, la Delco introdujo una radio portátil totalmente transistorizada conocida como TransPortable (Oldsmobile) o Sportable (Pontiac). En Europa, radios portátiles totalmente transistorizadas comenzaron a ser ofrecidas por Blaupunkt, Philips y Pye a mediados de los años ’50, pero se tuvo que esperar una década más para que su uso fuese práctico en un automóvil.

Fig. 10 — El mismo receptor de !a Fig. 9 pero mostrando el circuito transístorizado. acoplado a trasformador. [lista fotografía es cortesía de Jayne Hart. Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra.)

Los problemas técnicos asociados con la introducción del transistor no fueron resueltos hasta bien entrados los años ’60. Fue en esa década que las trasmisiones de FM comenzaron a cobrar cada vez más importancia, la década en la cual se vio aparecer no sólo a los Beatles y los “hippies” de San Francisco, sino también a la radioestereofonía, los pasacassettes y los “8-track players”.


¹ Ni lento ni perezoso, el periódico Californien Staats Zeitung, afirmó categóricamente en su edición del 30 de enero de 1986, que George Frost construyó la primera autorradio en 1922 a los 18 años de edad.


Agradecimientos:

Figs. 1 y 4, cortesía de The Marconi Company Ltd., Chelmsford, Inglaterra.

Figs. 2 y 5, cortesía de Donald W. Matteson, consultante del Henry Ford Museum and Greenfield Village, Dearborn, Michigan, EE.UU.

Fig. 3, «The Motor», enero 3, 1953;

Fig. 6, cortesía de Roy W. Williams, Ford Motor Company, Basildon, Inglaterra (de «The Autocar», marzo 17, 1933).

Figs. 7 y 8, cortesía de Blaupunkt Werke GmbH, Hildesheim, Alemania.

Figs. 9 y 10, cortesía de Jayne Hart, Ford Motor Company, Dunton, Inglaterra.  ■


 Bibliografía:

Partes de este artículo aparecieron en una versión ligeramente modificada en:

  • “When Car radios Were Illegal: A History of Early American and European Car Radios”, Society of Automotive Engineers, febrero 1985.
  • «Auto Radios: Early Evolution and Current Chaos”. Institute of Mechanical Engineers, octubre 1985.
  • «Have radio, Will Travel”, DPTC Newsline, 1985-88.
  • “La historia do auto radio”, FIC Informado, 1987-88.

radio_rays_sep_small Algunas imágenes de nuestro archivo:

Camión militar inglés de la 1ª Guerra Mundial, equipado con aparato radiotelégrafo. Los soldados montan una antena vertical. Esta ilustración pertenece a una de las figuritas de cartón, que venían en las cajillas de cigarrillos Will’s, de origen británico. 1916.

Uno de los primeros vehículos equipados con aparatos radioeléctricos. EE.UU.

Curiosa ilustración humorística aparecida en la revista «Caras y Caretas», de Buenos Aires, en el año 1924. La parte superior del bus colectivo tiene una antena del tipo dipolo multifilar.

Dibujo infantil publicado en «Caras y Caretas», Buenos Aires, 1924. También se aprecia el receptor y la antena de hilo.

Otra ilustración humorística, que se publicó en «Caras y Caretas», 1928.

En Uruguay…

Primer automóvil equipado con aparato «Romval». Montevideo. 1923. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS ).

Un automóvil que recorre diariamente la Av. 18 de Julio, de Montevideo, equipado con un receptor que da audiciones, aún cuando va a toda velocidad, con antena arriba de la capota.1923. (Archivo Horacio Nigro Geolkiewsky, LGdS).

Publicado en 1897, 1903, 1914, 1920, 1920s, 1960s, 1988, Alemania, Argentina, Documentos, EE.UU., Investigación, Los principios, Marconi, Montevideo, Notas de prensa, radio, radio portátil, Radioescucha, Receptores, Uruguay | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 5 comentarios